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diariodeunavampiresanovata

-¿Qué hace ahí metido?

 

Como si me hubiese oído, el culo de mi ratilla voladora se agitó inquieto en su improvisada prisión retorciéndose igual que los gusanos en el anzuelo de la caña de pescar de mi padre.

 

-Yo diría que está tratando de huir.

-Sí, eso ya lo supuse después de que me dejase al borde de la muerte con un sútil golpe en la nuca -de verdad que a veces al Jonhy sólo le falta llamarme estúpida a la cara- LO QUE QUIE-RO DE-CIR -contraataqué vocalizando como si hablase con un niño de 3 años- ES ¿POR QUÉEEEEEEEE ES-TÁ HU-YEN-DO A TRA-VÉS DE LOS BA-RRO-TES...? -el “¡imbécil!” final se me quedó bailando en la punta de la lengua- La puerta sería una solución mucho más fácil...

 

Mi MacGyver me miró desconcertado ante aquel giro malhumorado que había tomado mi voz y, tras una pausa de precaución, inició su explicación confiando en que la aspereza con la que le había contestado hubiesen sido imaginaciones suyas o bien estuviese motivada por cualquier causa completamente ajena a su persona.

 

-Pues después de dejar a Tury en la cocina para que se alimentase y conseguir darle esquinazo a tu entrañable abuelita (que tiene más rollo que un anuncio de Scottex), bajé corriendo al sótano porque, en teoría, debíamos ocuparnos de Ervigio los dos. Cual fue mi sorpresa,... -se detuvo para fulminarme con la mirada- ... al descubrir que el ataúd no sólo no estaba bajo la mesa, si no que además alguien... -otro silencio asesino- ... ALGUIEN lo había abierto, liberando al vampiro, quien, ¡OH, CALAMIDAD!, se balanceaba frente a la caja de pino mientras tú dormías plácidamente sobre su espalda.

-No dormía, estaba en trance -fue lo primero que se me ocurrió para quitarle aquella cara de memo resabidillo- Y lo liberé porque necesitaba mi ayuda y sé que nunca me habría hecho daño -¡hala!, recriminación zanjada- Pero aún no has contestado a mi pregunta: ¿por qué no escapó por la puerta?.

-Pues no tengo ni pajolera idea -contestó desafiante- No estoy en la mente de tu inofensivo novio vampiro. Quizás a ti, que lo conoces tan bien, te sea más fácil desentrañar su intrincado pensamiento.

 

Le sostuve la mirada al mago Jonhdalf porque aquello era una insubordinación en toda regla. Y ya estaba a punto de desearle una virginidad larga y dolorosa cuando el sonido más inesperado me frenó.

 

-Tuve miedo -era la voz tímida e insegura de Ervigio- Tuve miedo y, como después de tomar los restos de Mariposita me sentía bastante restablecido, pensé que dislocándome unos cuantos huesos pasaría entre los barrotes.

-¡Hombre!. Podías haber atacado, mordido y chupado la sangre de mi colega–no me cabía en la cabeza que el Jonhy hubiese atemorizado a un vampiro- Como mínimo podías haberlo hipnotizado y luego esfumarte tranquilamente por la puerta.

-No. No puedo -gimió con voz lastimera mientras nosotros comenzábamos a acercarnos, algo más tranquilos dada la situación- Los restos de la perra me han respuesto, pero no lo suficiente. No tengo el poder necesario para hipnotizar a alguien y ya intenté morder a la chica mientras dormía, -¡menuda mierda! No sabía mi nombre, había intentado morderme y el Jonhy ponía cara de "ya te lo dije"- sin embargo mis colmillos no superan a los de una pescadilla. Además, ¡vosotros sois tremendamente poderosos!. -bueno, por ahí íbamos mejor- Le habéis robado la perrita a Brigitte y ella es una vampiresa muy vieja.

-¿Ah, si? -"¡Cotilleo, cotilleo!. Al rico cotilleo caliente"- ¿cuántos años tiene?.

-Uhmmmmmm...

 

A pesar de no sentir demasiada inclinación hacia la prensa del corazón, el albondiguilla también parecía dominado por la curiosidad.

 

- ... Muchos... -evitó la pregunta Ervigio, como si dar esa cifra le estuviese prohibido- Aunque siempre miente sobre su edad y dice que nació cuando la Bardot. Por eso se cambió el nombre de Brígida a Brigitte.

-¿Entonces es muy poderosa? -indagó el pelo-pincho-lamido aparentemente preocupado por el tema.

-Lo es. Más de lo que os podáis imaginar. Fue convertida en tiempos del rey Teodorico II.

Ella era la hermosa hija mayor de uno de los nobles más influyentes de la corte. Desafortunadamente su madre murió joven y su padre la puso al cuidado de sus hermanos menores, obligándola a rechazar uno a uno las decenas de pretendientes que ansiaban casarse con ella para poseer además de su belleza, los contactos de la familia.

Así pasaron las primaveras, las carnes comenzaron a ajarse y un buen día su padre murió y la herencia acabó íntegra en las manos de su hermano menor,el primogénito varón. Con lo que, sin más ni más, ella se encontró a los 40 años, soltera, despojada de toda fortuna y prisionera en un convento para que no osase protestar por el reparto.

Dicen que a pesar de todo Brígida aún tenía unos ahorrillos nada despreciables del dinero que poco a poco le había ido hurtando a su padre durante la larga convivencia en el castillo. Gracias a ellos pudo sufragarse su huida del convento y más tarde pagarle a una vieja bruja el elixir de la eterna juventud, que vino a ser, más o menos, su conversión en no-muerto.

Desde entonces hasta hoy ha incrementado su fuerza y su resistencia hasta convertirse en uno de los vampiros más viejos de la zona y, bueno, el resto ya lo conocéis a grandes rasgos.

-Ahhhhhh... -asintió el Jonhy tan asustado que era incapaz de recuperar la movilidad en sus párpados.

-Y el Teodorcillo ese, ¿cuándo fue rey? -insistí yo que todavía no había averiguado la verdadera edad de Titina.

-Allá por el 450, 460 -me atajó el Jonhy haciendo un alarde de conocimientos desconocidos para mi- Brigitte tiene más de 1500 años.

-¡Vaya! -respondí al fin satisfecha- ¡Le lleva 500 años a Eric!.

 

 

Mi pelo-pincho-lamido rodó los ojos por el techo con cara de desesperación, tal y como hace siempre que hablo del vampiro más buenorro que parió la tele.

 

-¿Y cuántos años tienes tú? -retomó la conversación fingiendo ignorar mi valiosa apreciación- ¿eres tan fuerte como ella?

-Para nada, o sea, en absoluto. Este piltrafilla no me llega ni a la punta de mis Ferragamo.

 

Y sin embargo, paradojas de la vida, justamente era ahí a donde llegaba la nariz aguileña de Ervigio. Ni más ni menos que a 3 cm. escasos de los carísimos zapatos de tacón de Brigitte.

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