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diariodeunavampiresanovata

Pues sí, tenía que ser en aquel preciso momento. Ni un poquito antes, ni un poquito después. ¡Oiga, que las arcadas no tienen agenda, ni entienden de citas! Vaya, ¡como si hubiese sido mi plan recibir a Ervigio con aquella clase de salvas!

 

Salvas, por cierto, la mar de abundantes, que si aún incluyendo mi primera papilla no tardaron más en finalizar, fue gracias a su presión de salida, que las esparció por todo el rellano en un abrir y cerrar de ojos ... cual aspersor de riego.

 

-Ve a ducharte de nuevo -musitó el albondiguilla en tono derrotado- Yo me encargo de limpiar tu riada.

 

La puerta del sótano se cerró a mis espaldas y cuando comenzaba a subir las escaleras hacia el dormitorio de mi padre, noté que los pasos alicaidos del Jonhy seguían a los míos, que tampoco estaban mucho mejor de ánimo.

 

-Voy a por el recogedor y la fregona -me explicó- Tú sube tranquila y arréglate para la cena.

-¿Esperarás a que esté lista? -le pedí- Me gustaría verme presentable para mi ratilla voladora.

 

MacGyver asintió levemente con la cabeza sin apenas mirarme. Después se dirigió hacia la cocina arrastrando los pies del mismo modo mustio y desesperanzado que tienen los presos en el corredor de la muerte.

 

¡Cuánto drama!, ¡chico!, ¡por Dios!. Que era yo la que se había pimplado una botella de aguardiente, tenía a su novio entre la no-vida y la muerte y debía salir en Fin de Año sin haber ido a la “pelu”. Por no mencionar que mi mejor amigo acababa de depilarme el chichi y eso, ahora que la borrachera y sus efectos comenzaban a desaparecer, ya no resultaba tan gracioso como antes.

 

“Bueno”, pensé mientras regresaba al sótano ya peinada, maquillada y vestida de gala “yo también conozco minuciosamente su culo pelón (pero ésa es otra historia) así que estamos empatados... ¡Cómo se le ocurra burlarse!...” Y un escalofrío de vergüenza me sacudió de pies a cabeza.

 

Sin embargo no había nada que temer, el albondiguilla estaba sumido en una suerte de conmoción de la cual ni el impacto de verme en lo alto de la escalera radiantemente ataviada consiguió espabilarlo.

 

-Por fin -masculló arrojando unos guantes de limpieza junto al cubo y la fregona, sobre el peldaño que tenía más cerca- ¿Lista para entrar?

-Por supuesto, ¿acaso no lo ves?.

 

Con una elegante vuelta sobre mi misma le mostré el estilosísimo vestido de raso rojo que me había comprado en la feria unas semanas atrás. Después, estirando mis manos en su dirección, unos súper-monos guantes a juego trataron de captar en vano su atención, para finalmente acabar retocando con aire casual mi moño italiano, bastante apañado si tenemos en cuenta la nula experiencia que tengo en ese tema. Como colofón, inicié un espectacular descenso por las escaleras en vuelta en el halo de glamour que siempre otorgan las capas de paño negro. ¡Los abrigos son para el populacho!

 

-Ya veo -respondió el Jonhy con una media sonrisa- ¿Le vas a dar una serenata a Ervigio?

-¿Una serenata?

-Sí, claro. ¿Dónde está el resto de la tuna?

-Ja-ja. ¡Qué gracia! - respondí al notar su referencia a mi capa- Drácula, el CONDE Drácula,... - autocorregí para hacer hincapié en el título nobiliario-... siempre llevaba una. Y hoy es el día de mi conversión, así que no quiero que Ervigio...

-¿El conde Ervigio? -se mofó MacGyver mientras abría la puerta haciendo una reverencia mi paso.

-Ervigio, a secas,... -continué ignorándolo-... se avergüence de mi al presentarme en sociedad.

 

 

-Si te hubiese visto hace una hora en el cuarto de baño, te digo que se muere él solito sin necesidad de estaca.

-JA-JA. ¿Tú no andabas deprimido?, ¿mentalizándote para la muerte en silencio?. Pues sigue así.

-¡Qué le voy a hacer si siempre sacas lo mejor de mi!

 

Le eché una mirada de odio, pero ya no osé pronunciar palabra porque el olor putrefacción que había despertado mi fase de exteriorización seguía hinundando toda la estancia. Debíamos acabar con nuestra misión lo más rápidamente posible o caeríamos fulminados por aquellos gases tóxicos.

 

Un gesto del Jonhy en plan comando me indicó que lo siguiese a través de la mal iluminada bodega. Eran las 8 y media de la tarde, la oscuridad cerrada había caído sobre la casa y ni la vieja bombilla incandescente, ni la luz que se filtraba a través de las ventanas eran suficientes para nuestras pobres pupilas acostumbradas al festivo piso superior.

 

Avanzamos en esta situación unos pocos pasos a tientas hasta que de repente mi albondiguilla acalló una exclamación.

 

- ¿Qué es esto? -se preguntó más bien a sí mismo.

 

Un bulto peludo y ensangrentado yacía inconsciente en el suelo, justo a nuestros pies.

 

Por lo que parecía, el temible pequinés guardián había sido abatido.

 

-¡¡¡Tury!!! -adiviné- ¿Pero qué...?

 

Sin dejarme acabar la frase una bala beige-pijo salió a nuestro encuentro más lozana y fresca que una lechuga, con el ánimo renovado y totalmente entregada a dejar nuestros tobillos como un colador.

 

-¡¡¡Está viva!!!... Aunque... ¿no la habíamos encerrado en un cajón? -inquirió entre aliviado y asombrado el Jonhy- ¿Cómo habrá escapado?

-Pues no se -respondí racionando mis palabras a causa del hedor- Pero Arturo se nos muere. Lo mejor será que lo lleves a la cocina para que coma algo y se recupere.

 

Mi Jonhdalf, "El Intuitivo", titubeó ante tal sugerencia. No le convencía dejarme sola allí abajo, sin embargo yo prefería aguantar aquella penetrante fetidez a estropear mi puesta de largo con unos terribles lamparones de sangre, así que insistí.

 

-Ve. ¡Veeeee!... A no ser que prefieras ocuparte de Mariposita, que está bastante más activa que Tury en estos momentos. Lo único que quiero es evitar mancharme la ropa. De veras. Prometo no tocar nada. Sólo abriré los ventanucos, porque no soporto esta peste, pero nada más.

-¿Nada más?

-Nada más. No liberaré a Ervigio, ni osaré mirar para el ataúd hasta que tú regreses.

-En serio.

-¡En serio!.

 

Y en serio se lo decía, pero nada más ver su rechoncha figura desvanecerse en la oscuridad un pequeño y malvado yo interior comenzó tentarme insistentemente... ¿Y qué si sólo le movía la tapa... un poquito?



-Me estoy dejando pelada como un beb¡hip!... Jijiji... JUAJUAJUAJUA...

 

Quizás la situación no era realmente graciosa, pero la melopea había entrado en su fase hora-feliz con lo que mostrarle mis intimidades al Jonhy, aunque debería, no me avergonzaba lo más mínimo. Por el contrario, él sí que parecía ligeramente incómodo y algo abochornado.

