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diariodeunavampiresanovata

El tres nunca llegó. MacGyver apenas había comenzado a poner cara de concentración cuando una mancha rosa chicle lo asaltó por la espalda, apartándolo de mi lado para arrastrarlo a la improvisada fiesta de Fin de Año.

 

-Les vamos a dejar la pista para ellos dos -me explicó la Pepi mientras se desplomabla sobre el sofá jadenante, con el pobre Ervigio todavía en su poder- Hay que dar paso a las nuevas generaciones y así aprovecho para admirar lo bien que baila mi niña.

 

Su niña, o sea Susi, mi prima Pija (la que acaba de arrollar a Jonhdalf como una locomotora), decían que era la primera en su clase de ballet, aunque visto lo visto, y para no dudar de la palabra de su madre, las campeñeras tenía que ser cojas. Con sus esquéliticas piernecillas de camello, enfundadas en unos aquellos tristes leggins de lycra negra y su huesudo cuerpecito, escasamente cubierto por un mini vestido de lentejuelas rosa, puedo afirmar que hasta la presente no he visto a una persona con tal carencia de elegancia natural y gracia en los movimientos... Tal vez el Johny no le fuese a la zaga en otros estilos de música, pero en lo que se refería al folclore festivo-navideño, Susi ganaba por goleada.

 

-¡Qué estilosa es! -insistía la madre de la criatura, más por autoconvecimiento que por una sincera exaltación del arte de su hija- Fíjate, fíjate, eso es un "battu" -se refería a un saltito ridículo- y ahora acaba de hacer un "porté".

 

Sin embargo todo lo que veían mis ojos era un clara invitación para que el Jonhy le midiese todas las posaderas con la lamentable de excusa de ser elevada 5cm. del suelo. Eso sin tener en cuenta que de fondo sonaba "... dame más gasoliiiiiiiiina, quiero más gasoliiiiiiiiina..." y aquellos absurdos pasitos de ballet le pegaban tanto como un camello a un iceberg (estragos que Street Dance, Ritmo Salvaje (1 y 2), High School Musical (1,2 y 3) y Step Up (1, 2 y 3) le han causado al cerebro del adolescente medio). Aún así yo no podía consentirlo, no podía dejar que la Susi hiciese el rídiculo delante de toda la familia, no podía permitir que MI estúpido albondiguilla se distrajese de nuestro asuntillo simplemente porque estaba felizmente entregado en magrear el culo a la pali-sosa de mi prima y desde luego no podía ignorar que su madre se estuvise regocijando por haberme quitado en un par de minutos a mi novio y a mi mejor amigo sin la más mínima oposición por parte de ellos.

 

-¡Disculpa! -bramé mientras me llevaba a Jonhdalf colgando por la oreja- ¿Te importa si te lo robo un segundito? Es algo urgente.

 

No les di tiempo material para decir esta boca es mía. Remolqué al pelo-pincho-lamido fuera de la pista de baile y en una esquina del salón me dispuse a cantarle las cuarenta:

 

-¿Se puede saber qué haces? -susurré tratando de no ser escuchada por oídos indiscretos.

-Subí a comer algo. Huir en mitad de la noche con el estomágo vacío no es sano. ¿Y si me desmayo en plena carrera?

 

¡Vaya! Estaba de cachondeo. ¡Increíble!

 

-Sabes perfectamente que no me refiero a eso -le gruñí por lo bajo mientras él trataba de confundirme con su inocente mirada azul eléctrico- ¡Y no me pongas ojitos que no soy mi abuela!

-Hombre... Ya se que quizás no era la mejor idea... -parecía que se iba a disculpar y todo-... pero está más p'allá que p'acá... -cierto, cierto, mi prima esta como auténtica chota-... y además no le va a hacer daño a nadie... -quién sabe, podía haberle sacado un ojo a alguien con uno de esos "portés" suyos-... Por eso no me pareció mala idea traer conmigo a Ervigio...

 

-¡¡¡¡¿¿¿¿ERVIGIO????!!!! -le grité a la oreja que había ido acercando para captar mi susurros- ¿Hablabas de Ervigio? -mascullé de nuevo mientras lo sujetaba para que no se alejase a causa del mi bramido anterior.

-¡Claro! ¿A qué te referías tú?

-¡A mi prima! -rechiné entre dientes- A que pensabas rescatar a Ervigio y acabaste retozando en la mitad del salón con mi prima.

-Ahhhhhhh, esooooooooo... -ahora el muy desgraciado parecía divertirse- Sinceramente, no le pude decir que no, pero estaba buscando el mejor momento para abandonar el baile cuando llegaste tú, por lo que se ve,... algo celosa.

-¡¡¡¡¿¿¿¿CELOSA, YO????!!!! -volví a perforarle el tímpano con mi indignación- ¡Qué más quisieras tú! Yo estoy enamoradísima de Ervigio y mi ratilla voladora está super colgado por mi.¡A ver si te enteras de lo que te digo!.

-Perfectamente. Lo has dicho tan alto y tan claro que no creo que nunca pueda escuchar nada más. De hecho, casi preferiría que calmases a ese "alien" chillón que te has tragado porque está a punto de reventarme el cerebro. Además... -el pelo-pincho-lamido posó su mirada súbitamente preocupada en un punto indeterminado del salón antes de reunir las fuerzas suficientes para continuar-... te necesito serena porque tenemos un problema ... y de los gordos.

-¿Aparte de que Sir Thomas viene en camino? -repetí bajando el volumen de mi voz.

-Síp.

-¿Cuál, cuál? -le apremié para que no se enduviese por las ramas.

-Pues... Ervigio se ha escapado...

-¡¡¡¡¡¿¿¿¿QUÉEEEEEE?????!!!!! -el alien chillón se abrió paso a través de mi boca.

-... y se ha llevado a Mariposita.

-¡¡¡¡¡¿¿¿¿QUE QUÉEEEEEEEEEE?????!!!!!.

 

No había duda. Giré mi cabeza hacia el viejo armatroste de muelles y espuma y un brusco escalofrío me recorrió indómito de pies a cabeza. En una esquina del sofá, una pequeñas arrugas indicaban el sitio donde había reposado el cuerpo de Mariposita hasta hacía un par de minutos. En el otro extremo, el cojín junto a la Pepi estaba vacío y ella me miraba encogida de hombros sin ocultar que había estado prestando a nuestra pequeña disputa más atención de la que resulta conveniente para no ser tachada de cotilla.

 

-Me dijo que tenía algo que hacer -comenzó a explicarse antes de preguntar siquiera- Iba con prisa. Cogió esa perra nueva y entonces tú gritaste "¡¡¡¡¿¿¿¿ERVIGIO????!!!!", se detuvo un segundo sin volverse y al ver que en realidad no hablabas con él, abrió la puerta y se marchó.

-Es verdad.

-Sí, sí.

-Es cierto.

-Yo también me di cuenta.

 

¡Pefecto, genial, increíble!. Todo el mundo lo había visto marcharse, pero a nadie se le había ocurrido deternerlo. Y allí estábamos, a las doce menos diez de la noche, el albondiguilla y yo. Solos. Sin Mariposita con la que intercambiar nuestras vidas, sin Ervigio traidor que nos trasformarse en vampiros y con una turba de no-muertos sanguinarios en camino, dispuestos a matarnos aunque de nuestra muerte no obtuviesen ni una gotita de sangre (antes bien, un nada glamouroso tufo a churrasco).

