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diariodeunavampiresanovata

-Ha-ha -rieron las demás al unísono como un coro de cuervos.

-Sí, sí -prosiguió el pajarraco mayor- Es que la pooooobre Titina ha tenido muy mala suerte eligiendo empleados.

-¡Ah!, ¿sí? -le respondí con afectado interés.

-Por supuestoooo -se animó al sentirse el centro de atención- Justamente ahora comentábamos que, hace apenas cinco días, la abandonó el criado que tenía de antes de cogerte a ti.

-¡Criado! -chillé ofendida por la parte que me tocaba- ¡Que quede claro que YO no soy criada de nadie!

 

Las 5 pamelas de tul y tafetán se giraron sorprendidas hacia mi y después de intercambiar un par de breves, pero significativas miradas, el grajo grandote retomó la palabra.

 

-Perdona, querida, quise decir señorita de compañía. Es que a veces olvido la época en la que vivo.

Pero no me lo tengas en cuenta... -improvisó una disculpa forzada - ...y únete a nuestra conversación.

 

Ni criada, ni señorita de compañía, ni sumisa esclava en una plantación. Yo no estaba para desempeñar ninguno de esos roles “working-class”, ¡vamos, hombre!, ¡con lo que me había costado enfundarme el “mega-hot” modelito de vinilo!

Fuera por mi agudo SPM o por aquel traumático disfraz de princesita en el que no había logrado meterme con 8 años, esa noche me sentía Jessi-Superstar. Y desde luego que una bandada de cuervajos quita-ojos vestidos para la hora del té no tendrían la fuerza suficiente como para expulsarme de tan selecto club de gente guapa.

 

-Disculpen... -comencé a decir alzando la voz.

 

Sin embargo una palabra aislada se destacó entre todo aquel linchamiento espontáneo, decidiéndome a aplazar por el momento la intención de poner a cada una en su sitio y yo sobre todas.

 

-... era algo como Remigio, Ermigio, Eligio...

-¡Ervigio! -sugirió Miss Hongo color pastel.

-Eso, eso. Ervigio -reanudaron la ejecución pública- Se llamaba Ervigio y era tan poco chic como combinar un vestido azul petroleo con un bolso verde inglés, o se-aaaaa...

-¡Ay, sí, sí!

-Ha-ha... ¡Es cierto, es cierto!

-Exactamente así.

 

“¡Joderrrrrr!, ¡esto sí que es fuerte!”, saltó la alarma en mi cerebro, “¡Un auténtico bombazo!. ¡Mi amante vampiro, un humilde sirviente de Titina! Y seguramente...”, la información era procesada a toda velocidad por mi mente, “... seguramente la dejó tirada al transformarse en chupasangres. Hace na’...”

 

-Sin embargo tan paleto no puede ser cuando Brigitte lo escogió como ayudante personal -sugerí aprovechando para promocionar a mi ratilla voladora unos cuentos puestos.

-Pues sí, sí que lo era, chicaaaa. De lo más “out” que he visto nunca... Pero tuvo suerte -continuó la seta fucsia entusiasmada al ser el centro de atención- Titina conoció a Ervigio una noche estando de cena. Cuando descubrió que el pobre era emo-fílico, ella, que es ultra-sensible, se vio incapaz de abandonarlo a su suerte, así que lo puso bajo su protección. Desde entonces hasta el día de su extraña desaparición Ervigio se convirtió en el fiel y humilde siervo de la que ahora es tu señora.

-Uhmmmm... No veo porque ser emo-fílico es algo digno de pena -habló mi Jessica activista militante contra la discriminación- ¿Qué tiene de malo que te gusten los emos?, ¿o es que hay alguna estúpida razón por la que es mejor que te gusten los zoos o los pedos? Sinceramente, nunca he conseguido entender por qué se les tiene tanta antipatía a la gente sensible y extremadamente emotiva, por qué tantos prejuicios, por qué tanto odio, por qué tanta antipatía... Al fin y al cabo ¡¡¡todo somos emooooossss!!!

 

Las brujas del te de las cinco me miraban estupefactas bajo las alas de sus inmensos sombreros multicolor, incapaces de pestañear siquiera, abrumadas por mi cojonudo discurso.

 

-Y ahora -finalicé con urgencia asaltada por un súbito dolor de barriga-... si me disculpan... - añadí mientras buscaba la palabreja adecuada- me retiro al culinario.

 

Dándome la vuelta con mucha altivez tomé el camino del retrete mientras unos retortijones en el intestino interrumpían mi alborozo personal.

 

“¡Toma, toma y tomaaaa! (ainnnssss) ¡Toma del frasco, Carrasco!, ¡Para que el Jonhy diga que soy más bruta que unas bragas de esparto! (ainggggg) ¡Qué estas víboras aprendan algo de elegancia y saber estar! (ayyyyyyy)”

 

Apenas hube empujado la puerta del servicio y bajado el prieto pantalón de charol, mi culo celebró su liberación en el culinario con un disparo de salvas y múltiple fanfarria. ¡¡¡Hip, hip, hurraaaaa!!!, ¡¡¡hip, hip, hurraaaaa!!!

 

 

Relajada tras aquella considerable liberación de lastre, me detuve a examinar, no se muy bien por qué, mi escueto tanga negro de hilo.

 

“¡Co-ño!, ¡me ha bajado la regla!”

 

En efecto, allí en la mitad la escasa tela que tapaba una escasa porción de mi piel, se hallaba la indudable prueba de que ningún tío me había dejado embarazada... ¡Menuda novedad!.

Lamentablemente, y pese a que mi cuerpo lo acababa de celebrar por todo lo bajo yo no estaba para tantas alegrías. No tenía ni compresas, ni tampones, ni albondiguilla que me ayudase a subir los pantalones.