 

-Anda, quitáte eso mientras espero fuera.

-Juajuajuajua... No puedo... No... Juajuajuajua... No puedo... Juajuajuajua... Creo que estoy pedoooo... Pero no huelo maaAAAALLL... JUAJUAJUAJUA.

 

Mi MacGyver miró al techo y resopló con resignación.

 

-¡Cagüentó, Jessi! -exclamó furioso mientras se arrodillaba a mi lado- Ya son más de las 6 y aún tenemos que ver que ha pasado con Mariposita. ¿Cómo vas a huir con semejante cogorza?

-¿Qué hoghra, qué hoghra es?

-Las 6 y cuarto, Jessi, y como la perra esté muerta hay que salir de aquí cagando leches.

-¡Ya son las 6 y cuarggto!. ¡Miergggda!, ¡he perggdido el turno en la pelu!. ¡Miergggda!. ¿¡Y ahora como voy a la fiesta con estos PELOOOOOOSSSSSS!?. ¡MIERGGDA!... ¡Soy un desastgre!... ¡¡¡BUAAAAAAAA!!!.

 

El Jonhy apoyó su cabeza contra el borde de la bañera y permaneció en esa postura mientras yo me desahogaba.

 

-¿Qué he hecho mal? ¿Pogghr qué nada me sale bien? BUUUAAAAAAA -bienvenidos a la fase miserable-depresiva- ¿Pogghr qué Chagrly no me quieggghre?, ¿pogghr qué Egrvigio se me muegghree?, ¿pogghr qué Titina tghrata de mataghrnos?... BUUUAAAAAAA... ¿Pogghr que no soy capaz de pghronunciaghr la EGGGGGHRE?. BUAAAAAAAA, BUAAAAAA, BUAAAAAAA... ¡Soy muy desdich’aaaaaa!

 

Mi adorable pelo-pincho-lamido semejaba abatido, derrotado por las circunstancias, a punto de unirse a mi duelo personal. Sin embargo, después de unos breves segundos de reflexión, sacudió su cabeza y se puso en pie.

 

-Voy a traerte un café. Hay que bajar esa moña.

-¡¡¡NoooooooooOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!. ¡¡¡No te vayas, no me dejes solaaaaaaaaa!!! Tú eghres mi único mejoghr amigo –fase "Flower-Power"- Ya se que te estoy dando la lata, pero te quieghro muscho -y abracé tiernamente su pernera derecha- Te quieghro como a mi más pghreciado confidente, como a uno más de la famiglia, ¡como a la heghrmana que nunca tuve! -continué mientras exaltada le besuqueaba los vaqueros- Pogr favor, Jonhy, QUÉDATEEEEEEEEEE.

 

Él dudó brevemente y al fin su voluntad cedió.

 

-Vale, pero entonces la HERMANA Jonathan... -me juego los posters de Robert Pattinson a que eso no le gustó nada- ...te va a dar un baño de agua fría. Porque los vampiros ya me la sudan, pero no soporto ni un minuto más este tremendo cebollón tuyo.

-¿Cebollón?, ¿yo? Si sólo estoy algo contentilla. Antes todo me daba vueltas, pero ahora ya contghrolo -añadí mientras me incorporaba para quedarme sentada sobre el suelo del cuarto de baño- Ves, ves. Mira como me quito la ceghra... Una, dos, tghres... Ummmmhhh... Pufff... No. Ahoghra, ahoghra, sí. Migghra, miggghra... Ummmmhhh... Pufff... No.

 

Y aquella, queridos Siervos de la Noche, era la fase del súper-yo. Tracionera y peligrosa, tanto para el sujeto activo como para los objetos paciente. Quizás algunos la reconoceréis por ser esa que os anima a dejar la copa y bailar "Bad Romance", desdentarse con un poco de Parkour o pedirle un Lewinsky a la cachonda de la discoteca.



 

-De acuerdo -prosiguió mi pelo-pincho con su ejercicio de paciencia- Vamos a dejar la ducha para después. Primero te ayudaré con ese pegote chapucero. -y tras echarle un vistazo apostilló-¡Buena has liado!.

-¿Liaghrla?, ¿yo?. ¡Peghro si soy inocente! -fase5: negación o "me han engañado vilmente"- La culpa es de Ghrosi que siempghre usa ceghra caliente paghra las ingles -los términos técnicos dan una mayor credibilidad- Y de John Wayne, que bebe paghra aguantaghr el dologhr -síp, está feo culpar a los muertos, pero era cierto.

-Ya, ya... ¿Y no podías haber plimplado un poquito menos? -argumentó el albondiguilla mientras me iba arrancando el emplasto a cachos.

-¡Ouch!, ¡dueleeeee!... Pues que sepas que casi no bebí... ¡ouch!, ¡ouch!... Peghro en el último tghrago me debió de sentaghr mal el poso aguardientoso.

 

Jonhy se echó a reir, sin embargo dejó de rebatirme para concentrar todas sus energías en aquella argamasa dorada que, una vez perdida su flexibilidad, resultaba verdaderamente complicada de extraer.

 

Los minutos pasaron de forma muy, muy lenta, tal vez estirados por el dolor de la tortura o por la neblina mental de la tajada. Al fin, cuando ya imaginaba que debíamos llevar cerca de una hora con todo este proceso, mi albondiguilla dio por zanjada la depilación. Eran tan sólo las 6 y media.

 

-¿Me vas dejaghr así? -le inquirí alamarda una vez hube revisado la zona en cuestión.

-Pues sí. Ahora date una ducha para quitarte los restos.

 

Aquello que MacGyver, "el Esteticista", consideraba restos eran en realidad una cantidad nada despreciable de micropegotes que, como islas solitarias en un mar de irritación, se aferraban con vehemencia a su pelo correspondiente. Situación bastante menos poética de lo que estoy pintando y que probablemente requeriría un buen baño con acabado de hojilla, a no ser que prefierese lucir un chocho-leopardado el mismo día de mi conversión.

 

En cualquier caso, el Jonhy tampoco parecía dispuesto a variar su hoja de ruta, con lo que "o sí o sí" acabé dentro de la bañera sin alcanzar a decir siquiera "esta boca es mía". Después, un poco de agua tibia, tirando a bastante fresca, y un café humeante me aclararon las ideas.

 

-Bajemos al sotano -ordenó el pelo-pincho-lamido una vez estuve en plena posesión de mis facultades mentales- Hay que mucho hacer.

 

No osé rechistar. Había recuperado ligeramente la sobriedad, pero todavía me notaba algo inestable, así que opté por dejarme llevar y seguirlo hacia las profundidades de la casa... Allí donde moraba Mariposita... y Ervigio también.

 

-Ahora abriré la puerta,... -me explicó como un maestro preocupado-... pero antes necesito que me asegures que podrás mantener la calma y que no vas a montar ningún numerito en plan Corín Tellado.

-Por supuesto -contesté parca en palabras.