 

-¡Huyamos! -musitó el Jonhy a mi lado- ¡Hay que salir de aquí!

-No llegaríamos muy lejos. Es demasiado tarde y cuando el Alcalde llegase le resultaría bastante sencillo encontrar nuestro rastro y darnos caza.

-Aún así, aquí no podemos quedarnos. Si nos percibe dentro, llevará a cabo la amenaza y morirá toda tu familia.

-Lo se... Pero necesito pensar... Si tan sólo tuviésemos a la perra para presionar a Brigitte...

 

Entoncés se me iluminó el calabacín y lo vi claro. ¡Aún podíamos salvar nuestros culos faltos de ejercicio!, ¡aún existía una última posibilidad!. Aquél había sido un día de perros, pero nuestra suerte iba a cambiar.

 

Alegre y fresco como una lechuga, luciendo ese aire tan angelical con el que siempre se gana a madres y abuelas, mi desobendiente albondiguilla había decidido salir de su confinamiento subtarráneo, seguramente atraído por los deliciosos efluvios de comida que le llegaban del piso superior... y no estaba solo. A su lado, con una mueca que pretendía ser sonrisa, un Ervigio fuera de lugar botaba en el sitio, inquieto y más perdido que un pulpo en un garaje.

 

-¡Es igualito a tu padre!.

 

Eso comentario me dio la clave para descubrir qué (además del hecho de desacatar mis órdenes) era lo que me resultaba chocante en aquella extraña pareja: ¡La ropa de Ervigio!. ¡Pues, claro! Como su camisa blanca y el vaquero estaban manchados de sangre, Jonhy había sustraído del antiguo dormitorio de mi padre la ropa que éste usaba cuando tenía 17 años y 30kg. menos.

 

-¡Tan guapo! ¡Si hasta parece el mismísimo Tony Manero!.

 

Y en efecto, era cagadito a Tony Manero (en Fiebre del Sábado Noche, se entiende, porque el Staying Alive dirigido por Stallone no merece ser nombrado). Chaqueta de blanco nuclear, camisa negra con el cuello sobre las solapas y pantalón también blanco, impoluto y ceñido, de patas de elefante tan grandes que se podría encerar el salón de mi abuela cruzándolo una sola vez.

 

 

-Pero pasad, pasad -insistió la Sra. Lola- Justo ahora íbamos a empezar con los postres.

 

MacGyver me lanzó una mirada desafiante mientras se acomodaba en la otra punta de la mesa seguido por Ervigio, convertido ahora en su sombra.

 

-¿Y quién es ese amigo tuyo tan mono? -insistió la tía Pepi, que en su día había andado a la caza y captura de mi progenitor- No nos lo vas a presentar.

-Es mi novio -le atajé para saciar la lujuria revanchista que me reconcomía desde el despiadado interrogatorio al que me había visto sometida- Se llama Ervigio.

-¿Ah, siiiiiii?... ¿Pero no habías dicho antes que no salías con nadie? -me atacó con una pregunta capciosa.

-No, simplemente, no llegué a contestar. -y dejando mi asiento me acerqué al que ocupaba mi ratilla voladora (otra vez adorable por exigencias del guión)-Pero es cierto. Salimos desde hace algún tiempo. Yo lo amo con toda mi alma y él me profesa verdadera devoción.

-Hombreeeeee... ¡Qué tierno! -aquello no sonaba para nada sincero.

 

La tía Pepi había proyectado en mi la pelusilla que le había tenido a mi madre desde que ésta se había ganado a mi padre llevándolo al altar, dejándole como único sucedáneo matrimonial a mi tío Josele, el mayor (más grande en la dimesión temporal y también en las otras 3), con el que había termidado casándose... a falta de otros pretendientes.

 

-Venga, daros un beso. Un parejita sin beso, no es parejita ni es nada. Venga, venga... Un besito.

 

Mi tía, que por lo visto, no me creía capaz de mantener una relación estable, estaba dispuesta a ponerme a prueba hasta el final. Le eché un vistazo a Ervigio, con el que todavía no se me había pasado el cabreo y sus grandes ojazos negros parecían suplicarme, como lo diría yo, mi perdón. Así que le agarré la cara con ambas manos (porque debido a su timidez al principio parecía resistirse) y le metí la lengua hasta el esófago. Aquel beso sellaría nuestra reconciliación.

 

Pasó 1 segundo, 2, 3, 4, 5,... 10, hasta que el carraspeo continuado del Jonhy me sacó del universo de algodón de azúcar al que ese romántico intercambio de fluídos me había transportado. Lentamente separé mis labios de los de mármol frío de Ervigio y aterrizando en la tierra comprobé que aquello no había dejado indiferente a nadie.

 

El albondiguilla me observaba sin pestañear (en realidad, todos lo hacían), pero su cara reflejaba la misma reprobación que cuando trataba de copiarle durante los exámenes. Mi madre no articulaba palabra con el asombro, mi padre tampoco, pero con la ira (ya sabéis, su hija, su niñita, sobada por aquel baboso... blablabla), mi abuela encantada con la posibilidad de tener bisnietos, mi prima (La Pija) flipada con que yo la hubiese adelantado en el terreno amoroso y su madre ardiendo de rabia porque conmigo, ya le habíamos marcado un 2-0 a su árbol genealógico. En cuanto, al resto de los presentes sólo permanecían callados para pasar desapercibidos en el caso de que se liase una buena bulla (cosa que nunca se debe descartar en nuestras celebraciones familiares).

 

-Venga, ¡a bailar! -intervino el tío Josele tratando de romper la tensión del ambiente- ¡Todo el mundo a bailar!

 

La concurrencia le dedicó una mirada mayormente perpleja, pero la Pepi no se hizo de rogar ni un segundo y enfiló directa en mi dirección contoneando sus inmensas caderas al ritmo de “Que la detengan”.

 

-¿Bailas? -invitó a Ervigio mientras lo arrastraba por las solapas sin darle la menor opción a responder.

-Ehhhhhhhh...

 

Los ojillos de mi chupasangres se clavaron en MacGyver, que tras encogerse de hombros hizo un leve gesto con la mano para indicarle que se calmase y sencillamente se dejase llevar. Al parecer mi tía era una fuerza de la naturaleza que no compensaba enfrentar (a fin de cuentas, cuánto meneo iba ser capaz de resistir aquel mazacote). Así que mientras su cuerpo aguantase, los 3 deberíamos padecer el triste espectáculo que resultaba verla pavonearse ante un fiambre en mal estado como si en realidad se estuviese ligando a mi atractivo padre post-adolescente (no en vano corren rumores de que la tía y el tío llevan meses al borde del divorcio).

 

Siete canciones, ¡siete!, tuvo Pepi al pobre Ervigio girando como una peonza por todo el salón, agitando las manos con la Macarena, sacudiendo los pinreles con el Aserejé, juntando cachete con cachete, pechito con pechito (el ombligo era algo más difícil de localizar) y poniendo el culo prieto gracias a los saltitos y las sentadillas de Rasputín. Finalmente el físico de mi tía comenzó a flaquear, con lo que el avispado de mi albondiguilla vislumbró la oportunidad adecuada para rescatar a nuestro vampiro de aquel acoso mortal.