Pacientemente y sin dejarme caer en la desesperación, vacié la cisterna, enrollé una buena cantidad de papel de baño que coloqué sobre el microtanguita y procedí a embutirme por segunda vez aquella noche mi maldito-maldito-maldito conjunto de vinilo.

 

Ñiiiiiiccccccccc. Se escuchó la puerta principial del cuarto de baño. Clic, clic, clicclic, clic,clicclic, clic. Unos taconazos de aguja de dos damas de la alta sociedad me hicieron contener el aliento.

 

“¡Por Dios que no me pillen con el culo al aire!”

 

-Claro que sí Pituqui.

-¿De verás MariSandri?

-Por supuesto. Me lo ha dicho Sir Thomas en persona. Esta noche tenemos cena especial. Nada de bolsas de sangre recalentadas. ¡Dos especímenes fetén!, ¡tamaño XXL!... ¡Frescos, frescos!.

-¡Qué derroche!, ¡oye!, ¡no me lo puedo creer!

-Yo tampoco, chica. Ya parece que los esté oliendo... Se me hace la boca agua.

 

Sin embargo, a pesar de eso, Gay Halsing tuvo su ración de relax y paz interior.

 

Nada más entrar, Titina nos llevó a una esquina de la gigantesca sala para instruirnos en nuestro comportamiento durante tan magno evento y gracias a eso, el albondiguilla pudo echarse una soberbia cabezada.

 

-Esta fiesta es realmente importante -comenzó Brigitte en un tono cadencioso- O sea, que debéis portaros correctamente -añadió mientra se inclinaba lentamente sobre nosotros- Ahora os vais a sentar en este sofa -indicó abriendo los ojos como una loca- calladitos -continuó manteniéndose sin pestañear- hasta que yo regrese a buscaros... ¿Lo habéis entendido?.

 

No era que le hubiese prestado demasiada atención, pero el asunto parecía sencillo: sentarse y callarse. Di tú que yo no entendía muy bien para qué, pero pasando de eso, las instrucciones eran simples como el mecanismo de un donuts.

 

-Sí -respondí maquinalmente tal cual me acabase de mandar recoger la habitación.

-Sí -respondió el Jonhy con mi mismo tono de hastío.

-Así me gusta -susurró ella con un aire satisfecho- No cabe duda de que soy buena, o sea -agregó para si mientras se alejaba.

 

Durante 10 minutos, más o menos el tiempo en el que nuestra anfitronia pululó dentro de mi radio de acción, me mantuve en el sofá, mirada al frente y silenciosa como una mosquita muerta de colegio de pago. Mi MacGyver por su parte, tenía entornados los ojos y aunque su espalda continuaba en una posición rígida, estaba claramente traspuesto.

 

Visto, lo visto y ya que el albondiguilla había quedado fuera de juego tan rápidamente, decidí zambullirme en el mundo de la jet set. Al fin y al cabo, era evidente que Titina, tras un juicio somero de mi ceñido atuendo de vinilo, había subestimado mi habilidades sociales. Sin embargo ¿qué mal iba hacer alternar un rato con “Piluca, BorjaMari y Cuquita”?, ¿qué podría pasar si me dejaba caer en algún corrillo de la alta sociedad?, ¿qué, si te lo juro por Snoopy, no iba a tardar más de 5 minutos en volver con el Jonhy?. Nada, absolutamente nada. ¿Entonces, para qué perder más tiempo?

 

Lentamente, mi “ultra-fashion” vestidito de charol permitió que me incorporase del asiento y, antes de mezclarme con “la creme de la creme”, le eché un ojo a la tan refinada celebración en la que nos había colado Titina. La cual, por cierto, llevaba un buen rato “súper-missing”.

 

Analizando detenidamente el WoW, por mi mente cruzaron todo tipo de pensamientos excepto GuaU. Petardo, plomo, tostón, muermo, coñazo, jugar al parchís es más divertido, en el cementerio hay más marcha, el Charly pateándome el pandero sería una tortura más humanitaria que encerrarme aquí toda la noche.

 

 

 

Y no es que yo sea muy exquisita a la hora de salir de juerga, pero comparados con aquello, mis cumpleaños en la guardería eran un desmadre.

 

Para empezar, y como ya postuló Platón en su mito de la caverna, un buen local debe cumplir las 3 reglas indispensables del ocio nocturno:

 

1.- No mantendrás conversación en vano.- Los amigos son peces de acuario boqueándole a tu oreja.

2.- No darás un paso de baile en falso.- La proporción de peña por m2 será mayor que la de una playa de Benidorm en Agosto.

3.- No verás al vecino de enfrente.- Todo estará más negro que el futuro del Cobra como cantante.

 

Si tu cuchitril verifica estas 3 premisas básicas, da igual que sirvas garrafón o meo de gato, el éxito está indiscutiblemente asegurado. El caso es que, particularmente el WoW no respetaba ni una sola de ellas.

 

La suave música ambiental incitaba más a planchar la oreja que a “mover la tibia y el peroné”, cada uno de los asistentes disponía un espacio vital de 5 m de radio y los focos parecían sacados de un campo de concentración nazi. ¡Vamos!, un auténtico fiasco de fiesta “mega-cool”, o sea,... ¡qué decepción!.

 

Brujuleé un rato entre las diferentes islitas de gente que conversaban con glamourosa desgana y al final me dejé caer en un variopinto grupillo femenino cuyo denominador común eran sus ostentosas pamelas del tamaño de un hongo gigante.

 

-Pues sí, pues sí -decía una en tono confidencial- Hace cinco días que la dejó tirada.

-No me digaaaaaaaas -le respondía la otra escandalizada.

-Tal y como te lo oyes.

-¡Qué fuerrrrrrrttteeeee! -continuaba la segunda disfrutando del cotilleo- Y con lo sumiso que él parecía... ¿Por qué se habrá marchado?

-Pues no lo se, chicaaaa... Ya sabes que ella es un poco “divine” y dicen que el muchacho no la aguntó más.

