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diariodeunavampiresanovata



Y en efecto me las merecía porque yo jamás, jamás, jamás le había guardado un secreto a mi fiel ayudante MacGyver. Desde cierto asalto infantil al peral del Sr. Antonio hasta el "discreto" huésped que ahora moraba en el sótano de mi abuela, todo se lo había contado a mi amigo del alma. Sin reservas, con confianza plena, abriéndole de par en par las puertas de mi corazón.

 

En cambio él, ¿cómo me lo pagaba?, ¿cómo correspondía a mi sinceridad?. Pues manteniéndose alejado en su elevada torre de marfil desde la cual, Jonhdalf, el ser superior, mago del nivel 7, se dedicaba a manejar todo el cotarro con una serie de planes que bullían en su cabeza completamente ajenos a mi supervisión, como si yo no pudiese participar en ellos o más bien, fuese a molestar en el proceso.

 

Y es que de un tiempo a esta parte vengo notando que el, hasta no hace mucho, sumiso albondiguilla tiene ciertos problemas para aceptar mi autoridad. No me presta su portátil (como si yo no supiese que tiene porno), me prohibe que hurgue en los cajones (¿desde cuando es agente secreto?) e incluso hay días en los que contesta que no puede quedar (¿tiene otra cosa mejor que hacer?).

 

Mi madre dice que en su familia siempre han sido un poco estirados, pero a mi me da que el Jonhy es un machista de mucho mimo, que no logra aceptar que una chica le de órdenes, controle la situación y le salve el culo en repetidas ocasiones. Esta noche 2 veces, una de forma más literal que otra.

 

En cualquier caso, estuviese el pelo-pincho-lamido en plena crísis de la edad del pavo o iniciando la fase de emancipación de la albóndiga, yo no iba a permitir se escabullese sin contarme como rayos le había explotado un ojo al archimalvado jefe de los vampiros... y además sin pedirme permiso.

 

-Vamos al cuarto de mi padre y me lo cuentas todo -ordené sacando fuerzas de la flaqueza (tampoco hay que exagerar) debilidad.

 

Subimos la escalera arrastrándonos por el agotamiento. Yo agarrada a la barandilla, reconcentrando las escasas energías que me quedaban después de tantos días de emociones fuertes, y MacGyver delante, con un cansino paso de elefante, bamboleando sus posaderas a escasos centímetros de mi cara.

 

-¡Al fin! -exclamé al entrar en la antigua habitación de papá- ¡Una cama!

 

Y dejándome caer sobre ella inquirí:

 

-¿Y bien? ¿Cómo lo hiciste, Jonhy?.

-¿El qué? -respondió lanzándose también sobre el espacio libre que quedaba en el colchón.

-Lo del ojo, capullo. ¿Qué iba a ser si no?. ¿Cómo le explotaste el ojo a Sir Thomas?

-Bueno, la verdad es que se me ocurrió de repente. Hubiera estado mejor rociarlo con uno de esos sprays de plata líquida que salen en True Blood, pero aunque existiese algún majara que los fabricase no me fío que de que resulten útiles para otro bicho que no sea un hombre-lobo -mi albondiguilla se explicaba con cansancio mientras mantenía la mirada fija en el techo- Otra cosa ya sería que estuviesen compuestos de ajo o de agua bendita, así seguro que le reviento la jeta, pero con tantas prisas por salvar a tu Ervigio me falto tiempo para preparar uno. ¡El agua bendita está difícil de conseguir!.

-Por las nubes. No me digas más -intervine con cierta fatiga camino de apatía- Haber ido a una iglesia, hombre. Ahí seguro que la encuentras.

-Pues no creas. Ya no la dejan a disposición del público y cuando le pides una botella al párraco te mira con cara rara...

 

Lo observé incrédula

 

- Sí, sí. En serio. ¡Totalmente imposible!, ¡IM-PO-SI-BLE!... El caso -continuó al verme convencida- es que yo ya estaba hecho a la idea de no tener un arma que me permitiese un ataque a sorpresa cuando me di cuenta de que en realidad sí poseía una y ni siquiera me había dado cuenta.

-¿De veras? -pregunté intrigada- ¿Cuál?

-Adivina... Aparte de las estacas, ¿qué otra cosa es infalible para matar vampiros?.

-Pues el Sol, pero... -dije sin acertar a comprender.

-Más bien los rayos UV. Y eso es algo que sí puedo llevar conmigo. -se detuvo para rebuscar en los vaqueros- ¡Mira!.

 

Un objeto pequeño y metalizado sobrevoló la cama hasta caer cerca de mi mano. Era un llavero de cuyo extremo colgaba una minúscula linterna que al ser encendida irradiaba un potente haz de luz azulada.

 

-Mi padre la compró para detectar los billetes falsos y me acordé de ella ayer mismo, justo antes de venir a buscarte - explicó al tiempo que yo jugueteaba con la linterna- Después la metí el bolsillo y hasta que fracasé intentando clavarle la estaca al alcalde, no le vi utilidad. Desde luego con esto no se puede matar a un vampiro, así que supongo que mi cerebro lo olvidó mientras todavía tenía la esperanza de atravesarle el corazón a aquel chupasangres.

-Órgano que está a tomar por culo del hombro -apunté con una pizca de sorna.

-Sí, pero al menos yo iba cargado de madera hasta las cejas... -contestó girando su cabeza hacia donde yo estaba-... y además fue el menda quien apuntó al ojo de Sir Thomas con discrección, se lo hizo explotar y soltó todo ese rollo de mago del nivel 7, blablabla, que al final nos sacó de allí.

-Lugar del que yo ya habría salido hacía un buen rato si no hubieses caído hipnotizado tan fácilmente por Titina en aquel sofá.

-¡No tengo la culpa de ser normal!. Tú juegas con la ventaja de que tienes la cabeza llena de serrín y no hay forma de que te concentres.

-Pues no tendrás culpa de ser normal, pero mi serrín me hubiese sacado perfectamente de allí si no hubiese sido por tu cerebro superdotado, al que sientan comodamente, le dicen que no se mueva y obedece como un perrillo.

-Yo jamás hubiese acabado en ese local si la señorita no tuviese secuestrado en el sótano de su abuela a un vampiro famélico.

-Pues yo...

 

Me había dejado sin respuesta, afortunadamente me libré de contestar. Más rápido que el albondiguilla presa de un retortijón en el bajo vientre, Mariposita pasó como una exhalación derechita a la ventana del cuarto de mi padre y allí, seguida por un atónito Arturo, comenzó a lloriquear lastimeramente mientras arañaba la pared.

 

-¿Qué le pasará a la perra? -dijo MacGyver saltando de la cama para husmear entre la persiana enrejillada.

 

Lo que vio lo dejó paralizado. Su cara se quedó congelada un centésima de segundo y antes siquiera de que la sangre regresase a su rostro blanco como la cal se giró hacia mi asustado y susurró:

 

-Cállala, ¡cállala!. Es Brigitte. ¡Nos ha encontrado!.

