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diariodeunavampiresanovata

El vampiro negó con la cabeza.

 

-Porque... -y ahí sentí que el alma de Clint volvía a bullir en mi sangre-... porque no hay nada malo en disparar siempre que se dispare a las personas adecuadas - Harry Callahan en "Harry el Fuerte" (1973).

-Quizás -consintió mi vampiro algo titubeante- Pero yo no pensaba huir, señora.

-¿Señora?

 

El reincorporado espíritu de Mr. Eastwood se revolvió en mis entrañas nada más oir aquel tremendo ultraje y aunque me costó un riñón y parte del otro controlarlo, al fin logré dominarme y medir al máximo mis palabras antes de contestar.

 

-Después de esto, no pienses que vamos a intercambiar fluidos corporales en la ducha esta noche -Thomas Highway en "El Sargento de Hierro" (1986).

 

Ervigio parpadeó ligeramente arrebolado.

 

-Líbreme Dios, señora,... -tras un primer momento de azoramiento había recuperado el habla- ¡jamás intercambiaría fluidos corporales con usted!.

 

... No respondí. Me estaba costando procesarlo...

 

-Quiero decir, fluidos corporales sexuales -el vampiro parecía haberse agenciado un pala y estar cavando frenéticamente como si buscase petróleo- Vamos que ni se me ha pasado por la cabeza que usted y yo... ya sabe... esta noche... en la ducha.

 

No se como lo veréis vosotros, Siervos de la Noche, fieles e imparciales seguidores de este blog, pero ¿era impresión mía o esa no frase más que una excusa parecía un intento de suicidio? O sea, quizás sea yo demasiado moderna y mi amante vampiro, un saco de polvo rancio y mohoso, pero ¿un novio no debería tener ciertos apetitos carnales hacia su pareja hubiese nacido en el siglo que hubiese nacido?, ¿no era algo típicamente masculino eso de pasarse todo el día más salido que el pico de una plancha?, ¿que estaba insinuando mi ratilla voladora?, ¿que yo le bajaba la libido?.

 

El malhumor me enturbió el entendimiento.

 

-Hay más de 100 motivos por los cuales no debería matarte, pero ahora mismo, no se me ocurre ninguno -Nick Pulovski, El Principiante (1990).

-Yo, yo, yo...

 

Él, él, él... Sí, él, ¿qué?, ¿qué podía decirme para que no le volase primero el careto con la Enmarronadora y luego me sirviese una brocheta de corazón usando la estaca que el Jonhy había abandonado en el suelo?

 

-Yo, yo, yo... ¡Le propongo un trato!.

 

Vaya, ésa sí que era buena. Desde luego que no me lo esperaba, después de todos los desplantes que me había hecho, Ervigio todavía pensaba que podía ofrecer algo TAN interesante que me haría perdonarle su despreciable no-vida.

 

¡Touché! Había despertado mi curiosidad.

 

-Venga, alégrame el día le dije parafraseando a Harry Callahan en "Harry el Sucio" (1971).

 

Mi murcielaguito tomó una buena bocanada de aire y comenzó a explicar su propuesta con tanto brío y fluidez de palabras, que de no taladrarme la retina el blanco de su traje, juraría que me lo habían cambiado por un vendedor de enciclopedias a domicilio.

 

-El asunto es muy sencillo -comenzó con ímpetu- Sir Thomas y Brigitte la están buscando para matarla y tenga por cierto, señora, que, en cuanto la encuentren, su vida puede darse por finiquitada. Imagino que ahora mismo estará sopesando sus posibilidades para salir con bien de este entuerto -en realidad estaba fascinada por la forma en la que sus orejillas semitrasparentes subían y bajaban según hablaba, pero su suposición me pareció más inteligente que la realidad así que no quise defraudarlo- Lamentablemente -al ver que no lo contradecía, mi murcielaguito se vio con autoridad para continuar- no tiene muchas opciones:

 

a) Huir – ciertamente díficil. Mariposita la ha localizado con facilidad y si ella, siendo un chihuahua descerebrado, lo ha logrado, Sir Thomas y Brigitte estarán al caer.

b) Luchar contra ellos – imposible. Está sóla, con un rifle y una estaca, su amigo se ha ido y yo estoy atado. Les resultará más fácil acabar con usted que a usted matar un hormiga.

c) Comprar su libertad – imposible también. Si no he entendido mal, el Alcalde desea beberos hasta la última gota de sangre por una cuestión de orgullo y a ese respeto es muy inflexible. Los vampiros tiene un genio bastante levantisco y suelen quitarse unos a otros del medio en una lucha sin tregua por el poder, por eso las leyes están planteadas para proteger la jerarquía existente y se pena mucho más quitarle la vida a un superior que a un vampiro menor. Sin embargo tan importante como instaurar estas normas es llevar a cabo su cumplimiento y ¿con qué autoridad iba a presentarse Sir Thomas ante todos sus súbditos si no ejecuta completamente sus amenazas?. ¡Sería visto como un síntoma de debilidad!.

En cuanto a Brigitte, bueno, ella necesita igualmente mantener su estatus en la escala social, pero Mariposita es la niña de sus ojos y podría ceder a un chantaje fácilmente. Por desgracia, ya ha visto como se ha esfumado el chihuahua a remolque de su amigo, así que además de no tener nada que pueda atraer a Titina, ha extraviado aquello que más le importaba y juraría que eso la va a enfadar.

 

-Pero yo no tengo la culpa -mis nervios me tomaron la voz a 2 gallos por palabra- Que más quisiera que poder echarle mano a Mariposita, sin embargo esa perra perversa y vil es muy escurridiza -más que un balón en un partido Shrovetide Football- Además aún te tengo a ti. Tú eres el ayudante personal de Brigitte y si te devuelvo, ella me lo agradecerá debidamente.

 

 

-Puede ser -me respondió él con un aplomo que le daba un toque súper-atractivo- Sin embargo yo no confiaría mi vida a esa esperanza. Ya vio antes el poco cariño que me tiene, señora, y tengo la certeza de que mataros se ha vuelto una prioridad para ella, con lo que estamos otra vez de vuelta ante su única posibilidad, la opción d):

Me suelta, yo la convierto en vampiro y después me deja marchar– De esa manera Sir Thomas y Brigitte necesitarán al menos un proceso judicial para acabar con usted. De otro modo no tienen que responder ante nadie para matar a un humano... en realidad sería lo más natural del mundo.

 

Un silencio tenso se extendió entre los dos, él esperando mi respuesta y yo flipando con el vendedor de enciclopedias. ¡Que menuda labia se gastaba!. Y eso que había permanecido calladito la mayor parte del tiempo que habíamos pasado juntos, pero ahora, suelto de lengua del todo, hasta casi lograba convencerme de que liberarlo era mi mejor baza.

 

 -Entonces, ¿qué?. ¿Acepta el trato?