-¿Tú crees?... ¡Qué fueerrrrrtttteeeeeeee!.

-Ya ves -retomó la primera al tiempo que otras tres lanzaban sonoras exclamaciones- Tanto haz esto, haz lo otro, saca a la perra, recoge su caquita, límpiale el culito... ¿Qué quieres? Eso no tiene precio.

-¡Pero con todo lo que ella ha hecho por él!

-Hija, el servicio de ahora ya no es como el de antes -intervino una tercera- En casa de mis padres las criadas conocían lo que era la vara de medir.

-Sí, sí, es cierto, en la mía...

 

Y de repente se produjo un silencio.

Las 5 víboras se habían vuelto hacia mi, deteniendo su interesante aquelarre.

 

-Perdona, bonita, ¿quién eres? -me preguntó la del sombrero fucsia con lazo de tul.

-Jessica -respondí con tono elegante tratando de no vocalizar.

-Jessica ¿de quien? -me preguntó impaciente.

-De Brigitte. Ella me ha invitado.

 

Estaba claro que para entrar en aquel selecto grupo de brujas era necesario un buen padrino y, teniendo en cuenta que Titina era la única persona que yo conocía, recé para que sus influencias fuesen suficientes.

 

-Vaya -acertó a decir la portavoz, ruborizada como si se hubiese tirado un cuesco- Así que eres su nueva quiróptera.

-No señorita -le respondí a sabiendas de que pasaba de los cincuenta- Yo no se dar masajes.

 

De nuevo otro silencio.

 

-Ha-ha -río la gigantesca seta fucsia antes de volverse hacia el grupito- Al menos esta chica tiene más gracia que su anterior muchacho.

 

Siguiendo la dirección que marcaba aquella uña rojo pasión pude comprobar que tras resurgir de sus cenizas Charly se había encarnado en el nuevo Terminator.

-¡Malditos! -gritó a lo lejos al tiempo que emergía de entre las sombras- ¡No huyáis malditos!

Tenía un ojo morado, la ceja derecha ensangrentada y la mejilla izquierda a punto de cobrar vida propia. Además su camiseta ceñida había sido desgarrada en una manga y los vaqueros negros que tan bien le sentaban a su culo estaban rebozados en barro y sangre. ¡King Kong se había empleado a fondo!

-No tenéis escapatoria -continuó mientras se acercaba cojeando a gran velocidad- He aparcado la Trade en doble fila cerrándoos el paso. No podéis sacar vuestro coche.

Le lancé una mirada de preocupación al Jonhy que, tras corresponderla brevemente, giró su cabeza en dirección al Route 77.

-No conseguiréis llegar al local de vuestro matón -anunció mi ex al verme bajar la escalinata con diminutos pasitos de geisha- Y no creo que él deje su puesto por venir a ayudaros.

Efectivamente el muy capullo tenía razón. Aquella noche, no sólo parecía haber sido picado por una araña radiactiva sino que además su cerebro funcionaba al nivel de cualquier primate superior. ¡Increíble! Su maléfico plan magistralmente trazado nos iba a dejar la cara del revés sin necesidad de cirugía.

-Si teneis problemas, chicosssss, podéis entrar al WoW conmigo, o ssssea. – sugirió la peliteñida cuando hube llegado junto a MacGyver- Hoy se celebra una fiessssssta privada y vuestro "amigo" no podrá pasarrrrr sin invitación.

El albondiguilla y yo no miramos un instante. Tampoco es que tuviésemos muchas más opciones. Aquel energúmeno parecía dispuesto a golpearnos hasta que nuestras cabezas acabasen rodando a lo largo del empedrado. ¡Y simplemente porque habíamos abandonado a su novia en el cementerio!... de noche... en plena tormenta... ,pero de forma claramente I-NIN-TEN-CIO-NA-DA.

-Pa’ dentro -asumió Jonhy la decisión- No queda otra.

Los finos labios de Miss-Carolina-Herrera se curvaron imperceptiblemente en sus comisuras.

Entonces ella se giró hacia la puerta de la discoteca, golpeó con sus huesudos nudillos 5 veces en la hoja de acero y una cara pecosa apareció tras el minúsculo ventanuco que se hallaba a la altura de nuestro ombligo.

-Buena noches, Dña. Brígida-saludó el desconocido con un sonrisa sarcástisca- Ya le he explicado antes que esta noche no puede pasar. Fiesta privada, ya sabe.
-Mi nombre es Brigitte -corrigió ella con dignidad mientras se apartaba para que fuésemos visibles- Y traigo invitados. Gente sana que animará la reunión.

Sintiéndonos observados, el albondiguilla y yo adoptamos pose de foto, mostrando todos nuestros piños de la forma más angelical posible. Por fortuna, ya que Charly estaba a escasos 10 metros, el enano de la puerta nos evaluó de un plumazo y llegamos al aprobado.

-¡Pasad! -anunció con solemnidad- ¡Esta noche el alcalde nos deja estar abiertos hasta que salga el Sol!

Bueno, esa no era mala idea. Si partíamos de que eran las 3 de la mañana, semejaba bastante improbable que Terminator tuviese suficiente mala leche como para esperar a que el WoW cerrase al amanecer. ¡Estábamos a salvo!

Fue entonces, cuando liberada del estrés y con mi SPM magnificando el sentimiento de gratitud hacia nuestra salvadora me paré a analizarla detenidamente.

Brigitte era en realidad bastante más vieja de lo que yo había calculado al verla a lo lejos. Si bien era cierto que el bisturí había retocado naricilla, mentón y pómulos, con sus 40 y tantos, las primeras arrugas campaban a sus anchas en torno a la boca y a aquellos ojos avellana que nos miraban con altivez. Además un incipiente desprendimiento de papada y la pérdida de elasticidad en el cuello no dejaban dudas respecto a su sobrada mayoría de edad.
Por otra parte y basándome en el InTouch, la biblia del glamour, poseía una elegancia indiscutible. Llevaba los hombros más echados para atrás que Victoria Beckam, la mirada perdida en el techo cual Carmen Lomana y hablaba sin separar sus labios mejor que Sara Montiel.