 

Y así lo pensaba hacer, palabrita de Niño Jesús, tampoco estaba para derrochar fuerzas. Pero nada más entornar la hoja de madera, un sofocante olor a putefracción me taladró la pituitaria y la fase de exteriorización de mi yo interno se hizo incontenible.

 

-Perfecto. Tenías que echar la pota justo ahora...

Decir que aquella nota no me perturbó lo más mínimo sería mentir como una bellaca. La sola idea de juntar en menos de 200 m2 a mi familia, cuyo grado de embriaguez navideña avergonzaría incluso a Lidsay Lohan, con una vampiresa tan pija que era incapaz de decir "verde" y "naranja" en la misma frase, me producían una ligera intranquilidad.

 

Sin embargo, lo que de verdad me traía de cabeza, ¡llamadme frívola si queréis!, era arreglarme para Fin de Año y mi posible conversión. A las 5 me hacían el moño en la pelu, la supervisión de Mariposita sería a las 6 y antes de todo esto ¡DEBÍA DEPILARME!: el sobaquillo, las piernas enteras (el invierno siempre saca mi lado más animal), y por supuesto el chichi, que más que un jardín asilvestrado parecía una jungla tropical.

 

¿Por qué no preví este pequeño contratiempo?, ¿por qué no solicité ayuda en la peluquería?, ¿por qué me enfrentaba yo sola a tanto trabajo de desbroce?. ¡Yo que nunca he podido arrancarme un mísero pelo sin que me caigan lagrimones de dolor! Pues sencillamente, porque hasta ayer mismo me había dedicado en cuerpo y alma a Ervigio y el propio 31 de Diciembre ya nadie te hace la cera, por mucho que seas una heroina salva vampiros.

 

Así que tan pronto como terminé el desayuno y me aseé, corrí hacia la tienducha que proveía a aquel vecindario dejado de la mano de Dios donde vivía mi abuela. En un principio pensaba llevarme sólo un paquete de cera caliente, sin embargo al ver que también tenían pinzas y bandas depilatorias me monté un buen kit de tortura y salí de allí casi tan feliz como la dueña, que a juzgar por el polvo de las mercancias, ya habría perdido la esperanza de venderlas.

 

De regreso a casa me estuve planteando diversas posturas para lograr un buen acabado y una experiencia lo más placentera posible, pero como no conseguía conjugar ambas cosas en un sólo método aplacé el tormento hasta después de comer. Y así estaban dando ya las 3 de la tarde cuando por fin entré en el baño, toda histérica y peluda, con 2 cajas de bandas depilatorias, un calentador de cera, las pinzas y la Silk-èpil de mi abuela. Lo que se dice bien armada para acojonar a los pelos (que son muchos y rebeldes).

 

Me planté en el bidé y después de echar un vistazo al instrumental decidí no innovar y empezar como en la pelu con las bandas de cera tibia en la piernas, porque dicen que los pelos ahí no son demasiado bravíos y así te ahorran la quemazón de la cera caliente. Pillé una tira, la puse entre las manos y la estuve frotando como si en realidad tratase de calentarme las palmas. Luego separé las bandas por un extremo y pegue la primera sobre la canilla derecha mientras la segunda esperaba apoyada en el lavamanos.

 

1, 2, 3... Nada... 1, 2, 3... Nada... 1, 2, 3... ¡Ainssssssssss!... Soy una cagada, lo admito, pero no me atreví a tirar.

 

Miré desesperanzada para aquel emplasto, y llamadme loca si queréis, pero no se me pasó por la cabeza que, dadas las circunstancias, lo mejor sería usar una hojilla de afeitar. En su lugar, se me antojó mucho más adecuado tomarme, como en las películas del Oeste, un traguito de algo fuerte para amortiguar el dolor y hacer más llevadero el sufrimiento venidero.

 

Al fin y al cabo, también tenía la regla y si había una excelente excusa para que mi madre se pimplase un chupito de licor ésa era un buen retortijón de ovarios.

 

Con lo que, resueltas las dudas iniciales, correteé en bragas por toda la casa para pillar una de las botellas empezadas del armario del salón. Ron, whisky, champán...

 

"Aguardiente de Hierbas", rezaba con la tortuosa caligrafía de mi abuela la situada más a mano, "Ésta", decidí por parecerme casera además de muy utilizada. Y sin pararme a averiguar cual sería su graduación, regresé a mi improvisado salón de belleza dispuesta a quitarme el parche de una vez.

 

Nunca he sido muy amiga de las bebidas espiritosas porque sólo el olor me da mucho asquito. Cómo máximo un poco de licor de melocotón (que mi yaya no solía comprar) o alguna que otra cerveza (que para una cosa como ésta ayuda tanto como el 7-up). Así que el asunto tenía que ser rápido. Quité el corcho envejecido, olisqueé la bebida y, como si de un jarabe contra la tos se tratase, bebí un trago largo.

 

-¡Puaj!.

 

Aquello me ardía por todo el esófago. ¿Estaba hecho de fuego? Sólo Dios lo sabía, pero no había tiempo para adivinarlo, ahora tocaba centrarse en el asunto "peliagudo".

 

1,2,3... Tiré a contrapelo, vi las estrellas y aullé como un lobo,... pero en mi pierna ya se veía una zona rectangular sin vello. ¡Y no había sido tan difícil!. Me emocioné, lo se. Bebí un poco más para que el otro emplasto resultase todavía menos doloroso y ¡carajo para John Wayne y el resto de vaqueros de ese respetable estado de Texas! De veras que aquello era mano de santo. Apenas sí dolía ahora. Bebí una pizquita más y al cabo de un rato ya había terminado con las dos piernas sin que se me hubiese saltado ni una triste lágrima de dolor. ¡Genial!

 

 

Ahora tocaban las ingles, alias el chumino selvático.

 

Para eso, y según las sabias teorías de Rosi, mi peluquera, lo mejor era la cera caliente porque abre los poros y facilita la extracción del folículo piloso. Así que enchufé el calentador y vertí la cera en su interior. Había que esperar más o menos 5 minutos y viendo que en aquella zona podía hacer verdaderas obras de arte (anda algo abandonada desde que se reservó para mi Edward particular), empleé la espera en decidir un buen diseño con el que sorprender a mi amado: inglés brasileñas, con forma de rombo, trebol, Mickey Mouse...

Estaba alegre, animada y con el espíritu encendido, un Eduardo Manostijeras ante un jardín de gran potencial. ¿Por qué darle forma si podía llevarlo completamente pelado?, ¿qué mejor para el tanguita negro de encaje que me pensaba poner?.

 

Cogí la gran pala de madera que se usaba para remover el mejunje y lo alcé mientras le daba vueltas para enrollarlo. Soplé, soplé, soplé y cuando me pareció que ya había bajado la temperatura de aquella lava incandescente la dejé caer sobre mi tierno e inconsciente chocho.

 

-¡Coñooooooooooooooo! -grité nunca mejor dicho- ¡Fufffff, fuuuuufffff, fuuuuuuuuuufff! -seguí bufándole a mi entrepierna mientras con una mano buscaba a tientas la botella para bajarme otro buen lingotazo de aquel líquido milagroso- ¡Quemaaaaaa!

