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diariodeunavampiresanovata

Reconozcamos ya, que aquella no era la frase que esperaba escuchar. De “Jessicaaaaaaa, Jessicaaaaaaa, mi amoooooooooooorrrr” a “una estacaaaaaaaaa, una estacaaaaaaaaa, por favoooooorrr” iban varias vocales y consonantes que marcaban la diferencia entre ser la estupendísima heroína de Crepúsculo o la estupendísima Buffy, cazavampiros... En cualquier caso estupendísima, sí, pero menos afortunada en el amor.

 

-Ervigio, cariño, cielo, Oscura Alteza de la Noche, Real Majestad de las Tienieblas, pichurrín alado, ¿qué has dicho, mi vida?

 

Acababa de resolver que lo mejor sería dar a nuestra relación una nueva oportunidad. Después de todo, quizás yo hubiese entendido mal.

 

-Muerooooooo... -jadeó él en un suspiro- Una essstttaaaacccaaaaa... Por favoooooorrr... Muerooooooo.

 

Me asomé sobre el ataúd para dar buena cuenta de su estado y cerciorarme de que en efecto se moría, porque si hay algo que yo odie es a la gente exagerada. Por fortuna, mi ratilla voladora no era una de esas personas, y pude constatar felizmente que él sí que se moría de veras.

 

Había perdido un gran cantidad de masa muscular y ahora el cuerpo era apenas un esqueleto, de forma que las cadenas le quedaban sumamente flojas. Por otro lado, su cabeza recordaba también una calavera pirata, lo cual había facilitado que la cinta americana bailase a gran distancia de su labios y los ajos, que antes le llenaban los carillos, hubieran sido escupidos sobre el suelo del féretro.

 

-Mátame, por favor. -sollozó suplicante- No resisto tanto sufrimiento. Acaba conmigo, ¡YA!.

 

¡Pero qué prisas!. ¡Todavía había esperanza!. El destino no me había llevado hasta aquel preciso instante para terminar con su vida con tanta rapidez. Así que moví la capa como Superman en lo alto del Daily Planet y en tono mesiánico le solté:

 

-Aún no ha llegado tu hora, pequeño. Estoy aquí para salvarte.

 

 

Su reacción distó mucho de la que hubiera tenido Louis Lane al ser rescatada.

 

-Perraaaaaaaaaaaaaaa... Perraaaaaaaaaaaaaaa...

 

Sí, ya veis. Nada de parpadeos, suspiros amorosos o ayes apasionados. Mi ingrato vampiro, me llamaba perra, a la cara y sin pestañear, antes bien con los ojos abiertos como platos, cual lemur poseído. ¡Para matarlo, vaya!

 

La sangre me hirvió de pies a cabeza.

 

-Perra... BrigiiiiIIIIIIiiiite... Perra.

-¡Ahhhhhh! ¿Mariposita? -con que era eso. A poco más y le meto un estacazo- Sí, sí. Es la perra de Brigitte. Ahora está con nosotros. La vamos a usar para ponerte bueno. Un poquito de su sang...

-¡No!... ¡No!...

-Sí, sí, sí. No hay que andar con remilgos. Da igual que sea una vamperra o una vampersona, no están los tiempos como desperdiciar la comida. Y menos con lo que nos ha costado traerla. ¡Otros chupasangres no tienen tanta suerte como tú!

-Por favor, por favor, noooo -insistió con un lastimero hilillo de voz- Si se entera, Brigitte me mata... más de una vez.

-Blah, blah, blah... ¡Pamplinas! ¡Qué te va a matar, hombre! ¡Como no te alimentes sí que vas a palmar! Además bebiendo sólo una pizquita ni se va a notar. Otra cosa sería que dejases al chihuahua más seco que una litrona en pleno botellón, pero controlando un mínimo, todo saldrá “al dente” -jojojo, ¡qué chistazo!. ¿Podrán valorar los chupasangres un chascarrillo de nivel?.

-Da igual, jamás me alimentaré de Mariposita.

-Venga. No seas crío -forcé mientras agitaba tentadoramente a la perra- Una gotitaaaa.

-¡Que no!.

-Vengaaaaa...

-¡Nooooo!.

-Vengaaaaaa...

-No, no y no.

 

Pues mi ratilla voladora parecía dispuesta a aguarme la fiesta. El señor antojitos no quería tomar la cena y gracias a sus inesperada huelga de hambre, yo me iba a quedar compuesta y sin conversión... y sin novio también (siguiendo así, su esperanza de vida no se preveía demasiado larga). Aunque eso ya me traía al pairo, porque otra cosa no, pero los hombres para mi son como los pelos, me quito uno de encima y aparecen otros diez.

 

En fin, que volviendo a la tarde de ayer, yo estaba totalmente desesperanzada, angustiada y sola, terriblemente sola, cuando de repente una idea me iluminó el cebollón. ¿Y si Ervigio se tomaba los restos que habían quedado tras la regeneración de Mariposita?, ¿y si se tratagaba lo que a simple vista parecía un “suculento” batido de sangre y visceras?. No era un plan nada descabellado.

 

Más contenta que unas castañuelas por habérseme ocurrido tan genial solución, me lancé sótano a través en busca de un receptáculo donde recoger el reconsitituyente. Pero por extraño que parezca, en aquel cajón desastre no encontré ni copas de champán (a esas horas ya dispuestas para la cena), ni un simple vaso común. Nada. En la bodega no había nada adecuado para darle de beber a mi adorado Príncipe de las Tinieblas. ¡Menuda mierda!. Así que movida por la necesidad y la prisa, acabé tomando por buenos una tina que mi abuela usaba los días de lluvia para bajar la colada al sótano y un embudo de plástico verde que me ayudaría a afinar la puntería, useasé, a ajustar el continente del mejunje sanador a la boquilla receptora de mi Ervigio.

 

-¡Toma!. Levanta la cabeza y bebe.

-No pueeeeedoooooo... Las cadenaaaaaaaassss. Suéltame, por favoooooorrr.

-Haz un esfuerzo.

-Libérame y beberé.

-No. Bebe y cuando baje Jonhy te liberaremos.

-Pero ahora muero, muerooo, muerooooooo...

 

Y mientras me hablaba así, ponía ojillos de cordero degollado. ¿Cómo negarse?.

 

Aún presintiendo que no era ésa la mejor de las opciones, decidí acomodar a mi ratilla voladora en una mejor posición: lo liberé de su cadenas, le quité el crucifijo de la madre del albondiguilla y finalmente conseguí incorporarlo en su ataúd. Lo único que me faltaba era servirle la comida, pero mientras me agachaba para recoger la tina del suelo, un súbito golpe en la nuca me pilló por sorpresa. Entonces caí al piso como un saco de patatas y ya no recuerdo más.

 

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