 

-¡Coge a Mariposita y estate atenta! -me susurró el Jonhy tomando posiciones- En cuanto lo separe de tu tía salimos de aquí cagando leches.

 

Eran casi las doce menos cuarto y seguramente el Alcalde estaría ultimando los preparativos para la gran barbacoa nocturna. No quedaba mucho tiempo si queríamos salvar nuestro pellejo y el de Ervigio, que a todas luces, sin más alimento que los restos de la regeneración del chihuahua, estaba sumamente debilitado (de otro modo, ¡vive Dios!, que se habría librado de mi tía así fuera a base de escupitajos).

 

-Una -los últimos “explótame-expló” de la Carrá abrieron la cuenta atrás hacia el rescate- doooossssss,...

También yo, de haber sido una rata traidora, hubiese tenido miedo. Su comportamiento general había sido imperdonable y eso sin entrar a valorar que como novio estaba resultando un auténtico fiasco. En todo el tiempo que duró nuestra relación Charly jamás había renegado de mi (exceptuando la vez en que Vane nos pilló besándonos en la furgonalla), nunca se le había ocurrido tratar de noquearme (a excepción, claro, de la otra noche en el Route 77) y desde luego había sido muchísimo más pasional que el mustio de Ervigio, quien desde la exhibición de su chorra en el cementerio no había realizado ningún otro acercamiento sexual.

 

En fin, que bien visto, tampoco es que hubiese tanta diferencia entre mis dos amantes, pero la falta de suerte en el amor no quitaba que efectivamente hasta el momento mi adorable ratilla voladora se había portado como un auténtico zoquete insensible.

 

Lo miré con todo el desprecio que fui capaz de reunir.

 

-No me matéis, por favor. -Vaya, tanto valor iba a acabar conmigo- Dejad que coja a Mariposita y nunca más volveréis a saber de mi.- ¡¿Desaparecer del mapa?!. ¡Ni que me hubiese dejado embarazada!- ¿De qué os serviría que la perra y yo también muriésemos calcinados?.

 

Realmente para nada, pero tanto murciélago traidor estaba exaltando mi ánimo vengativo. Y me encontraba a punto de dejárselo así de claro a mi ex-amante vampiro cuando unos paso indecisos comenzaron a bajar hacia el sótano.

 

-Jessi, ¿estás ahí, Jessi?.

-Sí, abuela. ¿Qué quieres?

-Ya han llegado todos y te estamos esperando para empezar. ¿Se va a quedar Jonhatan a cenar con nosotros?.

 

Mi abuela, que siempre hace comida de más, sin duda se había estresado por la posibilidad de necesitar un plato extra para el albondiguilla, ¡cómo si con las toneladas de comida que había preparado no se pudiese alimentar a 7 Jonhys, 10 familias de focas monje y todo el “atlético” cuerpo de policía de Nueva York!

 

-Creo que... -y mirando al aludido, esperé su respuesta-... Creo que no. -añadí cuando al fin sacudió la cabeza- Ahora mismo voy.

-Pues antes de salir que llame a su madre, porque ella ya ha estado preguntando por él.

-Por supuesto, Sra. Lola. -respondió el Jonhy interviniendo por primera vez en la conversación- En cuanto suba la telefoneo.

 

Los pasos de mi abuela se alejaron entonces hacia un barullo que yo no había advertido hasta ese instante y el sótano se quedó silencioso y desasosegado.

 

-¿Así que te das el piro? -le pregunté algo molesta por dejar que cargase yo sola con el muerto.

-En realidad, no. Me voy a quedar con Ervigio hasta que consigas escabullirte de tu familia y nos larguemos de aquí cagando leches. Si el Alcalde y toda su banda piensan incendiar esta casa con nosotros dentro, lo mejor será que desaparezcamos del mapa durante un tiempo, para evitar nuestra muerte y la de nuestras familias.

-Siendo así, supongo que querrás despedirte de tu padres. -le concedí enternecida por su sacrificio – Puedes ir a tu casa y volver antes de las 12. Yo no necesito que te quedes para vigilar a este chupasangres desleal. No es rival para mi.

-Quien me preocupa es él. -me espetó con semblante serio- ¿No creerás que lo voy a dejar en tus manos? Si venerándolo con tanto entusiasmo el pobre ha acabado así, no quiero ni pensar lo que podrías hacerle ahora que ha pasado “Oscura alteza de la Noche” a “chupasangres desleal”.

 

Pues el “chupasangres desleal” se tenía bien merecido todo lo que fortuitamente (eso es algo que necesito recalcar) le había ocurrido y si al Jonhy le iba a preocupar más su estado de no-muerte que como le hubiese caído tanto desprecio a mi pobre corazón, pues no les vendría mal a los 2 quedarse en el sótano haciéndose compañía.

 

-Entonces no os importará que me vaya a cenar. En cuanto acabe bajaré a buscaros con todo listo para emprender la huida. Mientras tanto... -añadí echándole una mirada significativa a Ervigio-, y sólo por si las moscas, me llevaré a Mariposita conmigo.

-¿Y no crees que antes podrías bajarme algo de comer? -me interrumpió el Jonhy cuando ya tomaba el pomo de la puerta.

-Sí, creo que podría,... -respondí todo lo antipática que pude-... pero tus comentarios me han quitado las ganas.

 

Y con mucha dignidad, salí disparada escaleras arriba, huyendo del albondiguilla que hambriento, por un hueso de aceituna, MA-TA.

 

En el salón, ya estaba montada la fiesta padre. Mi abuela, que es una excelente cocinera, había preparado platos para todos los gustos y sus cinco hijos, con las respectivas parejas y sus multitudinarias proles se habían abalanzado sobre la mesa como si algún bicho imaginario les fuera a quitar la comida al primer respiro que tomasen.

 

Solté a Mariposita en el sillón, donde se quedó placidamente dormida y me uní al frenesí devorador.

 

Mi madre, que es la única que no me traicionaría jamás, había recordado guardarme un sitio a su lado y así, casi sin darme cuenta, acabé sumergida en la vorágine, peleándome por un zanco de pollo humeante, mientras que la tía Pepi indagaba sobre mi vida destripándola sin compansión: “¿Cuántas has supendido?... ¡Incluso gimnasia! (me abstuve de mencionar mis experimentos con el 3º ojo)... Vayaaaaa... Pues Susi (ésa es mi prima, La Pija) ha sacado 7 sobresalientes y el resto notables... Además es la primera en su clase de ballet (allá ella si le gusta el tutú)... ¿Y qué tal va el grupito ése en el que cantabas?... ¿¡No conseguís locales donde tocar!?... Una pena, porque a mi niña la ha estado llamando de los mejores teatros para que de conciertos de piano (sí, sí... Ya me la imagino con el organillo y la cabra)... ¿Y novios?, ¿qué tal de novios?...

 

Di gracias al cielo por no tener que contestar. Hasta el momento había capeado el temporal en mi solitaria lanchita, como si del capitán de la Bounty me tratase, pero aquella pregunta iba directa mi línea de flotación y tuve que admitir que el timbre de la puerta me había librado oportunamente.

 

 

-Vaya, ¡eres tú!

 

Un escalofrío me recorrió la columna vertebral, mi abuela usaba aquel tono alegre con una única persona.