 

Rápidamente me abalancé sobre el maldito chihuahua chillón y le tapé el hocico.

 

En efecto, abajo en el porche, una rubia vestida de Carolina Herrera se paseaba de un lado para otro, presa del histerismo, llamando una y otra vez a Mariposita.

 

-¡Vaya, mierda! -exclamé de forma involuntaria- Podía haber venido el alcalde, que además de ser hombre está infinitamente más bueno.

 

Entonces, un suspiro romántico se me coló entre los labios mientras mi cerebro comenzaba a canturrear "Make me wanna die" de Pretty Reckless.

 



El camino de vuelta a casa de mi abuela se me hizo mucho más corto que para el viaje de ida. Si bien era verdad que ahora mi culo se podía explayar con total comodidad por la tapicería del copiloto y eso hacía el trayecto más llevadero, MacGyver tenía (dato totalmente objetivo) el pie derecho anclado temerariamente en el acelerador.

 

Sin embargo, quisquillosos Siervos de la Noche, no me llaméis cagona, ni miédica, que estoy lejos de parecerme a la abuela de Jordi Gené de paseo con su nieto. Al contrario, soy de lo más valiente, pero no descerebrada. Porque por las leyes de la física (y no es que yo sepa de nada de eso) cualquier persona intuye que cuatro ruedas, bajo cuatro latas, unidas por cuatro tornillos con sus correspondientes cuatro tuercas no deben ir a más de 40Km/hora. Mucho menos a 80... ¡Vamos! que 20Km más por hora y o salimos volando o nos volatilizamos por el camino.

 

 

En cualquier caso, montados ya sobre aquella carraca y con mi pelo-pincho-lamido tan “suelto de vientre” que Dios librara a la oveja de Carlos Sainz de encontrarse con nosotros, nos plantamos en casa de mi yaya en menos que canta un gallo.

 

Aparcamos a lo lejos, con el Jonhy en modo "Indiana Jones y los condenados chupasangres", y estuvimos en silencio durante un par de minutos, escudriñando la calle como si hubiésemos perdido mi súper i-pod nano en ella.

 

No había rastro de vampiros por ningún lado. La calle se veía de lo más desierta y segura a pesar de que el paranoide cerebro del albondiguilla insistía en que Charly habría cantado como un ruiseñor y que a esas horas una ejército de no-muertos voladores ya estarían apostados en cualquier escondrijo cerca de nuestras posibles casas-refugio. De hecho, el mayor peligro que se observaba a 1Km a la redonda era la maléfica cabecita de Mariposita y sus agudos dientecillos que continuaban marcando mi antebrazo con una tenacidad sobreperruna.

 

-No hay vampiros -le susurré al Jonhy- Y voy a acabar como un colador.

 

Mi pelo-pincho-lamido me miró con serveridad.

 

-Ssssssshhhhhhhh...

-Pues si vamos a seguir aquí, la aguantas tú un ratito -sugerí alzando al chihuahua en su dirección.

-No haberla traído -susurró malhumorado.

-Siempre es mejor tener un rehén que huír con las manos vacías. ¿Acaso no lo ves en las películas?-y deseando recuperar mi posición de líder con un razonamiento elaborado añadí- Además cuanto más tardemos en entrar, mayor es la posibilidad de que finalmente los vampiros nos pillen fuera de casa.

 

Los ojos del albondiguilla parecieron valorar esta último apunte y después de un segundo de duda, giró su cabeza al frente y arrancó el kk-móvil.

 

Avanzamos hasta la verja principal a una velocidad en la que sólo unos ojos expertos distinguirían movimiento. Obsesionado como estaba por una emboscada murcielaguil, el Jonhy continuaba vigilando cada pequeña sombra escondida tras todo camelio, seto o rosal de los jardines del barrio.

 

Finalmente pareció relajarse y dijo:

 

-De estar aquí ya nos habrían atacado. Hay que entrar en casa cuanto antes, no creo que tarden en llegar.

 

Saltamos del coche y nos plantamos frente a la vieja puerta de madera con una rapidez que habíamos ido adquiriendo de un tiempo a esta parte (¡Abajo el spinning, arriba el vampiring! No hay nada como tener motivación)

 

Antes de abrir, MacGyver apoyó su cabeza sobre los tablones y se dedicó a analizar los pequeños ruidos de los que se compone el silencio.

 

-Quizás hayan hipnotizado a tu abuela y ya estén dentro... -se justificó.

-Me temo que eso del hipnotismo sólo funciona con mentes débiles como la tuya -aproveché para jactarme de mi inmunidad frente a tales trucos baratos- Además ella duerme como una marmota y está más sorda que una tapia... Sólo despertarla sería todo un milagro.

-Sin embargo... -añadió él haciendo referencia a un "ris-ras" constante claramente perceptible desde el exterior.

-Es Tury arañando la puerta. Nos debe de haber oído llegar.

 

La cara del Jonhy se crispó ante el recuerdo de su fiel enemigo Arturo, el pequinés de mi abuela que tanto cariño le profesaba. Sin embargo, la consternación ya había sido dominada en sus ojos cuando con un gesto le pedí el llavero que me había estado guardando en vista del poco espacio libre entre mi fibrosa silueta y los ceñidos pantalones de vinilo.

 

Apoyando a Mariposita en el suelo, dejé que se entretuviese con una de la perneras de los vaqueros grises de MacGyver (por antigüedad la otra le pertenecía a Tury) y me ayudé de ambas manos para girar la llave y empujar la puerta con facilidad.

 

Tan pronto la abertura fue suficiente para que un pequinés cabreado pasase por ella, Arturo salió cagando leches dispuesto a hacer valer sus derechos sobre el apetecible, tierno e hiperglúcido albondiguilla. Sin embargo, no llegó siquiera a hincarle el diente. Ya se encontraba babeante sobre el tobillo de un resignado pelo-pincho-lamido cuando sus ojos se toparon con los de Mariposita en la pierna de enfrente... Entonces se produjo el flechazo...

 

Yo no se que clase de música celestial escuchan los perros recién enamorados. No se si se imaginan corretear por playas paradiásiacas, si ven flotar codillos gigantescos entorno a su amado o si ambos levitan entre chorizos y morcillas descomunales. El caso es que aquellos cánidos se habían abandonado a los deseos de Cupido.

 

El Jonhy y yo observamos fascinados como los dos se olían su respectivos traseros, daban vueltas uno entorno al otro y, después de varias lánguidas miradas, Tury guíaba a Mariposita al interior de su hogar.

 

-Parece que se han olvidado de mi -apuntó un aliviado albondiguilla.

-Síp. Me da que la suerte va a cambiar para nosotros.

-Entonces, ¿crees que los vampiros no nos encontrarán? -preguntó esperanzado mientras comenzaba a cruzar el umbral.

-No. Seguro que lo harán, pero estaremos preparados.