 

Mal, mal, mal, mal... La cosa la pintaban así como los cuadros abstractos, MAL. En apenas unas escasas horas, amigos de hágalo usted mismo, habíamos obtenido de forma fácil y económica una escena de caza digna de la mejor sala del Guggenheim. Vamos, que tras aquellos Frush-frush desesperados había resurgido la fugitiva más buscada al otro lado del cementerio: Mariposita.

 

Fresca y lozana (todo lo que un bicho con más de 3 días muerto puede estar), la muy perra había regresado... y yo no tenía claro si eso era un motivo de alegría o no. Porque una es muy amante de los animales y todo ese rollo bio-eco-bifidus-antiestreñimiento (incluso cuando persigue a escobazos a un ratón común), pero el regreso de Mariposita tenía unas implicaciones difíciles de obviar: si ella estaba allí, ¿qué iba a impedir al resto de vampiros de dos patas localizar nuestro rastro?

 

El Jonhy ahogó un grito de asombro. Estaba sentado a horcajadas sobre Ervigio, con una cuerda suspendida en una mano, la estaca en la otra y el culo mirando a la Meca (que más o menos venía a hallarse en la misma dirección que el arbusto por donde había reaparecido Mariposita), cuando la foragida se plantó entre nosotros ignorándonos con más bien cara de pocos amigos mientras olisqueaba ensimismada las corrientes de aire que le acariciaban su malévola cabecita de rata.

 

Se mascaba la tragedia y el tiempo pareció detenerse... Sin embargo, detenido y todo, no nos fue suficiente.

 

Estoy segura que de haber contado con apenas un par de segundos más, el Jonhy hubiese puesto pies en polvorosa, bala en el culo incluida, al grito de "¡maricón el último!". Lamentablemente (para el albondiguilla, se entiende) en lo que mi mente barajaba cien formas distintas de recuperar a nuestro pasaporte hacia la libertad, el chucho ya había localizado su objetivo y estaba poniendo en marcha sus propios planes.

 

No se hicieron prisioneros. Fue una batalla sangrienta (eso sin duda) y desigual. La vamperra se lanzó a por las posaderas de MacGyver completamente enajenada, como si de las de Justin Bieber se tratasen. Sonriendo tan desesesperada, mostrando hasta último molar de su diminuta boca, con los ojos desorbitados y la respiración acelerada, que de no ser por los colmillos desplegados hasta juraría que le iba a pedir un autógrafo. Pero no fue así, ¡por Dios!, a mi pelo-pincho-lamido le queda mucho para parecerse a Justin Bieber (p.ej. resolver el cubo de Rubik sin tener que quitar y poner una a una todas las pegatinas de colores) y Mariposita lo sabía.

 

 

A apenas un metro escaso de su víctima, que todavía se mantenía en posición orante sobre Ervigio, la muy víbora semidesencajó la mandíbula y después de echar la cabeza ligeramente hacia atrás, le hincó los dientes en la herida de bala como si estuviese comiendo una chuletita de lo más tierna y jugosa.

 

-¡¡¡OOOOOAAAAAAOOOOOOAAAAAAOOOOAAAAAAAAA!!!

 

¡Venga!, ¡vamos!, ¡otro alarido más!. ¿Pero es que hay alguien que todavía no sepa donde estamos? ¿Por qué no ponemos un neón para que no se pierdan los despistados?

 

El mago Jonhdalf pasaba de eso. Él estaba muy concentrado gritando al tiempo que meneaba las caderas tratando de sacudirse a la perra, ahora agarrada a su culo con la misma beneplácita beatitud que un bebé al pecho de su madre.

 

-¡Quítamela de encima!, ¡quítamela de encima!

 

¿Y cómo pretendía que lo hiciese si había comenzado a correr en círculos aullando como una locomotora? Si dejase de moverse aún podría intentarlo, pero con tanto aspaviento y tanto dar vueltas entre tojos y zarzales era difícil acercarse siquiera al Jonhy, ¡como para intentar separar a la perra de su culo!, adherida a éste con más fuerza que una novia de Briatore a un fajo de billetes.

 

Apoyé el rifle en el suelo para armarme de paciencia y seguí la escena con resignación. Corre, corre, corre para aquí... Ouououououuu... Corre, corre, corre para allá... Ouououououuu... Corre, corre, corre de vuelta al primer sitio. Ahora chillo, ahora agito el pompis, ahora trato de tirar por la perra, ahora gimo de dolooooooooooor y vuelta a correr...

 

Vamos, que ya estaba yo toda alucinada con el espectáculo del albondiguilla (¡que ni Mick Jagger de coca hasta las cejas!), cuando decidí que, a pesar del riesgo, lo mejor era liarme a balazos para quitarle a Mariposita de encima. Al fin y al cabo, la vamperra después de su dósis de sangre correspondiente estaría tan no-muertita y coleante como siempre y, en cuanto a nosotros, o el pelo-pincho-lamido dejaba de gañir como un perro o no tardaríamos mucho en ser el primer plato de una fiesta gastronómico-vampírica.

 

Alcé el rifle con lentitud, súper-concentrada, y en filé el punto de mira hacia el cuerpecito del chihuahua. Esta vez no iba a fallar.

 

-¡Quédate quieto un momento! -le ordené al Jonhy que seguía con su particular danza de la lluvia- Te voy a liberar de tu sufrimiento.

 

Y quieto se quedó, tal que una estatua de mármol. ¡Absolutamente petrificado! Con los ojos desorbitados cual platos soperos y la barbilla descolgada hasta el cuello. ¡Tenía el gesto completamente congelado! Y ya le iba yo a volar a Mariposita de su trasero (¡tan bien que la tenía en medio y medio del punto de mira!), cuando de repente MacGyver parpadeó, dio un boté en el sitio y salió disparado por entre unos matorrales perdiéndose de mi vista con la perra todavía enganchada en el culo y sin decir siquiera esta boca es mía.

 

-Ehhhhhhhhh...

 

Eso fue lo único que logré pronunciar yo, porque aún estaba procesando qué carajo acaba de pasar cuando un Tury desesparadamente enamorado apareció por el matojo del que había brotado la chihuahua y se esfumó por el que unos segundos atrás había engullido al Jonhy y a su amada perra vampira.

 

-¡Pero bueno! -grité furiosa con que todos se escaqueasen en los momentos clave - ¿Pero esto qué es?. ¿Qué se cree todo el mundo?, ¿que voy a consentir que me traten como un trapo viejo?, ¿como un alfombra a la que pisotear y tirar cuando ya no sirve para nada?, ¿como una colilla que se consume, se lanza sobre el cenicero y se aplasta para dejarla bien seca?, ¿como un miserable cebo para vampiros cabreados?. ¡No, no, no!. Esto NO va a quedar así. Desde luego que ESTO NO va a quedar así.

 

Y ya me estaba colgando la Enmarronadora al hombro dispuesta a solucionar aquel asuntillo cuando mis ojos se toparon con la asustada mirada de Ervigio, que atado y todo había logrado levantarse del suelo y tenía medio cuerpo metido en un zarzal.

 

-Tú no pensarías irte a ningún lado, ¿verdad?