 

- ¡Y traes compañía!

 

¿Y traía compañía?

 

-Pasad, pasad.

 

En ese momento yo ignoraba que aquella iba camino de ser mi primera gran cita para el apartado de citas célebres de Facebook.

Caída de los cielos sin hacer el más mínimo ruido, la vampiresa rubi-teñida, se había plantado frente al ventanuco del sótano totalmente de improviso, concediéndonos apenas unos microsegundos para que se nos helase la sangre y poco más.

Y digo "poco más" porque, bien mirada, la situación tampoco era para tanto: ella no podía entrar y nosotros, desde luego, no pensábamos salir. Lo único que sí me inquietaba era mi adorable ratilla voladora, cuya cabeza pendía de un hilo, en medio y medio de la zona hostil. Por fortuna para él, se había dejado el culo bien a salvo en territorio aliado, y eso ya era algo.

 

-Veo que os he impresionado -gorjeó la muy pija mientras sacudía polvo imaginario de un vestido de encaje negro que dejaba ver más de lo que tapaba- Hoy me he decidido por Prada, que tiene una colección de fiesta “divine-divine”. Además el color, aunque prefiera el rojo, es mucho más sufrido y menos manchadizo -eso sin duda, había poca tela que manchar- Y en vista de los planes del Alcalde las probabilidades de acabar con un lamparón negro en la ropa son bastantes elevadas.

 

Al tiempo que hablaba, la chupasangres milenaria movía su manos con elegancia y tranquilidad, como si se sientese cómodamente arropada por un grupo de amigos de confianza.

 

-Pues no os lo vais a creer -continuaba su discurso- Está realmente furioso con vosotros. En un principio pensé que sería un berrinche pasajero, o al menos un asuntillo que podría esperar 24 horas para ser resuelto. Pero nada, ¡que tiene que destruiros ya mismo!. ¡Y que no hay más vuelta de hoja, chico!. En cuanto den las 12 de la noche se vienen todos para aquí a quemar la casa de forma que o morís achicharrados dentro o en su manos, fuera -ahora Brigitte paseaba arriba y abajo frente a 3 espectadores recién petrificados- Total, que me he dicho: “La verdad es que los odio y también quiero matarlos, pero tienen a mi bebita”... Porque aún la tenéis, ¿no es cierto?... -asentimos al unísono con vehemencia- “Así que no puedo permitir que ella arda en la hoguera”. Y por eso estoy aquí, porque mi prioridad es rescatar a Mariposita. Vuestra muerte es algo secundario de lo que, además, si no soy yo, el mismo Sir Thomas se encargará.

 

Sentí como el Jonhy me clavaba la vista en busca de alguna buena solución al problema, pero en ese momento había captado mi atención un súbita inquietud en el culo del murcielaguito traidor.

 

-¿Y yo, mi ama?. Yo que estoy aquí atrapado, ¿a mi también vais a liberarme, mortífera beldad? -se aventuró a preguntar al fin, demostrando que sólo quería salvar sus posaderas, repentinamente en el lado equivocado de la reja.

-¿A ti? -se sorprendió Brigitte, recordando que Ervigio aún estaba allí- Sí, sí. Bueno, claro, a ti también... Un criado tan solícito... Difícil de encontrar... Sí, por supuesto. Pero antes, ¡que esos 2 me devuelvan a Mariposita!

 

Por alusiones y porque la rubi-teñida nos estaba señalando amenazadoramente con su dedo índice, MacGyver se acercó hasta los barrotes de la ventana de forma que la luz de la calle iluminaba su rostro levemente tensionado.

 

-Jamás te entregaremos a la perra. Seríamos completamente idiotas si nos deshiciésemos de la única razón por la cual no nos matas tú misma. Ella se queda aquí hasta que consigas algún tipo de inmunidad vampírica para nosotros.

 

Brigitte ladeó la cabeza mientras digería aquel envite.

 

-Primero mostradme a Mariposita.

-Ahí está -respondió el Jonhy con la mano extendida hacia lo que parecía un chihuhua plácidamente dormido en la penumbra- Después de descansar todo el día en un ataúd a medida y desayunarse un cánido con pedigrí, la hemos dejado tranquila para que se eche una siestecilla.

 

Eso era mucho exagerar, pero había que ganarse el corazón de Titina y ahora que parecía haberse tragado el cuento se la veía sinceramente conmovida.

 

-Habéis sido “very nice” con mi princesa -dijo tras un momento en el que la imagen del chihuahua nubló su visión- Sin embargo yo no puedo enfrentarme al Alcalde, nunca me opondría a la autoridad de la zona. Aun siendo capaz de vencerle, que no es el caso, en las altas esferas no me perdonarían la indisciplina. En este mundo puedes matar a 100 novatos, pero ni se te ocurra tocar a uno de los ancianos, en seguida eres visto como una amenaza a la jerarquía establecida y estos chupasangres caen sobre ti más rápido que los de Hacienda.

-Sí, sí, sí. Lo que tu quieras. La vida de un no-muerto es muy complicada,... -le atajó el Jonhy- ... pero eso ya no es problema nuestro. La forma en la que te las arregles para sacarnos de este lío es cosa tuya. Y recuerda que ahora mismo la suerte de Mariposita está estrechamete ligada a la nuestra.

 

La dulce expresión que la perra había conseguido despertar en el rostro de Brigitte fue borrada súbitamente por una ira y unas ansias asesinas incontrolables. Todo, gracias a las cuidadas palabras de mi albondiguilla que no es más tonto es porque no es más grande, y lo mismo saca de quicio a su amiga adolescente que a una chupasangres de más de 1500 años.

 

Entonces Ervigio (en un línea muy distinta a la del Jonhy, pues no posee el don de la palabra, pero lo suple con el de la oportunidad) juzgó que haciéndose el silencio, aquél era un buen momento para renovar su solicitud de libertad. Y desde la desafortunada posición en la que se encontraba, después de carraspear ligeramente se aventuró a interrumpir la furibunda meditación en la que Brigitte se había sumido tras la parrafada de MacGyver.

 

-Tal vez, quizás, su Excelencia no se pueda llevar ahora mismo a la adorabilísima Mariposita, sin embargo... yo...

 

La rubi-teñida le dirigió una mirada nada afectuosa y ya se le estaban marcando todos los tendones del cuello mientras se acercaba a la cabeza de mi ratilla voladora, cuando comenzó a sonar el “Loca-loca” de Shakira en una cascada de notas metálicas que distrajeron su atención.

 

 

-¡Mi móvil! -exclamó al tiempo que rebuscaba dentro de un dimuto bolsito de fiesta- Buenas noches Sir Thomas... sí... sí.... sí... Estoy acabando de retocarme el maquillaje... sí... sí... sí... “I know”, a las 9 y media... sí... sí... sí... Ahora mismo voy para ahí -y finalizando la llamada se dirigió hacia su sumisa ratilla voladora- El Alcalde me reclama para la celebración de Fin de Año y ya llego tarde, así que tú me vas a hacer un favor.

-Pero si soy incapaz de moverme de aquí -apenas pudo quejarse Ervigio.

 

Titina en un movimiento prácticamente imperceptible ya había separado los barrotes y empujado al fondo del sótano a mi huidizo novio vampiro.

