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diariodeunavampiresanovata

Pues la verdad es que tal y como pintaban las cosas, el acuerdo parecía bastante favorable. Mis posibilidades de llegar a ver los primeros rayos de Sol del nuevo año eran menos que escasas y ya puestos, de no poder disfrutar de ese amanecer, mejor que fuese por haberme convertido en chupasangres que por estar chupando tierra a 2 metros bajo malvas. Además, aunque resultase un poco precipitado y quizás no pudiese despedirme como es debido de mis seres queridos, ¡oye!, por fin sería un vampiro y ése era mi objetivo final. Bueno, ése y estar con Ervigio para toda la eternidad, pero en vistas de que el muy petardo seguía tratándome de usted, llamándome señora y agraviándome cuando tenía ocasión, bien lo podía dejar partir y pasar de él (un tiempo), que seguro que por ahí encontraría yo algún Damon Salvatore que me consolase mientras tanto.

 

-Está bien. Te voy a soltar... -la pálida cara de mi rehén se iluminó como el culo de una luciérnaga- ... pero de aquí no te vas sin antes cumplir tu palabra. De hecho, nosotros no vamos a permitir que te vayas.

- ¿Nosotros? ¿Quiénes? -preguntó estupefacto mi chupasangres benefactor mientras miraba a su redor.
- La Enmarronadora, y yo -Harry Callahan, "Harry el Fuerte" (1973).

 

¡Dios!, ¡Dios!, ¡Dios!. ¡Qué grande es Clint!, ¡qué geniales su frases!, ¡que oportunos sus chascarrillos!, ¡qué inmesa su elocuencia!. ¡¿Habrá algún instante en la vida de este HOMBRE (así, con mayúsculas) en la que no haya dado con la constestación adecuada?! ¡¿Será posible que para cualquier situación siempre tenga la respuesta propicia?!. Y de ser así ¿un mediocre ser humano como yo podrá sobrevivir utilizando únicamente diálogos de mente tan insigne?.

 

¡Sí!. En ese momento realmente lo creí posible. Había encontrado en Mr. Eastwood a mi muso (decir musa hubiese resultado un atentado a su virilidad), mi fuente de inspiración, mi maestro, mi “sensei”. No en plan Steven Seagal y su aficción a la bollería, ni en plan Jean-Claude Van Damme y su oscuro pasado como Predator. ¡No!, “sensei” al más puro estilo Yoda. Todo sabiduría proverbial. Pero en color carne, evidentemente, y capaz de ordenar las palabras de una frase al tiempo que conjuga correctamente el verbo sin despeinarse... Porque ésa es otra, querídisimos Siervos de la Noche, a diferencia de Yoda, mi muso siempre ha lucido una expléndida cabellera.

 

En fin, que sobre esto y sobre la sublimidad de todas las películas de Mr. Eastwood estaba reflexionando yo mientras desataba a mi EX-amante vampiro (ya había decidido ceder su huequecito en mi corazón al primer chupasangres que acreditase tener abdominales) cuando éste comenzó a sincerarse.

 

-La verdad es que es la primera vez que convierto a alguien... -¡genial!, ¿alguién sabe de una primera vez que haya salido bien?- Debo dejarte prácticamente seca, al borde de la muerte, y luego darte a beber mi sangre -justo lo que había oído- Lo malo es que con el hambre que tengo, la inexperencia y los nervios de la primera conversión... -mi ex-ratilla voladora clavó los ojos en sus propios pinreles-... no se si acabaré matándote.

 

¡Vaya! Directo y honesto, un pedrolo de una tonelada en caída libre. No se podía decir que no me hubiese avisado: tal vez acabaría con mi pobre y miserable vida emo... o tal vez no.

 

Mis manos, que deshacían hábilmente los nudos hechos por el albondiguilla, se detuvieron de forma instantánea y a mi mente entraron en tropel pensamientos a favor de dejarlo todo como estaba y escapar de allí cagando leches. Sin embargo, Don Clint (que dicho así tiene nombre de campana) volvió a tomar el control de mis actos y después de esgrimir varias razones convincentes para asumir los riesgos (“Si esperas demasiado no tendrás nada” o Los ganadores son simplemente aquellos que están dispuestos a hacer cosas que no harán los perdedores”, Frankie Dunn, Million Dollar Baby 2004), acabé por liberar a un Ervigio más que perplejo ante mi atrevimiento.