 

Pero ya no quemaba el aguardiente, ahora corría pescuezo abajo como si de agua bien fresquita se tratase y esto me hizo perder un poco la noción de lo que ya me había bajado (que debía de ser una nada despreciable cantidad).

Entonces mi mente comenzó a nublarse mientras la vista hacía verdaderos esfuerzos por enfocar la paleta con la que cubría toscamente el zarzal de pelos. Había que acabar rápido la poda porque comenzaba a sospechar que me encontraba un poquito "contenta".

 

-Guannn, chuuuuuuuu, zgriiiiiiiiiiiiiii -esto en honor a todos los Jonh Waynes que se depilan.

 

Agarré un extremo del pegote y tiré violentamente por él, pero resultó infructuoso. Yo aún tenía fuerza, sin embargo me fallaba la coordinación, así que con la inercia del moviento caí sobre las baldosas del baño riéndome a mandíbula batiente, sin conseguir levantarme, como un escarabajo patatero.

 

-¿Jessi? -otra vez la voz de mi albondiguilla me pillaba en una situación delicada- ¿Qué estás haciendo, Jessi?

1 de ENERO

Debería decir Feliz Año Nuevo o algo por el estilo, pero no tengo muy claro si feliz es el adjetivo más adecuado para este año, que de “nuevo” sólo me ha dejado el nombre y algunos problemillas que todavía faltaban en mi colección.

 

Después de descubrir ayer por la mañana que nuestra adorable chihuahua era en realidad una chihuahua-vampiro, el Jonhy y yo estuvimos analizando largamente su cuerpo sin vida, para ver si cabía la posibilidad de que todavía estuviese no-muerta en lugar de muerta-bien-muerta, como los dos temíamos.

 

La piel se veía completamente chamuscada, del color “camel” inicial no se apreciaban ni restos y en cierta zonas, hilillos de humo ascendente revelaban daños realmente graves. A pesar de todo, la esperanza es lo último que se pierde, y en vista de que aún teníamos una perro-rata vampiro de cuerpo presente en lugar de un montón de ceniza suspendida en el aire, decimos esconderla en un cajón del sotáno y esperar a la puesta de Sol para hacer una valoración definitiva. Arturo, que mosconeaba preocupado a nuestro alrededor, vigilaría su confinamiento.

 

Así de negras las cosas, nuestras perspectivas de futuro se podían resumir en:

 

a)Mariposita revivía. Ya teníamos una "vampiresa" para Ervigio. Yo me convertiría en Fin de Año siguiendo estrictamente mi plan.

b)Mariposita había requetemuerto (descanse en paz). Ervigio estaba apañado. El Jonhy y yo nadábamos con la mierda al cuello sin previsión de mejorar.

 

En cualquier caso, poco o nada estaba en nuestras manos. Quizás, quizás, podríamos planificar un contrataque o una huída, como sugirió el albondiguilla, sólo por si la suerte nos daba la espalda y acabábamos como conejillos en un cacería de chupasangres. Pero yo soy más de dejar esta clase de asuntos a la improvisación, aproximadamente como habíamos hecho hasta ahora (que tampoco nos había ido tan mal). Así que tranquilicé a MacGyver y me lo saqué de la chepa prometiéndole tener listas para el atardecer mi maleta y una buena excusa que explicase a la familia porque debíamos abondonar el país de forma inmediata.

 

¡Chorradas!

 

¿Pirarme antes de disfrutar de mi primera Fiesta de Fin de Año? ¡Con lo que me había costado convencer a mi padre para que me dejase ir! Explicándole que todos mis amigos tenían ya las entradas, que la Kassio (Kassiopeia) era la mejor discoteca de toda la ciudad, que su fiesta siempre se recordaba durante meses, que yo ya tenía 17 años y que además el Jonhy también iría. ¡Días!, ¡Semanas de duro trabajo! ¿Y ahora el alelado de mi albondiguilla me proponía esfumarnos apenas se hubiese puesto el sol? ¡JA! ¡Estaba completamente loco si creía que iba a aceptar!... Además, no tendríamos ningún problema mientras Brigitte pensase que Mariposita estaba viva. Y para decirle que nos la habíamos cargado (cosa que aún estaba por ver), bien podíamos esperar una noche.

 

Acompañé a mi angustiado Johndalf hasta la puerta, tratando de aparentar sumisión y no levantar sospechas, ¡qué se pone muy pesado cuando entra en modo paternal!.

 

-Quizás deberíamos huir ahora mismo -me sugirió con voz preocupada- Largarnos y poner mucha tierra de por medio. Si luego resulta que Mariposita despierta, ¡genial!. Se la mandamos a Titina por correo y ya regresaremos cuando todo esto se calme.

-¿Y Ervigio? -pregunté buscando inconvenientes para no irme- ¿Lo metemos en la maleta o se lo dejamos a mi abuela para que le de de comer?

-Tal vez podríamos traladarlo a alguna cripta y cuando vuelva en si, nosotros ya estaremos a muchos kilómetros de distancia.

-Claro, y habremos abandonado a un vampiro famélico en la ciudad... ¿Cuánta gente crees que morirá por TÚ culpa? -repliqué haciendo hincapié en su sentido de la responsabilidad- ¿O prefieres dejarlo bien atado para que muera de inanición lentamente?

 

Mi albondiguilla bajó la mirada dubitativo y yo vi el camino libre hacia la victoria.

 

-Anda,... -reinicié mi emboscada verbal-... vete ahora a casa y nos vemos a las 6 como habíamos decidido. Para entonces seguro que se nos habrá ocurrido algún plan B.

-No se...

-¡No se, no se, no se! -le atajé mientras lo empujaba hacia el porche- Claro que no sabes. ¡Si es que no has descansado nada!. Así el cerebro no puede funcionar. Ahora mismo te vas a dormir y a la tarde hablamos.

 

El Jonhy vaciló unos segundos, pero al ver que yo comenzaba a cerrar la puerta con decisión, cedió a mi voluntad y se dirigió hacia el kk-móvil con paso cansado. ¡Aquella había sido una noche terrible!

 

De veras que lo había sido, sin embargo, yo ya no podía dormir. Por más que lo intenté y di vueltas en la cama, tuve que admitir finalmente que mi sueño se había ido con viento fresco a otra parte, así que, guiada por el olor a café recién hecho, me presenté en la cocina dispuesta a que mi abuela le preparase un señor desayuno a su adorable nietecita.

 

-¡Buenos días, Jessi! -me saludó desviando brevemente la atención de unas tostadas de pan de molde que estaba preparando- ¿Llegaste muy tarde anoche?.

-No, abuela -respondí mientras me acercaba para darle un beso- Lo normal.

 

Con un gesto, mi yaya me indicó que me sentase a la mesa y acto seguido su bata de raso rojo revolteó a mi alrededor dejando como por arte de magia un buen tazón de leche con café, mantequilla, mermelada y un torreón de tostadas a mi alcance.

 

-¿No te sientas a desayunar? -le pregunté al ver que seguía en los fogones.