¿Sólo "coño"?, ¿así mueren los vampiros?, ¿haciendo una referencia tan poco glamourosa hacia los genitales femeninos?. En fin... Que no cabe duda de que era todo un detalle que Ervigio me hubiese dedicado su último pensamiento (¿a qué otros coños podía aspirar?), pero no pasaba nada por currárselo un poquito más:

 

Siento dejar este mundo

sin catar a la hija del Facundo.

 

Y ya seeeeeee, que mi padre no es el tal Facundo (o eso dice mi señora madre) y que la rima no es original. ¡Lo se!. Pero bueno, al menos hubiese sido un intento de "dejar este mundo, sin parecer un guarro inverecundo" (y por si hay dudas, lo de "inverecundo" lo he tenido que buscar en el diccionario).

 

En fin, que Ervigio no había dicho "arrrgggg", que en su lugar había soltado un "coño" sorpresivo, pero que al fin y al cabo eso significaba que ya la había espichado y que yo me había convertido en desconsolada viuda. Total, que guardé un segundo de silencio por su alma (Descanse En Paz) y finalmente me aventuré con timidez a abrir un ojo para ver cuan grande era el descalabro formado mientras me había mantenido visualmente al margen de la acción.

 

-¡¿No lo has matado?! -pues no, no lo había matado.

-No lo he matado -efectivamente, no lo había matado.

-¿Y por qué no lo has matado? -ésa era la pregunta ¿por qué no lo había matado?.

-Porque muerto no nos sirve de nada y atado aún puede resultar de utilidad.

 

¡Menuda estupidez!, ¡¿no se veía claramente que Ervigio era un completo inútil?! Había perdido a la vamperra, había fallado en su ataque contra el Jonhy y no se trataba de un individuo difícil de capturar, precisamente... En definitiva y, por mucho que mantuviesemos una relación sentimental, tenía que reconocer que como chupasangres resultaba más peligroso un mosquito que mi incompetente novio vampiro, sin embargo quien te decía a ti que no acabase con nosotros, siquiera por casualidad.

 

-Creo que debes cargártelo... -súbitamente la ratilla voladora salió del atontamiento en que lo había sumido el estacazo en el colodrillo y me clavó sus lánguidos ojitos-... ¡y sabes que lo amo con locura!... -añadí devolviéndole tiernamente la mirada-... ,pero antes casi te mata y ¿qué cojones ganamos manteniéndolo vivo?.

 

El albondiguilla, quien en ese preciso momento estaba atándole muñecas y tobillos, se detuvo para palparse el trasero justo donde unos minutos antes yo le había incrustado una bala calibre 30-06. Después se tomó su tiempo para soltar un sentido y prolongado quejido y finalmente me respondió.

 

-Tú también casi me matas y, ahora mismo, la única utilidad que le encuentro a ese cerebro calenturiento es canjearlo por un próspero y fructífero acuerdo de paz con Sir Thomas. ¿Cómo lo ves?.

 

Evidentemente, mal. Mi disparo había sido un fatídico error totalmente justificable. Un intento de detener a mi adorable (y lunática) ratilla voladora sin dañar la integridad física del albondiguilla. ¿Que había resultado un fracaso? Tampoco lo niego, pero ¿acaso debía haber dejado que, en plena enajenación mental, Ervigio le abriese el melón al Jonhy? Por lo que acaba de escuchar, SÍ. Aunque ése era un error que se podía subsanar fácilmente...

 

-Apuntando la Enmarronadora un pelo más arriba, veo que esas calenturientas ideas tuyas de establecer un acuerdo de paz con Sir Thomas podrían acabar ahora como el Universo, en expansión. -y aprovechando que MacGyver me miraba acojonado, levanté mi mano izquierda en forma de pistola y le solté a lo Clint Eastwood- Big!... Bang!...

 

Jua, jua, jua... ¡Qué gracia!, ¡qué chascarillo tan bien traído! Big! Bang!, Universo, Big-Bang. Jua, jua, jua... Lamentablemente mi pelo-pincho-lamido no tenía un sentido del humor tan finamente desarrollado como el mío y en lugar de partirse el culo (cierto que de eso ya me había encargado yo antes), se estaba tomando en serio la frase y había comenzado justificarse, jurándome y perjurándome que nunca había pasado por su cabeza entregarme al Alcalde (¡menuda novedad!, si está loco por mis huesos) y que había buenas razones para mantener con no-muerte al pobre Ervigio.

 

-Tal vez él conozca cuál es el punto débil de Sir Thomas o puede que sepa si existe otro vampiro al que el Alcalde debe rendir cuentas o simplemente podremos usar en nuestra defensa el hecho de que lo hayamos dejado vivo.

 

Ver a mi albondiguilla estresado ante la posibilidad de que le volase el cerebelo me pareció curioso. ¡¿Cómo iba yo a hacer eso?!, ¡si era mi mejor amigo!. ¡¿Acaso se creía que estaba loca?!. Sin embargo comenzaba a disfrutar de la sensación de poder que la Enmarronadora ejercía sobre el Jonhy. Así que resolví no sacarle de su error hasta que al menos me hubiese recreado un poco más en mi look de Jessi, la Sucia, o en su defecto pudiese soltar alguno de los diálogos del Sargento de Hierro.

 

Y ya estaba yo a punto de lapidar a mi estúpido MacGyver con un contundente "Como alambre de espinos, meo napalm" y mis pedos derriten el acero (esto último de cosecha propia), cuando, por desgracia, otro tímido "frush, frush" llamó nuestra atención.

 

Un silencio tenso se apoderó de aquella estampa surrealista. Ervigio clavó sus ojillos aterrorizados en el Jonhy (seguía sin entender que el líder de la manada era yo, ¡YO!), el Jonhy me miró entonces haciéndome señas para que preparase la escopeta y me mantuviese alerta y a mi me tocó vigilar el matorral de turno como si de él fuese a surgir Godzilla.

 

¡Que por poder, podía! Habíamos liado tanto barullo (2 disparos, varios berrinches y un aspersor de sangre edulcorada) que de allí podía salir, Titina, Sir Thomas, Marujita Díaz en sujetador de cocos, Godzilla haciendo bolos por la zona, el Conde Drácula de vaciones para curar el reuma, o sencillamente los payasos de la tele indagando en plan cotilla "¿Cómo están ustedeeeeesssssssssssssss?".

 

 

¡Joder! Pues mal, andamos mal. ¿No se nos ve?. Andamos mal. ¿Es que tan bien disimulamos?.

 

-¡¡¡AAARRRGGG!!! -igualitico, igualitico que un cerdo en plena matanza- ¡¡¡AAARRRGGG!!! -así gritaba el Jonhy mientras se revolcaba por el suelo cual cochinillo en hogareña pocilga- ¡¡¡AAARRRGGG!!! -todo él, un homenaje al género porcino: desde el jamonar herido hasta la sangre que le manaba a borbotones como un jabalí recién abatido. Tal sucesión de semejanzas sospechosas que habrían hecho pensar al mismísimo Darwin que el hombre, antes que del mono, desciende del puerco (teoría infinitamente más fácil de probar).

