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diariodeunavampiresanovata

-Debo reconocer -interrumpió Brigitte mi profundas cavilaciones- que no esperaba que esto fuese tan fácil -al parecer quería deleitarnos, o sea, con sus propias reflexiones, o sea- Después de todo el numerito que acabáis de ofrecer en el WoW imaginé que me resultaría tremendamente difícil entrar en vuestra casa. En mi mente -continuó hablando mientras flotaba lentamente hacia la ventana- ya había dibujado un millón de torturas y amenazas para que simplemente me devolviéseis a Mariposita. Y sin embargo -dijo encogiéndose de hombros- no sólo voy a lograr eso con una asombrosa facilidad sino que además le voy a llevar a Sir Thomas un regalito que me convertirá en su predilecta, su favorita, su "right-hand"... Ja, ja, ja... -parecía que aquello le hacía gracia- ¡Cuántos estúpidos que se han reído de mi van a sufrir las consecuencias!... Ja, ja, ja...

 

El Jonhy y yo nos miramos rápidamente mientras sopesábamos las consecuencias de aquella revelación. Según lo que decía Titina, no había sido tan mala idea haberla dejado pasar, al fin y al cabo nuestro destino final consistía ser una ofrenda para el alcalde y quizás él, siempre que yo jugase bien la baza de mi labia prodigiosa, nos regalaría la inmortalidad.

 

Por lo de pronto teníamos unos minutos más de vida.

 

-Y ni siquiera os quiere con vida -touché, estábamos muertos y bien muertos-... Ja, ja, ja... ¡Qué suerte he tenido!... Ja, ja, ja... ¡Menuda cenita!... Ja, ja, ja... ¡Qué bien nos lo vamos a pasar! -anunció dedicándonos una mirada sanguinaria- Para empezar os voy a cobrar con creces la vergüenza que me habéis hecho pasar en la "party", o sea, y después, os mataré lentamente como venganza por haber secuestrado despiadadamente a mi pobre nenita. Lo primero -¿explicaciones?. ¡Vaya!. Un malvado a la antigua usanza- será sacaros uno ojo a cada uno y dárselos a Mariposita para que jugueteé con ellos, de modo que podáis seguir viendo lo que os hago y ella no se aburra mientras espera. Después -continuó mientras revoloteaba entusiasmada en el exterior de la casa- os voy a arrancar los dedos uno a uno para succionar ese jugo sanguinolento que siempre brota de las extremidades frescas. Uhmmmmm... ¡"Très bon"! .... Luego -palmoteó ilusionada- me centraré en desgarrar vuestros cuellos reventando la...

-¿Yugular? -aventuré aburrida de escuchar.

-No, no, querida. La carótida. Porque la sangre de las arterias está mucho más oxigenada que la de la venas y eso te deja la piel "divine". Así que os abriré el pescuezo en canal para beberme hasta la última gota de vuestra "wasted life".

-¿Y no preferirías atarnos y abandonarnos tumbados en la vía del tren para que una locomotora nos destripe? -vamos, un clásico abocado al fracaso que la vieja escuela no podía resistir- Mucho más limpio e infinitamente más glamouroso.

 

Titina vaciló apenas un instante antes de que sus ojos sonriesen maquiavélicamente.

 

-Eso sólo lo hacen los asesinos de serie B, "darling", pero yo soy de A... A Negativo... Ja, ja, ja.

 

 

"¡Y vuelta la burra al trigo!. ¡Qué pereza con eso de que soy A Negativo!, ¡que mi sangre es súper sabrosa!, ¡que de esta noche no paso! Blablabla... ¡Por Dios! Cuánta diarrea verbal, cuantas ansias de protagonismo. ¡Qué soy la víctima no el sicólogo!. ¡Cierra la boca y mátame ya, plomazo!".

 

MacGyver me miró patidififuso.

 

-¿Qué has dicho?

 

¿Qué había dicho?... ¿Había dicho algo?... ¿No lo había pensado?... ¿Lo había dicho?... ¡OSTRAS!

 

Titina me miraba fijamente, con el cuello más tirante que el tanga de Nacho Vidal y la cara teñida de un rojo inusual para un muerto. Sus fríos ojos felinos echaban chispas y la respiración se le había desbocado en un estruendoso resuello.

Se veía ligeramente descompuesta. Vamos, que si tuviese que apostar yo diría que no echaba espumarajos por la boca porque sus labios estaban más prietos que el culo de una hucha de cerdito.

 

¡Oh, oh!.

 

-¡OS VOY A MATAR! -gritó al fin fuera de si- ¡OS VOY A MATAR!

 

La vampiresa se elevó unos centímetros en el sitio, como si quisiese coger impulso, y acto seguido se abalanzó contrá el hueco abierto de la ventana.

 

-¡OS VOY A...!

 

¡CLOOooooOOOOOooooooNNNNNGGGG! Vibró el aire cuando la peliteñida se la pegó contra una barrera invisible que le impedía el acceso. ¡CLONG! Volvió a vibrar cuando, levemente aturdida, reintentó su teatral entrada.

 

-No puedo pasar -dedujo al tercer "clong"- No puedo pasar...

 

Entonces mi MacGyver comenzó a llorar. Lloraba con un llanto histérico, tembloroso, pero desconsolado. Como una Magdalena, vaya. Resoplaba, sorbía las lágrimas y tenía hipo y todo.

 

-La casa no es tuya... hip... No puedes invitar... snif, snif... ¿Recuerdas con Ervigio?... hip, hip... Tuvo que invitarlo tu abuelaaaaaaaa... Buaaaaaaaaaaaaaaaa... Estamos salvados... Buaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa.

 

Me le quedé mirando flipada, más por verlo hecho un mar de lágrimas, que por lo que acaba de decir, pero tratando de procesarlo todo, al fin y al cabo.

 

Era cierto. Nosotros no teníamos la capacidad de invitar a ningún vampiro a casa de mi abuela, sólo alguien que realmente viviese en ella adquiría ese poder. Así que por mucho que Titina creyese que podía entrar, sólo mi adorable yaya estaba autorizarla a dejarla pasar. ¡Qué alivio!.

 

Lentamente Brigitte levantó la cabeza mostrándonos el rostro más terrorífico que yo hubiese visto jamás y en un susurró imperceptible se dirgió a nosotros.

 

-Esto no va a quedar así. -gruñó furibunda- Volveré, os acecharé y cuando cometáis un error, os mataré.

-Más te vale no atacarnos. -acerté a contestar- Por el bien de Mariposita.

 

Titina se detuvo un par de segundos interminables fulminándonos de un vistazo.

 

-Más os valdría devólvermela ahora mismo... -no amenazó mientras yo negaba con la cabeza- ...porque no se ha conocido humano sobre la faz de la tierra que sufra o haya sufrido lo que sufriréis vosotros de enterarme que le habéis tocado un pelo a mi bebé.

 

Y diciendo esto le lanzó un beso a la perra antes de esfumarse como un cohete entre las nubes borrascosas que cubrían la luna.
Dejaba tras de si un adolescente lloroso, un no-muerto menos vivo que nunca y un pérfido chihuahua del que dependía nuestra frágil existencia... todos a mi cargo.

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