-Es que hay mucho que cocinar, Jessi. Ya sabes que esta noche vienen todos a cenar y como no adelante algo por la mañana, no voy a conseguir tener todo listo para las 10.

 

¡Vaya! ¡Con tantas emociones por poco lo olvido!. La cena de Fin de Año tocaba esta vez en casa de mi abuela, así que mi padre, sus dos hermanas y dos hermanos con sus respectivas parejas e hijos invadirían aquella casa puntualmente a las 10, sino un poco antes para echarle una mano a la yaya. Luego vendría la comilona, el champagne, la más que probable borrachera y quién sabe si una nueva versión de Shakira interpretada magistralmente por la abuela Lola... como hace dos años.

 

 

-Por cierto -la voz de mi yaya me devolvió al presente- Esta mañana encontré esta nota bajo la puerta. Justo cuando tú y Jonhatan estabais en el sótano.

-¿Nota?, ¿qué no...?

 

Pero sobre la mesa ya había caído una hoja amarilla clara con bordes ondulados. En ella, escritas con excelente caligrafía, se podían leer las siguiente líneas:

 

"Espero que Mariposita esté bien.

Esta noche me paso para liquidar lo que dejamos a medias ayer.

 

                                                                             Brigitte."

 

-¿Hay que preparar un plato más? -inquirió mi abuela- ¿Tu amiga viene a cenar?.

 

Eso parecía, sí. Venía precisamente a cenar.

 

-No -mascullé malhumorada- Al menos yo no la he invitado.

-¡¡¡¡¡FUEGOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!! -comenzé a gritar desgañitándome mientras me abalanzaba sobre la pera que colgaba junto al cabecero- ¡¡¡¡¡FUEGOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!!, ¡¡¡¡¡FUE... ¿Dónde?.

 

La vieja lámpara que presidía la estancia no dejaba lugar a dudas, allí no había ni una triste llamita, ni un ascua a medio apagar, ni una minúscula motita incandescente. Lo único que sí ocupaba por completo el suelo de la habitación era un humo denso y gris que parecía brotar bajo la puerta del cuarto de baño.

 

En mi mente se agolparon pensamientos de lo más variopintos, por no llamarlos directamente estúpidos, debidos seguramente a las escasas horas de sueño disfrutadas. Desde una Mariposita ninja que prentendía huir liquidándome sin mancharse de sangre, hasta un vengativo Sir Thomas, semidesnudo, sudoroso y saliendo de entre el vapor del baño dispuesto a matarme después de una higiénica ducha (que no venía mucho al caso, ya os lo he dicho, pero... ¿quién controla las imágenes que se te pasan por la cabeza?).

 

Sin detenerme a reflexionar mucho más, en vista de que mi cerebro tampoco regía demasiado bien, abrí la puerta para salir de dudas y averiguar cómo se podía originar un incendio en la bañera, el retrete o mismamente en el bidé. Después de la primera bocanada de humo con olor a churrasco y su ataque de tos correspondiente, la incógnita se disipó ipso facto en la diminuta hoguerita que ardía prácticamente a mis pies, cruzada en la entrada.

 

-¡Mariposita se está achicharrando! -escuché exclamar al Jonhy que entraba corriendo en ese momento alertado por mis alaridos mañaneros- ¡Espabila, Jessi! -me gritó- ¡Dame una toalla, si no quieres que Titina nos mate MÁS definitivamente aún!... ¡JESSI!

 

Con un gesto rápido y nada galante me apartó a un lado y saltó sobre el chihuahua para coger el toallón que colgaba junto a la bañera. Después lo echó encima de la perra y aplastándolo sobre su cuerpo sin vida apagó las llamas.

 

-¿Qué ha pasado? -preguntó mientras se incorporaba colgándose la toalla en el antebrazo.

-No lo se -respondí- Un fuerte olor a bacon me despertó hace un rato, después vi todo la habitación llena de humo, en plan "Thriller", y cuanto abrí la puerta me encontré a Mariposita ahí tirada, formando una tremenda humareda, como si de un leño verde se tratase.

-Vaya... -susurró mientras examinaba bajo las primeras luces de la mañana aquel cuerpecito calcinado- Pues no creo que a Titina le hagan mucha gracia los perros calientes... -una de humor macabro para desayunar-... me da que prefiere pardillos poco pasados, que sangren al morder -jojojó, ¡que chistazo, oiga!.

-¡Pero nosotros no le hemos hecho nada a Mariposita!. Seguramente hay algún cable pelado en el baño y la muy perra se habrá electrocutado con él.

-¡Quién sabe! -suspiró MacGyver encogiéndose de hombros- Pero eso a Brigitte le va a dar igual...

 

Nos miramos desesperanzados durante varios segundos, convencidos de que, sin saber muy bien cómo, la habíamos liado parda, pardísima, y que aunque le explicásemos a la vampiresa peliteñida que aquello había sido un accidente, nada iba a impedirle arrancarnos la cabeza y chuparnos la sangre como a diminutas gambas a la plancha.

 

Entonces el olor a bacon quemado volvió a llegar a mis respingonas fosas nasales y bajando la mirada a mis pies observé como de Mariposita brotaban de nuevo llamitas rojizas que generaban una escandalosa masa de humo.

 

-¡Joder! -exclamó el Jonhy mientras se volvía ora al chihuahua ora a la ventana del aseo- ¡Increíble!

 

Miré yo también a través del cristal buscando una explicación a todo aquello en el exterior, sin embargo, aunque ponía todo mi empeño en ello, no lograba entender a qué tanto asombro por un poco de Sol invernal filtrándose a través de nubarrones de lluvia.

 

-¡Cierra la puerta! -me ordenó mientras envolvía al chihuhua en la toalla y saltaba como una gacela con sobrepeso al interior del dormitorio.

-¿Qué pasa? -pregunté patidifusa.

 

El pelo-pincho lamido me miró con incredulidad.

 

-¿No lo entiendes?.

 

Uhmmmm... Pues la verdad es que no. No tenía ni la más remota idea, pero preferí callarme y sembrar la duda que abrir la boca y despejarla.

 

-Ya veo -añadió el albondiguilla regodeándose de mi ignorancia- A ver... Piensa. ¿Qué es lo que por la noche sale de caza y se queda tieso cada mañana?

-Hombre... -mascullé mientras mis ojos se iban significativamete a su entrepierna.

-¡No, idiota!. Eso no -se ruborizó- ¿A qué personas relacionas con un absoluto odio al Sol?

-Hombre... -volvía a mascullar señalándonos alternativamente- Tú, yo... Los Emos en general.

-¡Nooooooo!. Por Dios, si es que no es tan difícil -gruñó perdiendo la paciencia- Dale a la mollera, anda. ¿Qué crees que significa todo esto?

 

Alcé mi mirada al techo, apoyé la cabeza sobre la pared, caminé por la habitación, me atusé la barbilla y después de un tiempo dándole, que digo dándole, apaleando mi somnolienta mollera me lancé a una solución para tanto acertijo.

 

 

-Tu cosita no cazó nada anoche y esta mañana ha venido toda tiesa en busca de una Emo.

 

El Jonhy bufó por la desesperación.