 

-¡¡¡AAARRRGGG!!! ¡¿Me has disparado?! -gritó alterado al tiempo que observaba la columnilla de humo que ascendía desde el cañón de mi Enmarronadora- ¡Me has disparado!, ¡Me HAS disparado!. Serás... ¡ZORRA, MALDITA BRUJA, HIJA DE P...!

 

Le faltaron segundos para acabar la sarta de vituperios que se avecinaba. Mi adorable ratilla voladora, con el rostro absolutamente demudado por el olor a jugosa sangre pata negra, se había abalanzado sobre MacGyver con todos los piños de fuera. Por fortuna para éste la maltrecha dentamia de Ervigio aún no había alcanzado siquiera el tamaño de la de un niño de 5 años, así que por ese lado no había peligro. Sin embargo la locura transitoria de mi amante vampiro le había dotado de una fuerza y un vigor físico (ojalá que también sexual) que dejaban al cabezón del pelo-pincho-lamido en una posición privelegiada para acabar como un triste coco en una plantación abisinia. O sea, partido en el suelo y a punto de ser devorado con cáscara y to’.

 

Tenía que actuar rápidamente. El albondiguilla llevaba las de perder a pesar de que él y en particular sus cuartos traseros (a los que se aferraba desesperadamente el vampiro Manero) estaban plantando cara ferozmente. ¿Separaba, culata en mano, el hocico de Ervigio de la maltrecha retaguardia del Jonhy o me la jugaba de nuevo a base de balazos?

 

¡Menudo dilema! Y es que también es mala suerte, porque, ¡vamos a ver!, que alguien me lo explique por favor. A la musti-siesa de Bella la sueltan en un bosque y allá que se van Edward y Jacob a rifársela como si fuese una vaca en la India (con mucho respeto y todo eso, pero "las ubres de la señorita las ordeño yo"). Mientras que a mi, guapa, inteligente y con más tetas que esa raspa de sardina, me plantan en la mitad de la espesura y además de crecerme los tojos y los zarzales (nada de praditos con césped cortado a ras) tengo que presenciar como mi novio se restriega contra el culo de mi mejor amigo... ¡y decidir la mejor manera de acabar con su súbito complejo de garrapata glútea!.

 

¡Una mierda, vaya! Así que comprenderéis, estimados Siervos de la Noche, que a causa de la tensión, la frustración y la mala leche en general, el sudor comenzase a caerme a chorros por frente y ojos. Habría que aparcar lo de liarse a tiros para una mejor ocasión, MacGyver ya tenía mucho que aducir acerca de la conveniencia de que el nº de agujeros igualase al de nalgas, como para pensar siquiera en superarlo. No estaba su culo para más balas.

 

-Suelta al Jonhy, querido -dije con la máxima dulzura posible mientras me acercaba léntamente- Suéltalo que está feo comerse a los amigos de la novia.

-Grrrrrrrrrrrrrrr...

-Suelta... -insistí tirando por las descomunales solapas blancas.

-Grrrrrrrrrrrrrrr...

-¡Suelta, te digo!

-¡GRRRRRRRRRRRR!

 

Ervigio había vuelto su cara hacia mi y después de mirarme con los ojos malévolamente entornados ¡me había enseñado los dientes!. ¡LOS DIENTES!, ¡A MI!, ¡SU NOVIA!. ¡ESO SÍ QUE NO SE LO IBA A PERMITIR!

 

Tan pronto como su fruncida naricilla elevó el labio superior dejando al aire las encías, cogí impulso y le eché, literalmente, la "sonrisa" abajo con tal culatazo que acabe perdiendo el control de la escopeta. Entonces se me disparó al aire y, como quiera que yo ya no la agarrara demasiado bien, el retroceso del árma volvió a caer sobre el careto de mi Ervigio, esta vez sobre el apéndice nasal, dejándole el susodicho en fase de crecimiento invertido.

 

-¡¡¡¡¡OUOUOUOUOUOUOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!!, ¡¡¡¡¡OUOUOUOUOUOUOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!!

 

¡Genial! Ahora que ya tenía al albondiguilla medio calmado, la otra soprano chillona se lanzaba en pos de la fama mundial lloriqueando a pleno pulmón. ¡Cagüento’! ¿Es que era mucho pedir un poco de discreción?, ¿resultaba tan difícil huir con la boquita cerrada?. ¿Por qué no nos presentábamos en el WoW y directamente nos rajábamos las muñecas? Al menos así moriría en plan estrella de rock: joven y dejando un bonito cadáver... No con el vestido rasgado y llena de barro hasta las cejas.

 

Miré a mi amante vampiro y viéndolo en el suelo, retorciéndose como un gusanillo mientras anunciaba, cual bocina de buque mercante, nuestra posición a los cuatro vientos, consideré seriamente la posibilidad de hacerle tragar la Enmarronadora. Para callarlo, vamos... al menos un poquito.

 

Sin embargo no hizo falta. El pelo-pincho-lamido, que parecía haber recuperado el control sobre sus doloridas posaderas, sacó de la cazadora un palitroque afilado y ante mi estupor (y también algo de consternación, ¡qué carajo!, ¡estaba a punto de estacar a mi novio!) se abalanzó sobre Ervigio, que por aquel entonces aún chillaba despreocupadamente como una fan quinceañera de los Jonas Brothers.

 

¡Ayyyyy! Que momento de tensión, cuanta pena en mi corazón, cuanto sufrimiento por tan infausto final para nuestra aciaga historia de amor. Que ni Romeo y Julieta, ni el Marco Antonio y la Cleopatra ni siquiera Darth Vader y la reina amígdala han tenido entrega, devoción y pasión tan grandes como la Jessi y el Ervigio.

 

 

Os podréis imaginar, Siervos de la Noche, cuan desolada por semejantes pensamientos me hallaba, así que, siendo como soy una persona rebosante de empatía (además de que tanta sangre me estaba causando una desagradable impresión), me fue necesario cerrar los ojos para no presenciar el atroz apuñalamiento. De forma que, aislada visualmente de la escena, me mantuve a la espera de algún "¡Chof!,... argggggggg" que anunciase la muerte definitiva de mi amado vampiro Ervigio ahorrándome la parte "gore" del asunto.

 

...

¡Clong!

-¡Coño!

...

 

 ¿Ningún "arggggggg"?

-¡¡¡AHHHHHHHHHHHH!!!

 

Una alarido desgarrador rasgó el silencio nocturno y no, no provenía de la nenaza cobarde que tenía por mejor amigo. Fijé mis sentidos en el arbusto chillón (de ahí parecía surgir el grito) y enfilé el cañón de la enmarronadora hacia las ramas que se agitaban frente a mi. 1... respirar profundamente. 2... quitarle el seguro a la escopeta. 3... quedarme con el ojo pegado a la mira. 4...

 

-¡He perdido a la perra!, ¡he perdido a la perra!. ¡Estoy muerto!, ¡estoy realmente muerto!... ¡¡¡MARIPOSITAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!!!

