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diariodeunavampiresanovata

Pues sí, tenía que ser en aquel preciso momento. Ni un poquito antes, ni un poquito después. ¡Oiga, que las arcadas no tienen agenda, ni entienden de citas! Vaya, ¡como si hubiese sido mi plan recibir a Ervigio con aquella clase de salvas!

 

Salvas, por cierto, la mar de abundantes, que si aún incluyendo mi primera papilla no tardaron más en finalizar, fue gracias a su presión de salida, que las esparció por todo el rellano en un abrir y cerrar de ojos ... cual aspersor de riego.

 

-Ve a ducharte de nuevo -musitó el albondiguilla en tono derrotado- Yo me encargo de limpiar tu riada.

 

La puerta del sótano se cerró a mis espaldas y cuando comenzaba a subir las escaleras hacia el dormitorio de mi padre, noté que los pasos alicaidos del Jonhy seguían a los míos, que tampoco estaban mucho mejor de ánimo.

 

-Voy a por el recogedor y la fregona -me explicó- Tú sube tranquila y arréglate para la cena.

-¿Esperarás a que esté lista? -le pedí- Me gustaría verme presentable para mi ratilla voladora.

 

MacGyver asintió levemente con la cabeza sin apenas mirarme. Después se dirigió hacia la cocina arrastrando los pies del mismo modo mustio y desesperanzado que tienen los presos en el corredor de la muerte.

 

¡Cuánto drama!, ¡chico!, ¡por Dios!. Que era yo la que se había pimplado una botella de aguardiente, tenía a su novio entre la no-vida y la muerte y debía salir en Fin de Año sin haber ido a la “pelu”. Por no mencionar que mi mejor amigo acababa de depilarme el chichi y eso, ahora que la borrachera y sus efectos comenzaban a desaparecer, ya no resultaba tan gracioso como antes.

 

“Bueno”, pensé mientras regresaba al sótano ya peinada, maquillada y vestida de gala “yo también conozco minuciosamente su culo pelón (pero ésa es otra historia) así que estamos empatados... ¡Cómo se le ocurra burlarse!...” Y un escalofrío de vergüenza me sacudió de pies a cabeza.

 

Sin embargo no había nada que temer, el albondiguilla estaba sumido en una suerte de conmoción de la cual ni el impacto de verme en lo alto de la escalera radiantemente ataviada consiguió espabilarlo.

 

-Por fin -masculló arrojando unos guantes de limpieza junto al cubo y la fregona, sobre el peldaño que tenía más cerca- ¿Lista para entrar?

-Por supuesto, ¿acaso no lo ves?.

 

Con una elegante vuelta sobre mi misma le mostré el estilosísimo vestido de raso rojo que me había comprado en la feria unas semanas atrás. Después, estirando mis manos en su dirección, unos súper-monos guantes a juego trataron de captar en vano su atención, para finalmente acabar retocando con aire casual mi moño italiano, bastante apañado si tenemos en cuenta la nula experiencia que tengo en ese tema. Como colofón, inicié un espectacular descenso por las escaleras en vuelta en el halo de glamour que siempre otorgan las capas de paño negro. ¡Los abrigos son para el populacho!

 

-Ya veo -respondió el Jonhy con una media sonrisa- ¿Le vas a dar una serenata a Ervigio?

-¿Una serenata?

-Sí, claro. ¿Dónde está el resto de la tuna?

-Ja-ja. ¡Qué gracia! - respondí al notar su referencia a mi capa- Drácula, el CONDE Drácula,... - autocorregí para hacer hincapié en el título nobiliario-... siempre llevaba una. Y hoy es el día de mi conversión, así que no quiero que Ervigio...

-¿El conde Ervigio? -se mofó MacGyver mientras abría la puerta haciendo una reverencia mi paso.

-Ervigio, a secas,... -continué ignorándolo-... se avergüence de mi al presentarme en sociedad.

 

 

-Si te hubiese visto hace una hora en el cuarto de baño, te digo que se muere él solito sin necesidad de estaca.

-JA-JA. ¿Tú no andabas deprimido?, ¿mentalizándote para la muerte en silencio?. Pues sigue así.

-¡Qué le voy a hacer si siempre sacas lo mejor de mi!

 

Le eché una mirada de odio, pero ya no osé pronunciar palabra porque el olor putrefacción que había despertado mi fase de exteriorización seguía hinundando toda la estancia. Debíamos acabar con nuestra misión lo más rápidamente posible o caeríamos fulminados por aquellos gases tóxicos.

 

Un gesto del Jonhy en plan comando me indicó que lo siguiese a través de la mal iluminada bodega. Eran las 8 y media de la tarde, la oscuridad cerrada había caído sobre la casa y ni la vieja bombilla incandescente, ni la luz que se filtraba a través de las ventanas eran suficientes para nuestras pobres pupilas acostumbradas al festivo piso superior.

 

Avanzamos en esta situación unos pocos pasos a tientas hasta que de repente mi albondiguilla acalló una exclamación.

 

- ¿Qué es esto? -se preguntó más bien a sí mismo.

 

Un bulto peludo y ensangrentado yacía inconsciente en el suelo, justo a nuestros pies.

 

Por lo que parecía, el temible pequinés guardián había sido abatido.

 

-¡¡¡Tury!!! -adiviné- ¿Pero qué...?

 

Sin dejarme acabar la frase una bala beige-pijo salió a nuestro encuentro más lozana y fresca que una lechuga, con el ánimo renovado y totalmente entregada a dejar nuestros tobillos como un colador.

 

-¡¡¡Está viva!!!... Aunque... ¿no la habíamos encerrado en un cajón? -inquirió entre aliviado y asombrado el Jonhy- ¿Cómo habrá escapado?

-Pues no se -respondí racionando mis palabras a causa del hedor- Pero Arturo se nos muere. Lo mejor será que lo lleves a la cocina para que coma algo y se recupere.

 

Mi Jonhdalf, "El Intuitivo", titubeó ante tal sugerencia. No le convencía dejarme sola allí abajo, sin embargo yo prefería aguantar aquella penetrante fetidez a estropear mi puesta de largo con unos terribles lamparones de sangre, así que insistí.

 

-Ve. ¡Veeeee!... A no ser que prefieras ocuparte de Mariposita, que está bastante más activa que Tury en estos momentos. Lo único que quiero es evitar mancharme la ropa. De veras. Prometo no tocar nada. Sólo abriré los ventanucos, porque no soporto esta peste, pero nada más.

-¿Nada más?

-Nada más. No liberaré a Ervigio, ni osaré mirar para el ataúd hasta que tú regreses.

-En serio.

-¡En serio!.

 

Y en serio se lo decía, pero nada más ver su rechoncha figura desvanecerse en la oscuridad un pequeño y malvado yo interior comenzó tentarme insistentemente... ¿Y qué si sólo le movía la tapa... un poquito?

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