 

-¿Y la perra en llamas?, ¿dónde cuadra la maldita perra en llamas? -preguntó exasperado.

 

Entonces mi cerebró se despejó, como si el humo gris de la habitación lo hubiese invadido durante la noche y una bocanada de aire fresco lo acabase de liberar. Todo estaba claro, clarísimo. De una claridad meridiana (como diría mi profe de mates). ¡Más claro el agua!.

 

¡¡¡¡¡MARIPOSITA ES UNA VAMPERRA (o como carajo se diga)!!!!! ¡Y eso, fieles Siervos de la Noche, soluciona un porrón de problemas! Siempre y cuando, claro, no haya palmado después de lo de esta mañana...

 

En ese caso, el Jonhy y yo estamos, hablando mal y pronto, JODIDOS.

¡Menudos 3 pies para un banco! ¡La ilusión de mi vida! Ejercer de mamá a las 6 de la mañana cuando lo que de verdad me apetecía era tirarme sobre la cama y planchar la oreja hasta que quedase como papel de fumar.

 

Les eché una mirada cansada y mientras decidía que hacer con ellos bajé la persiana y cerré la ventana a cal y canto. Lo primero era asegurarse de que Titina no interrumpiría mi plácido sueño.¡Disturbios de chupasangres los mínimos!. Hoy es Fin de Año y si por la noche no quiero parecer un zombie en lugar de una vampiresa, debo dormir como mínimo 8 horas.

 

Por eso mismo, tampoco es que me sobrase mucho el tiempo para arreglar aquel caos post-Brigitte. Debía pensar con agilidad, tomar unas cuantas decisiones de urgencia y poner a cada cual en su sitio antes meterme directamente en el sobre.

 

Empezaría por el albondiguilla, dejándolo a su aire, así solito, para que sorbiese los mocos en paz, ahorrándome el bochorno de verlo llorar como una nena.

Con Ervigio, por otra parte, tampoco había mucho más que hacer. Sin vampiro añejo y sin otro alimento que las lentejas de ayer, lo mejor era que permaneciese en su cómoda morada, contando yugulares de ovejitas, tan a gusto. Al fin y al cabo, un poco de dieta nunca hizo mal a nadie.

Y Mariposita, ese pequeño diablo a cuatro patas del que dependía que mi futuro acabase en Fin de Año o se extendiese por toda la eternidad, se iba directamente al baño de la habitación de mi padre. Ya había tenido suficiente chihuahua por esa noche y no me apetecía escucharlo de fondo en mis tórridos sueños con Sir Thomas (a Ervigio le reservo milenios de amor... y mi virginidad, no creáis).

 

Con un poco de prisa y nada de delicadeza zapateé a la perro-rata dentro de su nueva suite, en la que entró derrapando hasta frenar directamente contra el váter. Desde allí me lanzó una mirada vengativa y cuando regresaba hacia mi "sonriéndome" con todos los piños de fuera, un rápido portazo bastó para aclararle quien era la líder de la manada: YO.

 

El otro peludo en discordia (y no me refiero al Jonhy, que excepto en la cabeza, por no tener no tiene ni pelos en el culo) resultó algo más difícil de controlar. Después de haber metido a su damisela en el retrete, Tury comenzó a dar vueltas desesperado, aullando y arañando el suelo frente a la ranura de la puerta.

 

-¡Joder! Con éste no había contado yo.

 

Y en efecto, no había contado con él. Mis problemas eran el albondiguilla, Ervigio y la chalada de la perra de Titina (o mejor dicho, la perra chalada de Titina, para evitar confusiones). El pequinés de mi abuela había quedado fuera del cálculo... pero allí lo estaba, todo drámatico, impidiéndome disfrutar de un descanso que me había ganado a pulso.

Lo agarré con toda la dulzura que me permitía la falta de sueño y mientras trataba de serenar al nuevo Richard Gere canino sopesé los pros y contras de meterlo a él también en el cuarto de baño.

 

PRO:

Evito que mi yaya se encuentre con su Arturo completamente desgraciado (Mariposita había esquivado sus envites amorosos a base de mordiscos)

CONTRA:

Permito que él siga con sus manías suicidas.

 

PRO:

Una vez dentro del baño, él se calma y deja de gimotear.

CONTRA:

Ella lo mata y también deja de respirar.

 

PRO:

Después de una noche con Tury, Mariposita se da cuenta de que lo ama y cesa de morderle.

CONTRA:

El aprovecha las circunstancias y la coge (en el sentido bíblico de la palabra) por los cuartos traseros. Después los cachorritos de chihuahua extrañamente parecidos a Arturo y la acusación de violación por parte de una vampiresa furibunda, nos abocan a un fatídico final.

 

-¡El pequinés se va contigo! -le espeté a un Jonhy que ya en pie, comenzaba a recuperar su original flema no-británica.

-¿Conmigo?, ¿por qué? -contestó el albondiguilla, cuya fraternal amistad con Tury no había de pasar a los anales de la historia.

-Porque mi piel necesita 8 horas de sueño. ¡Y ES-TA NO-CHE ES FIN DE A-ÑO!

 

Evitando que me respondiese siquiera le planté al pequinés en su regazo y sin contemplaciones, lo empujé fuera del dormitorio.

 

-¡Ve al cuarto de invitados! -le ordené- ¡Y ni se te ocurra dejar a Tury fuera! Si mi abuela lo encuentra en este estado estamos perdidos.

-Pero... -comenzó a protestar MacGyver mientras sus manos se escabullían de un Arturo rabioso.

-¡ANDANDO! ¡Os vais los dos a lloriquear a otra parte! -y con el segundo portazo de la noche di por zanjada la discusión y solucionados todos mis problemas.

 

Después de eso correteé hacia la cama para meterme de un salto en su interior. Sin cambiarme de ropa, sin desmaquillarme, sin rezar siquiera un "Jesusito de mi vida". Directamente a la piltra para dedicarme en cuerpo y alma al alcalde más sexy que había visto en mi vida... Al fin y al cabo eso no era una infidelidad y además no se podía decir que yo saliese oficialmente con Ervigio. De hecho, para ser exactos, más que salir, habíamos entrado juntos en casa de mi abuela.

 

Ahora sí, en cuanto despertase me encargaría personalmente de elaborar un plan para deshacerme de Titina, entregarle a Mariposita y restablecer la maltrecha salud de mi ratilla-voladora, el chupasangres de mis entretelas, el vampiro de mi vida: Ervigio.

 

Y con estos pensamientos y otros no aptos para menores me sumí en un profundo sueño del que no esperaba despertarme hasta pasadas las 2 de la tarde. Sin embargo, a eso de las 9 de hoy un penetrante olor a bacon comenzó a colarse en el dormitorio de mi padre sumergiendo a mi subconsciente en un paraíso de jarras de leche, galletas María, tostadas de mermelada y huevos revueltos.

 

 

Al fin, mi estómago pudo con mis ojos y retomé el rumbo de mi consciencia con el convencimiento de que alguien me estaba preparando el desayuno... y se le estaba pasando el bacon...

Preocupada por esto, me incorporé ligeramente en la cama, con la nariz apenas a unos centímetros sobre las mantas, y observé con consternación que el suelo del cuarto estaba echando humo.