-Brigitte -le dije cuando sentí el portazo a mis espaldas- Muchas gracias por salvarnos la vida.
-Ha-ha -fingió una carcajada de alto standing- Yo no he hecho nada de eso. Ha-ha. Y podéis llamarme Titina.

Aquella risa forzada produjo una suave sacudida en el carísimo bolso de CH de donde surgieron unas grandes orejas puntiagudas color camel, a juego con el sofisticado transportín, o sea. ¡Guau! ladró en tono autoritario un minúsculo chihuahua. ¡Grrrrrrr! comenzó a gruñir lanzándonos diabólicas miradas mientras un chorrito de baba se le escurría por la mandíbula.

-¡Calla, Mariposita! -le tranquilizó Brigitte- Son amigos y a los amigos no se les muerde.
-Al jefe no le gusta que traigan animales -interrumpió el portero medio metro- Y menos durante grandes celebraciones.
-No te preocupes, Argimiro. Ella sabe comportarse -contestó la peliteñida, que tras acariciar a su canino mini-yo, añadió dirigiéndose a ésta- ¿Verdad que sí?, ¿verdad que tú tienes tanto derecho como los demás?, ¿verdaaaaddd?

El matón de bolsillo rodó los ojos por el techo y lanzando un sonoro suspiro nos abrió la puerta que daba al interior del local.

-Yo no he visto nada -le susurró a Titina- Esto es cosa tuya.

La pija asintió con aire distinguido y avanzando con elegantes pasos aristocráticos franqueó el umbral hacia la fiesta privada desde donde nos llegaba una suave música chill-out.

-Al fin un poco de tranquilidad -masculló el albondiguilla completamente agotado con tantas emociones en una sola noche- Por mi puede estar todo el local en llamas que no pienso moverme de aquí hasta que salga el Sol.

Y aquello sonó como una invocación a la Ley de Murphy.

Eddie Murphy

Murphy. El de la ley.

No volví a saber del Jonhy hasta que me zambullí de lleno en el frío de la noche. Y eso fueron bien 10 minutos después de que él hubiese estampado mi cara contra la pared del corredor.

Ya no tenía prisa por salir del Route 77. Habida cuenta de lo agotada que estaba tras mi teórico cara a cara con la muerte y que además ahora sabía que en ese local yo no corría absolutamente ningún peligro, me pareció innecesario abusar de mis fuerzas para ir en busca del Jonhy. Resultaba evidente que MacGyver sabía poner su tierno culito bien a salvo.

Fuera de la disco el tiempo resultaba desapacible. Un gélido viento invernal comenzaba a corretear de nuevo entre las callejuelas del casco antiguo y las estrellas estaban cubiertas por sigilosos nubarrones amenazantes.

-Tu amigo está allí sentado... -me informó el amable portero señalando hacia la catedral- ... y tiene  pinta de haberle pasado algo gordo.
-Ya sabes... Su primera vez...-traté de responder sin mentirle- No salió como él esperaba.
-A veces pasa -añadió con tono compresivo- Tú dile que no se preocupe, que esto es sólo cuestión de práctica...

Mientras asentía con la cabeza, le dediqué mi sonrisa más afable y cariñosa. A aquel King Kong bonachón le debíamos que la disposición de nuestra cara se mantuviese tal y como cuando nuestra madre nos trajo al mundo.

-Y gracias por lo del tipejo de antes -grité ya a medio de camino de la catedral.
-¡Fue un placer! -contestó también a voces- Pero tened cuidado porque no hace mucho lo vi rodando la zona.

¡Increíble!, ¡el Charly seguía vivo y fastidiando!. ¡Yo que ya me lo imaginaba suspendido en el aire!, ¡totalmente pulvizado!, ¡desintegrado!, ¡hecho fosfatina!. El mandril de mi ex era la clara comprobación empírica de que mala hierba nunca muere... ni aunque la pise Bud Spencer a lomos del caballo de Atila.

Sin embargo, había otros (menos hierbajos, pero más cebollinos), a los que un simple pesaje de huevos los dejaba traumatizados de por vida.

-¿Ya pasó? -le pregunté al Jonhy en tono infantil- Ya no tiene miedo el nene.

Sentado de nuevo en los escalones del templo centenario, mi pelo-pincho-lamido alzó sus tristes ojos del suelo al oirme llegar. Ahora brillaba en ellos una brizna de ira.

-¿Fue malo-malo contigo el vampiro?, ¿trató de morderte el cuello?...

Silencio.

-... ¿o quizás era menos de dientes y más de chupar?

Mirada asesina.

-¿No tenías escapatoria?, ¿tu estaca no daba la talla?...

Vena atravesando la frente.

-... ¿o la suya era de proporciones descomunales y te la intentó clavar?

Ademán de incorporarse.

-Por eso ahora eres un culo de mal asiento... Brrrrffffffffff... JAJAJAJAJAJAJAJA...

No pude evitar romper mi frase en una sonora carcajada. A pesar de que había planeado mantener el vacile durante unos minutos más, la sola imagen de mi despistado albondiguilla amenazando con empalar a una cuadrilla de gays lujuriosos resquebrajó mi fingida seriedad.

