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diariodeunavampiresanovata

El tres nunca llegó. MacGyver apenas había comenzado a poner cara de concentración cuando una mancha rosa chicle lo asaltó por la espalda, apartándolo de mi lado para arrastrarlo a la improvisada fiesta de Fin de Año.

 

-Les vamos a dejar la pista para ellos dos -me explicó la Pepi mientras se desplomabla sobre el sofá jadenante, con el pobre Ervigio todavía en su poder- Hay que dar paso a las nuevas generaciones y así aprovecho para admirar lo bien que baila mi niña.

 

Su niña, o sea Susi, mi prima Pija (la que acaba de arrollar a Jonhdalf como una locomotora), decían que era la primera en su clase de ballet, aunque visto lo visto, y para no dudar de la palabra de su madre, las campeñeras tenía que ser cojas. Con sus esquéliticas piernecillas de camello, enfundadas en unos aquellos tristes leggins de lycra negra y su huesudo cuerpecito, escasamente cubierto por un mini vestido de lentejuelas rosa, puedo afirmar que hasta la presente no he visto a una persona con tal carencia de elegancia natural y gracia en los movimientos... Tal vez el Johny no le fuese a la zaga en otros estilos de música, pero en lo que se refería al folclore festivo-navideño, Susi ganaba por goleada.

 

-¡Qué estilosa es! -insistía la madre de la criatura, más por autoconvecimiento que por una sincera exaltación del arte de su hija- Fíjate, fíjate, eso es un "battu" -se refería a un saltito ridículo- y ahora acaba de hacer un "porté".

 

Sin embargo todo lo que veían mis ojos era un clara invitación para que el Jonhy le midiese todas las posaderas con la lamentable de excusa de ser elevada 5cm. del suelo. Eso sin tener en cuenta que de fondo sonaba "... dame más gasoliiiiiiiiina, quiero más gasoliiiiiiiiina..." y aquellos absurdos pasitos de ballet le pegaban tanto como un camello a un iceberg (estragos que Street Dance, Ritmo Salvaje (1 y 2), High School Musical (1,2 y 3) y Step Up (1, 2 y 3) le han causado al cerebro del adolescente medio). Aún así yo no podía consentirlo, no podía dejar que la Susi hiciese el rídiculo delante de toda la familia, no podía permitir que MI estúpido albondiguilla se distrajese de nuestro asuntillo simplemente porque estaba felizmente entregado en magrear el culo a la pali-sosa de mi prima y desde luego no podía ignorar que su madre se estuvise regocijando por haberme quitado en un par de minutos a mi novio y a mi mejor amigo sin la más mínima oposición por parte de ellos.

 

-¡Disculpa! -bramé mientras me llevaba a Jonhdalf colgando por la oreja- ¿Te importa si te lo robo un segundito? Es algo urgente.

 

No les di tiempo material para decir esta boca es mía. Remolqué al pelo-pincho-lamido fuera de la pista de baile y en una esquina del salón me dispuse a cantarle las cuarenta:

 

-¿Se puede saber qué haces? -susurré tratando de no ser escuchada por oídos indiscretos.

-Subí a comer algo. Huir en mitad de la noche con el estomágo vacío no es sano. ¿Y si me desmayo en plena carrera?

 

¡Vaya! Estaba de cachondeo. ¡Increíble!

 

-Sabes perfectamente que no me refiero a eso -le gruñí por lo bajo mientras él trataba de confundirme con su inocente mirada azul eléctrico- ¡Y no me pongas ojitos que no soy mi abuela!

-Hombre... Ya se que quizás no era la mejor idea... -parecía que se iba a disculpar y todo-... pero está más p'allá que p'acá... -cierto, cierto, mi prima esta como auténtica chota-... y además no le va a hacer daño a nadie... -quién sabe, podía haberle sacado un ojo a alguien con uno de esos "portés" suyos-... Por eso no me pareció mala idea traer conmigo a Ervigio...

 

-¡¡¡¡¿¿¿¿ERVIGIO????!!!! -le grité a la oreja que había ido acercando para captar mi susurros- ¿Hablabas de Ervigio? -mascullé de nuevo mientras lo sujetaba para que no se alejase a causa del mi bramido anterior.