 

-Coño...¡¡¡¡¡FUEGOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!!

-Debo reconocer -interrumpió Brigitte mi profundas cavilaciones- que no esperaba que esto fuese tan fácil -al parecer quería deleitarnos, o sea, con sus propias reflexiones, o sea- Después de todo el numerito que acabáis de ofrecer en el WoW imaginé que me resultaría tremendamente difícil entrar en vuestra casa. En mi mente -continuó hablando mientras flotaba lentamente hacia la ventana- ya había dibujado un millón de torturas y amenazas para que simplemente me devolviéseis a Mariposita. Y sin embargo -dijo encogiéndose de hombros- no sólo voy a lograr eso con una asombrosa facilidad sino que además le voy a llevar a Sir Thomas un regalito que me convertirá en su predilecta, su favorita, su "right-hand"... Ja, ja, ja... -parecía que aquello le hacía gracia- ¡Cuántos estúpidos que se han reído de mi van a sufrir las consecuencias!... Ja, ja, ja...

 

El Jonhy y yo nos miramos rápidamente mientras sopesábamos las consecuencias de aquella revelación. Según lo que decía Titina, no había sido tan mala idea haberla dejado pasar, al fin y al cabo nuestro destino final consistía ser una ofrenda para el alcalde y quizás él, siempre que yo jugase bien la baza de mi labia prodigiosa, nos regalaría la inmortalidad.

 

Por lo de pronto teníamos unos minutos más de vida.

 

-Y ni siquiera os quiere con vida -touché, estábamos muertos y bien muertos-... Ja, ja, ja... ¡Qué suerte he tenido!... Ja, ja, ja... ¡Menuda cenita!... Ja, ja, ja... ¡Qué bien nos lo vamos a pasar! -anunció dedicándonos una mirada sanguinaria- Para empezar os voy a cobrar con creces la vergüenza que me habéis hecho pasar en la "party", o sea, y después, os mataré lentamente como venganza por haber secuestrado despiadadamente a mi pobre nenita. Lo primero -¿explicaciones?. ¡Vaya!. Un malvado a la antigua usanza- será sacaros uno ojo a cada uno y dárselos a Mariposita para que jugueteé con ellos, de modo que podáis seguir viendo lo que os hago y ella no se aburra mientras espera. Después -continuó mientras revoloteaba entusiasmada en el exterior de la casa- os voy a arrancar los dedos uno a uno para succionar ese jugo sanguinolento que siempre brota de las extremidades frescas. Uhmmmmm... ¡"Très bon"! .... Luego -palmoteó ilusionada- me centraré en desgarrar vuestros cuellos reventando la...

-¿Yugular? -aventuré aburrida de escuchar.

-No, no, querida. La carótida. Porque la sangre de las arterias está mucho más oxigenada que la de la venas y eso te deja la piel "divine". Así que os abriré el pescuezo en canal para beberme hasta la última gota de vuestra "wasted life".

-¿Y no preferirías atarnos y abandonarnos tumbados en la vía del tren para que una locomotora nos destripe? -vamos, un clásico abocado al fracaso que la vieja escuela no podía resistir- Mucho más limpio e infinitamente más glamouroso.

 

Titina vaciló apenas un instante antes de que sus ojos sonriesen maquiavélicamente.

 

-Eso sólo lo hacen los asesinos de serie B, "darling", pero yo soy de A... A Negativo... Ja, ja, ja.

 

 

"¡Y vuelta la burra al trigo!. ¡Qué pereza con eso de que soy A Negativo!, ¡que mi sangre es súper sabrosa!, ¡que de esta noche no paso! Blablabla... ¡Por Dios! Cuánta diarrea verbal, cuantas ansias de protagonismo. ¡Qué soy la víctima no el sicólogo!. ¡Cierra la boca y mátame ya, plomazo!".

 

MacGyver me miró patidififuso.

 

-¿Qué has dicho?

 

¿Qué había dicho?... ¿Había dicho algo?... ¿No lo había pensado?... ¿Lo había dicho?... ¡OSTRAS!

 

Titina me miraba fijamente, con el cuello más tirante que el tanga de Nacho Vidal y la cara teñida de un rojo inusual para un muerto. Sus fríos ojos felinos echaban chispas y la respiración se le había desbocado en un estruendoso resuello.

Se veía ligeramente descompuesta. Vamos, que si tuviese que apostar yo diría que no echaba espumarajos por la boca porque sus labios estaban más prietos que el culo de una hucha de cerdito.

 

¡Oh, oh!.

 

-¡OS VOY A MATAR! -gritó al fin fuera de si- ¡OS VOY A MATAR!

 

La vampiresa se elevó unos centímetros en el sitio, como si quisiese coger impulso, y acto seguido se abalanzó contrá el hueco abierto de la ventana.

 

-¡OS VOY A...!

 

¡CLOOooooOOOOOooooooNNNNNGGGG! Vibró el aire cuando la peliteñida se la pegó contra una barrera invisible que le impedía el acceso. ¡CLONG! Volvió a vibrar cuando, levemente aturdida, reintentó su teatral entrada.

 

-No puedo pasar -dedujo al tercer "clong"- No puedo pasar...

 

Entonces mi MacGyver comenzó a llorar. Lloraba con un llanto histérico, tembloroso, pero desconsolado. Como una Magdalena, vaya. Resoplaba, sorbía las lágrimas y tenía hipo y todo.

 

-La casa no es tuya... hip... No puedes invitar... snif, snif... ¿Recuerdas con Ervigio?... hip, hip... Tuvo que invitarlo tu abuelaaaaaaaa... Buaaaaaaaaaaaaaaaa... Estamos salvados... Buaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa.

 

Me le quedé mirando flipada, más por verlo hecho un mar de lágrimas, que por lo que acaba de decir, pero tratando de procesarlo todo, al fin y al cabo.

 

Era cierto. Nosotros no teníamos la capacidad de invitar a ningún vampiro a casa de mi abuela, sólo alguien que realmente viviese en ella adquiría ese poder. Así que por mucho que Titina creyese que podía entrar, sólo mi adorable yaya estaba autorizarla a dejarla pasar. ¡Qué alivio!.

 

Lentamente Brigitte levantó la cabeza mostrándonos el rostro más terrorífico que yo hubiese visto jamás y en un susurró imperceptible se dirgió a nosotros.

 

-Esto no va a quedar así. -gruñó furibunda- Volveré, os acecharé y cuando cometáis un error, os mataré.

-Más te vale no atacarnos. -acerté a contestar- Por el bien de Mariposita.

 

Titina se detuvo un par de segundos interminables fulminándonos de un vistazo.

 

-Más os valdría devólvermela ahora mismo... -no amenazó mientras yo negaba con la cabeza- ...porque no se ha conocido humano sobre la faz de la tierra que sufra o haya sufrido lo que sufriréis vosotros de enterarme que le habéis tocado un pelo a mi bebé.