-Te parecerá muy gracioso -graznó súbitamente MacGyver ante la mirada atónita de una pija oxigenada que se encaminaba al WoW- Todo esto me ha pasado por TU culpa.
-Sí, claro... JAJAJAJA-le contesté entre risas- Fui yo quien salió en busca de la fiesvampiro y vino convencido de que se celebraba en el Route 77... JAJAJAJA...
-No es eso -continuó gritando cada vez más irritado- Pero si estamos aquí es por ti y ese nuevo gran amor tuyo.
-Sí,sí... JAJAJAJA... Los dos te castigamos y te mandamos a un cuarto oscuro... JAJAJAJA...
-No te reías tanto cuando escuchabas aullar a Ervigio desde el sótano de tu abuela -berreó mientras la peli-teñida de antes se detenía a observarnos preocupada- He venido para salvar tus posaderas y de paso las de tu chupasangres moribundo.
-JAJAJAJA ... ¡Ésa sí que es buena!... JAJAJAJA... ¡Ofreces tu culo para proteger los nuestros!, ¡Qué haría yo sin Gay Helsing! JAJAJAJAJAJA...
-¡Perfecto! ¡No me des las gracias siquiera! -se encolerizó mientras me ametrallaba a salivazos desde un peldaño superior- ¡Tú sigue burlándote y cachondeándote de mi!
-Así es el karma -expliqué recuperando la seriedad- ¿O ya se te ha olvidado lo de la bola número 8, Liberad a Willy e Instinto Básico? Creo que es justo que ahora me ría de ti.
-¡Lo justo es que yo me vaya para casita!-zanjó irreflexivo encarando nuestras naricillas- Ya me contarás si Ervigio muere con más o menos gracia que Radu.



Apenas sin darme tiempo para comprender lo que estaba pasando, el Jonhy descendió por la escalinata a grandes zancadas, dispuesto a montarse en el Aixam y marcharse sin mirar atrás.  Exactamente como un crío pequeño emberrinchado porque acaba de hacer el rídiculo.

-Pues si te encuentras con Charly no vengas a pedirme ayuda -le amenacé con mi SPM saturado por tanta infantilidad.
-¡Descuida! -me respondió soberbio- ¡Él puede molerme a palos, pero tú me taladras el cerebro!

Y dando media vuelta pasó velozmente junto a la puerta del WoW donde la pija vestida de Carolina Herrera no nos quitaba ojo de encima.

-Espera, muchacho -detuvo al Jonhy sin apenas abrir sus finos labios color carmín- Te llaman.
-¿Ésa loca? -preguntó él tratando de zafarse de aquellas manos de porcelana-  Ella y yo hemos terminado definitivamente.
-No, tu amiga no. -explicó la rubia señalando hacia el final de la calle-  O ssseaaa, aquel chico de allí.

Desde el umbral de la puerta me mantuve a la espera. Con todos mis sentidos alerta. Felina. En tensión. Lista para ponerme en marcha ante la primera voz de alarma.

-¡Te pillé! -escuché gritar eufórico al albondiguilla- Ya eres mío.

Mi corazón galopó desbocado al oir la señal. Rápidamente tanteé los bolsillos de la sahariana y, tras un gran esfuerzo de autocontrol, alcé triunfante los cinco metros de fina cuerda de esparto que el Jonhy me había encomendado.

-Uhmmmm... -respondió una voz sensual mientras mi pie tanteaba torpemente en la penumbra- ¿Soy tuyo o tú eres mío?.

Detuve en seco mi operación de apoyo insegura de que fuese el momento adecuado para entrar en acción.

-Te puedo atravesar con mi estaca -continuó MacGyver en un tono mafioso intimidatorio- ¿Responde eso a tus dudas?
-Ja, ja, ja... -unas carcajadas sofocadas resquebrajaron las impenetrables tinieblas- Yo siempre llevo la mía encima-argumentó burlón el chupasangres- ¿Quieres que las midamos para ver quién gana?

Un leve murmullo se extendió como una ola por la sala quedando inmediatamente sepultado bajo la música de la pista de baile. Daba la sensación de que aquello estaba lleno de vampiros cuyas siluetas comenzaban a ser perceptibles para mis pupilas.

-¿Medir las estacas?... -preguntó un Jonhy claramente desconcertado.

De nuevo un suave rumor salpicado de aviesas risillas se propagó a lo largo y ancho de la habitación confirmando que mis ojos no se equivocaban al contar a los chupasangres por docenas.

No cabía duda alguna, había llegado la hora de la verdad. Ahora me tocaba a mi demostrar quién era la líder de la manada: entrar en aquella habitación atestada de murciélagos famélicos y rescatar a mi pelo-pincho-lamido sin derramar una gota de sudor... y, a ser posible, tampoco de sangre.

-Sí. ¡Midamos las estacas!-continuó el no-vivo, medio muerto de risa- Aquí está la mía.
-¡Eh!, ¡un momento!...  -se sorprendió MacGyver.
-Y la tuya debe de estaaaaarrrr... -jadeó la ratilla voladora.
-¿Qué coño... -preguntó inocente el Jonhy- ... ¿qué coño estás haciendOUOUOUOUOUAAAAAAAAAAAA???!!!

No hacía falta seguir escuchando. Aquel bramido ensordecedor lo explicaba todo con una claridad más que meridiana. ¡¡¡¡¡Alguien estaba a punto de cenar albondiguilla en su salsa!!!!!

Como un resorte, salté sobre mis talones y, sujetando con fuerza la cuerda y la cazadora porta-estacas, mi cuerpo se puso pies en polvorosa  tan velozmente como se lo permitía la tenaza de vinilo.

En un acto de coraje había optado por ignorar los alaridos de mi amigo agonizante e invertir la única baza que teníamos (mi vida) en obtener refuerzos. Al fin y al cabo, resultaba indiscutible que los chupasangres poseían superioridad física además de la evidente numérica, con lo que entrar en aquella sala se trataba, a efectos prácticos, de un suicidio.

-¡ESAS MANOS QUIETAS! -escuché al Jonhy mientras me alejaba dando veloces pasitos por el pasillo.
-Relájate y no te dolerá, guapito de cara...
-¡EL PANTALÓN, NO!, ¡EL PANTALÓN, NO!
-Ven a probar mi estaca...
-¡AAAAAHHHHH!
-Si te va a gustarrrrrrrr...
-¡SOCORROOOOOOOOOO!...