 

-Sabes que no soy de esas que delegan las tareas importantes, o sea, pero me estoy retrasando demasiado y Sir Thomas va a comenzar a sospechar que me he desviado de su plan, así que quedas tú encargado de sacar a Mariposita de aquí para llevármela al WoW antes de las 12... SANA Y SALVA.

 

Y del mismo modo súbito y silencioso con el que había llegado, desapareció en la noche dejándonos al Jonhy y a mi sin otra cosa que mirar que un chupasangres temeroso de nuestra presencia.



-¿Qué hace ahí metido?

 

Como si me hubiese oído, el culo de mi ratilla voladora se agitó inquieto en su improvisada prisión retorciéndose igual que los gusanos en el anzuelo de la caña de pescar de mi padre.

 

-Yo diría que está tratando de huir.

-Sí, eso ya lo supuse después de que me dejase al borde de la muerte con un sútil golpe en la nuca -de verdad que a veces al Jonhy sólo le falta llamarme estúpida a la cara- LO QUE QUIE-RO DE-CIR -contraataqué vocalizando como si hablase con un niño de 3 años- ES ¿POR QUÉEEEEEEEE ES-TÁ HU-YEN-DO A TRA-VÉS DE LOS BA-RRO-TES...? -el “¡imbécil!” final se me quedó bailando en la punta de la lengua- La puerta sería una solución mucho más fácil...

 

Mi MacGyver me miró desconcertado ante aquel giro malhumorado que había tomado mi voz y, tras una pausa de precaución, inició su explicación confiando en que la aspereza con la que le había contestado hubiesen sido imaginaciones suyas o bien estuviese motivada por cualquier causa completamente ajena a su persona.

 

-Pues después de dejar a Tury en la cocina para que se alimentase y conseguir darle esquinazo a tu entrañable abuelita (que tiene más rollo que un anuncio de Scottex), bajé corriendo al sótano porque, en teoría, debíamos ocuparnos de Ervigio los dos. Cual fue mi sorpresa,... -se detuvo para fulminarme con la mirada- ... al descubrir que el ataúd no sólo no estaba bajo la mesa, si no que además alguien... -otro silencio asesino- ... ALGUIEN lo había abierto, liberando al vampiro, quien, ¡OH, CALAMIDAD!, se balanceaba frente a la caja de pino mientras tú dormías plácidamente sobre su espalda.

-No dormía, estaba en trance -fue lo primero que se me ocurrió para quitarle aquella cara de memo resabidillo- Y lo liberé porque necesitaba mi ayuda y sé que nunca me habría hecho daño -¡hala!, recriminación zanjada- Pero aún no has contestado a mi pregunta: ¿por qué no escapó por la puerta?.

-Pues no tengo ni pajolera idea -contestó desafiante- No estoy en la mente de tu inofensivo novio vampiro. Quizás a ti, que lo conoces tan bien, te sea más fácil desentrañar su intrincado pensamiento.

 

Le sostuve la mirada al mago Jonhdalf porque aquello era una insubordinación en toda regla. Y ya estaba a punto de desearle una virginidad larga y dolorosa cuando el sonido más inesperado me frenó.

 

-Tuve miedo -era la voz tímida e insegura de Ervigio- Tuve miedo y, como después de tomar los restos de Mariposita me sentía bastante restablecido, pensé que dislocándome unos cuantos huesos pasaría entre los barrotes.

-¡Hombre!. Podías haber atacado, mordido y chupado la sangre de mi colega–no me cabía en la cabeza que el Jonhy hubiese atemorizado a un vampiro- Como mínimo podías haberlo hipnotizado y luego esfumarte tranquilamente por la puerta.

-No. No puedo -gimió con voz lastimera mientras nosotros comenzábamos a acercarnos, algo más tranquilos dada la situación- Los restos de la perra me han respuesto, pero no lo suficiente. No tengo el poder necesario para hipnotizar a alguien y ya intenté morder a la chica mientras dormía, -¡menuda mierda! No sabía mi nombre, había intentado morderme y el Jonhy ponía cara de "ya te lo dije"- sin embargo mis colmillos no superan a los de una pescadilla. Además, ¡vosotros sois tremendamente poderosos!. -bueno, por ahí íbamos mejor- Le habéis robado la perrita a Brigitte y ella es una vampiresa muy vieja.

-¿Ah, si? -"¡Cotilleo, cotilleo!. Al rico cotilleo caliente"- ¿cuántos años tiene?.

-Uhmmmmmm...

 

A pesar de no sentir demasiada inclinación hacia la prensa del corazón, el albondiguilla también parecía dominado por la curiosidad.

 

- ... Muchos... -evitó la pregunta Ervigio, como si dar esa cifra le estuviese prohibido- Aunque siempre miente sobre su edad y dice que nació cuando la Bardot. Por eso se cambió el nombre de Brígida a Brigitte.

-¿Entonces es muy poderosa? -indagó el pelo-pincho-lamido aparentemente preocupado por el tema.

-Lo es. Más de lo que os podáis imaginar. Fue convertida en tiempos del rey Teodorico II.

Ella era la hermosa hija mayor de uno de los nobles más influyentes de la corte. Desafortunadamente su madre murió joven y su padre la puso al cuidado de sus hermanos menores, obligándola a rechazar uno a uno las decenas de pretendientes que ansiaban casarse con ella para poseer además de su belleza, los contactos de la familia.

Así pasaron las primaveras, las carnes comenzaron a ajarse y un buen día su padre murió y la herencia acabó íntegra en las manos de su hermano menor,el primogénito varón. Con lo que, sin más ni más, ella se encontró a los 40 años, soltera, despojada de toda fortuna y prisionera en un convento para que no osase protestar por el reparto.

Dicen que a pesar de todo Brígida aún tenía unos ahorrillos nada despreciables del dinero que poco a poco le había ido hurtando a su padre durante la larga convivencia en el castillo. Gracias a ellos pudo sufragarse su huida del convento y más tarde pagarle a una vieja bruja el elixir de la eterna juventud, que vino a ser, más o menos, su conversión en no-muerto.

Desde entonces hasta hoy ha incrementado su fuerza y su resistencia hasta convertirse en uno de los vampiros más viejos de la zona y, bueno, el resto ya lo conocéis a grandes rasgos.

-Ahhhhhh... -asintió el Jonhy tan asustado que era incapaz de recuperar la movilidad en sus párpados.

-Y el Teodorcillo ese, ¿cuándo fue rey? -insistí yo que todavía no había averiguado la verdadera edad de Titina.

-Allá por el 450, 460 -me atajó el Jonhy haciendo un alarde de conocimientos desconocidos para mi- Brigitte tiene más de 1500 años.

-¡Vaya! -respondí al fin satisfecha- ¡Le lleva 500 años a Eric!.

 

 

Mi pelo-pincho-lamido rodó los ojos por el techo con cara de desesperación, tal y como hace siempre que hablo del vampiro más buenorro que parió la tele.

 

-¿Y cuántos años tienes tú? -retomó la conversación fingiendo ignorar mi valiosa apreciación- ¿eres tan fuerte como ella?

-Para nada, o sea, en absoluto. Este piltrafilla no me llega ni a la punta de mis Ferragamo.