 

Y diciendo esto le lanzó un beso a la perra antes de esfumarse como un cohete entre las nubes borrascosas que cubrían la luna.
Dejaba tras de si un adolescente lloroso, un no-muerto menos vivo que nunca y un pérfido chihuahua del que dependía nuestra frágil existencia... todos a mi cargo.

Porque yo soy una chica muy fiel y estoy enamorada de mi Ervigio hasta las trancas. ¡Que no hay otro vampiro en mi corazón, oigan!, ¡que toda mi sangre es para él!, ¡hasta la últimisísima gota!. ¡FALTABA MÁS! Peroooooooooooo, estimados Siervos de la Noche, si la muerte está llamando a tu puerta, tampoco hay que ser idiotas: mejor que tenga la jeta de Robert Pattinson que la de Carmen Lomana, ¡vamos!.

 

(Y esto lo digo sin acritud, desde el máximo respeto y cariño, no sea que esa señora esté leyendo mi diario y pierda una lectora.¡Con la poca gente que sabe leer!... Al menos en mi instituto)

 

En fin, total, volviendo al tema, decíaaaaaaaa... Aquella noche la Paca vestía un Carolina Herrera y lucía el pelo rubiteñido de Titina (que no por llamarse Francisca ha de carecer de glamour). O sea que el Jonhy y yo ya teníamos un problema y ahora nos habíamos traído otro a casa.

 

Sin embargo, "la oportunidad aparece en medio de la dificultad" (la frase es de Einstein, pero la he ganado en propiedad después de que el profe de física me la dedique con cada suspenso) y si en aquel momento había alguien chapoteando en medio de serias dificultades, esos éramos nosotros dos... Así que la oportunidad no debía de andar muy lejos.

 

Eché un vistazo alrededor para encontrarla.

 

En la habitación no había nada que acabase con Brigitte de forma certera: varios cuadros de caza, un par de cómodas apolilladas, un armario que a duras penas se mantenía en pie y algunos ejemplares de "Jara y Sedal". Así que o adiestrábamos a un ejército de carcoma para que convirtiese en polvo su duro corazón o le lanzábamos un par de revistas y veíamos si la matábamos con el aburrimiento.

 

Definitivamente estábamos perdidos.

 

Ya no me cabía la menor duda de que nuestro triste final se iba a escribir antes de lo que me imaginaba. Titina descubriría en un par de minutos el nada discreto olor corporal que despedíamos después de una noche a la carrera y a partir de entonces nos acecharía desde el crepúsculo hasta el amanacer, todos los días. Entablaría amistad con nuestros amigos y familiares, cerraría lenta, pero inexorablemente nuestro círculo social y al final, una fatídica noche conseguiría ser invitada a la casa del Jonhy o a la mía y allí nos mataría como a vulgares gusanos. ¡Sin siquiera darnos las oportunidad de convertirnos en vampiros! ¿Y todo por qué? ¿Porque habíamos secuestrado a su maléfico chihuahua y teníamos a su ayudante personal de vacaciones en el sótano?.

 

Entonces, la OPORTUNIDAD relumbró en mi cerebro.

 

Subí de un tirón la persiana y asomé ligeramente la cabeza al exterior.

 

-¡Brigitte! -llamé mientras mi albondiguilla me miraba con una expresión mezcla de estupor e incredulidad- ¡Brigitte, aquí arriba!.

 

La vampiresa giró la cabeza hacia donde estábamos asomados y un segundo más tarde ya se hallaba sentada en el alféizar de la ventana, con las piernas cruzadas tan elegantemente como si estuviese en una cómoda butaca de la Ópera. El Jonhy y yo reculamos instintivamente.

 

-¿Y bien? -preguntó la chupasangres taladrándonos con una mirada poco amistosa.- ¿Váis a liberar a Mariposita?

-Sí -respondí tajante- Y a Ervigio también.

 

Tuve la sensación de que mis otros dos interlocutores esperaban patidifusos una explicación.

 

-Ervigio sufrió un desgraciado accidente -comencé a hablar con la voz en modo funeral- y ahora se encuentra muy mal herido en la bodega de esta casa. Nosotros lo recogimos arriesgando nuestras propias vidas y hemos estado cuidando de él durante todo este tiempo. Fue entonces cuando surgió el amor -un poco de Danielle Steel no vendría mal para la historia- ¡Ervigio y yo nos enamoramos apasionada y ciegamente! Nos prometimos amor eterno y el juró convertirme en vampiro para permanecer unidos por siempre jamás -unos violines de fondo hubiesen quedado cojonudos- Pero ahora se está muriendo y eso nunca podrá ser verdad. Por ello necesitamos tu ayuda.

 

La rubiteñida arqueó las cejas incitándome a exponer mis ideas.

 

-Como sabrás, para que se recupere rápidamente, lo mejor es que beba la sangre de un vampiro lo más viejo posible. Y, bueno, tú pareces bastante vieja -su expresión me aclaró que esa no era la frase adecuada- ¡El trato sería el siguiente! -continué con energía intentando salir del paso- Te dejamos entrar, salvas a Ervigio, me conviertes y nos vamos con Mariposita tan felices y contentos. ¿Qué te parece?

-Una locura -gritó el Jonhy.

-Grrrrrrrrrrrrrrrr -comezó a gruñir Tury, prefiriendo suicidarse en una lucha desigual a perder el amor de su vida para siempre (tan romántico como la dueña).

 

 

Brigitte achicó sus ojillos de urraca mientras sopesaba mi oferta. Parecía temer un ataque sorpresa por nuestra parte, ahora que yo era una reputada psíquica capaz de resistirme a la hípnosis y mi albondiguilla el poderoso Jonhdalf, artificiero ocular que había herido al mismísimo Sir Thomas en plena jeta.

 

¡Aquella noche habíamos ascendido de vulgares pardillos a pardillos con poderes especiales!.

 

Sin embargo éste era un privilegio que el Jonhy estaba dispuesto a desperdiciar. Con una insistencia casi titánica, el muy cenutrio trataba de abortar nuestras negociaciones, arrastrándome hacia la puerta mientras me llamaba de todo menos bonita. Afortunadamente, antes de que consiguiese sacarme del cuarto, Brigitte tamborileó sus uñas sobre el alféizar y respondió.

 

-Hecho. ¡Invítame a pasar!.

-¡ADELANTE! -dije justo antes de que mi albondiguilla me tapase la boca con un sonoro manotazo.

 

La vampiresa, ayudada por ambas manos, saltó al vacío con ligereza para elevarse flotando cual pompa de jabón frente a la ventana. Entonces, una sonrisa de oreja a oreja le iluminó el rostro y de forma insconciente se humedeció los labios. Era como una gata relamiéndose antes zamparse a dos inocentes ratoncillos... el Jonhy y yo...

 

¡Esto me pasaba por fiarme de un Premio Nobel!.¡Cagüen mi profesor de física, Einstein y la madre que los parió!. ¡Desgraciados, hijos de +r/+!."La oportunidad aparece en medio de la dificultad".

¿Oportunidad?, ¿OPORTUNIDAD?, ¡¿OPORTUNIDAD?!, ¡¿DE QUÉ?!... ¡¡¡¡¡DE SERVIRSE LA MUERTE A DOMICILIO!!!!!