 

Enfundado en el traje, antes blanco nuclear, un desaliñado Tony Manero hizo su aparición estelar ante nosotros como si en lugar de saltar sobre la pista de baile acabase de caer en medio y medio de un estercolero porcino. Vamos, que se le quedó cara de medio memo nada más vernos.

 

-¿Dónde está la perra? -balbuceó ligeramente desorientado- La habéis escondido... -musitó casi para si- Devolvedme a Mariposita, devolvedme a Mariposita...

 

Tenía el pelo alborotado, los ojos inyectados en sangre y el rostro más pálido que la Vane el día que casi se queda pajarito a base vodka negro. Bajo la inspección de cualquier ojo no entrenado se le podría clasificar de ligeramente turbado, pero a través de mi 3º ojo (recién abierto gracias al propio Ervigio), pude percibir que el vampiro había loqueado del todo, o sea, que estaba majareta, chiflado, chaveta, completamente mal de la azotea. Fue por eso que mi intuición me mantuvo vigilando su desquiciado careto a través del teleobjetivo, dispuesta a volarle la cabeza si la situación lo exigía. Que tampoco es que eso lo fuese a matar (no me parece una buena idea acabar con el ser amado a base de balazos en el colodrillo), pero al menos el albondiguilla y yo tendríamos tiempo para huir mietras él se tranquilizaba recomponiendo las piezas de su cerebelo.

 

-¿Dónde tenéis al chihuahua? -insistió mientras avanzaba tambaleante hacia MacGyver- Necesito a esa perra maldita. ¡Mi vida está en juego!. ¿Dónde la habéis metido?

-Nosotros no la tenemos -respondió mi pelo-pincho-lamido al tiempo que reculaba buscando algo en los bolsillos de su cazadora- Es cierto que Mariposita pasó corriendo por aquí, pero no logramos capturarla. Salió disparada y la perdimos por entre aquellos matorrales.

-¡Mentira! ¡Me estás mintiendo! -bramó Ervigio- Mientes porque quieres usar a la perra para chantajear a Titina. Pero yo no me trago esa historia. ¡Dadme a la perra!

-Te juro que...

-¡Qué me deis a la perra!

-... ella no está aquí, pero si sigues esos "Kleenex"...

-¡Dádmela!

 

Mi otrora adorable murcielaguito (ahora chupasangres inestable), tal vez por la falta continuada de alimentación sanguínea, estaba totalmente fuera de si, incapaz de razonar o siquiera ya de escuchar lo que el albondiguilla trataba de decirle. Su rostro reflejaba la misma obcecación que mi padre cuando discute un penalty al Madrid y su voz chirriante iba "en crescendo" en la escala de agudos. Cuando mi sensibles oídos me lo indicaron a través de una ligera dentera, apreté con fuerza la empuñadura a mi hombro y me preparé para entrar en acción, no fuera a ser que Ervigio estuviese definitivamente loco de atar.

 

-¡Dádmela, dádmela!

-¡Qué no la tenemos nosotros, joder!

-¡DÁDMELAAAAA!

 

En un rápido movimiento (aún así más digno de la troupe de abuelas que arrasan el mercadillo los jueves que de un vampiro hecho y derecho) Ervigio se abalanzó sobre el Jonhy para comenzar a sacudirlo por las solapas del abrigo, de atrás a adelante, de atrás a adelante, con tanto ahínco que los ojos de MacGyver parecían salirse de las órbitas mientras me miraba con pánico.

 

-No... es...tá a...quí...

-¡Dádmela, dádmela! -pesado el tío era un rato largo,... sordo también.

 

Así y todo reconzco que estuve tentada a bajar la escopeta un momento y ver cuanto tiempo tardaba mi pelo-pincho-lamido con tanto meneo en dejar de ser pincho y lamido. Sin embargo, ¡no!, me mantuve al pie del cañón (de la Enmarronadora se entiende) y en vista de que el albondiguilla había comenzado aplicarse en la ardua tarea de zafarse del plomazo de mi novio traté de discenir quien era quien en aquél amasijo de manos, cabezas, "shin kicking", giros, abrazos mortales y... vuelta de nuevo a las manos.

 

Se lo había visto hacer a mi padre un millón de veces: localizar la tórtola entre la maleza, seguirla con la mirada en su vuelo y finalmente alcanzarla con un tiro certero. Incluso lo había intentando en un par de ocasiones (con escaso éxito, para ser sinceros), pero ahora tenía la ventaja del tamaño de la presa (que piltrafilla y todo era mucho más fácil de atinar que un escuálido pichón) y lo llamativo del plumaje (blanco fosforescente, lo último en accesorios vampíricos para leer dentro del ataúd). En fin, que no podía fallar. Aún así, tuve la precaución de no apuntar directamente al entrecejo porque, a pesar de llevar toda la noche con ganas de volarle la tapa de los sesos a Ervigio, la cabeza despeinada de mi albondiguilla se paseaba con demasiada frecuencia ante el punto de mira y una equivocación de ese calibre no se arregla con un poco de cinta americana sobre el agujero y ¡andando!.

 

O sea que tras un breve momento de indecisión, resolví que ya que el estado de salud de mi novio-vampiro no era precisamente para echar cohetes me bastaría con orientar mi atención en su tierno culo de murcielaguito (¡aing, omá que rico!) y dejárselo como un colador para que se entretuviese cagando plomo mientras nosotros desaparecíamos cagando leches.

 

Ahora tocaba seguir la escena con concentración.

 

Culo de Ervigio. Culo del albondiguilla. Culo de Ervigio. Culo del albondiguilla. Culo de Ervigio. Culo del albondiguilla... Culo de Ervigio... Culo de Ervigio. Culo de Ervigio. Culo de Ervigio. ¡OBJETIVO A TIRO! Culo de Ervigio. Culo de Ervigio. ¡FUEGO!. Culo del albondiguilla.

 

-¡¡¡¡¡oooooOOOOOOOOOAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAARRRRRRRRRGGGGGGGG!!!!!

 

Mayday, mayday, mayday. Culo del albondiguilla alcanzado, repito, ¡culo del albondiguilla alcanzado!

 

¡Vaya! Como si fuera tan fácil para mi correr apartando matojos en aquel lodazal, con el vestido, la capa, los tacones de aguja... ¿Es que el albondiguilla todavía no se había dado cuenta de que mi cuerpo no había nacido para sudar?, ¿es que tan "ágil" se me veía sobre la pista de atletismo que ahora quería probarme en una competición de campo a través?

 

Por fortuna para mi maltrecho corazón (que entre los disgustos y el ejercicio estaba al borde del infarto), la perra enfiló como un toro desbocado en mi dirección, con lo que tomando la posición de tenista al resto me bastaba y me sobraba yo solita para placarla en cuanto estuviese a mi altura.