 

MacGyver hizo una mueca de desacuerdo y miró al suelo mientras esperaba a que yo pasase para cerrar la puerta.

 

-Además... -añadí sarcástica-... Ahora que eres Jonhdalf, mago del nivel 7, y que tienes ese Dedo de la Muerte, estamos a salvo, ¿verdad?...

 

Él se sonrió.

 

-Creo que merezco unas cuantas explicaciones, Jonhy.

-¿Desde cuándo eres tú mago... argf, arfg ...de nivel 7?... Argf, argf.-me venció la curiosidad mientras resollaba a trote cochinero.

 

Mi albondiguilla no se dignó a mirarme como si el hacerlo le hubiese restado aerodinamismo a su veloz cuerpo toneliforme.

 

-Hace 2 semanas... -jadeó falto de oxígeno-... en la última partida de Dungeons & Dragons.

-¿Jugando al rol?... ¿Y el Dedo de la Muerte?.

-Mentira -me espetó sin dejar de aporrear el suelo con sus patas de elefante.

-¿Entonces?. Ahí dentro...

-Ya te contaré... Ahora corre.

 

A pesar de lo fría y desapacible que estaba la noche, los dos sudábamos a mares cuando conseguimos pasar frente al Route 77. Desde la puerta, el gorila amistoso, que ya nos había salvado el culo aquella noche, hizo un leve gesto de cabeza al vernos pasar y siguió saludando a la gente que llegaba al local.

 

-¿Y si regresamos ahí? -le sugerí al Jonhy mientras trataba de mantener mis muñecas lejos de los diminutos dientecillos de Mariposita- El portero es buena gente y seguro que nos defiende.

-Puede ser, pero esos vampiros nos rastraerían fácilmente en el 77 y entonces nada lograría mantenerlos fuera. Estaríamos perdidos -me explicó MacGyver entre resoplidos- Para ponernos a salvo necesitamos una casa.

-¿La de mi abuela? -aventuré preocupada por tener que justificarles a mis padres un retorno tan precipitado.

-Lo primero es llegar al coche. Tus entrañables chupasangres no van a tardar en venir tras nosotros.

 

En efecto. Estábamos doblando la primera esquina que nos llevaba al MicroMachine de la madre del Jonhy cuando una voz de ultratumba retumbó en las paredes de piedra de la catedral.

 

-¡¡¡¡¡DEJÁDME EN PAZ, ESTÚPIDOSSSSS!!!!!, ¡¡¡¡¡ID TRAS ELLOOOOOOSSSSSSS!!!!!

 

El alegré bullicio de la gente esperando para entrar en las discotecas se detuvo momentáneamente, congelado por la atronadora voz de Sir Thomas. Un segundo más tarde la calle ya había recuperado su alegría navideña, como si ningún vampiro enajenado hubiese gritado jamás.

 

Así que el alcalde buenorro seguía en circulación. Así que todo ese cuento de la explosión ocular no lo había detenido. Así que todavía estábamos metidos en un buen lío. ¿Es que esta noche no iba a terminar jamás?

 

La adrenalina me mantenía en tensión con cada bombeo del corazón, pero yo notaba que, a pesar de esto, el cansancio pugnaba por dominarme. Miré de reojo al Jonhy y observé que le temblaban las manos mientras buscaba a la carrera las llaves del coche. Él también estaba al límite de sus fuerzas.

 

-¡Ahí está! -anunció feliz mientras un bip-bip desarmaba la ridícula alarma-... Ca-güen-to’... -añadió tras un instante de consternación- La furgonalla del Charly.

 

Habíamos olvidado ese pequeño detalle. La Trade de las Ratas de Medianoche estaba en doble fila bloqueando la salida del kk-móvil. Mi ex la había aparcado así unas horas antes, cuando estaba firmemente decidido a volarnos la cabeza sin mediar más palabras que un inoportuno "maricón de mierda". Su plan se había desbaratado gracias a la providencial ayuda del portero del Route77, sin embargo ahora todo parecía indicar que la jugada le iba a salir mejor de lo que había calculado: una manada de vampiros descontrolados estaba dispuesta a darnos caza y fuese lo que fuese que mi ex tuviese preparado para nosotros se me antojaba una dulce cachetada de bebé.

 

"Quien me diera que Charly nos estuviese persiguiendo ahora", concluí al hilo de mi reflexión.

 

Pero hay que tener cuidado con lo que se desea...

 

-¡OS TENGO! -gritó una voz familiar desde el interior de la furgoneta.

 

La cabeza de mi ex surgió de improviso en el asiento de piloto de la Trade. Tenía la cara llena de restos sanguinolentos, costras y magulladuras color rojizo que seguramente habrían de variar de color en los próximos días.

 

-¿Quién os defenderá ahora, maric...? -se frenó para lanzar una mirada asustada a la calle mientras su ojo derecho luchaba contra un párpado transformado en medusa gigante.

 

La puerta de la furgoneta hizo el "clacks" habitual y Charly desapareció de la cabina para sumergirse en la oscuridad de la noche.

 

-Al coche -resolvió Jonhdalf, el mago de nivel 7, cuyo atributo de Fuerza estaba bajo 0.

 

Valoré durante un segundo si ésa sería la mejor opción, y si acaso el kk-móvil no acabaría por convertirse en nuestro improvisado ataúd. La cantinela de unos tacones al final de la calle me decidieron en favor de mi albondiguilla.

 

Titina avanzaba hacia nosotros con el rostro descompuesto por la preocupación y la ira, pidiéndonos desesperada que liberásemos a su Mariposita y haciendo evidentes esfuerzos por controlar su velocidad que rozaba el máximo que se le presupone a una mortal, a su edad aparente y encaramada sobre tremendos tacones de aguja.

 

No cabía duda de que a pie, o nos abatía Charly o más probablemente Brigitte, pero lejos seguro que no llegaríamos.

 

-¡Al coche! - acordé ocupando el asiento del copiloto con decisión.

 

Entonces mi pelo-pincho-lamido giró la llave, aceleró a tope y, mientras las ruedas se volvían hacia la acera, el micro-machine ronroneo cual gatito recién nacido.

 

Por dos veces nuestras cabezas golpearon el techo al tiempo que el kk-móvil salvaba el bordillo y comenzaba una huída a través de maceteros con flores y baldosines quebrados que el ayuntamiento no se dignaba a reparar. Detrás abandonábamos a un atónito Charly bañado en sangre reseca y una vampiresa furibunda guiando a 50 ó 60 chupasangres hambrientos. Deseé que todos fuesen capaces de dominar sus bajos instintos en público... por el bien de mi ex.

 

Lamentablemente, éste ya se encontraba pataleando alzado 10 cm del suelo cuando nosotros retomamos la calzada con otro súbito volantazo y salimos disparados dejando por único rastro un agudo crujir de neumáticos derrapando... Síp, el Aixam derrapa.