 

Y sin embargo, paradojas de la vida, justamente era ahí a donde llegaba la nariz aguileña de Ervigio. Ni más ni menos que a 3 cm. escasos de los carísimos zapatos de tacón de Brigitte.

Bueno, siendo exacta, ya no recuerdo más de lo que pasó en este plano de consciencia. Sin embargo aquel cogotazo estratosférico sirvió para abrirme el 3º ojo sin demasiado esfuerzo y con tal limpieza y precisión que acabé sumida en una experencia paranormal de lo más intensa.

 

A fin de ubicar en contexto a los Siervos de la Noche más incultos, empezaré aclarando que el 3º ojo... ¡es un vórtice de energía positiva ligado con el 6º chakra!... Ahora es cuando debéis tomaros unos segundos para digerir la información con detenimiento o, simplemente, buscar vórtice y chakra en el diccionario.

 

En efecto, nada que ver con orificios versátiles ni con las inmundicias que acongojan nuestro intestino. El 3º ojo nos enchufa directamente a la PERCEPCIÓN y el CONOCIMIENTO, permitiéndonos PERCIBIR "los mundos sutiles" (palabra por palabra las enseñanzas de Mi Maestro Oscuro) y CONOCER las respuestas a todos los exámenes (esto ya es de cosecha propia, porque alguna aplicación tendrá para una humilde alumna de bachillerato como yo).

 

El caso, es que en general no lo tenemos abierto (de ahí que el curso pasado cargase Filosofía el primer trimestre) y desatascarlo exige muchos más "ooOOOHHhmmmmmmmmm" de los que en principio cabe pensar (por eso se le unieron las Mates y la Química en el 2º trimestre). Así que, para los Emos con más iniciativa, aclararé que, en base a mi experiencia personal, es mucho más sencillo aprobar con una chuleta tatuada en el culo que sentado durante cuatro días seguidos mientras te agarras el dedo gordo de la mano izquierda y canturreas "mantas" hasta que tu madre entra en la habitación desquiciada porque a ella también le ha empezado a doler la cabeza

 

Vamos, que la apertura de este 3º ojo es difícil de cojones, sin embargo, Ervigio me lo había destaponado con suma facilidad.

 

“¿Soy una vampiresa?", esa fue la primera idea cruzó mi mente tras el descorche, “¿mi adorable ratilla voladora me ha convertido en vampiresa o... tal vez... estoy muerta?”

 

Traté de abrir los ojos para salir de dudas, sin embargo los párpados me pesaban de manera sobrehumana con lo que básicamente lo veía todo negro (usando la visión habitual, se entiende). Por fortuna el 6º chakra recién activado me mantenía la PERCEPCIÓN y el CONOCIMIENTO alerta... aunque el resto de los sentidos andaban algo torpes.

 

De súbito, unos pasos delicados y un cadencioso tintineo metálico, me dispusieron en favor de la muerte total y verdadera.

 

Clin-clin. Clin-clin. Clin-clin.

 

"¡Estoy en otro plano astral!. ¡Esto ha de ser el limbo y ése, San Pedro con las llaves!", síp, me conozco a todo el santoral, ¡para algo mi abuela es la viuda más devota de la parroquia!, "Seguramente ahora me rodeará una intensa luz blanca", de esto tiene la culpa mi madre y su veneración por ’Ghost’, " y mi cuerpo se elevará para comenzar a levitar como una pluma", algo difícil, ciertamente, pero no imposible para un santo.

 

Mantuve mi visión ordinaria al margen porque tampoco quería que me cegasen como si estuviese en plena fuga de Alcatraz, sin embargo el presentimiento de que áquel habría de ser un momento único, imperecedero, e irrepetible azuzaba mi expectación.

 

Entonces el respetable ancianito se agachó a mi lado, su perro (tal vez fuese San Roque el que atendía el chiringo de forma provisional) me lamió tiernamente el pescuezo y tras un prolongado gemido de dolor fui cargada sobre uno de sus huesudos hombros a modo de saco de patatas.

 

No se podía decir que yo levitase, exactamente, y aquellos rebufidos de cansancio eran de lo más bochornoso. ¡Una decepción total!, vaya. Sin embargo nunca nadie había bajado de los altares para explicarme punto por punto como era esto de la transición al otro mundo, la transmutación del cuerpo en alma y la recepción en Villa Paraíso, así que si Elvis había aceptado este humillante traslado, no había de ser yo quien pusiese peros a la forma en la que se metía a la peña en el cielo.

 

Total, que no osé rechistar. Permanecí con los parpádos bien cerrados y esperé a que la siguiente fase fuese algo más espectacular que ésta, porque menuda birria iba a contar en el foro del Maestro si conseguía regresar a la tierra. Vamos que para compensar, como mínimo tocaba ser recibida por toda la corte celestial: querubines, serafines, arpas, liras y flautas dulces...

-¡Joder! ¡Has vuelto a liarla parda!

 

"¿Los ángeles pueden decir eso?... O sea, ¿pueden decir eso sin pecar?... No sería más adecuado un ¡Oh, cielos!, ¡Virgen Santísima!, ¡Por la llagas de Cristo!... ¡Te has equivocado hermano Petrus!...", sin embargo no era momento para una amonestación.

 

Como si de los 7 jinetes del Apocalípsis guiando una manada de búfalos salvajes se tratase, sentí retumbar las parades del sótano y unos pasos acelerados de mamut lanzados en mi dirección se distinguieron entre todo el barullo. Después de eso, San Pedro debió de dar por bueno el momento o quizás yo ya le iba pesando demasiado, que no encontró mejor ocasión para lanzarme al aire y hacerme flotar entre las nubecitas de algodón del jardín celestial.

 

Yo subía y subía y subía y subía, como si mi cuerpo no tuviese peso, envuelta en una extraña sensación antigravitacional desconocida para mi. Abrí los ojos para disfrutarla.

 

El cielo (quiero vosotros seais los primeros en saberlo) no es tan gran cosa. Mucho azul bebé, mucho algodón impoluto, mucha luz celestial y al final, para nada como lo pintan. En los escasos segundos en que pude disfrutar de él, lo encontré oscuro, polvoriento, con una sola luz y aún encima de bombilla, la cual mientras yo ascendía se iba haciendo cada vez más grande para luego comenzar a hacerse chiquita, chiquititaaaa, chiquititaaaaaaaaaaaa hasta que mis huesos se estamparon contra el divino pavimento.

 

En ese preciso instante el 3º ojo se me cerró, o tal vez, sencillamente parpadeó, pero el resultado final fue que perdí todo contacto con aquel plano astral y volví a quedar inconsciente a causa del golpe.

 

Al volver en mi necesité tomarme un buen tiempo para discernir dónde me encontraba, que pintaba yo allí y que rayos estaba pasando a mi alrededor. Los grandes ojos azules del albondiguilla me dieron una pista.

 

-¿Estoy en la tierra?

-Sí... -dijo mientras esbozaba una mueca preocupada-... aunque no descarto que tu cerebro jamás haya bajado de la Luna.

 

Lo miré incrédula. ¡Vaya!, parecía que me habían resucitado.

 

-Estoy viva de nuevo -murmuré para mi- San Pedro me ha debido de devolver para realizar alguna misión súper compleja...

-¿San Pedro? -preguntó extrañado el Jonhy.

-O San Roque... no estoy segura... Uhmmmm...

