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diariodeunavampiresanovata

¡Menudos 3 pies para un banco! ¡La ilusión de mi vida! Ejercer de mamá a las 6 de la mañana cuando lo que de verdad me apetecía era tirarme sobre la cama y planchar la oreja hasta que quedase como papel de fumar.

 

Les eché una mirada cansada y mientras decidía que hacer con ellos bajé la persiana y cerré la ventana a cal y canto. Lo primero era asegurarse de que Titina no interrumpiría mi plácido sueño.¡Disturbios de chupasangres los mínimos!. Hoy es Fin de Año y si por la noche no quiero parecer un zombie en lugar de una vampiresa, debo dormir como mínimo 8 horas.

 

Por eso mismo, tampoco es que me sobrase mucho el tiempo para arreglar aquel caos post-Brigitte. Debía pensar con agilidad, tomar unas cuantas decisiones de urgencia y poner a cada cual en su sitio antes meterme directamente en el sobre.

 

Empezaría por el albondiguilla, dejándolo a su aire, así solito, para que sorbiese los mocos en paz, ahorrándome el bochorno de verlo llorar como una nena.

Con Ervigio, por otra parte, tampoco había mucho más que hacer. Sin vampiro añejo y sin otro alimento que las lentejas de ayer, lo mejor era que permaneciese en su cómoda morada, contando yugulares de ovejitas, tan a gusto. Al fin y al cabo, un poco de dieta nunca hizo mal a nadie.

Y Mariposita, ese pequeño diablo a cuatro patas del que dependía que mi futuro acabase en Fin de Año o se extendiese por toda la eternidad, se iba directamente al baño de la habitación de mi padre. Ya había tenido suficiente chihuahua por esa noche y no me apetecía escucharlo de fondo en mis tórridos sueños con Sir Thomas (a Ervigio le reservo milenios de amor... y mi virginidad, no creáis).

 

Con un poco de prisa y nada de delicadeza zapateé a la perro-rata dentro de su nueva suite, en la que entró derrapando hasta frenar directamente contra el váter. Desde allí me lanzó una mirada vengativa y cuando regresaba hacia mi "sonriéndome" con todos los piños de fuera, un rápido portazo bastó para aclararle quien era la líder de la manada: YO.

 

El otro peludo en discordia (y no me refiero al Jonhy, que excepto en la cabeza, por no tener no tiene ni pelos en el culo) resultó algo más difícil de controlar. Después de haber metido a su damisela en el retrete, Tury comenzó a dar vueltas desesperado, aullando y arañando el suelo frente a la ranura de la puerta.

 

-¡Joder! Con éste no había contado yo.

 

Y en efecto, no había contado con él. Mis problemas eran el albondiguilla, Ervigio y la chalada de la perra de Titina (o mejor dicho, la perra chalada de Titina, para evitar confusiones). El pequinés de mi abuela había quedado fuera del cálculo... pero allí lo estaba, todo drámatico, impidiéndome disfrutar de un descanso que me había ganado a pulso.

Lo agarré con toda la dulzura que me permitía la falta de sueño y mientras trataba de serenar al nuevo Richard Gere canino sopesé los pros y contras de meterlo a él también en el cuarto de baño.

 

PRO:

Evito que mi yaya se encuentre con su Arturo completamente desgraciado (Mariposita había esquivado sus envites amorosos a base de mordiscos)

CONTRA:

Permito que él siga con sus manías suicidas.

 

PRO:

Una vez dentro del baño, él se calma y deja de gimotear.

CONTRA:

Ella lo mata y también deja de respirar.

 

PRO:

Después de una noche con Tury, Mariposita se da cuenta de que lo ama y cesa de morderle.

CONTRA:

El aprovecha las circunstancias y la coge (en el sentido bíblico de la palabra) por los cuartos traseros. Después los cachorritos de chihuahua extrañamente parecidos a Arturo y la acusación de violación por parte de una vampiresa furibunda, nos abocan a un fatídico final.

 

-¡El pequinés se va contigo! -le espeté a un Jonhy que ya en pie, comenzaba a recuperar su original flema no-británica.

-¿Conmigo?, ¿por qué? -contestó el albondiguilla, cuya fraternal amistad con Tury no había de pasar a los anales de la historia.

-Porque mi piel necesita 8 horas de sueño. ¡Y ES-TA NO-CHE ES FIN DE A-ÑO!

 

Evitando que me respondiese siquiera le planté al pequinés en su regazo y sin contemplaciones, lo empujé fuera del dormitorio.

 

-¡Ve al cuarto de invitados! -le ordené- ¡Y ni se te ocurra dejar a Tury fuera! Si mi abuela lo encuentra en este estado estamos perdidos.

-Pero... -comenzó a protestar MacGyver mientras sus manos se escabullían de un Arturo rabioso.

-¡ANDANDO! ¡Os vais los dos a lloriquear a otra parte! -y con el segundo portazo de la noche di por zanjada la discusión y solucionados todos mis problemas.

 

Después de eso correteé hacia la cama para meterme de un salto en su interior. Sin cambiarme de ropa, sin desmaquillarme, sin rezar siquiera un "Jesusito de mi vida". Directamente a la piltra para dedicarme en cuerpo y alma al alcalde más sexy que había visto en mi vida... Al fin y al cabo eso no era una infidelidad y además no se podía decir que yo saliese oficialmente con Ervigio. De hecho, para ser exactos, más que salir, habíamos entrado juntos en casa de mi abuela.

 

Ahora sí, en cuanto despertase me encargaría personalmente de elaborar un plan para deshacerme de Titina, entregarle a Mariposita y restablecer la maltrecha salud de mi ratilla-voladora, el chupasangres de mis entretelas, el vampiro de mi vida: Ervigio.

 

Y con estos pensamientos y otros no aptos para menores me sumí en un profundo sueño del que no esperaba despertarme hasta pasadas las 2 de la tarde. Sin embargo, a eso de las 9 de hoy un penetrante olor a bacon comenzó a colarse en el dormitorio de mi padre sumergiendo a mi subconsciente en un paraíso de jarras de leche, galletas María, tostadas de mermelada y huevos revueltos.

 

 

Al fin, mi estómago pudo con mis ojos y retomé el rumbo de mi consciencia con el convencimiento de que alguien me estaba preparando el desayuno... y se le estaba pasando el bacon...

Preocupada por esto, me incorporé ligeramente en la cama, con la nariz apenas a unos centímetros sobre las mantas, y observé con consternación que el suelo del cuarto estaba echando humo.

 

-Coño...¡¡¡¡¡FUEGOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!!

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