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28 de Diciembre: Inaugurando el diario

¡Joooddddeeerrrr! Ya he vuelto a hacerlo. Mira que me lo dijo el Jonhy, que iba a cagarla y que no sería capaz de crear el blog y aquí estoy, sentada frente al ordenador intentando cambiarle el título... Y no es fácil hacerlo. Quizás no se pueda... En fin, que tendrá que quedar así porque a él no pienso pedirle ayuda: "Diario" de una vampiresa novata. ¡Cómo si los vampiros pudiesen salir de día!. ¡Seré mema!.

A veces pienso que sí, pequeños siervos de la noche, que soy mema y además estoy loca de remate. Pero por otro lado creo que convertirse en vampiro por la persona que amas, siguiendo los latidos de tu corazón, enfermo y agonizante de pasión, es la decisión más acertada que he tomado nunca.

Bueno, a decir verdad todavía no lo he hecho. Mi maestro oscuro me ha explicado que los momentos más propicios para la conversión son aquellos que implican un cambio, p.ej. los solsticios de verano y de invierno. A él le parecía que la noche del 21 al 22 de Diciembre era la mejor para el ritual, pero le expliqué que mis padres no me dejaban salir de marcha por la semana y lo dejamos para el día de Fin de Año. Lo cual me viene de perlas porque así aprovecho también para ir a la peluquería y estar súper-mona durante la transformación. ¡No quiero entrar en mi nueva existencia con mi pelo estropajo de toda la vida!

El Jonhy cree me queda bien, pero la verdad es que cualquier emo sabe que el pelo rizo se trata de un castigo divino. Te pasas una hora dejándolo liso como una tabla, otra media hora dándole forma a los mechones y un cuarto de hora final enganchándole un par de clips con una calavera para que salgas a la calle y en 3 segundos, una suave llovizna te deje como a las Azúcar Moreno en la portada del vinilo que tiene mi madre en el salón.

Sinceramente, y no quiero parecer creída, pero tengo la sensación de que el Jonhy está por mi. Ya se que nos conocemos desde que éramos pequeños y que todo esto del rollo emo une mucho, pero a veces me mira fijamente como si me fuese a decir algo y cuando le pregunto me responde que no le pasa nada y que sólo está concentrándose para ver si es capaz de llorar sin ganas.

Yo le dejo que piense que me trago la mentira, pero realmente creo que lo que pasa es que no sabe como declararme su amor... aunque, en el fondo, lo de las lágrimas tampoco me parece tan descabellado porque ¡mira que es raro el jodío!. Hace un mes estaba plenamente convencido de convertirse él mismo en morador de las tinieblas y hoy, sin ir más lejos trataba de impedir que yo realizase la metamorfósis el próximo jueves: que si tendría que olvidarme de los donuts (tampoco como tantos), que ya nunca podría mirarme a un espejo (ni que pasase tanto tiempo arreglándome) y que de ahora en adelante no podría estar con él sin enloquecer por la ganas de comérmelo como a una tapa de jamón (hombre sí, es verdad que estoy un poco gordita).

Resumiendo, que tengo la casi certeza de que todos son celos de mi relación con Ervigio (el nombre no es favorecedor, incluso para un vampiro), pero Jonhy debe entender que mi corazón está partido y que aunque la clase de cariño que les profeso a ambos es distinta, en cuanto a cantidad, mi afecto se reparte entre los dos por igual.

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