-Pues no se si por aquí habrá algún otro santo a parte de mi, a quien por cierto debes la vida.

 

La mirada chispeante de MacGyver parecía alegrarse de verme otra vez en circulación.

 

-¡Ah!, ¿sí?. ¿Y cómo conseguiste traerme al mundo de los mortales desde el plano superior en el que me encontraba?

-¿Plano superior? -ahora parecía perdido al tiempo que divertido- No se de que plano me hablas. Yo sólo impedí que Ervigio acabase contigo.

-¡¡¡¡¡ERVIGIO!!!!! -como podía ser tan despistada- ¿DÓNDE ESTÁ ERVIGIO?, ¿DÓNDE E...?

-Tranquilaaaaa. No ha ido muy lejos.

 

Lentamente, como le gusta hacer cuando se siente protagonista, el Jonhy se puso en pie a mi lado y mientras con una mano me ayudaba a incorporarme, con la otra apuntó firmemente hacia el más alejado de los ventanucos del sótano.

 

Allí, encajonado entre los barrotes que impiden la entrada, se encontraba mi adorable murcielaguito traidor.

 

Reconozcamos ya, que aquella no era la frase que esperaba escuchar. De “Jessicaaaaaaa, Jessicaaaaaaa, mi amoooooooooooorrrr” a “una estacaaaaaaaaa, una estacaaaaaaaaa, por favoooooorrr” iban varias vocales y consonantes que marcaban la diferencia entre ser la estupendísima heroína de Crepúsculo o la estupendísima Buffy, cazavampiros... En cualquier caso estupendísima, sí, pero menos afortunada en el amor.

 

-Ervigio, cariño, cielo, Oscura Alteza de la Noche, Real Majestad de las Tienieblas, pichurrín alado, ¿qué has dicho, mi vida?

 

Acababa de resolver que lo mejor sería dar a nuestra relación una nueva oportunidad. Después de todo, quizás yo hubiese entendido mal.

 

-Muerooooooo... -jadeó él en un suspiro- Una essstttaaaacccaaaaa... Por favoooooorrr... Muerooooooo.

 

Me asomé sobre el ataúd para dar buena cuenta de su estado y cerciorarme de que en efecto se moría, porque si hay algo que yo odie es a la gente exagerada. Por fortuna, mi ratilla voladora no era una de esas personas, y pude constatar felizmente que él sí que se moría de veras.

 

Había perdido un gran cantidad de masa muscular y ahora el cuerpo era apenas un esqueleto, de forma que las cadenas le quedaban sumamente flojas. Por otro lado, su cabeza recordaba también una calavera pirata, lo cual había facilitado que la cinta americana bailase a gran distancia de su labios y los ajos, que antes le llenaban los carillos, hubieran sido escupidos sobre el suelo del féretro.

 

-Mátame, por favor. -sollozó suplicante- No resisto tanto sufrimiento. Acaba conmigo, ¡YA!.

 

¡Pero qué prisas!. ¡Todavía había esperanza!. El destino no me había llevado hasta aquel preciso instante para terminar con su vida con tanta rapidez. Así que moví la capa como Superman en lo alto del Daily Planet y en tono mesiánico le solté:

 

-Aún no ha llegado tu hora, pequeño. Estoy aquí para salvarte.

 

 

Su reacción distó mucho de la que hubiera tenido Louis Lane al ser rescatada.

 

-Perraaaaaaaaaaaaaaa... Perraaaaaaaaaaaaaaa...

 

Sí, ya veis. Nada de parpadeos, suspiros amorosos o ayes apasionados. Mi ingrato vampiro, me llamaba perra, a la cara y sin pestañear, antes bien con los ojos abiertos como platos, cual lemur poseído. ¡Para matarlo, vaya!

 

La sangre me hirvió de pies a cabeza.

 

-Perra... BrigiiiiIIIIIIiiiite... Perra.

-¡Ahhhhhh! ¿Mariposita? -con que era eso. A poco más y le meto un estacazo- Sí, sí. Es la perra de Brigitte. Ahora está con nosotros. La vamos a usar para ponerte bueno. Un poquito de su sang...

-¡No!... ¡No!...

-Sí, sí, sí. No hay que andar con remilgos. Da igual que sea una vamperra o una vampersona, no están los tiempos como desperdiciar la comida. Y menos con lo que nos ha costado traerla. ¡Otros chupasangres no tienen tanta suerte como tú!

-Por favor, por favor, noooo -insistió con un lastimero hilillo de voz- Si se entera, Brigitte me mata... más de una vez.

-Blah, blah, blah... ¡Pamplinas! ¡Qué te va a matar, hombre! ¡Como no te alimentes sí que vas a palmar! Además bebiendo sólo una pizquita ni se va a notar. Otra cosa sería que dejases al chihuahua más seco que una litrona en pleno botellón, pero controlando un mínimo, todo saldrá “al dente” -jojojo, ¡qué chistazo!. ¿Podrán valorar los chupasangres un chascarrillo de nivel?.

-Da igual, jamás me alimentaré de Mariposita.

-Venga. No seas crío -forcé mientras agitaba tentadoramente a la perra- Una gotitaaaa.

-¡Que no!.

-Vengaaaaa...

-¡Nooooo!.

-Vengaaaaaa...

-No, no y no.

 

Pues mi ratilla voladora parecía dispuesta a aguarme la fiesta. El señor antojitos no quería tomar la cena y gracias a sus inesperada huelga de hambre, yo me iba a quedar compuesta y sin conversión... y sin novio también (siguiendo así, su esperanza de vida no se preveía demasiado larga). Aunque eso ya me traía al pairo, porque otra cosa no, pero los hombres para mi son como los pelos, me quito uno de encima y aparecen otros diez.

 

En fin, que volviendo a la tarde de ayer, yo estaba totalmente desesperanzada, angustiada y sola, terriblemente sola, cuando de repente una idea me iluminó el cebollón. ¿Y si Ervigio se tomaba los restos que habían quedado tras la regeneración de Mariposita?, ¿y si se tratagaba lo que a simple vista parecía un “suculento” batido de sangre y visceras?. No era un plan nada descabellado.

 

Más contenta que unas castañuelas por habérseme ocurrido tan genial solución, me lancé sótano a través en busca de un receptáculo donde recoger el reconsitituyente. Pero por extraño que parezca, en aquel cajón desastre no encontré ni copas de champán (a esas horas ya dispuestas para la cena), ni un simple vaso común. Nada. En la bodega no había nada adecuado para darle de beber a mi adorado Príncipe de las Tinieblas. ¡Menuda mierda!. Así que movida por la necesidad y la prisa, acabé tomando por buenos una tina que mi abuela usaba los días de lluvia para bajar la colada al sótano y un embudo de plástico verde que me ayudaría a afinar la puntería, useasé, a ajustar el continente del mejunje sanador a la boquilla receptora de mi Ervigio.

 

-¡Toma!. Levanta la cabeza y bebe.

-No pueeeeedoooooo... Las cadenaaaaaaaassss. Suéltame, por favoooooorrr.

-Haz un esfuerzo.

-Libérame y beberé.

-No. Bebe y cuando baje Jonhy te liberaremos.

-Pero ahora muero, muerooo, muerooooooo...

 

Y mientras me hablaba así, ponía ojillos de cordero degollado. ¿Cómo negarse?.

