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diariodeunavampiresanovata

Pero ya era demasiado tarde para lamentos. Sir Thomas no parecía impresionado por mi osada respuesta y ni que decir tiene que no se le veía atemorizado. Lamentablemente tampoco lo había dejado indeferente y eso había acelerado mi desgracia.

 

-Te crees muy valiente, ¿verdad?. Ahí plantada igual que en una película del oeste: con la mirada altiva y sujetando la escopeta en actitud desafiante.

 

El Alcalde comenzó a aproximarse con mucha lentitud, mientras daba rienda suelta a su verborrea.

 

-Deberías haber medido bien las estupideces que dices porque esta vez no te vas a poder salvar, nadie vendrá en tu ayuda, y, sinceramente, te has ganado una muerte dolorosa.

 

Un crujido de hojas desvió momentáneamente la atención del alcalde sobre Ervigio, que estaba tratando de huir con el mismo sigilo que un elefante en una cacharrería.

 

-¿Y tú que haces ahí? -preguntó Sir Thomas con una total indeferencia en la voz.

-Yo, yo, yo... -mi ex luciendo la misma facilidad de palabra de siempre.

-Anda y vete de aquí. -le indicó el alcalde sin verlo siquiera a los ojos- No quiero que nadie me moleste.

-Pero yo...

-¡Vete al WoW y espérame allí!. ¡VE!.

 

Mi ex-adorable ratilla voladora vaciló un momento y después de mirarme lánguidamente, se echó a correr a través del bosque tan rápidamente que su blaquísimo vestido de Manero se convirtió en un borrón en mi retina. Después de unos segundos mis ojos dejaron de buscarlo en el hueco que había dejado y enfrentaron de nuevo al sanguinario vampiro que estaba deseando matarme. Él, por su parte, estudiaba mi rostro con interés.

 

-¿Tenéis algún tipo de relación vosotros dos?

 

Uhmmm... Interesante pregunta, o mejor dicho, interesante el hecho de que lo preguntase. ¿Ocultaba esa cuestión algún tipo de intención sexual? O sea, ¿estaba el Alcalde interesado en mi?. Vamos que ¿si me estaba proponiendo un amancebamiento (hay que ser fisno que este blog también lo leen niños)? Porque si todo esto era un ataque de celos y lo de te voy a matar se trataba en realidad de un “aquí te pillo aquí te mato”, ¡habérmelo dicho antes, coñeeeee!, ¡que yo de buena gana me prestooo!. ¡Ea!, ¡que no anda una como para desperdiciar proposiciones!.

 

-Tal vez... -contesté velando la mirada para parecer misteriosa a la par que sensual- ¿Eso supondría algún problema?

-Para tu amante sí. No están permitidas las relaciones humano-vampiro -¡vaya!, el pobre Ervigio se había metido en un lío- Cuando regrese al WoW se le someterá a un juicio y probablemente habrá que ajusticiarlo.

-¿Que qué? -no es que no conociese la palabra, es que Sir Thomas me hablabla muuuuuy bajito.

-Matarlo, ejecutarlo, clavarle una estaca o exponerlo al Sol. -ahora ya alzaba la voz con el entusiasmo- Lo típico, vaya.

-Pero él es completamente inocente -protesté- Nosotros sólo nos enamoramos como dos tontos, ¡como dos locos!. Sin quererlo, sin buscarlo, casi sin poder evitarlo -no era del todo exacto, pero aquel chupasangres tampoco me estaba dando mucho tiempo para entrar en detalles-¿Cómo podéis quitarle la vida a Ervigio por algo de lo que no tiene la culpa?

 

El Alcalde se rio entre dientes y continuó avanzando hacia mi fingiendo desinterés, diría que incluso apatía.

 

-Ésa es la ley y yo sólo me encargo de cumplir su ejecución. Pero si estás preocupada por pasar el resto de tu vida sola, sin tu amante, puedes tranquilizarte. -¡Hombre! A verrrrr, no es que no es que no me halagase que Sir Thomas prentendiera compartir su eternidad conmigo, pero quizás eso de quitar del medio a mi ex resultaba algo exagerado- Cuando acabe con él tú llevarás horas seca y sin vida -¡espera!. Hablaba en sentido figurado, ¿verdad?.

 

Pero no, no lo hacía. Cuando su ego se vio satisfecho con aquel mini-discurso el Alcalde comenzó a apurar el paso hacia mi y yo di por zanjada la conversación. Era turno para que hablase la Enmarronadora.

 

Empuñé la escopeta con fuerza y disparé dos veces. Una bala le atravesó el hombro y la otra la cabeza. Sin embargo los impactos apenas lo detuvieron unos escasos segundos, el tiempo justo y necesario para que una leves sacudidas ayudasen a Sir Thomas a quitarse los proyectiles del cuerpo y que éste se regenerase con la rapidez suficiente como para que la única prueba de mis aciertos fuesen una manchas de sangre sobre su impoluta camisa blanca.

 

-No tienes mala puntería, pero hace falta algo más para detener a un vampiro tan viejo como yo.

 

De eso ya no me cabía la menor duda. Arrojé la Enmarronadora entre unos zarzales y me lancé a la carrera monte a través como si hubiesen dicho mi número y acabase de agarrar el pañuelo (juego infernal que nunca se me ha dado bien)

 

-Así será más divertido -oí a mis espaldas.

 

¿Divertido para quién, maldito no-muerto retorcido y sanguinario? Divertido para él que estaría disfrutando mientras yo tropezaba y me caía una y otra vez igualito que una modelo tipo insecto-palo encaramada sobre tacones de 10 cm. ¡Seguro que para él era la monda!

 


 

Sin duda que sí, porque Sir Thomas no se molestó ni en echarse a correr. Continuó persiguiéndome con su flemático andar inglés, como si se deslizase sobre un pasillo mecánico de aeropuerto, acortando la escasa distancia que yo iba ganando a base de dolorosos trompicones contra los árboles.

 

De esa lastimosa manera conseguí, o más bien consintió el vampiro que me mantuviese con vida unos miserables minutos más. Después, cuando se aburrió de tanta caída repentina entre arbustos y tanta carrera hacia sin saber muy bien donde (la falta de oxígeno y el exceso de ejercicio estaban dejando mi cerebro al nivel del de una ameba marina), se plantó ante mi y deteniéndome con un dedo en mi frente, susurró un helador:

 

-Ahora grita porque esto te va a doler.

-¡Ahhhhhhhhhhhhhh!

 

Y en efecto, me dolió.

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