Entonces, proveniente del oscuro cuarto en el que había dejado TEMPORALMENTE a MacGyver, un estruendo comparable a una coral de martillos hidráulicos, me alcanzó cuando yo ya estaba a punto de entrar en la pista de baile trotando como una cabritilla de Heidi.

"Ramón... su total... sin ampollas... por ser... manojo... canijo de Yuta"(1). ¿Qué sentido tenía eso?

Un chaparrón de gritos inconexos proferidos por aquella horda de vampiros maléficos, llegaban  hasta mis oídos en forma de frases incoherentes. Entonces, cediendo a la curiosidad, abandoné mi misión de rescate un instante y me detuve brevemente para voltear la cabeza.

De las tinieblas que lo habían engullido un par de minutos atrás, mi pelo-pincho-lamido emergió súbitamente con un ágil salto de gacela.  Lleva los vaqueros desabotonados, su elegante flequillo emo empapado en el sudor de la frente y la camisa completamente abierta mostrando el nada atlético torso de MacGyver. Parecía fuera de si, cegado por el miedo y entregado en cuerpo y alma a su veloz carrera.

Cual búfalo en plena estampida, el Jonhy galopaba hacia mi, dispuesto a embestirme sin que su cerebro fuese consciente de que me encontraba en plena trayectoria de huída. Mientras, yo, atónita y estúpidamente petrificada, observaba el rítmico vaivén de sus carnes bamboleantes, zarandeadas en una y otra dirección según la posición de su cuerpo.

-¡Jonhy!, ¡soy yo! -le grité cuando hube despertado de su hipnótica desbandada- ¡Soy yo!, ¡PARAAA!.

Sin embargo, a pesar de que en su mirada brilló un destello de lucidez, mi MacGyver no sólo no redujo sino que aumentó su velocidad dispuesto a arrollarme con todo el peso de su masa muscular (ésa que está tímidamente escondida bajo un mar de capas de grasa).

-¡Tío!, ¡qué ya estás a salvo! -le grité señalando a los humanos de la pista de baile- ¡Éstos ya no van a morderte!
-¡Apartaaaaa! -fue la escueta respuesta de mi pelo-pincho mientras me empujaba a un lado- ¡SON GAYS!
-¡¿Vampiros gays?! -repetí más patidifusa que si un murciélago gigante me hubiese atacado en el metro- ¿No hay ni uno heterosexual?... ¿para mi, al menos?
-¡NO! -me contestó perdiéndose ya entre la multitud que bailaba en el centro del Route 77- ¡No son vampiros!, ¡SON SÓLO GAYS!

 



Pasmada con la noticia observé como mi MacGyver atravesaba a duras penas la atestada discoteca, abrochándose los vaqueros con una mano y espantando pellizcos esporádicos con la otra.

¡Vaya, vaya, vayaaaaa! ¡Así que mi resabidillo sabelotodo se había equivocado de local!, ¡así que se había metido voluntariamente en un cuarto oscuro!, ¡así que había estado a punto de ser desvirgado en una bacanal gay! Definitivamente, ¡VAYA!. ¡Ahora SÍ que estaba claro que el karma siempre deja a cada uno en su lugar!




(1) Nota de la autora: Después de consultar fuentes fidedignas y diversos diccionarios etimológicos, una traducción más que probable de la frase es: "¡Mamón!, ¡subnormal!, ¡gilipollas!... ¡JODER!...¡más ojo! ¡gran hijo de puta!"

Mi MacGyver frenó súbitamente su espasmódico contoneo y entró en modo súper-agente-secreto.

-¿Quiénes son?, ¿dónde están?, ¿cómo los descubriste? -me ametralló a preguntas mientras achicaba los ojos lanzando miradas rápidas en todas las direcciones.
-Pues estaban justo aquí -indiqué señalando el hueco que había permanecido libre hasta hacía escasos segundos- Les escuché decir que eras cagadito a Adam Lambert... aunque más gordo -apostillé para volar de un plumazo el engreimiento de su sonrisa- Y por eso mismo uno pensaba pillarte como cena para esta noche.

Esta ampliación de información produjo en mi pelo-pincho-lamido un atragantamiento repentino. La cara  se le quedó instantáneamente congelada por la preocupación y sus ojos se anclaron tercamente en el suelo como buscando una solución en él.

-¡Míralos! -le saqué de su ensimismamiento- ¡Están allí!

El albondiguilla elevó la vista justo a tiempo para ver como las dos ratillas voladoras se despedían sonrientes con besitos en las mejillas. Al parecer sus caminos se bifurcaban a partir de ese momento.
El más rubio optó, entonces, por ir al encuentro de un pequeño grupo de alegres vampiros, claramente dispuestos a quemar la pista de baile hasta el amanecer. El otro, de pelo negro engominado, le dedicó una breve mirada al Jonhy justo antes de esfumarse, algo teatralmente, bajo el umbral de un diminuto pasillo.

-Ése que va al baño es el que te había elegido de manduca para esta noche -le expliqué a mi apetecible ganchito de chupasangres- Quizás deberías aprovechar ahora para huir y salvar tu vida.
-¿Y permitir que me cace en una calle desierta? -adujo mientras se retocaba el flequillo histéricamente- Nada de eso. Me quedaré aquí rodeado de humanos y tomaré yo la iniciativa...La mejor defensa es un buen ataque -sentenció.
-Ajá... ¿Y cuál se supone que es ese buen ataque? -traté de discurrir con un nuevo MacGyver completamente atacado de los nervios-¿Algo que acabas preparar en cinco minutos?
-Síp -constestó sin atender a razones- ¡Un plan maestro!. ¡Perfecto!... Perfecto si haces exactamente lo que te diga -añadió como si adiestrase a un perro- ¡Tú sígueme!