 

Un gruñido gutural salido del gaznate del regidor retumbó en la paredes y nuestro pulcró chupasangres inició entonces un estético “triple-mortal-carpado-hacia-adelante” (podía haberse arrojado vulgarmente sobre nosotros, pero hubiese resultado demasiado working-class).

 

“Corre”, pensé tratando de arrastrar mis pies lejos aquella pesadilla. Sin embargo los músculos petrificados de mi cuerpo sólo me permitían observar a cámara lenta la trayectoría parábolica del alcalde.

 

Tras él, las vampiresas porteadoras y el grueso de no-muertos de la jet estaban definitivamente descompuestos. Tenían sus chepas arqueadas cual marujas frente a un cajón de ropa al 80% y jadeaban esperando la primera gota de sangre vertida por Sir Thomas para así poder abalazarse sobre su tajada correspondiente.

 

-Noooooooooo, noooooooooo -escuché el angustioso alarido de Brigitte- ¡¡¡¡¡Cuidado con MARIPOSITAAAAAAAAAAAAA!!!!!

 

Entonces, surgida de la nada y también en modo bala de Matrix, una flecha rubia se elevó sobre las cabezas bañadas en gomina y los sombreros-seta, empujó a las auxiliares del aseo, lanzó por el aire la bandeja con el agua y el jabón, y se engachó firmemente a los pantalones del alcalde hasta placarlo en pleno vuelo.

 

-¡¡¡MARIPOSITAAAAAAAAAAAAA!!! -seguía aullando mientras los dos chocaban estrepitósamente contra el suelo resquebrajando los cimientos del local- ¡LIBERAD A MARIPOSITAAAAAAAAAAAAA!- nos rogaba al tiempo que las jarras para el baño dejaban a Sir Thomas empapado como un pollito- No le hagáis daño... -musitó después de que el regidor la fulminase con la mirada- Perdón -articuló sin emitir sonido, sacudiendo las perneras de su jefe con sumisión.

 

Para su desgracia, éste se hallaba completamente ofuscado por la ira y la sed. Con total seguridad Titina habría de pagar las consecuencias de aquel levantimiento subversivo, sin embargo eso no tenía trazas de ocurrir inmediatamente. En cambio, el otro asuntillo pendiente, áquel en el que intervenían la canilla ensangrentada del albondiguilla y mi recién aireado ciclo menstrual, era una prioridad. ¡Maldita sea!, el rubiales no-muerto, seguí sin quitarnos ojo.

 

-Vete saliendo de aquí -me susurró inopinadamente el albondiguilla mientras su propio retroceso me empujaba hacia la puerta- muy, muuuuuuyyyy despacio.

 

Le eché un vistazo al Jonhy y observé que estaba empuñando una de las estacas que se había traído en la sahariana. Sin embargo, no la blandía con temor o duda, más bien su rostro era reflejo de determinación y firmeza. El ceño estaba fruncido a causa de la concentración y el sudor le chorreaba por la sienes, pero sus transparentes ojos azules seguía clavados en los de Sir Thomas con una brizna de desafío.

 

-¿Quién te crees, humano insignificante? -increpó éste mientras se incorporaba apartando a Brigitte con una patada- No pienses ni por un momento que vais a salir de aquí con vida. Se trata ya de un asunto personal y esa clase de asuntos no me gusta dejarlos coleando.

-Pues es una pena -respondió MacGyver sin dejar de recular- Porque esta fiesta es un auténtico bodrio, un muermo, un peñazo. Un absoluto cero, ¿sabes, tío? Necesitas un héroe que la mantenga con vida, pero nosotros... -y mirándome, súbitamente gritó- ¡NOS PIRAMOS!

 

 

 

Mis piernas no necesitaron una segunda orden. Agarré al chihuahua con fuerza y puse pies en polvorosa. A lo lejos el débil gemido de Titina me suplicaba que le devolviese su perrita, pero más vale llevarse a un chihuahua de rehén que salir de una fies-vampiro a cuerpo gentil. Así que le di la espalda a la situación y empujé la 1º de las dos puertas que debíamos franquear.

Lamentablemente los documentales del National Geography lo vienen dejando claro durante años. Para un humano en plena huída, la velocidad de sus patas nunca resulta suficiente frente a la gracia natural de los chupasangres al caer sobre su presa... Bueno, ya se que nunca se ha hecho un reportaje sobre esto, pero a nosotros nos hubiese venido de perlas.

 

-GrooooOOOOOOOAAAAAAARrrrrrrGGGgggg -se encolerizó Sir Thomas apenas hube abatido la puerta – ¡¡¡¡¡GROOOOOOAAAAAAARRRRRRGGGG!!!!!

 

Involuntariamente eché la vista atrás para calcular las posibilidades que teníamos de huir y comprendí que el Jonhy había decidido quedarse a proteger la retirada (¡qué majoooooooooooo!). Todavía le sostenía con descaro la mirada a aquel vampiro, pero ahora apretaba con más fuerza la estaca y había tensado todos los músculos de su cuerpo.

 

-¡GROOOOOOARRRRRGGGGGGG! -repetió el alcalde abalanzándose al fin sobre las gelatinosas carnes de mi MacGyver- ¡GROOOOOAAAAAARRRRRRGGGGG!

 

Entonces, el albondiguilla resopló, se agachó rápidamente y con movimiento más bien torpe le clavó la estaca en el corazón, justo cuando Sir Thomas caía sobre su yugular.

 

-¡Me ha dado!, ¡me ha dado!... Mueeeeeerroooooooo...

 

Sin embargo por más que el alcalde lo repetía en plan melodramático, el muy capullo no acababa de convertirse en cenizas como en Buffy, ni explotaba en vísceras como los chupasangres de TrueBlood y ni se petrificaba como los de Crepúsculo. ¡Maldita sea!, ¿es que ni se iba retirar como en las partidas de rol?

 

Mesándose los cabellos y palpándose el pecho repetidamente, Sir Thomas llegó a una sorprendente conclusión.

 

-Estoy vivo... -eso era discutible- ¡Estoy vivo! ¡No me has tocado el corazón! -ya decía yo que eso era más bien el hombro- Jajajajaja. ¡Estoy vivo!. Jajajaja. ¡Te voy a... a ...aaaaaaaaarrrrrrrrrggggg!

 

Un nuevo alarido del alcalde me dejó la sangre cual granizado de fresa. Sin que nadie lo hubiese rozado siquiera había empezado a agarrarse la cara y de su ojo derecho comenzaba a brotar sangre a borbotones. ¡Quizás explotase después de todo!

 

-¿Habéis visto lo que le he hecho? -tomó la palabra mi albondiguilla empujándome de nuevo hacia la salida- ¿HABÉIS VISTO LO QUE LE HE HECHO? -gritaba mientras proseguíamos con la huída- YO SOY JONHDALF. Hechicero Blanco de nivel 7 -¡coño! Menuda novedad- He estudiado durante décadas las runas que los ancianos druidas nos han legado y gracias a ellas poseo el Dedo de la Muerte -explicó a los asombrados vampiros amenazándolos con su índice- Con él puedo inflingiros tales daños que os revolcaréis sobre la tierra agonizantes de dolor, suplicándome clemencia -¡qué pasada! Yo quiero uno- Así... -puso el tono de concluir- ...que será mejor que no nos sigáis.

