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diariodeunavampiresanovata

-¿Y de veras piensas que si lo dejamos aquí no nos seguirá? - dije maquinalmente como un profesor de biología explicando su trillonésima rana diseccionada.
-Hombre, le he..., digo, le has, le has – corrigió sobre la marcha con cierto temor – le has capturado y sometido enérgicamente – ¿eeeeh?, ese es el tono de Jonhy para emergencias con su madre - Seguro que si le haces prometer que no tratará de buscarnos, él no nos seguirá.

La mano del albondiguilla señalaba ahora a Ervigio que cual cobaya amaestrado había detenido el movimiento vertical de su cabeza para reiniciarlo en forma de sacudida frenética de hombro a hombro, de hombro a hombro, de hombro de hombro...

-¡Ni hablar del peluquín! - exploté al fin haciendo que los dos elevasen sus ojos al techo - ¡Ya se que el chupasangres cumplirá su palabra! ¡El código de los succionadores de hemoglobina así se lo ordena! Pero no quiero que mi dulce murciélago crea que le temo. ¡Nuestro amor va más allá! - y el grito se me quebró en un gallo – Además – continué carraspeando - si esa lagarta empieza a salir de nuevo con Charly, yo pienso tener a mi Edward particular para restregárselo por la cara.

Desde luego no espero que ningún hombre entienda esta necesidad. Sin embargo para los siervos de la noche simplemente diré que cuando te plantan como a una lechuga es bastante urgente coger novio antes de que lo haga tu ex. El asunto se basa en el dicho popular de "al mal tiempo buena cara" o la versión más moderna impuesta por la Pantoja "DIENTES, DIENTES, que es lo que les jode".
Así es que, impulsada por esta máxima, pasé junto al Jonhy, que permanecía parado cual pasmarote en la mitad de la cripta, y comencé a mover a Ervigio hacia la puerta arrastrándolo por los pies.

-Nos lo vamos a llevar. Da igual lo peligroso... - el esfuerzo me dejaba sin aliento – ... peligroso y pesado que sea.

Mi no-muerto, aunque esquelético y blanco como la raspa de una sardina, ahora se hayaba cargado con tal cantidad de crucifijos y cadenas que ni una familia de focas-monje pondría la balanza a su favor.
Lamentablemente este saludable ejercicio no me estaba sentando muy bien. Sudaba como un cerdo y no me favorecían nada los chorretes de rimmel por las mejillas (menos sabiendo que Charly venía de camino). En cuanto crucé el umbral y llegué al borde de las escaleras, el cansancio se apoderó de mi. Zapateé los pinreles del Ervigio (de los que sí se puede decir que olían a muerto) y me senté en el último escalón.
Desde allí se podía contemplar buena parte del camposanto. A pocos metros a la izquierda estaba la capilla, justo en línea recta con la entrada principal que, situada a nuestra mano derecha, se hallaba a tal distancia que impedía que fuésemos vistos desde el exterior. Justo enfrente, las tumbas comunes, cubriéndose poco a poco de las sombras que unas nada amistosas nubes negras iban vertiendo sobre el cementerio.
Agotada apoyé mi frente y el hombro derecho contra una fría columna del soportal, puse suavemente la cabeza de mi rata voladora en el regazo y me dejé llevar por la tenebrosamente romántica noche.

-Yo te amo sólo a ti – le confesé mientras apartaba dulcemente las sucias guedejas de su frente – si antes me has escuchado hablar de Charly quiero que sepas que eso está completamente olvidado.

Mi adorable murciélago me miraba con sus ojillos abiertos como platos. Tan atento parecía que seguramente de haber podido no habría articulado palabra para no interrumpirme.

-Sí – acababa de abrir el grifo de la sinceridad -  hubo un tiempo en que salimos juntos y yo estaba muy enamorada de él... Pero lo dejé.
-Estooooo... – me desafió Jonhy con indiferencia mientras bajaba por las escaleras - Salir, salir... Y más bien te dejó él a ti.
-Bueno, estrictamente hablando – tuve que admitir – pero yo ya me había planteado dejarlo antes de que él lo hiciese - y volviéndome hacia Ervigio continué - Es que nuestra historia no había empezado exactamente con buen pie y luego todo se torció.