Lo fulminé con la mirada, pero él ni se percató de la ofensa. Ya me había resultado una noche bastante humillante hasta el momento como para que el Jonhy no sólo proclamase mi momentánea incapacidad de asumir el liderazgo, si no que también insinuase mi ineptitud absoluta para realizar la más nimia de las tareas.

-Espero estar a la altura de tan genial y prodigioso cerebro -murmuré de mala gana.
-¿Cómo? -se acercó para distinguir mi voz entre los bajos de la música.
-Nada, nada... Que tu dirás que hacemos.

Con un veloz movimiento de mano me indicó que lo acampañase y estando a punto de penetrar en el estrecho pasillo, mi albondiguilla caza-vampiros se detuvo para inspeccionar el territorio.

El corredor que teníamos por delante era largo, angosto y mal iluminado. De las paredes, negras como en el resto del local, sobresalían diminutas bombillas de bajo consumo que le daban un toque tenebroso al pasaje. Entre cada par de lamparillas, unas puertas pintadas de blanco, resplandecían en la penumbra, sembrando la incógnita de lo que esconderían sus impolutas hojas de madera.

Podían ser simplemente los urinarios. Quizás se trataban de almacenes para las bolsas de sangre y bebidas menos hemoglobínicas. O tal vez estaban ahí encerrados otros aperitivos humanos, seleccionados como el Jonhy tras un exhaustivo reconocimiento. Sin embargo, a pesar de estas perturbadoras posibilidades, lo que más inquietaba nuestros desbocados corazones era la completa negrura que reinaba al final de la galería.

Avanzamos lentamente tratando de captar sin éxito algún sonido del otro lado de la pared, pero los  temas disco reverberando en todos los tabiques del local habrían acallado incluso al gamo más fogoso de la pasada berrea otoñal.

-¡Una sala! -vocalizó el Jonhy mientras apuntaba con el dedo hacia el final del corredor- Ahí... El vampiro... -añadió poniendo los índices justo en lugar que debían ocupar sus colmillos.

Mi pelo-pincho-lamido acaba de perder cualquier resquicio de cordura que sus nervios hubiesen dejado en pie. Ahora se encontraba, sin duda, en plena selva vietnamita ejercitando las inteligentes argucias militares que su tío le había inculcado tras sesiones maratonianas dedicadas a: Depredador (1 y 2), Delta Force (1 y 2), el Guerrero Americano (1,2 y 3) y Rambo (1,2,3,4 y 5).
En total, sin exagerar, más de 15 visionados cada una.



-Yo delante -continuó mímicamente.

No me pareció mala idea. Dejé que MacGyver tomase la avanzadilla de nuestras improvisadas fuerzas especiales y, una vez bajo el marco que daba acceso al habitáculo, situé mi cabeza a su lado para tener una mejor visión del interior... Pero no fui capaz de ver ni oir nada.
Si la ratilla voladora que pretendía merendarse al albondiguilla estaba o no allí dentro era algo imposible de saber. La oscuridad y la música exterior convertían a aquella habitación en infranqueable para los sentidos de la vista y el oído, así que semejaba que sólo nos quedaba el tacto.

-Voy a entrar -me susurró el Jonhy después de un buen rato esculcando la nada.
-Entonces yo vigilaré la retaguardia -le respondí en el mismo tono de voz- Quizás el chupasangres esté en una de esas puertas.

El albondiguilla asintió con la cabeza mientras sacaba una estaca de la cazadora.

-Hay más en cada bolsillo-me explicó tendiéndome la sahariana- Quédate con ella.
-Ok.
-Y cuando tenga acorralado al no-muerto, coge la cuerda que está en los bolsillos interiores y entra para ayudarme a atarlo -continuó mientras yo notaba que se le quebraba la voluntad-... Y si no salgo con vida... Yo, yo...
-No te preocupes -le atajé mientras dulcemente lo empujaba hacia la oscuridad- Si estás en peligro entraré a rescatarte.

Mi pelo-pincho-lamido me miró con el pavor debatiéndose a lágrimas en sus ojos, pero él ya había desperdiciado su momento para salir por piernas. Ahora que estábamos allí no íbamos a malgastar la oportunidad de salvar a Ervigio. ¡Hacia atrás ni para tomar impulso!

Apreté los dientes, endurecí mi corazón y con un rápido golpe seco lo catapulté a las tinieblas perdiéndolo de vista... Tal vez para siempre...

Detuve bruscamente al Jonhy, más dispuesto a meterse en la boca de un vampiro que a soportar otra buena tunda de palos, y agudicé mi oído tratando de averiguar si Charly tenía alguna posibilidad de seguirnos al interior de la disco.

Plaf. ¡Ay!. Pum. ¡Ay!. Crash. ¡Ay!. Brouummmm. ¡Aaaaaaaaayyyyyy!...  Silencio.

Una nueva pareja de vampiros con aspecto de haber muerto con 17, 18, a lo sumo 19 años aparecieron tras la enorme cortina negra gesticulando y reproduciendo entre carcajadas una pelea mezcla de Jackie Chan y Pressing Catch.

-¿Has visto cómo hacía el gilipollas de ahí fuera? -decía el más bajito agitando las manos como si estuviese limpiando cristales- “Uuuuuuuuhhhhhhhh... Soy cinturón negro... El heredero de Chuck Norris”... Juajuajuajua.
-Sí, sí... Juajuajuajua -le respondía el otro- Aunque éste no creo que pueda contar hasta infinito... ¡Ya no le quedan dedos para empezar!... Juajuajuajua...
-Y la patada giratoria... -seguía el otro mientras pasaban a nuestro lado-... va a tener que esperar hasta que pueda ponerse en pie... Juajuajuajua... ¡Menuda soba!... Juajuajuajua.

Le eché un vistazo a mi albondiguilla, que ahora semejaba más tranquilo, y hablándole al oído le indiqué:
-Entremos en la fiesta. Tengo la sensación de que el Charly va a tardar bastante en regresar a la circulación y nosotros tenemos una misión...

