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diariodeunavampiresanovata

-¿Puedes esperar, por favor? -le pregunté con mi tono más meloso- Me voy contigo. Aquí no pinto nada sola.

Desde la tranquilidad que le daba la distancia entre ambos, el albondiguilla me lanzó una mirada dubitativa y llena de recelo.

-¿Qué quieres? -añadí tratando de sonar convincente- ¿que me quede y lo haga yo todo?... ¿Con esta facilidad de movimientos que da el traje de Catwoman?.

El Jonhy sonrió de forma sutil. Al parecer aquel último razonamiento le satisfacía, así que, tras suspirar levemente se acercó a las escaleras para ayudarme a bajar con el mayor garbo posible. Una vez en el empedrado me agarré intencionadamente de su brazo como si aquello se tratase de un romántico paseíto de ganchete y suavemente tiré por él hacia el Route 77.

-Es el camino más corto -le susurré dulcemente para vencer su resistencia- No seas niño.

Noté que inicialmente su cuerpo se mostraba reacio a desandar la ruta que habíamos tomado al venir, sin embargo, tras vacilar un segundo, MacGyver reinició la marcha que nos llevaba de regreso al Aixam... Y de paso, a la fies-vampiro.

Mientras los dos recorríamos la calle más lentamente de lo que en realidad me exigía mi súper-ajustado conjunto de vinilo, yo iba analizando como el número de chupasangres buenorros dentro de la discoteca aumentaba de forma exponencial. Altos, bajos, morenitos, rubios y peliteñidos, todos dentro de un sólo local esperando a ser secuestrados... ¡Madre que baile de hormonas!

-¡La verdad es que es una pena! -empecé a decir a 10 metros de la puerta- Después de todo el trabajo que pasaste en venir a rastrear la zona. Después de todo el tiempo invertido en localizar la fies-vampiro...
-Si no hubieses noqueado a Ervigio...
-¡Eso es lo de menos! -proseguí ignorándolo-...  Perdiendo una tarde entera en bajar al centro. Pateando cada una de las callejuelas que rodean la catedral. Analizando los nombres de los locales en busca de una señal vampírica... Y al fin, descifras genialmente que tras el 77 hay un par de colmillos, ¿todo para qué? ¿Para batirte en retirada como un cobarde?.

Habíamos llegado a la altura de King Kong cuando el albondiguilla se paró para clavar sus ojazos azules en mi y articulando con precisión cada palabra me dijo:

-NO-PIENSO-BESAR-A-LA-BESTIA-ÉSA... Anda, vamos.

Su actitud y la rotundidad con la que hablaba me dejaron fría. ¡Vaya con el MacGyver rebelde!. ¡Qué falta de respeto a la autoridad!, ¡qué poco compromiso con la causa!, ¡qué asco de mejor amigo!.

-Pues yo me quedo -le solté decidida a salvar a mi Ervigio aunque para ello tuviese que besar a todos y cada uno de los vampiros cachondos que debían de estar bailando en el interior de la disco... Musculados,... calientes,... sudorosos...

-Me quedo... -insistí-... y si me pasa algo caerá sobre tu conciencia.

Tan rápido como me lo permitió el tiro del pantalón y sin mirar hacia atrás, cambié de dirección para ponerme a la cola del Route 77, justo detrás de unos culitos murcielaguiles la mar de bien hechitos (¡A estos me los cepillaba yo, muertos de 300 años!). Miré de reojo hacia donde había dejado a mi pelo-pincho-lamido y esperé, segura de que se hallaría en breve a mi lado.

Pasó el tiempo en forma de segundos, ¡de minutos interminables!, llegaron otros chupasangres, creció la fila a mis espaldas, y yo seguía esperando al desertor, que no aparecía.

Era como si realmente se hubiese pirado a casa.

-¡HAY QUE ENTRAR! -se presentó el Jonhy justo cuando me tocaba encarar al murciélago XXXL- Acabo de encontrarrrrrggggfffff...

Estaba sin resuello, asfixiado, sudando a chorros y con el rostro descompuesto por el pavor.

-... al cogerrrggffff... coger el coche... argfff...
-¡Así que te ibas sin mi!, ¿¡eh!? -le interrumpí furiosa.
-Si... argfff -retomó frenándome con su mano en mi hombro- argf... él... vio... mi... argfff... pegarrrggffff... otra vezzzrgggfff...
-¿Él?, ¿quién?

Pero ya no tuve que preguntar más, desde el final de la fila, una atronadora voz masculina resquebrajó la alegría que se respiraba entre aquella pandilla de festivas ratillas-voladoras.

-¡TÚUUUUU!, ¡MARICÓN DE MIERDAAAAA!

Involuntariamente volteé la cabeza junto con los otros 15 no-muertos de la cola.

-¡TE VOY A PARTIR LA CARA!... ¡A TI Y A LA ZORRA DE TU AMIGA!

Allí a lo lejos, apartando con "sútiles" empujones a los chupasangres que observaban, entre iracundos y atónitos, su avance, pude comprobar que efectivamente ÉL había visto al Jonhy y que presumiblemente ÉL iba a molerlo a palos de nuevo (conmigo como "bonus track").

-¡Joder!, ¡el Charly! -susurré mientras me escondía detrás de un vampiro bastante ancho de espaldas- Nos va a dejar como un cromo.

Desde las alturas en las que sus 2 metros le permitían habitar, King Kong siguió con el ceño fruncido la aproximación salvaje del único mandril que podría disputarle el puesto de macho alfa  en aquella jungla de asfalto.

-¿Es por vosotros? -preguntó con voz ronca sin quitarle la vista de encima.
-Sí -respondí suplicante- No entiende nuestras cosas... Y ya le ha dado una paliza al Jonhy y...
-Comprendo... Pero no os preocupéis, chicos -anunció paternalmente- Pasad, que ya me ocupo de todo.

Amablemente sujetó la gran cortina negra que daba acceso al interior y el mismo albondiguilla que escasos minutos antes se había negado categóricamente a ayudarme con el secuestro, saltó como una gacelilla cobarde al interior del Route 77.

Yo le seguí tan rápido como pude y justo antes de que el gorila-vampiro dejase caer el paño a nuestras espaldas pude comprobar que mi ex ya chillaba amenazador a su lado, donde lejos de parecer un orangután furioso semajaba más bien un tití histérico.

-¡NO HUYÁIS, MARIQUITAS DE PLA...!

¡PLAFFFFFF!

Una sonora bofetada tronó retumbante en las paredes de la disco trayendo a mi memoria aquellos dulces recuerdos infantiles de las pelis de Bud Spencer y Terence Hill.

 

 

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