 

A cámara lenta la vi acercárseme, resoplando como un búfalo... A-a-a-R-r-r-G-g-g-F-f-f, A-a-a-R-r-r-G-g-g-F-f-f... Pabellones auditivos atiesados... A-a-a-R-r-r-G-g-g-F-f-f... Mirada enloquecida, ojos inyectados en sangre... A-a-a-R-r-r-G-g-g-F-f-f... Boca entreabierta, dientecillos afilados, babilla ansiosa chorreando por el hocico y el cuello... A-a-a-R-r-r-G-g-g-F-f-f, A-a-a-R-r-r-G-g-g-F-f-f... De no haberse tratado de un proyecto de perro, realmente me hubiese acojonado... A-a-a-R-r-r-G-g-g-F-f-f... Sin embargo no titubeé ni un sólo segundo. El chihuahua seguía aproximándose, mi cerebro dio la orden de actuar... A-a-a-R-r-r-G-g-g-F-f-f... Me incliné hacia delante para tomarla entre mis manos, también con la consciencia del movimiento en plan "slow-motion"... A-a-a-R-r-r-G-g-g-F-f-f... y al avanzar un pie se me hundió en el barrizal. Entonces perdí el equilibrió y avancé el otro para recuperarme... A-a-a-R-r-r-G-g-g-F-f-f... pero éste se tropezó con el vestido y me doblé el tobillo... A-a-a-R-r-r-G-g-g-F-f-f... Así fue que desestabilizada, mi cuerpo inició un rápido descenso sin control en busca de la posición horizontal... A-a-a-R-r-r-G-g-g-F-f-f... y Mariposilla (que se olía, quizás no su muerte, pero si un sufrimiento largo y atroz) me dribló con maestría abandonándome a mi suerte... A-a-a-R-r-r-G-g-g-F-f-f... argf, argf, argf, argf, argf...

 

Lo último que vi antes de estamparme los morros en todo fango, fue su carilla sastisfecha mientras se perdía en la penumbra del bosque con mis Kleenex manchados de sangre en la boca y Tury pegado a su sombra, muy tocado emocionalmente. Después se produjo el consabido fundido a negro y la voz del Jonhdalf permaneció en "off " despotricando contra mis escasas habilidades gimnásticas (que ni que él se pareciese a Jonah Lomu en algo más que en el peso).

 

-Porque sólo había que agacharse y cogerla. Que no es que la perra se hubiese echado a correr en dirección contraria, precisamente. ¡Qué va! ¡El bicho bien que se había abalanzado a por los pañuelos ensangrentados! ¡Llenitos de A Negativo!... Y precisamente eso nos va a traer la desgracia -ahora Jonhy se mesaba los cabellos en plan bíblico- Ya me puedo imaginar el reguero de papelitos que Mariposita va a ir dejando por el bosque. ¡Una pista de A Negativo directamente trazada hasta nosotros!. ¡PERFECTO!

 

No hacía falta ser tan vehemente, ¡por Dios!, ¿es que el albondiguilla había perdido por completo la elegancia del comedimiento?. ¡Argf! Si hay algo que odie profundamente es la exageración, así que con toda la urbanidad que pude reunir desde mi precaria posición me dirigí al albondiguilla:

 

-No tienes que preocuparte tanto, Jonhy. ¡Tranquilízate! Quizás Sir Thomas y sus secuaces hayan cancelado la visita y no se pasen hoy por aquí, así que por ahora no te agobies y hasta que no tengamos noticias de ellos... ¡DEJA DE GRITAR COMO UN LOCO Y AYÚDAME! ¿O ES QUE PIENSAS ABANDONARME TIRADA COMO UNA COLILLA EN LA MITAD DEL BOSQUE?, ¿NO VES QUE ESTOY NADANDO EN LODO? -perdida y sin rumbo se lo dejo a Los Panchos que yo siempre se por donde ando y a donde voy- ¡ÉCHAME UNA MANO YA MISMO!, QUE NO PIENSO QUEDARME AQUÍ PARADA VIENDO COMO LA PERRA SE...

-Sssssshhhhhhhh -MacGyver se precipitó sobre mi espalda para callarme hundiéndome de nuevo la cabeza en el barro.

-¿PERO QUÉ... -comencé a protestar cuando el pelo-pincho-lamido aflojó la presa.

 

Sin embargo él insisitió.

 

-Sssssshhhhhhh. ¡Mira!.

 

A lo lejos, sobre las copas de los pinos, un grupo de sombras negras pasaban en plan misil balístico con objetivo final la casa de mi abuela. Había de ser una bandada de 12 a 16 vampiros, en formación "Finger-Four", volando que se las pelaban a una altitud que hacía imposible distinguir las figuras, pero lo suficientemente bajo como para descartar aviones en maniobras. Vamos ,que porque no habíamos visto ni un alma en las calles, que si no, ya teníamos al Iker Jimenez para la semana en la ciudad, estudiando el "siniestro vuelo de los chupacabras-voladores" o investigando el misterioso avistamiento de ovnis precisamente en los últimos minutos del 31 de Diciembre: "¿Venían los alienígenas a anunciar el fin del mundo?, ¿tal vez querían abducirnos para nuestra posterior disección en sus clases de ciencias?, ¿o simplemente planeaban utilizar la Tierra como un gigantesco McAuto?".

 

 

 

¡Gilipolleces!. "Patrañas...", como dice mi Maestro Oscuro "... que sólo sirven para desacreditar el honrado arte de la parasicología". En cualquier caso, nada a lo que pudiésemos dedicar suficiente tiempo porque bastantes problemas teníamos ya:

 

a) La vamperra había pasado como una flecha ante nosotros y se había esfumado en la espesura del bosque.

b) El pequeño pequinés rastreador, bien pegadito al sexy culo canino de Mariposilla, también había sido devorado por la noche.

c) Un escuadrón de vampiros iba camino de la casa de mi abuela (si no habían llegado ya) y no resultaba descabellado pensar que en breve nos localizarían gracias a la impagable labor del chihuhua de Titina.

 

-Estamos jodidos -MacGyver acababa de resumir mi meditación en dos palabras, sin embargo yo era la líder firme y serena y tenía tragarme la inquietud con patatas.

-Pásame el Enmarronador -le pedí con autoridad.

 

Mi albondiguilla me miró dubitativo y, como si concluyese que lo peor que le podía pasar era una muerte rápida e indolora, me cedió el fúsil con sumisión.

 

Entonces, a lo lejos otro seto comenzó a agitarse.

 

Frush, frush, frush.

 

Nos miramos preocupados. ¿Mariposita estaba haciendo el camino de regreso o tal vez Sir Thomas ya había encontrado nuestro rastro y venía dispuesto a ajustar cuentas?

 

Frush, frush, frush.

En la calle el tiempo favorecía la búsqueda. Un vientecillo invernal la mar de frío y desagradable había borrado del cielo todos los oscuros nubarrones que cubrían la luna y ahora ésta iluminaba las calles hasta en las esquinas más lóbregas del barrio.

 

-¿Para dónde se habrá ido el padre de mi hijo? -me pregunté una vez puestos los pies en la acera.

-¡Oye! Que se que tienes la regla, así que, por favoooooor, guárdate eso para cuando tu familia esté delante.