 

Y dando un portazo pasamos disparados como rayos frente al chupasangres enano que ejercía de portero.

 

-Vamos a pasear a la perra -le expliqué al no-muerto que nos miraba atónito.

-Es que tiene un apretón -añadió el Jonhy.

 

Cuando el murciélago canijo pudo procesar toda la información. Mi MacGyver y yo ya íbamos corriendo a cielo descubierto por la mitad de la calle.

Mi fiel albondiguilla chilló como una nena, la perra de Titina hincó con más fuerza sus diminutos colmillitos y unos insignificantes hilillos rojos comenzaron a deslizarse por la comisuras del chihuahua.

 

-Sangre... sangre... sangre... -voces jadeantes comenzaron a aflorar a nuestro alrededor sumiéndose en un trance colectivo.

 

¡SANGRE!, ¡JO-DERRRRRRRRR!,¡SÍ!, ¡SANGRE!. De aquel rasguño casi infantil estaba brotando la sangre suficiente para enloquecer a una jauría de vampiros que ya de por si no iban sobrados de cordura.

 

Rápidamente le eché un vistazo a Sir Thomas, el único capaz de contener a las masas con un sólo movimiento de mano, y descubrí que el regidor ya no era en absoluto un paradigma de autocontrol.

 

Había arqueado su espalda en modo de ataque y el rostro estaba completamente descompuesto. Unas siniestras ojeras (muy en plan Vampire Diaries) se descolgaban hasta las mejillas, sus fosas nasales se habían hinchado como pelotas de playa, los ojos estaban inyectados en sangre y la sonrisa, a pesar de la amplitud, era de todo menos cordial.

 

-¡Quítame a este maldito bicho de encima! -bramó mi pelo-pincho favorito despertándose finalmente- ¡No se suelta la muy perraaaaaa!

 

Me volví un segundo para cerciorarme de que efectivamente Gay Halsing estaba otra vez en circulación y me concedí medio microsegundo para festejar que al menos hubiésemos sacado ese pequeño beneficio de la situación en la que nos encontrábamos.

 

-Levanta -le urgí mientras trataba de agarrar a Mariposita en uno de los viajes que la pierna del Jonhy le estaba endosando- Levanta que en buena nos has metido.

 

Mi MacGyver abrió los ojos sorprendido e incorporándose levemente, sin dejar de zarandear al chihuahua, analizó la situación desde su cómodo reposo.

 

Vampiros a la derecha, vampiros a la izquierda y vampiros al frente también. ¡Ah! Y el chupasangres más viejo del local completamente enajenado con la sangre no apta para diabéticos de mi albondiguilla.

 

-¡Co-ño! -al fin logró exclamar éste- ¿Qué pasa aquí?.

-Pues, nada, chico... Ya ves... Logré encontrar la fies-vampiro.

-Vaya... ¿Y qué les has hecho?.

 

¿Y qué le he hecho?, ¿Y QUÉ LE HE HECHO?. Hasta el criminal más desalmado tiene derecho a un juicio y a mi se me negaba la presunción de inocencia. ¡A MI!, que soy la tercera mejor persona que conozco, después del Papa y del Dalai Lama.

 

-Nada... ESTÚPIDO -eso fue lo más suave que se me ocurrió- Ponte en pie y salgamos de aquí cagando leches.

 

Evidentemente la ira había lanzado una serie de pensamientos menos amistosos a través de mi cabeza, pero las circunstancias aconsejaban aplazar el mamón-subnormal-gilipollas para cuando nuestro culo estuviese bien a salvo. Y ya se que soy una persona extremadamente intuitiva, pero no hacía falta tener mi clarividencia para percatarse de que aquella discoteca no era precisamente el mejor lugar para solucionar nuestras desavenencias.

 

De forma muy lenta, casi imperceptible, los chupasangres famélicos se habían ido acercando hacia nosotros como zombis atraídos por la suculenta canilla del Jonhy y en aquel momento se encontraban tan cerca que hubiese sido fácil echarme rímel reflejándome simplemente en sus relucientes colmillos.

 

Afortunadamente, ninguno había hecho ademán de atacar, probablemente por respeto a Sir Thomas y sus ordenanzas municipales de higiene y salud pública. Y también porque tenía pinta de poder volarles la cabeza através una de sus miradas fulminantes.

En fin, que esto tampoco era muy tranquilizador, porque el regidor, por su parte, no se había quedado atrás y ahora se hallaba a un tiro de piedra, con su terrorífica cara de jefe vampiro, dispuesto a zamparnos de un sólo bocado sin importarle siquiera que estuviésemos suficientemente limpitos para su gusto.

 

-Llevo 1 semana sin catar ni agua ni jabón -comencé a decir mientras mi albondiguilla se levantaba con Mariposita todavía apresando su pantalón- Y no he parado de hacer deporte para poder enfundarme el traje de Fin de Año.

 

¿Deporte, yo? Lo se, pero en los ojos del alcalde brillaba una pizca de juicio.

 

-Sí. He sudado como una cerda y no me he hecho ni un mísero checo-checo -añadí poniendo cara de asco- Y mi amigo es un puerco de cuidado. La verdad es que los dos olemos un poco a tigre.

 

Sir Thomas reflexionó brevemente como si barajase la posibilidad de darnos un repasito por encima (para sacar la costra más dura, vamos) y luego entrar al tajo con más ansias. Entonces alzó su mano salvadora y apuntando hacia las portadoras de los utensilios de aseo, las atrajo con un sutil movimiento de dedo índice.

 

¡YO había conseguido una prórroga! ¡Todavía podíamos ganar el partido! ¡Mi brillante mente nos había asegurado un aplazamiento de pena!

 

Por desgracia, el maldito chihuahua continuaba dentelleando cada vez con más acierto el delicado sebo de mi albondiguilla y su deliciosa sangre sabor a donuts jugaba en nuestra contra. ¡Había que detener a aquella perversa criatura antes de que fuese demasiado tarde!

 

Con un ágil movimiento me agaché a los pies del Jonhy para tratar de coger a la perra, que seguía volando enganchada a su pierna, y justamente en el momento en que la alcanzaba en el aire haciendo un estiramiento extremo escuché “crackssssssss” y el mega-ajustado-pantalón de vinilo se rajó por el culo.

 

 

-¡¡¡¡¡A-NEGATIVOOOOOOO!!!!! -rugió Sir Thomas.

¿Se puede odiar a un chihuahua?.

 

¿Se pueden odiar esos tiernos ojicos saltones clavados sobre nosotros sin pestañear?, ¿se puede odiar ese diminuto hociquito, con su desquiciada sonrisa bañada en espuma?, ¿se puede odiar esa chirriante vocecilla que se eleva en un constante gruñido rabioso?.