 

Aún presintiendo que no era ésa la mejor de las opciones, decidí acomodar a mi ratilla voladora en una mejor posición: lo liberé de su cadenas, le quité el crucifijo de la madre del albondiguilla y finalmente conseguí incorporarlo en su ataúd. Lo único que me faltaba era servirle la comida, pero mientras me agachaba para recoger la tina del suelo, un súbito golpe en la nuca me pilló por sorpresa. Entonces caí al piso como un saco de patatas y ya no recuerdo más.

 

 

Argggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggg...

 

Una lucha desigual, estilo Braveheart, se liberó en mi cerebro y, para ser franca, de los 2 Mel Gibson que se batían en feroz batalla, el más honesto tenía todas las papeletas para salir huyendo con la gaita escondida entre sus escocesas falditas de cuadros.

 

“No, no, no... ", me autoconvencí al tiempo que iniciaba un frenético paseo con Mariposita en procesión, "¡Ni hablar del peluquín! Acabo de prometer al Jonhy no mirar siquiera para la caja, ¿qué diría Ervigio si a la primera de cambio traiciono una promesa?...”

 

-Ervigio... -se me escurrió su nombre entre los labios mientras deambulaba histérica entre los frush-frush de mi capa barriendo el suelo a cada paso.

 

“... Ervigio... ¡Ay, Ervigio! Sniiiiiiifffffffff... ¡Ervigio! Tan cerca y tan lejos... Sniiiiiiifffffffff... ¡Ervigio!, ¡si sólo pudiese ver el ataúd!... Un poquito... Un poquito nada más. Sólo levantar una esquinita del hule que lo cubre. Justo esta esquinita y nada más”

 

-Sólo una esquinita... -balbuceé acercándome a la mesa bajo la que habíamos escondido el féretro.

 

"...Uhmmmmm... Así, apenas este cachito. Levanto el mantel con cuidado ¡y listo!. Prácticamente, igual que cuando se fue el albondiguilla. Ni cuenta se va a dar de que lo he descubierto y tampoco es que haya hecho yo algo malo. No es lo mismo que si hubiese quitado la tapa del ataúd para ver cómo le va a Ervigio..."

 

-¿Aún estará no-muerto? -le pregunté a la vamperra que inmediatamente abandonó las incesantes ofensivas a mi vestido rojo para responderme con sus gigantescos ojos clavados en mi- Deja eso y ven pa’ca -añadí tomándola en el regazo- ¿Cómo habrás conseguido escapar?.

 

"La verdad es que no lo entiendo. Estaba encerrada y bien encerrada en el cajón, más torrada que un buen churrasco de cerdo, con una pata camino de mejor vida, a punto de conocer a Rintintín, Lassie, Rex... ¡Y mírala ahora!, aquí fuera, campando a sus anchas, toda fresca y lozana. Como si nada hubiese pasado... ¿Habrá abierto el cajón ella sola?"

 

Me detuve para observarla un instante. La perro-rata me sostuvo la mirada, como si hubiese estado oyendo todos mis pensamientos.

 

-¡Vamos a ver esa cómoda! -decidí.

 

El mueble que había servido como improvisado ataúd canino es un viejo cascajo de la abuela de mi abuela (o sea de mi tarta-abuela, rátatá-abuela, tártara-abuela o como rayos se diga) cuyos cajones se han ido conviertiendo a lo largo de los años en un auténtico mausoleo de antiguallas inservibles.

 

-¡PuuaaaAAAJJJJ!. ¡Cof, cof, cof! -el hediondo olor que infectaba toda la estancia era allí particularmente penetrante.

 

"¿Qué peste es ésta?, ¿qué es lo que han guardado aquí?" me pregunté tapándome boca y nariz con un pedazo de capa, "¿De dónde vendrán estos gases nauseabundos?"

 

En el suelo, seguramente volcado a causa de la caída, estaba el cajón donde la vamperra había disfrutado de su reparador sueño diario. Bajo el mismo, una sustancia negruzca, con la consistencia de la lava volcánica, comenzaba a expandirse en todas direcciones.

 

Mariposita agitó la cola alegremente en mi regazo.

 

"¿Será sangre?", barajé como opción al tiempo que retrocedía ante tanta pestilencia, "¡Qué asquito! Seguramente son cachos del cuerpo calcinado de la perra. ¡Puaj! No quiero ni pensar como estará mi Ervigio justo ahora..."

 

-Ervigio... -susurré con la voz estrangulada por la emoción.

 

"¡Tengo que verlo!, ¡tengo que verlo!, ¡tengo que verlo!... ¿Por qué tardará tanto el Jonhy?" agucé el oido pero sólo fui capaz de captar una animada charla en el piso superior, "... Mi abuela estará dándole rollo... y yo no resisto más, ¡tengo que ver a Ervigio!. He esperado más de lo que humanamente se me puede exigir... ¡Tengo que verlo!, ¡tengo que verlo! y ¡tengo que verlo!".

 

Desesperada me arrodillé junto al ataúd y, empujando con el hombro, lo saqué de debajo de la mesa.

 

-¿He oído mi nombre?. ¡¿Mi ratilla voladora me está llamando?! -exclamé en tanto que aplastaba la oreja contra un lateral- Estoy segura. Me está pidiendo ayuda. Es su voz, sí. Y dice "Jessicaaaaaaaaaa, Jessicaaaaaaaaa, mi amooorrrr". Argggg... ¡Dios mío!, ¡DIOOOOOOSSSSSSSS MÍOOOOOOOOO! ¡DEBO LIBERARLOOOOOOOOOOOOO!.

 

Mariposita ladeó su cabeza mientras me observaba atentamente, pero yo la ignoré con desconsideración. No era el momento de cuestionar mi decisiones. Ervigio me necesitaba y yo debía entrar en acción.

 

Rápidamente desalojé la parte superior del féretro sobre la que habíamos situado una carga considerable para evitar que un recuperado murcielaguito pudiese huir de nuestras manos. Después me incorporé junto a la caja y con varias hábiles sacudidas de mano adecenté cuanto pude el vestido y la capa, que de tanto pasearse por el suelo, arrastraban tremendas bolas de polvo. Por último, froté velozmente los labios entre si para redistribuir el carmín, inspeccioné el estado de mi moño y repeiné a la perra, a quien había decidido mantener sentada sobre mi antebrazo porque daba a la estampa un aire muy aristocrático.

 

¡Ayyyyy! ¡Qué hubiera dado yo en ese momento por tener preparado algún detallito más para el recibimiento! Confeti, otro poema de amor o una sentida canción de funeral (supongo que es lo más adecuado habiendo ataúdes de por medio).

 

 

Pero nada, no había nada de nada, ni tiempo para deternerse en esas minucias. Ervigio había dicho "Jessica, Jessica, mi amor" y lista o no, con fanfarria o sin ella, tocaba levantar la tapa.

 

Inspiré profundamente para tranquilizarme, enderecé mi espalda (porque la abuela dice que parezco un caballo percherón) y, con la punta del pie, moví la pesada tabla que nos separaba de mi adorable ratilla voladora.

 

-Jessica, Jessica, tu amor, ya está aquí.

-Una estaaaaaacccccaaaaaaa..., una estaaaaaacccccaaaaaaa..., por favoooooooorrrrrr...