-Pues precisamente... -susurré apuntando hacia cuatro ojillos de rata que asomaban por entre las cortinas del salón- Esas 2 son de lo peor de la parentela -y recuperando mi habitual tono de voz añadí- ¡Vamos a buscar a ese CANALLA!.

 

Arturo lleva un tiempo inquieto revoloteando alrededor de los pliegues de mi vestido y como había

quedado patente su pasión arrebatada por Mariposita, pensé que quizás el pequinés de mi abuela trataba de indicarme que ya tenía localizado el rastro de Ervigio y su pequeña amada perruna.

 

-¡Tras ellos, Tury! -lo azucé como había visto hacer a los amigos de mi padre con sus perdigueros- ¡Busca a Mariposita!, ¡busca a MARIPOSITAAAAA!

 

El chucho me miró brevemente con las orejas erguidas como si unos hilos invisibles estuviesen tirando por ellas y después de lanzar un desgarrador aullido enamorado se echó a la carrera, cuesta arriba (que ya podía haber ido cuesta abajo), curiosamente por el mismo empinado camino que cruzaba el bosque hacia el cementerio.

 

-¡Espero que este chucho maldito sepa a dónde va! -jadeó el Jonhy sin resuello cuando Arturo abandonó el asfalto para internarse por una senda de lodo y piedras salpicada aquí y allá por tojales tamaño helecho del Jurásico.

-A mi me lo dices, ¡qué tengo más barro que una figurita del belén!... Mi vestido está destrozado y no te cuento los zapatos. Está claro que tenía que haberme cambiado antes de salir... y de paso haberle hecho una visita al baño porque con tanta humedad en los pies me están atacando las ganas de meaaaaaaaaaarr...

-¡Ahora te aguantas! -gruñó el Jonhy mientras apartaba zarzales sin guardar precaución alguna para evitar lanzármelos al vestido o mismamente a la cara- Y hazme el favor de apuntar con eso para otro lado.

 

Ahora venía con exigencias, me estaba dando a probar toda la flora silvestre que encontraba a su paso (que con tanta fibra ya tenía yo asegurada la regularidad intestinal para toda la eternidad), pero el señor se molestaba si la que suscribe usaba su Browning en un vano intento por frenar las embestidas de la naturaleza salvaje. ¡Por Dios!, ¡que soy una chica de ciudad!. Tengo que usar todos los recursos que están a mi alcance.

 

-No está cargado, ¿verdad? -preguntó de forma retórica.

-Por supuesto -acaso creía que era tonta.

-Por supuesto... ¿que no?.

-Por supuesto que sí. Mi padre nunca me entregaría un arma sin cargar. Además, ¿cómo prentedes que defienda mi vida y la de mi hijo si la llevo sin balas?... ¿A collejazos?

 

Mi pelo-pincho-lamido se frenó en seco y, girándose para verme directamente a los ojos con su mirada de maestro reprensor, extendió la mano derecha boca arriba.

 

-Toma... -le dije poniendo en ella la Enmarronadora- Y quédate ahí que voy a mear.

 

Está fuera de todo debate la destreza innata de los hombres para la ejecución de este noble arte de "la micción pedestre" (que seguro que pueden hacerlo en una estación espacial sin mojarse los pies, pero dejando la obligada gotita de muestra en la tapa del urinario como sello de calidad). Lamentablemente a las mujeres mear de campo, y más si andamos encaramadas en unos tacones vértigo, el asunto conlleva una serie de precauciones que nos exigen una buena forma física y un poquito más tiempo. Pero precisamente eso era algo que no nos sobraba.

 

 

 

Busqué rápidamente un arbusto bien grande.

 

-No mires, ¡eh!.

-Ni falta que hace.

 

Abrí las piernas colocando los pies bajo los hombros y me agaché recogiendo en mi regazo la tela sobrante del vestido y de la capa. Bajé hasta los tobillos mi festiva ropa interior y entonces las posaderas se me quedaron al aire.

 

Sin protección, indefenso ante el gélido airecillo invernal (y como es muy friolero, además de tímido) mi culo convenció a su vecino esfinter vesical que por mucho que le apeteciese, aquél no era un buen momento para mear y así, por más que yo me recolocaba, buscaba una mejor posición y animaba con sibilantes "Pssssssssssssssssss, psssssssssssssss, pssssssssssssss..." no obtenía ni un mísero chorrito.

 

-Oye, si no tienes ganas, levanta el campamento y sigamos.

 

Pero no había que apurar más la cosa, el torrente corría ya abundamente colina abajo y no tardé demasiado en acabar con las aguas que de menores tenían sólo el nombre.

 

-¿Tienes un Kleenex? -lo se, una señorita debería estar siempre preparada para una eventualidad así, pero con las prisas de la cacería y la urgencia de pedirle la Browning a mi padre había agotado toda la previsión de la que mi cerebro es capaz.

-Ten -me contestó un mano que acaba de surgir entre los arbustos para ofrecerme un paquete de pañuelos de papel.

-Gracias.

 

Tome prestados 5 ó 6 y cuando ya estaba bien seca y con las braguitas prácticamente subidas, unos hierbajos a escasos metros de nosotros comenzaron a moverse. Dejé caer mi vestido hasta el suelo con rápidez y dando un paso atrás me preparé para lo peor.

 

Frush, frush, frush... Los segundos pasaban interminables y la zarza seguía moviéndose sin desvelar quién o qué la agitaba tan insistentemente... Frush, frush, frush... Estaba claro que Ervigio no podía ser porque si estaba huyendo, aquello era todo menos ser discreto... Frush, frush, frush... A Titina no me la imaginaba sacudiendo un arbusto como si fuese una par de maracas... Frush, frush, frush... Y Sir Thomas, bueno, él ya nos habría matado después del primer "frush".

 

Frush, frush, frush.

 

Al fin, unas orejas parabólicas de perro-rata malvada se abrieron paso através del matorral, para dar paso después a los saltones ojillos de Mariposita que me miraba con la cara desencajada y el hocico babeante.

 

-¡La vamperra! -exclamó el Jonhy- ¡Coge a la vamperra!

-Estoy embarazada.

 

Así de sencillo. No necesité alzar la voz, ni recurrir al lagrimeo fácil, ni siquiera dirigirme expresamente a mis padres. Se lo susurré al Jonhy como si tal cosa y en el tiempo que él necesitó para abrir los ojos de par en par, yo ya había sido rodeada por mi familia que me acribillaba preguntas sobre cuánto tiempo llevaba de embarazo, por qué no lo había dicho antes y, desde luego, quién era el autor material de la profanación de la sagrada flor de la virginidad.

 

-Ervigio... -musité añadiendo una láguida mirada de inocencia- El padre del niño es Ervigio.

 

A mi albondiguilla se le desorbitaron definitivamente los ojos y un repentino acceso de tos lo mantuvo fuera de circulación mientras mi señor padre comenzaba a jurar en arameo.

 

-Sinvergüenza, caradura, desgracia jovencitas... -no cabía duda de parte de quién estaba mi progenitor- Seguro que te forzó, ¿verdad, cariño?

