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diariodeunavampiresanovata

¿Se puede odiar a un chihuahua?.

 

¿Se pueden odiar esos tiernos ojicos saltones clavados sobre nosotros sin pestañear?, ¿se puede odiar ese diminuto hociquito, con su desquiciada sonrisa bañada en espuma?, ¿se puede odiar esa chirriante vocecilla que se eleva en un constante gruñido rabioso?.

 

¿Es posible desarrollar tal sentimiento de rencor hacia un ser inferior, indefenso y extremadamente adorable como aquella... MALDITA CABRONA, DEGRACIADA, HIJA DE PERRAAAAAA!!!!

 

Desde las alturas a las que la había elevado Miss-Carolina-Herrera a través de su bolso porta-chihuahuas, Mariposita comenzó a delatarnos, voz en grito, como un traidor Judas cualquiera.

 

¡Guau! (tímidamente al principo)... ¡guau!... ¡guau, guau! (gustándose cada vez más)... ¡guau, guau!... ¡guau, guau!... (y como una auténtica loca poseída al final)... ¡Guau, guau, guau, guau, guAU, GUAU, GUAU, GUAU, GUAU, GUAU, GUAU!

 

Fue entonces cuando los vampiros despertaron de la estupefacción en la que los había sumido aquel triste sofá vacío y giraron lentamente sus cabezas hacia la pequeña y malévola criatura que había emergido del sobaco de Titina.

 

-Sir Thomas, ya se que no se pueden traer animales -se excusó ésta aturullándose con las palabras- Pero es la única compañía que poseo desde que me abandonó mi criado... Y pertenece a la familia... Y además tiene derecho a estar aquí...

 

Sin embargo el chupasangres buenorro parecía ignorar completamente a Brigitte, concentrado como estaba en mirar fijamente al pequeño chihuahua, tal que si el asombro lo hubiese petrificado, aplacando momentáneamente la ira que luchaba por desbordar su intensos ojos azules.

 

-Es inofensivo -se defendía la rubi-teñida de forma atropellada- No va a ensuciar nada... Yo no la voy a dejar salir del bolso... Por favor, continuemos normalidad.

 

Lamentablemente para nosotros, aquella pequeña alimaña tronada estaba dispuesta a dejar bien claro que la fies-vampiro no era en absoluto normal y saltando el metro y medio que la separaba del suelo, aterrizó a los pies de Sir Thomas para salir derrapando en pos de una de las canillas de mi apetecible albondiguilla.

 

-¡Ahí están! -gritó el no-muerto más espabilado de la celebración (porque seamos sinceros, tampoco es que estuviésemos muy escondidos).

-¡Ahí están, ahí están! -gritaron los demás como si se hallasen en un concierto de Ana Belén y Victor Manuel.

-¡Ahí están! -bramó Titina aliviada- Ahí están y los ha descubierto mi Mariposita.

 

 

Efectivamente, como aquella pila de sagaces chupasangres había descubierto, allí estábamos. A escasos dos metros de la puerta. Yo inclinada sobre MacGyver, arrastrándolo por los hombros de la sahariana y él tumbado, cuan largo y ancho era, dormido como un tronco, ajeno a toda la expectación que estábamos causando... ¡Que ni la Hilton ésa, oiga!

 

-Así que vosotros dos sois los humanos -tomó la palabra Sir Thomas mientras hacía una seña para detener a aquellos no-muertos que ya habían tomado la posición de ataque- ¡Bienvenidos a mi fiesta! -añadió mientras hacía una elegante reverencia- Espero que estéis disfrutando mucho -continuó taladrándome con la mirada- Y que nos acampañéis hasta el final.

-Sí, todo ha estado cojonudo -le respondí preocupada por mi pelo-pincho-lamido, cuyo pie estaba siendo tenazmente atacado por Mariposilla- Pero nosotros, ya nos íbamos.

-Quedáos, quedáooooooossssss -insistió Sir Thomas con un tono de voz cercano al arrullo de una madre- Va a ser muy divertido, quedaooooooossssss...

 

Entonces un ligero sopor comenzó a invadir mi delicado cuerpecillo, provocando que las extremidades me pesasen toneladas y cada pequeño movimiento me exigiese un esfuerzo descomunal.

 

-Es que mi novio me espera -balbuceé incapaz de alejar la vista de sus hipnóticos ojazos.

-Tú novio está aquí contigo. A ssssaaalvooooo.

-No, él no es mi novio -respondí perezosamente escuchando a lo lejos como el impertinente chihuahua había topado en las canillas del Jonhy una pieza más suculenta que la suela de su zapato- Mi novio se llama Ervigio -le aclaré- Y es vampiro.

 

Un repentino murmullo de perplejidad escapó al control del alcalde, que se detuvo también asombrado ante aquella revelación.

 

-¡Veis! -chilló desatada Titina- ¡Lo tiene ella!, ¡lo admite!, ¡lo tiene ella!...¡Exijo justicia, Sir Thomas!. ¡Qué me devuelva a Ervigio! ¡JUS-TI-CIA!, ¡JUS-TI-CIA!

 

Los demás chupasangres, como si fuesen los exaltados integrantes de una manifestación a favor del botellón, comenzaron a corear las consignas de la rubia de bote.

 

-¡Somos vampiros, no somos tontos!. ¡Li-ber-tad, i-gual-dad y los criminales sin impunidad!. ¡Nosotros convertimos, nosotros decidimos!. ¡Si no hay cena, el alcalde a la quema!.

 

Sir Thomas volvió a detener a la horda de enardecidos vampiros con uno de aquellos gestos suyos tan autoritarios que comenzaban a despertar en mi la erótica del poder.

 

-¡Un momento! -alzó la voz sobre la turba- ¡Un momento! -y volviéndose hacia nosotros recuperó el suave tono adormecedor- ¿Dónde dices que está Ervigio?

-¿Ervigio? -pregunté mientras mi atención comenzaba a desviarse hacia su inmensas fosas nasales- Está en casa de mi abuela.

-¿Y eso es? -insitió el regidor inflando considerablemente su señora nariz- ¿Cuál es la dirección de la casa de tu abuela?

-Mi abuela vive... mi abuela vive...

 

Pero no logré continuar. ¡Qué se le va a hacer!, ¡tengo problemas de concentración!.

 

A pesar de encontrarme completamente subyugada por aquellas larguísimas pestañas rubias que enmarcaban sus grandísimos ojos azules que se expandían por su preciosísima carita adolescente, no pude evitar reparar en como su respingona naricilla se inflaba y desinflaba por la excitación, cual si del morro de un búfalo se tratase.

 

-¿Decías? -dije sumiendo a mis atentos oyentes en una profunda frustación- Se me ha ido la olla...

 

Entonces la "desvalida" criatura infernal mordió al Jonhy y fue ahí cuando se armó la gorda.

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