 

-Si quiere una garantía, compre un tostador -Nick Pulovsky, El principiante (1990).

 

Y con eso lo dejé libre como un animalillo del bosque al tiempo que definitivamente acojonado (era obvio que no veía mucho la tele en su ataúd).

 

-¡Hala! Conviérteme -le solté abasteciéndome de mi propia cosecha (por desgracia Clint todavía no ha rodado pelis de vampiros).

 

Mi ex-ratilla voladora, ladeó la cabeza hacia un lado y hacia el otro, tratando de relajar los músculos de la espalda, y al fin abrió la boca para desplegar sus ridículos colmillitos en fase de crecimiento. En lugar de eso, me mostró, para mi horror, su mayor y más inocente sonrisa desdentada.

 

-¡La he liado parda!  -el chupasangres me miró entonces intrigado- Tenemos un problema.

 

Pero en realidad eran dos.

 

Desde lo alto, descendiedo velozmente entre las copas de los pinos que se restregaban susurrantes, una sombra sigilosa vino a posar sus delicados piececillos consistoriales sobre uno de los escasos huecos libres de matojos que quedaban en aquella zona del bosque.

 

-Vaya, así que eras tú -dijo cierta voz aterciopelada bien conocida por mi- Me llevé una desagradable sorpresa al no encontrarte en casa de tu abuela, pero debo reconocer, en tu favor, que me has puesto realmente fácil el llegar hasta ti.

 

Como ya habréis supuesto el Sr. Alcalde se acababa de dejar caer por allí y no parecía precisamente que fuese para podar árboles con el equipo de parque y jardínes del ayuntamiento.

 

-Te voy a matar -eso era exactamente de lo que tenía pinta- Te voy a matar con mis propias manos, sin importarme siquiera lo mucho que me vayan a manchar las salpicaduras de sangre. Primero te romperé todos los huesos de tu cuerpo... -¡venga ya, tío!, ¿un discurso?. ¡No me digas que lo he pillado en plena campaña electoral!-... ,después me deleitaré observando como te retuerces de dolor. Y por último te desgarraré el cuello para beber toda tu sangre hasta que caigas muerta ante mi. Por eso mismo... -y yo que pensaba que ya iba a acabar-... para disfrutar del placer de quitarte la vida lentamente he mandado a mis subordinados de vuelta a la ciudad con la excusa de abrir el WoW y empezar la fiesta... Ahora que estamos tú y yo solos... -se ve que la presencia de Ervigio no contaba para mucho-... prepárate a morir.

 

Muchas veces he pensado hoy en ese momento. ¿Qué hubiese respondido Mr. Eastwood a ese vampiro pretencioso?, ¿qué le hubiese dicho para cerrarle la boca y salvar su culo?, ¿qué frase lapidaria habría ingeniado para forjar más aún su leyenda?

 

-Puedes pegarme, puedes tirarme al suelo, incluso escupirme y mearme. Pero, por favor, no me aburras. -Thomas Highway, “El Sargento de Hierro” 1986.

 

La expresión furibunda del Alcalde me dio a entender que otra cosa no, pero lapidaria, lo que se dice lapidaria, la frase lo era un rato largo. La fosas nasales se le hincharon como el buche de un sapo cabreado, sus pupilas se dilataron ferozmente y la expresión de los ojos se tornó extrañamente felina.

 

¡Quién me mandaría a mi tomar como maestro a Clint Eastwood! ¡Maldita sea!, ¿no me habría podido poseer el espíritu de otro actor cualquiera?, ¿por qué no andaba cerca José Luis Lopez Vázquez cuando se le necesitaba?, ¡con lo cojonudo que me hubiera venido tener a punto un “La Jessi, una admiradora, una esclava, una amiga, una sierva”!

 


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