 

¿Es posible desarrollar tal sentimiento de rencor hacia un ser inferior, indefenso y extremadamente adorable como aquella... MALDITA CABRONA, DEGRACIADA, HIJA DE PERRAAAAAA!!!!

 

Desde las alturas a las que la había elevado Miss-Carolina-Herrera a través de su bolso porta-chihuahuas, Mariposita comenzó a delatarnos, voz en grito, como un traidor Judas cualquiera.

 

¡Guau! (tímidamente al principo)... ¡guau!... ¡guau, guau! (gustándose cada vez más)... ¡guau, guau!... ¡guau, guau!... (y como una auténtica loca poseída al final)... ¡Guau, guau, guau, guau, guAU, GUAU, GUAU, GUAU, GUAU, GUAU, GUAU!

 

Fue entonces cuando los vampiros despertaron de la estupefacción en la que los había sumido aquel triste sofá vacío y giraron lentamente sus cabezas hacia la pequeña y malévola criatura que había emergido del sobaco de Titina.

 

-Sir Thomas, ya se que no se pueden traer animales -se excusó ésta aturullándose con las palabras- Pero es la única compañía que poseo desde que me abandonó mi criado... Y pertenece a la familia... Y además tiene derecho a estar aquí...

 

Sin embargo el chupasangres buenorro parecía ignorar completamente a Brigitte, concentrado como estaba en mirar fijamente al pequeño chihuahua, tal que si el asombro lo hubiese petrificado, aplacando momentáneamente la ira que luchaba por desbordar su intensos ojos azules.

 

-Es inofensivo -se defendía la rubi-teñida de forma atropellada- No va a ensuciar nada... Yo no la voy a dejar salir del bolso... Por favor, continuemos normalidad.

 

Lamentablemente para nosotros, aquella pequeña alimaña tronada estaba dispuesta a dejar bien claro que la fies-vampiro no era en absoluto normal y saltando el metro y medio que la separaba del suelo, aterrizó a los pies de Sir Thomas para salir derrapando en pos de una de las canillas de mi apetecible albondiguilla.

 

-¡Ahí están! -gritó el no-muerto más espabilado de la celebración (porque seamos sinceros, tampoco es que estuviésemos muy escondidos).

-¡Ahí están, ahí están! -gritaron los demás como si se hallasen en un concierto de Ana Belén y Victor Manuel.

-¡Ahí están! -bramó Titina aliviada- Ahí están y los ha descubierto mi Mariposita.

 

 

Efectivamente, como aquella pila de sagaces chupasangres había descubierto, allí estábamos. A escasos dos metros de la puerta. Yo inclinada sobre MacGyver, arrastrándolo por los hombros de la sahariana y él tumbado, cuan largo y ancho era, dormido como un tronco, ajeno a toda la expectación que estábamos causando... ¡Que ni la Hilton ésa, oiga!

 

-Así que vosotros dos sois los humanos -tomó la palabra Sir Thomas mientras hacía una seña para detener a aquellos no-muertos que ya habían tomado la posición de ataque- ¡Bienvenidos a mi fiesta! -añadió mientras hacía una elegante reverencia- Espero que estéis disfrutando mucho -continuó taladrándome con la mirada- Y que nos acampañéis hasta el final.

-Sí, todo ha estado cojonudo -le respondí preocupada por mi pelo-pincho-lamido, cuyo pie estaba siendo tenazmente atacado por Mariposilla- Pero nosotros, ya nos íbamos.

-Quedáos, quedáooooooossssss -insistió Sir Thomas con un tono de voz cercano al arrullo de una madre- Va a ser muy divertido, quedaooooooossssss...

 

Entonces un ligero sopor comenzó a invadir mi delicado cuerpecillo, provocando que las extremidades me pesasen toneladas y cada pequeño movimiento me exigiese un esfuerzo descomunal.

 

-Es que mi novio me espera -balbuceé incapaz de alejar la vista de sus hipnóticos ojazos.

-Tú novio está aquí contigo. A ssssaaalvooooo.

-No, él no es mi novio -respondí perezosamente escuchando a lo lejos como el impertinente chihuahua había topado en las canillas del Jonhy una pieza más suculenta que la suela de su zapato- Mi novio se llama Ervigio -le aclaré- Y es vampiro.

 

Un repentino murmullo de perplejidad escapó al control del alcalde, que se detuvo también asombrado ante aquella revelación.

 

-¡Veis! -chilló desatada Titina- ¡Lo tiene ella!, ¡lo admite!, ¡lo tiene ella!...¡Exijo justicia, Sir Thomas!. ¡Qué me devuelva a Ervigio! ¡JUS-TI-CIA!, ¡JUS-TI-CIA!

 

Los demás chupasangres, como si fuesen los exaltados integrantes de una manifestación a favor del botellón, comenzaron a corear las consignas de la rubia de bote.

 

-¡Somos vampiros, no somos tontos!. ¡Li-ber-tad, i-gual-dad y los criminales sin impunidad!. ¡Nosotros convertimos, nosotros decidimos!. ¡Si no hay cena, el alcalde a la quema!.

 

Sir Thomas volvió a detener a la horda de enardecidos vampiros con uno de aquellos gestos suyos tan autoritarios que comenzaban a despertar en mi la erótica del poder.

 

-¡Un momento! -alzó la voz sobre la turba- ¡Un momento! -y volviéndose hacia nosotros recuperó el suave tono adormecedor- ¿Dónde dices que está Ervigio?

-¿Ervigio? -pregunté mientras mi atención comenzaba a desviarse hacia su inmensas fosas nasales- Está en casa de mi abuela.

-¿Y eso es? -insitió el regidor inflando considerablemente su señora nariz- ¿Cuál es la dirección de la casa de tu abuela?

-Mi abuela vive... mi abuela vive...

 

Pero no logré continuar. ¡Qué se le va a hacer!, ¡tengo problemas de concentración!.

 

A pesar de encontrarme completamente subyugada por aquellas larguísimas pestañas rubias que enmarcaban sus grandísimos ojos azules que se expandían por su preciosísima carita adolescente, no pude evitar reparar en como su respingona naricilla se inflaba y desinflaba por la excitación, cual si del morro de un búfalo se tratase.

 

-¿Decías? -dije sumiendo a mis atentos oyentes en una profunda frustación- Se me ha ido la olla...

 

Entonces la "desvalida" criatura infernal mordió al Jonhy y fue ahí cuando se armó la gorda.

Desde el otro lado de la habitación, bajando por unas pequeñas escaleras de caracol, el comité local de higiene vampírica fue recibido con una ola de murmullos de admiración.

 

Era un grupito mayoritariamente femenino compuesto por pamelas-seta, tocados de plumas y tacones de infarto. Al frente del mismo iba una pelirroja de sensuales labios carmín, peinada a lo años 40 y con un elegante traje negro ceñido que realzaba su turgente figura.

