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diariodeunavampiresanovata

Siguiendo la dirección que marcaba aquella uña rojo pasión pude comprobar que tras resurgir de sus cenizas Charly se había encarnado en el nuevo Terminator.

-¡Malditos! -gritó a lo lejos al tiempo que emergía de entre las sombras- ¡No huyáis malditos!

Tenía un ojo morado, la ceja derecha ensangrentada y la mejilla izquierda a punto de cobrar vida propia. Además su camiseta ceñida había sido desgarrada en una manga y los vaqueros negros que tan bien le sentaban a su culo estaban rebozados en barro y sangre. ¡King Kong se había empleado a fondo!

-No tenéis escapatoria -continuó mientras se acercaba cojeando a gran velocidad- He aparcado la Trade en doble fila cerrándoos el paso. No podéis sacar vuestro coche.

Le lancé una mirada de preocupación al Jonhy que, tras corresponderla brevemente, giró su cabeza en dirección al Route 77.

-No conseguiréis llegar al local de vuestro matón -anunció mi ex al verme bajar la escalinata con diminutos pasitos de geisha- Y no creo que él deje su puesto por venir a ayudaros.

Efectivamente el muy capullo tenía razón. Aquella noche, no sólo parecía haber sido picado por una araña radiactiva sino que además su cerebro funcionaba al nivel de cualquier primate superior. ¡Increíble! Su maléfico plan magistralmente trazado nos iba a dejar la cara del revés sin necesidad de cirugía.

-Si teneis problemas, chicosssss, podéis entrar al WoW conmigo, o ssssea. – sugirió la peliteñida cuando hube llegado junto a MacGyver- Hoy se celebra una fiessssssta privada y vuestro "amigo" no podrá pasarrrrr sin invitación.

El albondiguilla y yo no miramos un instante. Tampoco es que tuviésemos muchas más opciones. Aquel energúmeno parecía dispuesto a golpearnos hasta que nuestras cabezas acabasen rodando a lo largo del empedrado. ¡Y simplemente porque habíamos abandonado a su novia en el cementerio!... de noche... en plena tormenta... ,pero de forma claramente I-NIN-TEN-CIO-NA-DA.

-Pa’ dentro -asumió Jonhy la decisión- No queda otra.

Los finos labios de Miss-Carolina-Herrera se curvaron imperceptiblemente en sus comisuras.

Entonces ella se giró hacia la puerta de la discoteca, golpeó con sus huesudos nudillos 5 veces en la hoja de acero y una cara pecosa apareció tras el minúsculo ventanuco que se hallaba a la altura de nuestro ombligo.

-Buena noches, Dña. Brígida-saludó el desconocido con un sonrisa sarcástisca- Ya le he explicado antes que esta noche no puede pasar. Fiesta privada, ya sabe.
-Mi nombre es Brigitte -corrigió ella con dignidad mientras se apartaba para que fuésemos visibles- Y traigo invitados. Gente sana que animará la reunión.

Sintiéndonos observados, el albondiguilla y yo adoptamos pose de foto, mostrando todos nuestros piños de la forma más angelical posible. Por fortuna, ya que Charly estaba a escasos 10 metros, el enano de la puerta nos evaluó de un plumazo y llegamos al aprobado.

-¡Pasad! -anunció con solemnidad- ¡Esta noche el alcalde nos deja estar abiertos hasta que salga el Sol!

Bueno, esa no era mala idea. Si partíamos de que eran las 3 de la mañana, semejaba bastante improbable que Terminator tuviese suficiente mala leche como para esperar a que el WoW cerrase al amanecer. ¡Estábamos a salvo!

Fue entonces, cuando liberada del estrés y con mi SPM magnificando el sentimiento de gratitud hacia nuestra salvadora me paré a analizarla detenidamente.

Brigitte era en realidad bastante más vieja de lo que yo había calculado al verla a lo lejos. Si bien era cierto que el bisturí había retocado naricilla, mentón y pómulos, con sus 40 y tantos, las primeras arrugas campaban a sus anchas en torno a la boca y a aquellos ojos avellana que nos miraban con altivez. Además un incipiente desprendimiento de papada y la pérdida de elasticidad en el cuello no dejaban dudas respecto a su sobrada mayoría de edad.
Por otra parte y basándome en el InTouch, la biblia del glamour, poseía una elegancia indiscutible. Llevaba los hombros más echados para atrás que Victoria Beckam, la mirada perdida en el techo cual Carmen Lomana y hablaba sin separar sus labios mejor que Sara Montiel.



-Brigitte -le dije cuando sentí el portazo a mis espaldas- Muchas gracias por salvarnos la vida.
-Ha-ha -fingió una carcajada de alto standing- Yo no he hecho nada de eso. Ha-ha. Y podéis llamarme Titina.

Aquella risa forzada produjo una suave sacudida en el carísimo bolso de CH de donde surgieron unas grandes orejas puntiagudas color camel, a juego con el sofisticado transportín, o sea. ¡Guau! ladró en tono autoritario un minúsculo chihuahua. ¡Grrrrrrr! comenzó a gruñir lanzándonos diabólicas miradas mientras un chorrito de baba se le escurría por la mandíbula.

-¡Calla, Mariposita! -le tranquilizó Brigitte- Son amigos y a los amigos no se les muerde.
-Al jefe no le gusta que traigan animales -interrumpió el portero medio metro- Y menos durante grandes celebraciones.
-No te preocupes, Argimiro. Ella sabe comportarse -contestó la peliteñida, que tras acariciar a su canino mini-yo, añadió dirigiéndose a ésta- ¿Verdad que sí?, ¿verdad que tú tienes tanto derecho como los demás?, ¿verdaaaaddd?

El matón de bolsillo rodó los ojos por el techo y lanzando un sonoro suspiro nos abrió la puerta que daba al interior del local.

-Yo no he visto nada -le susurró a Titina- Esto es cosa tuya.

La pija asintió con aire distinguido y avanzando con elegantes pasos aristocráticos franqueó el umbral hacia la fiesta privada desde donde nos llegaba una suave música chill-out.

-Al fin un poco de tranquilidad -masculló el albondiguilla completamente agotado con tantas emociones en una sola noche- Por mi puede estar todo el local en llamas que no pienso moverme de aquí hasta que salga el Sol.

Y aquello sonó como una invocación a la Ley de Murphy.

Eddie Murphy

Murphy. El de la ley.

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