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diariodeunavampiresanovata

El vampiro negó con la cabeza.

 

-Porque... -y ahí sentí que el alma de Clint volvía a bullir en mi sangre-... porque no hay nada malo en disparar siempre que se dispare a las personas adecuadas - Harry Callahan en "Harry el Fuerte" (1973).

-Quizás -consintió mi vampiro algo titubeante- Pero yo no pensaba huir, señora.

-¿Señora?

 

El reincorporado espíritu de Mr. Eastwood se revolvió en mis entrañas nada más oir aquel tremendo ultraje y aunque me costó un riñón y parte del otro controlarlo, al fin logré dominarme y medir al máximo mis palabras antes de contestar.

 

-Después de esto, no pienses que vamos a intercambiar fluidos corporales en la ducha esta noche -Thomas Highway en "El Sargento de Hierro" (1986).

 

Ervigio parpadeó ligeramente arrebolado.

 

-Líbreme Dios, señora,... -tras un primer momento de azoramiento había recuperado el habla- ¡jamás intercambiaría fluidos corporales con usted!.

 

... No respondí. Me estaba costando procesarlo...

 

-Quiero decir, fluidos corporales sexuales -el vampiro parecía haberse agenciado un pala y estar cavando frenéticamente como si buscase petróleo- Vamos que ni se me ha pasado por la cabeza que usted y yo... ya sabe... esta noche... en la ducha.

 

No se como lo veréis vosotros, Siervos de la Noche, fieles e imparciales seguidores de este blog, pero ¿era impresión mía o esa no frase más que una excusa parecía un intento de suicidio? O sea, quizás sea yo demasiado moderna y mi amante vampiro, un saco de polvo rancio y mohoso, pero ¿un novio no debería tener ciertos apetitos carnales hacia su pareja hubiese nacido en el siglo que hubiese nacido?, ¿no era algo típicamente masculino eso de pasarse todo el día más salido que el pico de una plancha?, ¿que estaba insinuando mi ratilla voladora?, ¿que yo le bajaba la libido?.

 

El malhumor me enturbió el entendimiento.

 

-Hay más de 100 motivos por los cuales no debería matarte, pero ahora mismo, no se me ocurre ninguno -Nick Pulovski, El Principiante (1990).

-Yo, yo, yo...

 

Él, él, él... Sí, él, ¿qué?, ¿qué podía decirme para que no le volase primero el careto con la Enmarronadora y luego me sirviese una brocheta de corazón usando la estaca que el Jonhy había abandonado en el suelo?

 

-Yo, yo, yo... ¡Le propongo un trato!.

 

Vaya, ésa sí que era buena. Desde luego que no me lo esperaba, después de todos los desplantes que me había hecho, Ervigio todavía pensaba que podía ofrecer algo TAN interesante que me haría perdonarle su despreciable no-vida.

 

¡Touché! Había despertado mi curiosidad.

 

-Venga, alégrame el día le dije parafraseando a Harry Callahan en "Harry el Sucio" (1971).

 

Mi murcielaguito tomó una buena bocanada de aire y comenzó a explicar su propuesta con tanto brío y fluidez de palabras, que de no taladrarme la retina el blanco de su traje, juraría que me lo habían cambiado por un vendedor de enciclopedias a domicilio.

 

-El asunto es muy sencillo -comenzó con ímpetu- Sir Thomas y Brigitte la están buscando para matarla y tenga por cierto, señora, que, en cuanto la encuentren, su vida puede darse por finiquitada. Imagino que ahora mismo estará sopesando sus posibilidades para salir con bien de este entuerto -en realidad estaba fascinada por la forma en la que sus orejillas semitrasparentes subían y bajaban según hablaba, pero su suposición me pareció más inteligente que la realidad así que no quise defraudarlo- Lamentablemente -al ver que no lo contradecía, mi murcielaguito se vio con autoridad para continuar- no tiene muchas opciones:

 

a) Huir – ciertamente díficil. Mariposita la ha localizado con facilidad y si ella, siendo un chihuahua descerebrado, lo ha logrado, Sir Thomas y Brigitte estarán al caer.

b) Luchar contra ellos – imposible. Está sóla, con un rifle y una estaca, su amigo se ha ido y yo estoy atado. Les resultará más fácil acabar con usted que a usted matar un hormiga.

c) Comprar su libertad – imposible también. Si no he entendido mal, el Alcalde desea beberos hasta la última gota de sangre por una cuestión de orgullo y a ese respeto es muy inflexible. Los vampiros tiene un genio bastante levantisco y suelen quitarse unos a otros del medio en una lucha sin tregua por el poder, por eso las leyes están planteadas para proteger la jerarquía existente y se pena mucho más quitarle la vida a un superior que a un vampiro menor. Sin embargo tan importante como instaurar estas normas es llevar a cabo su cumplimiento y ¿con qué autoridad iba a presentarse Sir Thomas ante todos sus súbditos si no ejecuta completamente sus amenazas?. ¡Sería visto como un síntoma de debilidad!.

En cuanto a Brigitte, bueno, ella necesita igualmente mantener su estatus en la escala social, pero Mariposita es la niña de sus ojos y podría ceder a un chantaje fácilmente. Por desgracia, ya ha visto como se ha esfumado el chihuahua a remolque de su amigo, así que además de no tener nada que pueda atraer a Titina, ha extraviado aquello que más le importaba y juraría que eso la va a enfadar.

 

-Pero yo no tengo la culpa -mis nervios me tomaron la voz a 2 gallos por palabra- Que más quisiera que poder echarle mano a Mariposita, sin embargo esa perra perversa y vil es muy escurridiza -más que un balón en un partido Shrovetide Football- Además aún te tengo a ti. Tú eres el ayudante personal de Brigitte y si te devuelvo, ella me lo agradecerá debidamente.

 

 

-Puede ser -me respondió él con un aplomo que le daba un toque súper-atractivo- Sin embargo yo no confiaría mi vida a esa esperanza. Ya vio antes el poco cariño que me tiene, señora, y tengo la certeza de que mataros se ha vuelto una prioridad para ella, con lo que estamos otra vez de vuelta ante su única posibilidad, la opción d):

Me suelta, yo la convierto en vampiro y después me deja marchar– De esa manera Sir Thomas y Brigitte necesitarán al menos un proceso judicial para acabar con usted. De otro modo no tienen que responder ante nadie para matar a un humano... en realidad sería lo más natural del mundo.

 

Un silencio tenso se extendió entre los dos, él esperando mi respuesta y yo flipando con el vendedor de enciclopedias. ¡Que menuda labia se gastaba!. Y eso que había permanecido calladito la mayor parte del tiempo que habíamos pasado juntos, pero ahora, suelto de lengua del todo, hasta casi lograba convencerme de que liberarlo era mi mejor baza.

 

 -Entonces, ¿qué?. ¿Acepta el trato?

 

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