-Dudo que ese pobre muchacho hubiese podido violar a nuestra Jessi -la Pepi no desperdiciaba una oportunidad para ponerme en evidencia- Ella es... de hueso fuerte y él parecía más bien de papel de fumar... Además, temblaba como una hoja cuando se marchó de aquí.

-¡TEMBLARÍA DE LA VERGÜENZA! -aulló mi padre ofendido- Hay que ser muy granuja para presentarse en esta casa, así, con la cara lavada, después de haber desflorado a mi niña... ¡Pero no os preocupéis! -la exaltación se torno virulenta- ¡ÉSE TUNANTE VA A RESPONDER ANTE MI, ANTE MI PEQUEÑA Y ANTE MI NIETOOOOOO!, ¡PODÉIS ESTAR SEGUROS!.

 

Y segura estaba, pero de que ante su nieto no respondería el pobre Ervigio, así le fuese su patética y cobarde vida en ello.

 

-No creo que eso sea posible, papá -mejor ir directa al grano, pa' qué demorar más la cosa- No se quiere hacer cargo del bebé, por eso ha huido esta noche. El Jonhy... -quien en ese preciso instante me miraba con cara de "¿yo?, ¿yo?, ¿quién?, ¿yo?"-... ,para tratar de arreglar las cosas, lo trajo aquí con la excusa de entregarle a Mariposita, que es la perra que Ervigio perdió hace un par de días. Lamentablemente, en cuánto mi novio se olió la encerrona, agarró el chihuahua y puso pies en polvorosa. Tal vez... -añadí clavando mis ojos con desafío en la oronda cara de tía Pepi que seguía defendiendo en "petit comité" la imposibilidad física de violarme-... tal vez, se hubiese quedado un poco más de no haberse visto acosado por una "gran" parte de la familia... Es decir, si esa parte de la familia GIGANTESCA, INMENSA, ENOOOOOOORME, no lo hubiese hecho bailar durante media hora seguida.

-¡Da igual tesoro! -me atajó mi padre ajeno a las pullas que yo dirigía a mi tía- Eso no es excusa. ¡Ningún golfillo deshonra a mi hija y se va de rositas!. Ahora mismo vamos a buscarlo que aún andará cerca. -¡al fin! lo que quería oir yo- Pero... ¡esperad un momento!. ¡Necesito mi escopeta!.

 

¡¿ESCOPETA?!, ¡¡¡LLEVAR UNA ESCOPETA!!!

 

-Sí, sí, sí. Y yo quiero otra.

-¡Y yo, y yo!

 

Mi madre y mi abuela se habían subido al carro de la cacería nocturna con una naturalidad tan pasmosa que cualquiera diría que estábamos abonados a la Asociación Nacional de Rifle y que los jubilados que ocasionalmente calentaban la cama de mi dulce yaya entraban en ella a punta de pistola.

 

-Así ha sido toda la vida -Pepi graznaba ahora a las orejas de su hija- Las mujeres de esa familia siempre se casan de la misma manera. Un embarazo sorpresa y después la víctima encañonada hasta el altar.

 

Y no lo puedo negar, aquella era una posibilidad bastante plausible, a juzgar por lo rápido que se había convocado a las armas en defensa de mi ultrujada virginidad, de la cual (dicho sea de paso) no ha habido hombre que se le haya acercado y vivido para contarlo. Al único en hacerlo le dio un tantarantán hace cosa de un mes y era Don Emiliano, el ginecólogo de mi madre.

 

En fin, que resumiendo, la idea a mi nunca se me hubiese pasado por la cabeza. Sacar a mi familia de la casa que estaba a punto de ser incinerada y recuperar a Ervigio y a Mariposita de una sola tacada era mi objetivo primordial, pero eso de salir de montería vampírica el 31 de Diciembre se había convertido un extra inesperado, que me atraía más de lo que debo reconocer.

 

-Trae el Browning para mi. -el "Enmarronador", muy propio, sí.

-¡Pero con eso lo puedes matar, nena! -argumentó mi abuela escandalizada- Una cosa es ir con la escopetita para matar conejos y otra con el rifle de caza mayor. Recuerda que ese muchacho es el padre de la criatura.

-Ves, veeeeees, hija -la Pepi incidía en nuestras métodos poco ortodoxos para pillar marido- Ves como lo necesitan vivo para casarlo con tu prima.

 

Sin embargo mi tía no sospechaba lo lejos que estaba de la realidad: ni boda, ni retoño, ni mancillamiento de la virtud, ni, evidentemente, yo lo necesitaba vivo.

 

-Ervigio está muerto... en mi corazón -y en el de todo hijo de vecino. Vamos que Ervigio estaba muerto-muerto, fiambre del todo, pero la frase de telenovela me venía al pelo para zanjar la discusión.- ¡Ahora vayamos en su busca!.

 

Nadie se opuso. Mi supuesta alma destrozada y el haberme convertido en madre adolescente fueron razones suficientes para dejarme a mi aire con una "Enmarronadora" calibre 30-06 en mi poder. Y eso que no tengo puntería ni para matar los malditos conejos de la Wii.

 

 

-Pues vayamos en su busca -se emocionó mi padre mientras cruzaba el umbral de la puerta con ese brillo en los ojos de cazador tras la presa.

 

El resto de la familia salió detrás de él como si los hubiesen sacado de la típica estampa de campesinos rumanos en linchamiento del conde Drácula, todos gritando, clamando venganza y alzando los puños y las escopetas. ¡Si Charlton Heston los hubiese visto!

 

-¿Estás segura de lo que vas a hacer? -me preguntó el Jonhy que estaba junto a mi con cara de haberse zampado una bolsa de limones.

 

Bueno, así, recapitulando:

a)Había salvado a mi familia de la pira de fuego- Aunque a toda, toda, no, porque la alelada de mi tía se había empecinado en quedarse con su hija para "mantenerse al margen de aquella atrocidad", pero esto se podía considerar un punto a favor.

b)Se estaba peinando el barrio en busca de Ervigio y de Mariposita, con lo que probablemente ambos acabarían en mis manos y así tendríamos algo con lo que chantejear a Titina y salvar nuestros pellejos.

c)Con un poco de suerte, podría descargar sobre el peludo culo de mi escurridizo murcilaguillo, tal cantidad de balas del calibre 30-06 que iba a estar cagando plomo durante semanas. Porque una de buena estaba rayando lo tonta y ¡eso sí que no!.

 

Humillada ante Titina, ante el albondiguilla y ahora ante la Pepi. Ervigio no iba a morir, no (aún me tenía que convertir y ser mi novio para siempre eternamente). Pero Ervigio iba a tener la suerte de recibir una lección totalmente gratuita, una lección que no podría olvidar durante el resto de su vida inmortal.

 

Clavé mis ojos en el Jonhy y en Tury que miraba hacia el exterior olfateando a su Mariposita y sujetando el "Enmarronador" con fuerza sentencié :

 

-Sí, estoy completamente segura de lo que hago. ¡Vamos!