La rechoncha figura del Jonhy se detuvo bruscamente al borde de la escalinata para apostillar:

-Bueno, estrictamente hablando, vuestra historia no había empezado – y sin más continuó andando hasta desaparecer por el lateral de la capilla que se escapaba a nuestra visión.

Buffff ¡Qué incordio podía ser a veces!. Se pasaba el día entero callado esperando el peor momento para interrumpirme y luego esfumarse misteriosamente sin explicar a dónde ni por qué. Sin embargo no tenía miedo, la amistad de Jonhy es algo en lo que siempre puedo confiar y se que nunca me abandonará por adversas que sean las circunstancias. Así que completamente relajada lo dejé irse a paseo sin preguntar y me centré en la cháchara con Ervigio:

-  Charly salía con Vane, pero yo había notado que entre él y yo saltaban chispas en cuanto quedábamos solos en la misma habitación... Son cosas que percibes si estás en sintonía con otra persona...

Callé un momento porque el Jonhy acaba de reaparecer por la esquina de la iglesia y quizás quisiese hacer alguna puntualización más que me desacreditase de nuevo. No obstante pasó de mi por completo. ¡Sorprendente!. Inspiró con fuerza, fijó la vista en un punto que yo no alcanzaba a ver y después de ponerse en la postura de salida para los 100m. se echó a trotar más que a correr por dónde había venido.

-Como te iba diciendo – decidí ignorarlo a él y a sus cosas - yo sentía el ambiente cada vez más cargado de tensión sexual no resuelta (sip, como en las pelis) y un buen día resolví lanzarme al ataque.

¡Boooooommmmm! se escuchó desde la zona por donde Jonhy acababa de perderse con sus saltitos cansinos. Todo parecía indicar que había tenído lugar un choque frontal puerta-albondiguilla y habida cuenta de que el segundo acaba de retornar doliendose de su hombro derecho, el enfrentamiento iba 1-0 y sin augurios esperanzadores a la vista.
De todas formas no me daba pena. El muy capullo seguí ignorandome, sin parar siquiera para explicarme porque estaba tirando una puerta abajo. Hinchó el pecho como un palomo, repitió la pose de los 100m y se perdió de mi vista dando botes pequeños por el lado derecho de la iglesia. El eco de otro tremendo ¡boooooommmmm! nos informó del 2-0.

-Te decía que finalmente fui a por él. Me había lanzado tantas miraditas insinuantes que no resistí más y un día que teníamos concierto aproveché para declararme – el Jonhy arrastrando sus Mustang negras me distrajo momentáneamente - Charly estaba bajando los trastos de la camioneta, yo me metí en la parte de atrás para ayudarle... Y pasó lo que tenía que pasar... Nos besamos apasionadamente, como dos amantes separados que llevasen más de un siglo sin probar la boca del otro.

El albondiguilla resopló desde la distancia y saltándose toda la preparatoria de nuevo se echó a caminar renqueante hacia la resistente puerta.

-Es cierto que Charly al principio parecía un poco reticente, pero cuando Vane nos pilló yo ya estaba en sujetador sentada a horcajadas sobre él... - paré un momento para tratar de ordenar las ideas - Luego se lio parda. Primero ella me apartó arrastrándome por el pelo. Después lo abofeteó a él (algo realmente feo, porque hay que saberse retirar con dignidad) mientras el muy cobarde negaba sus flirteos y perjuraba que me le había abalanzado como un loca.

Un novedoso "boooooommmmm-crack" me interrumpió. El peso de mi pelo-pincho-lamido estaba resquebrajando la puerta.  Callé hasta que lo vi resurgir de entre la oscuridad de la noche con su paso cansado y la mano izquierda masejando el otro brazo desde el hombro hasta la muñeca.
Se detuvo en su ya habitual punto de partida resollando como un búfalo y centelleando con todo el sudor que le bañaba la cara. Inclinó su tronco hacia adelante y flexionando las rodillas descansó ambas manos sobre ellas tratando de recuperar el aliento.