 

Entre su manos, enfundadas en kilométricos guantes de raso a juego, sujetaba una bandeja que bien podía ser de plata, sobre la que dos jarras del mismo metal se mantenían asombrosamente estables gracias al extraordinario pulso de la portadora. Detrás de ella, otra vampiresa morena y con un vestuario semejante, pero en rojo, transportaba una toalla llena de puntillas y encajes junto a una esponja de baño rosa.

 

Siguientes en la comitiva, un trío de gente guapa acaparaban la atención general del local. Estaba formado por un chupasangres alto, rubio con traviesos ojos azules y dos no-muertas de belleza nórdica explosiva que no le quitaban las manos de encima.

 

Según pude deducir por los comentarios de la embelesada masa vampírica, el chico, que no aparentaba más de 22 años, era Sir Thomas, el regidor de la ciudad, y sus dos exuberantes compañeras, unas ocasionales chupa-loquesea que probablemente no volverían a gozar jamás de tanta atención pública.

 

Tras ellos, iniciando la cascada de sombreros, pajaritas y plumas que procesionaban con el alcalde, la reconocible cabeza de Titina trataba de colarse por alguno de los huecos que las garrapatas suecas dejaban en su frenética fricción con Sir Thomas.

 

-Es una atropello, ¡un auténtico atropello! -repetía alzando su chillona voz por encima del runrún general- Una vergüenza, algo inaudito... Una completa falta de respeto a la legislación vigente... ¡Exijo JUSTICIA! -le gritaba en la oreja al joven vampiro- ¡Quiero que se me restituya lo que por ley me pertenece!, ¡primero me devolvéis a Ervigio y después podéis hacer con los humanos lo que queráis!

 

El juvenil chupasangres le dedicó dos breves miradas llenas de fastidio y finalmente asintió levemente mientras alzaba su mano con desgana para ordenarle silencio.

 

¡Aquello no pintaba nada, nada, nada bien! Primero, ¿cómo que “podéis hacer con LOS humanos lo que queráis”? ¡LOS humanos, en plural!, ¡LOS!. En todo caso EL. EL humano, EL albondiguilla, EL pelo-pincho-lamido. EL, en singular, uno solamente, nada de LOS, nada de plural. Y después, a ver, ¿a qué venía eso de devolverle a Ervigio? Ervigio ya no era su criado, ahora estaba CONMIGO y era MI novio, MI amante vampiro, MI pasional ratilla voladora y si querían llevárselo sería por encima de mi cadáver... Aunque eso era, poco más o menos, lo que pretendían hacer.

 

Un poco aturullada ante mi muerte inmenente y el secuestro de Ervigio, le eché una mirada a Jonhy barajando las opciones que se ofrecían ante mi y las posibilidades que con cada una de ellas tenía para salir viva de este pequeño mal entendido.

 

Así, a ojo de buen cubero sólo se me ocurrían 3 alternativas y ninguna de ellas era santo de mi devoción:

 

1.- Buscaba ayuda en exterior abandonando a su suerte al pobre pelo-pincho-lamido, allí sentado, vegetando y con la mirada a media asta.

2.- Trataba de explicarles a Titina y Sir Thomas que Ervigio no estaba secuestrado sino que era presa de nuestro grandísimo amor, con lo que en cuanto me hubiese convertido, él volvería a la circulación. Y en lo referente al Jonhy, les informaría que mi albondiguilla rebosaba grasas saturadas y que no era nada bueno para el colesterol, las cartucheras, la celulitis y la salud en general.

3.- Sacaba de allí a Gay Halsing aunque tuviese que hacerlo arrastrándolo por los huevos.

 

Haciendo un balance de los pros y los contras de cada una de las opciones me decanté por la primera, pirarme en busca de ayuda. Sin embargo un último vistazo a mi pobre y fiel escudero, completamente ajeno al peligro y más indefenso que Cristiano Ronaldo a la salida de un instituto, conmovió mi corazón y cambié de idea. ¡SALDRÍAMOS DE ALLÍ LOS DOS JUNTOS!... o... al menos yo sola.

 

Inclinándome sobre MacGyver lo sujeté por las axilas y comencé a tirar hacia arriba con todo el brío del que era capaz. Lamentablemente aquello no era suficiente para levantar a mi amigo, el elefante hipnotizado, así que probé entonces a sentarme a su lado y pásando su brazo sobre mis hombros, ponerlo en pie de esa manera. Pero al igual que antes, la fuerza de la gravedad era superior al vigor de mis maltrechos biceps, con lo que repanchingada entre cojines se me ocurrió la idea definitiva: no lucharía contra ella, me uniría a ella.

 

Empujando suavemente a Gay Halsing lo tumbé sobre el sofá y, vigilando que ninguno de los acólitos del alcalde estuviese atento a mi extraña ocupación, lo lancé al suelo.

 

¡Clong! Sonó su cabeza sobre el enterimado del WoW.

 

-No sabe beber -le expliqué a un chupasangres que se acababa de girar sobresaltado por el ruido- Y mira que se lo dije, “te vas a emborrachar, que esa chica está como una cuba, que hoy tenemos que ver a Sir Thomas”. Y él dale con que “es la última de la noche”, “estoy bien”, “yo controlo”...

 

 

El no-muerto me miró con desinterés, como si la conversación le resultase aburrida, y sin mediar palabra se giró rápidamente para seguir con atención el paso de la comitiva.

 

Afortunadamente, al igual que él, los otros 40 ó 50 vampiros que llenaban el local, estaban completamente absortos por la belleza, donaire y glamour que destilaba el regidor en cada uno de sus movimientos. Así que sigilosamente, sin que ninguno de ellos nos prestase atención, fui arrastrando al tonel de Gay Halsing a sus espaldas.

 

-Muy bien, Brígida -se detuvo Sir Thomas una vez hubo alcanzando el centro de la pista de baile- ¿Dónde están tus humanos?.

-Mi nombre es Bri... -comenzó a corregir Titina ante el estupor del rubísimo chupasangres- Allí, en aquellos sillones.

 

El círculo que los demás no-muertos formaban alrededor de su alcalde se abrió en el extremo señalado por la peli-teñida, justamente delante del sofá donde mi albondiguilla y yo habíamos reposado unos segundos atrás.

 

-¿Dónde están? -preguntó impaciente el jefe de aquel nido de vampiros.

-No lo se -susurró Brigitte acercándose incrédula al sofa- Los hipnoticé, pero se han ido.

 

Desde el otro extremo de la habitación comencé a tirar por la sahariana del Jonhy con más brío que nunca, segura de que los astros se habían alineado a nuestro favor y que, una vez más, la líder de la manada había resuelto una situación de peligro con éxito.

 

“Soy la caña” pensé feliz de que la salida se encontrase a escasos 5 metros de nosotros, “SOY LA CAÑA”.