-¡Claro! ¿A qué te referías tú?

-¡A mi prima! -rechiné entre dientes- A que pensabas rescatar a Ervigio y acabaste retozando en la mitad del salón con mi prima.

-Ahhhhhhh, esooooooooo... -ahora el muy desgraciado parecía divertirse- Sinceramente, no le pude decir que no, pero estaba buscando el mejor momento para abandonar el baile cuando llegaste tú, por lo que se ve,... algo celosa.

-¡¡¡¡¿¿¿¿CELOSA, YO????!!!! -volví a perforarle el tímpano con mi indignación- ¡Qué más quisieras tú! Yo estoy enamoradísima de Ervigio y mi ratilla voladora está super colgado por mi.¡A ver si te enteras de lo que te digo!.

-Perfectamente. Lo has dicho tan alto y tan claro que no creo que nunca pueda escuchar nada más. De hecho, casi preferiría que calmases a ese "alien" chillón que te has tragado porque está a punto de reventarme el cerebro. Además... -el pelo-pincho-lamido posó su mirada súbitamente preocupada en un punto indeterminado del salón antes de reunir las fuerzas suficientes para continuar-... te necesito serena porque tenemos un problema ... y de los gordos.

-¿Aparte de que Sir Thomas viene en camino? -repetí bajando el volumen de mi voz.

-Síp.

-¿Cuál, cuál? -le apremié para que no se enduviese por las ramas.

-Pues... Ervigio se ha escapado...

-¡¡¡¡¡¿¿¿¿QUÉEEEEEE?????!!!!! -el alien chillón se abrió paso a través de mi boca.

-... y se ha llevado a Mariposita.

-¡¡¡¡¡¿¿¿¿QUE QUÉEEEEEEEEEE?????!!!!!.

 

No había duda. Giré mi cabeza hacia el viejo armatroste de muelles y espuma y un brusco escalofrío me recorrió indómito de pies a cabeza. En una esquina del sofá, una pequeñas arrugas indicaban el sitio donde había reposado el cuerpo de Mariposita hasta hacía un par de minutos. En el otro extremo, el cojín junto a la Pepi estaba vacío y ella me miraba encogida de hombros sin ocultar que había estado prestando a nuestra pequeña disputa más atención de la que resulta conveniente para no ser tachada de cotilla.

 

-Me dijo que tenía algo que hacer -comenzó a explicarse antes de preguntar siquiera- Iba con prisa. Cogió esa perra nueva y entonces tú gritaste "¡¡¡¡¿¿¿¿ERVIGIO????!!!!", se detuvo un segundo sin volverse y al ver que en realidad no hablabas con él, abrió la puerta y se marchó.

-Es verdad.

-Sí, sí.

-Es cierto.

-Yo también me di cuenta.

 

¡Pefecto, genial, increíble!. Todo el mundo lo había visto marcharse, pero a nadie se le había ocurrido deternerlo. Y allí estábamos, a las doce menos diez de la noche, el albondiguilla y yo. Solos. Sin Mariposita con la que intercambiar nuestras vidas, sin Ervigio traidor que nos trasformarse en vampiros y con una turba de no-muertos sanguinarios en camino, dispuestos a matarnos aunque de nuestra muerte no obtuviesen ni una gotita de sangre (antes bien, un nada glamouroso tufo a churrasco).

 

-¡Huyamos! -musitó el Jonhy a mi lado- ¡Hay que salir de aquí!

-No llegaríamos muy lejos. Es demasiado tarde y cuando el Alcalde llegase le resultaría bastante sencillo encontrar nuestro rastro y darnos caza.

-Aún así, aquí no podemos quedarnos. Si nos percibe dentro, llevará a cabo la amenaza y morirá toda tu familia.

-Lo se... Pero necesito pensar... Si tan sólo tuviésemos a la perra para presionar a Brigitte...

 

Entoncés se me iluminó el calabacín y lo vi claro. ¡Aún podíamos salvar nuestros culos faltos de ejercicio!, ¡aún existía una última posibilidad!. Aquél había sido un día de perros, pero nuestra suerte iba a cambiar.

 

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