-Cuando todo se calmó – continué con Ervigio – me fui directamente a hablar con Vane para decirle que me importaba una mierda que ella lo aceptase o no, simplemente Charly y yo íbamos a empezar a salir, y punto... Pero ella no lo llevó muy bien.
-¡Aaaaaaaaaaahhhhhhhhh! - bramó el Jonhy al tiempo que se lanzaba en pos de la puerta, rojo como un tomate y con la cabeza medio metro por delante de su pesado culo.
-Afortunadamente para nosotros dos– sentí que los profundos ojos de Ervigio me miraban tiernamente al incluirlo en el relato– Charly no quiso empezar nada conmigo y Vane dijo que estaba todo perdonado. Sin embargo se que es mentira porque ha estado criticandome por ahí y haciéndome la vida imposible en general.

¡Booommmm-crack-crash-pum! Una manada de elefantes acababa de entrar en una cacharrería y parecía que estos iban a necesitar ayuda para salir de allí. Me levanté dejando a mi amado murcielaguito yaciendo comodamente sobre la piedra y dirigí mis pasos a la cara oculta de la iglesia.
Allí, justo al lado de la nave central, había una pequeño anexo cuya centenaria portezuela había echado abajo el albondiguilla-feroz.

- ¿Y todo esto para qué? - le pregunté desde el umbral cediendo a mi curiosidad.
- Vi un ataúd por el ventanuco - me contestó todavía desde el suelo – Para... llevar... al... vampiro – ahora parecía que se estaba dirigiendo a un disminuído - ¿O quieres presentárselo a tus "amigos" con cadenas y todo?.

"Touché". Razonamiento imbatible, salvo por un pequeño detalle.

-¡Ah, claro! Y es mucho mejor presentarnos con un atúd, ¿verdad? - repliqué mientras le tendía mi mano para ayudarlo a incorporarse.
-Puedes decirles que se te ha ocurrido utilizarlo para algún espectáculo del grupo – concluyó ya en pie mientras se giraba para coger uno de los apolillados férretros que debían de llevar ahí desde principios del siglo pasado – ¡Vamos! - me ordenó - Baja a tu amado y siniestro amo de la noche hasta el camino de salida. Yo voy a ir arrastrando el ataúd hasta allí.

Me lancé a la carrera con el pensamiento de tener preparado a Ervigio justo delante de la escalera para cuando Jonhy llegase. Había notado cierto mal humor en su voz y verlo enfadado, por lo poco común que es, me pone invariablemente nerviosa.
Probablemente fue la adrelina generada por esta tensión la que me ayudó a bajar rápidamente al vampiro desde lo alto de la cripta. También es verdad que la fuerza de la gravedad y el haberlo dejado caer rodando ayudaron a acelerar el proceso. El caso es que, fuese como fuese, Ervigio y yo estábamos en pie y esperando cuando el pelo-pincho-lamido llegó a nuestro lado arrastrando la caja.

-¡Andando! - dijo simplemente.

Y los tres iniciamos la lenta comitiva fúnebre. El no-muerto al frente, dando pequeños pasitos de geisha. Justo detrás, sin quitarle ojo de encima, el Jonhy que sujetaba la parte frontal del ataúd donde también iba su petate. Y por último yo, manteniendo en alto los pies del férretro.
Al fin, después de un buen rato a paso de caracol lesionado llegamos hasta la puerta principal del camposanto. Allí, 1 chupasangres, 2 toneles y 1 ataúd. En frente 2m. y medio de hierro forjado,  una cadena entorno a la cerradura ordinaria y un candado.

- ¡Coño!, ¡en esto sí que no había pensado! - se me escapó.

Le eché una mirada a la espalda del albondiguilla y por miedo a su respuesta me callé la lógica pregunta. ¿Y ahora cómo íbamos a pasar al otro lado?, ¿también tirando la verja abajo?

 

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