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diariodeunavampiresanovata

Mi MacGyver frenó súbitamente su espasmódico contoneo y entró en modo súper-agente-secreto.

-¿Quiénes son?, ¿dónde están?, ¿cómo los descubriste? -me ametralló a preguntas mientras achicaba los ojos lanzando miradas rápidas en todas las direcciones.
-Pues estaban justo aquí -indiqué señalando el hueco que había permanecido libre hasta hacía escasos segundos- Les escuché decir que eras cagadito a Adam Lambert... aunque más gordo -apostillé para volar de un plumazo el engreimiento de su sonrisa- Y por eso mismo uno pensaba pillarte como cena para esta noche.

Esta ampliación de información produjo en mi pelo-pincho-lamido un atragantamiento repentino. La cara  se le quedó instantáneamente congelada por la preocupación y sus ojos se anclaron tercamente en el suelo como buscando una solución en él.

-¡Míralos! -le saqué de su ensimismamiento- ¡Están allí!

El albondiguilla elevó la vista justo a tiempo para ver como las dos ratillas voladoras se despedían sonrientes con besitos en las mejillas. Al parecer sus caminos se bifurcaban a partir de ese momento.
El más rubio optó, entonces, por ir al encuentro de un pequeño grupo de alegres vampiros, claramente dispuestos a quemar la pista de baile hasta el amanecer. El otro, de pelo negro engominado, le dedicó una breve mirada al Jonhy justo antes de esfumarse, algo teatralmente, bajo el umbral de un diminuto pasillo.

-Ése que va al baño es el que te había elegido de manduca para esta noche -le expliqué a mi apetecible ganchito de chupasangres- Quizás deberías aprovechar ahora para huir y salvar tu vida.
-¿Y permitir que me cace en una calle desierta? -adujo mientras se retocaba el flequillo histéricamente- Nada de eso. Me quedaré aquí rodeado de humanos y tomaré yo la iniciativa...La mejor defensa es un buen ataque -sentenció.
-Ajá... ¿Y cuál se supone que es ese buen ataque? -traté de discurrir con un nuevo MacGyver completamente atacado de los nervios-¿Algo que acabas preparar en cinco minutos?
-Síp -constestó sin atender a razones- ¡Un plan maestro!. ¡Perfecto!... Perfecto si haces exactamente lo que te diga -añadió como si adiestrase a un perro- ¡Tú sígueme!

Lo fulminé con la mirada, pero él ni se percató de la ofensa. Ya me había resultado una noche bastante humillante hasta el momento como para que el Jonhy no sólo proclamase mi momentánea incapacidad de asumir el liderazgo, si no que también insinuase mi ineptitud absoluta para realizar la más nimia de las tareas.

-Espero estar a la altura de tan genial y prodigioso cerebro -murmuré de mala gana.
-¿Cómo? -se acercó para distinguir mi voz entre los bajos de la música.
-Nada, nada... Que tu dirás que hacemos.

Con un veloz movimiento de mano me indicó que lo acampañase y estando a punto de penetrar en el estrecho pasillo, mi albondiguilla caza-vampiros se detuvo para inspeccionar el territorio.

El corredor que teníamos por delante era largo, angosto y mal iluminado. De las paredes, negras como en el resto del local, sobresalían diminutas bombillas de bajo consumo que le daban un toque tenebroso al pasaje. Entre cada par de lamparillas, unas puertas pintadas de blanco, resplandecían en la penumbra, sembrando la incógnita de lo que esconderían sus impolutas hojas de madera.

Podían ser simplemente los urinarios. Quizás se trataban de almacenes para las bolsas de sangre y bebidas menos hemoglobínicas. O tal vez estaban ahí encerrados otros aperitivos humanos, seleccionados como el Jonhy tras un exhaustivo reconocimiento. Sin embargo, a pesar de estas perturbadoras posibilidades, lo que más inquietaba nuestros desbocados corazones era la completa negrura que reinaba al final de la galería.

Avanzamos lentamente tratando de captar sin éxito algún sonido del otro lado de la pared, pero los  temas disco reverberando en todos los tabiques del local habrían acallado incluso al gamo más fogoso de la pasada berrea otoñal.

-¡Una sala! -vocalizó el Jonhy mientras apuntaba con el dedo hacia el final del corredor- Ahí... El vampiro... -añadió poniendo los índices justo en lugar que debían ocupar sus colmillos.

Mi pelo-pincho-lamido acaba de perder cualquier resquicio de cordura que sus nervios hubiesen dejado en pie. Ahora se encontraba, sin duda, en plena selva vietnamita ejercitando las inteligentes argucias militares que su tío le había inculcado tras sesiones maratonianas dedicadas a: Depredador (1 y 2), Delta Force (1 y 2), el Guerrero Americano (1,2 y 3) y Rambo (1,2,3,4 y 5).
En total, sin exagerar, más de 15 visionados cada una.



-Yo delante -continuó mímicamente.

No me pareció mala idea. Dejé que MacGyver tomase la avanzadilla de nuestras improvisadas fuerzas especiales y, una vez bajo el marco que daba acceso al habitáculo, situé mi cabeza a su lado para tener una mejor visión del interior... Pero no fui capaz de ver ni oir nada.
Si la ratilla voladora que pretendía merendarse al albondiguilla estaba o no allí dentro era algo imposible de saber. La oscuridad y la música exterior convertían a aquella habitación en infranqueable para los sentidos de la vista y el oído, así que semejaba que sólo nos quedaba el tacto.

-Voy a entrar -me susurró el Jonhy después de un buen rato esculcando la nada.
-Entonces yo vigilaré la retaguardia -le respondí en el mismo tono de voz- Quizás el chupasangres esté en una de esas puertas.

El albondiguilla asintió con la cabeza mientras sacaba una estaca de la cazadora.

-Hay más en cada bolsillo-me explicó tendiéndome la sahariana- Quédate con ella.
-Ok.
-Y cuando tenga acorralado al no-muerto, coge la cuerda que está en los bolsillos interiores y entra para ayudarme a atarlo -continuó mientras yo notaba que se le quebraba la voluntad-... Y si no salgo con vida... Yo, yo...
-No te preocupes -le atajé mientras dulcemente lo empujaba hacia la oscuridad- Si estás en peligro entraré a rescatarte.

Mi pelo-pincho-lamido me miró con el pavor debatiéndose a lágrimas en sus ojos, pero él ya había desperdiciado su momento para salir por piernas. Ahora que estábamos allí no íbamos a malgastar la oportunidad de salvar a Ervigio. ¡Hacia atrás ni para tomar impulso!

Apreté los dientes, endurecí mi corazón y con un rápido golpe seco lo catapulté a las tinieblas perdiéndolo de vista... Tal vez para siempre...

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