 

Entonces, el bolso de Titina sufrió una sacudida y de la profundidades del “super-fashion” complemento de piel-auténtica-o-sea, surgieron dos diminutas y puntiagudas orejillas color camel.

-Uhmmm... A mi también... ¡A-Negativo!... Mi favorita.

-Venga, Pitu, arréglate ya esas pestañas postizas que hay que tomar una buena posición en el asalto.

-¿Quieres un poco de brillo para los labios?

-Sí, gracias. Empiezo a tener apetito y los tengo mega-resecos, “darling”.

 

El agua comenzó a correr por el lavamanos y varios tirones al dispensador de papel indicaron que el retoque de chapa y pintura había terminado.

 

-Lo malo es que poco vamos a durar tan “súper-beautifuls”, chica.

-¡Qué quieres, MariSandri!. ¡Los vivos y su estúpida manía de defenderse!... Aunque los sedes, los hipnotices o incluso les pagues, es notar el pinchazo y comenzar a patalear. ¡”My God”!, ¡qué cansinos que son!

 

La puerta del servicio chirrió de nuevo mientras las no-muertas se alejaban con delicadas pisadas cotorreando sobre la manera más efectiva de zamparse un humano sin despeinarse.

 

-Yo ahora me he pasado a las bolsitas individuales. Es cierto que se pierde un poco la emoción de la caza, pero compensan las ventajas. Directamente de la vena a tu nevera, sin romper la cadena de frío que desvirtúe su sabor o le haga perder propiedades. 10 minutos a baño María o 3 en el microondas y ¡listo!.

-¡Lo mismo opino!. Además, siempre están frescas, te caben en el bolso y son muchísimo más higiénicas que el método tradicional. ¡Exentas de transpiración humana!

-¡Aghh!, ¡qué asco, Mari!. ¿Crees que los dos de hoy habrán pasado por agua y jabón?

-Por supuesto, Pitu. Otra cosa no, pero Sir Thomas es un histérico de la limpieza.

 

Cuando sus voces se perdieron definitivamente entre la suave música "chill-out", comencé a recuperar de forma paulatina la movilidad de mi cuerpo petrificado y la actividad en mi patidifuso cerebro.

 

¡Oh, Dios mío!, ¡oh, Dios mío!, ¡oh, Dios mío!. ¡¡¡Estábamos en la FIES-VAMPIROOOOOOOOOOO!!!, ¡oh, Dios mío!, ¡OH-DIOS-MÍO!... ¡QUÉ EMOCIÓOOOOOONNNNNNNN!

 

Las patitas me tamblaban de sólo pensarlo, ¡ya no cabía ninguna duda!, ¡más claro el agua!, ¡era una verdad irrefutable!: yo estaba predestinada a una eternidad de juventud y glamour junto a mi Edward particular. ¿Alguien podía dudar todavía de que Ervigio fuese mi media naranja?

 

Vale que había un pequeño detalle que aún debía solventar: la jauría de vampiros que afilaban sus colmillos, en aquel preciso instante, para dejarnos más tiesos que una tarjeta de crédito en rebajas. Sin embargo yo no veía en ése diminuto contratiempo nada que no se pudiese solucionar tras una breve conversación con Titina. La pillaría por banda, le desvelaría el paradero de la ratilla más adorable del universo y ella simplemente intercedería ante Sir Thomas por mi... y quizás también por la albondiguilla durmiente.

 

Empujé hacia arriba el pantalón con fuerza, remotivada por aquella inyección de ánimo, y noté que las costuras volvían a ceder un poquito más. A pesar de ello, ésta vez no fue preciso insistir de nuevo y fuese porque acababa de aligerar bulto o porque el vinilo se había reblandecido con tanto sudor, lo cierto es que las odiosas perneras subieron a la primera.

 

Sin el plan demasiado armado, me dirigí a toda velocidad hacia la sala principal rogando que ningún chupasangres se hubiese jalado a mi Gay Halsing mientras él disfrutaba de su plácido sueño reparador. No cabía duda de que yo, gracias a mi relación con Ervigio y mi amistad con Titina, tenía la vida inmortal asegurada (aún siendo una sabrosa A-negativo). Lamentablemente el pelo-pincho-lamido había salido de casa con el karma cruzado y parecía sentenciado a convertirse en el crujiente bocadito de alguien antes de que saliese el Sol.

 

-¡Jonhy! -le susurré cuando estuve a su lado- ¡Jonhy, despierta!

 

El alivio que me había invadido al divisarlo en el mismo sofá donde Brigitte nos había dejado se desvaneció para dar paso a una ligera preocupación.

 

-¡Jonhy, despierta! -insití con un tono más imperioso- ¡Hay que irse, Jonhy!

 

Estaba sentado exactamente igual que cuando lo había abandonado para ramificar mis contactos en la alta sociedad. Los mismos ojos entornados, la misma boquilla babeante, la misma expresión bobalicona de merluza borracha ... y una repentina sordera que lo aislaba por completo del mundo exterior.

 

-¡Espabila, chaval! -le ordené mientras le cacheteaba ligeramente las mejillas- Espabila que estamos en la fiesvampiro... -mascullé en su oído- ¡Jonhy! -llamé comenzándo a zarandearlo- ¡Jonhy, que vas a durar menos que un caramelo a la puerta de un colegio!

 

Inmutable, impasible, imperturbable como un monje shaolin, mi MacGyver tenía su cuerpo entre mis manos, pero su mente de visita en la quinta, sexta o quizás séptima dimensión. Entonces aquello comenzó a olerme mal, y no el sentido de "¡pasadme la máscara antigás que alguien acaba de cagar en el baño!", sino más bien del estilo "la he liado parda, ¿y si mi pobre albondiguilla ha sido hipnotizado?".

 

Le chasqueé los dedos ante su nariz, lo volví a menear y, cual novia afrentada, le mandé dos buenos galletazos sin obtener reacción. Aquello tenía toda la pinta de que iba a convertirse en un problema gordo.

 

 

A mi alrededor, los vampiros, ajenos a la particular lucha titánica que yo sostenía contra Morfeo, habían comenzado una frenética actividad, correteando de un lado hacia otro y parando para cotillear en corrillos como si cierta información confidencial hubiese sido desvelada.

 

-O sea, que Sir Thomas ya ha dado la orden, ¿no?

-Sí, sí, pero antes los va a higienizar. Lo primero es la salud pública.

-¡Por supuesto!. ¿Y tú sabes dónde los tiene guardados?

-Ni idea. Supongo que bajo llave.

-Seguramente...

 

El momento de la verdad estaba llamando a la puerta y Gay Halsing tenía todas las papeletas para que lo pillasen echándose una siesta en casa. Ya casi no quedaba tiempo.

 

-Ahí viene, ahí viene -susurró emocionado un chupasangres próximo a nosotros.

-¿Quién?, ¿quién viene?.

-Sir Thomas, idiota. ¿Quien va a ser?, Sir Thomas... Ahora, inclínate.