Mi pelo-pincho-lamido dejó caer sus hombros y se abandonó a mi voluntad, agotado por el chute de adrenalina que acababa de sufrir. Aprovechando esta sumisión espontánea, lo empujé suavemente por la espalda hasta introducirlo en una sala de ambiente ochentero.

Las paredes se intuían pintadas en un elegante color negro que apenas osaba asomar entre los grandes espejos que invadían tabiques y columnas. El techo mostraba una reproducción del cielo nocturno y en su centro, reluciente por los juegos de luces, una gigantesca bola de discoteca giraba sin cesar al ritmo de “Hook me up!” de “The Veronicas”.

-¡Aquí están todos vivos! -me susurró el albondiguilla recuperando su presencia de ser- Fíjate en los espejos. ¿No se supone que los chupasangres no pueden verse en ellos?.

Justo delante nuestra, unos cien no-muertos (o tal vez no no-muertos), charlaban, reían y bailaban desenfrenadamente al son de la música y con su respectivas imágenes replicadas en los espejos de las paredes.

-Quizás éso sea sólo un mito... -le respondí desconcertada al plantearme la falsedad de un hecho que siempre había dado por cierto- O puede que éstos sean los canapés para el aperitivo de una noche tan especial.

El Jonhy ladeó la cabeza como si estuviese valorando positivamente mi razonamiento y al cabo de un rato me hizo partícipe de sus conclusiones:

-Es probable que tengas razón -admitió con tono condescenciente- Así que no vamos a precipitarnos raptando a un humano -¿qué estaba insuando?- Tenemos que actuar con cabeza -¿no lo hago siempre?- Vamos a mezclarnos entre ellos, así que se discreta... -Discreción es mi segundo nombre-... y observadora... -como un búho- En cuanto tengamos un sospechoso, lo aislamos, lo capturamos y nos lo llevamos puesto. ¿Lista?
-Más que el hambre -le respondí harta de instrucciones innecesarias.
-Pues entonces, vayamos a bailar.

Lentamente, analizándolo todo y a todos (¡aing, o’má que ricos!) , nos sumergimos con mucho cuidado en aquella masa de cuerpos calientes y sudorosos que se balanceaban rítmica y aparentemente ajenos a nuestra presencia.

El Jonhy, que encabezaba la pequeña expedición en territorio hostil, se dirigió con decisión hacia una de las columnas situadas casi en el centro de la pista. Allí, sin parar de mirar de forma paranoica, y en absoluto discreta, a los posibles chupasangres, se quitó la sahariana negra y colgándola de su antebrazo izquierdo apoyó el codo derecho sobre un minúsculo mostrador para copas que se hallaba anclado en la pared.

-¿No bailas? -le pregunté a sabiendas de que Robocop tenía mayor capacidad psicomotriz que mi pelo-pincho-lamido.
-Ya sabes que esta música no me va -se excusó precipitadamente- Los emos no estamos hechos para el disco -añadió buscando mi compresión.
-Síp, es cierto -concedí-, pero se ve que a los vampiros les mola más esto que el tema gótico, así que no llames la atención y ponte a mover ese esqueleto que lleva años sin saber lo que es ejercicio.

El albondiguilla me lanzó una mirada lastimera y como se le intuía a punto de replicarme con cualquier estupidez, opté por dar ejemplo e iniciar, a pesar de lo limitado de mis movimientos, tan exótico baile que ya quisieran las gogós de Pachá.
Alcé los brazos de forma sensual, cerré los ojos para captar el ritmo de la música y comencé a menear la cabeza frenéticamente haciéndo girar la coleta que llevaba por si las lluvias torrenciales regresaban esta noche.
Cuando volví a separar los párpados, mi MacGyver ya se había lanzado en pos de la fama y estaba haciendo toda una exhibición de cómo es posible mover tu cuerpo sin que un sólo par de miembros esté coordinado entre sí o, siquiera, con el propio compás de la canción... Digno de estudio.

-Je, je, je... -un risilla siniestra se dejó oir a mis espaldas- ¡Qué mal baila!
-Sí... Je,je,je... -confirmó otra voz a la que no pude poner rostro- Pero no me negarás que es igualito a Adam Lambert...

Miré al Jonhy y supe que estaban hablando de él. Nadie más en el local se movía con tan poca gracia, además de que esa noche el albondiguilla había combinado sus intensos ojos azules muy al estilo del famoso cantante. Vestía vaqueros negros raídos, llevaba remangada su camisa gris de las grandes ocasiones y el pelo lucía más pincho-lamido que nunca... Exactamente un clon, algo entrado en kilos, de Adam Lambert en las "AOL sessions".
 


-Hombreeeee... igualito, igualitooo... -proseguía la discusión justo detrás- Digamos que es como si se lo hubiese zampado... je, je, je.
-¡Pues mejor que sea de buen comer!... -respondió rápidamente el segundo- Aunque si tú no lo quieres -añadió tornando grave su voz- déjamelo a mi que ya le hincaré el diente en cuanto el ballenato se aparte... Jajajajaja...
-Jajajajaja...

Detuve mi baile sexy para procesar esta última parte de la conversación y cuando hube razonado infaliblemente que lo del ballenato se refería a mi, me giré para poner rostro a aquellos dos vampiros antipáticos que osaban insinuar que yo estaba gorda.
Sin embargo, al voltearme, sólo pude encontrar un pequeño espacio vacío justo detrás de mi, como si los dos no-muertos se hubieran esfumado en el aire. Sacudí la cabeza registrando visualmente todo el habitáculo y finalmente en una esquina, a lo lejos, encontré un par de caritas sonrientes que me desafíaban con osadía.

-Creo que he localizado a dos chupasangres -le grité al Jonhy al oído- Y uno va a por ti.