Blogia

diariodeunavampiresanovata

31 de Diciembre

Y efectivamente aposté fuerte, tanto que me jugué sobre el tapete mi propia vida y también la del albondiguilla (aunque ésa es tan insulsa que no se puede considerar un gran envite).
En fin que como ya estaréis sospechando, astutos Siervos de la Noche ayer fuimos a LA FIESTA.

-¿Fui presa del miedo?
Nunca.
-¿Nos paseamos tan campantes por un nido de vampiros?
Por supuesto.
-¿Capturamos finalmente al no-muerto añejo?
¿Hace falta que os responda a eso?


Después de chatear el domingo con mi guía espiritual en este mundo de oscuridad y seres de ultratumba tenía en mi poder la información necesaria para hacerme con el control de no sólo un nido si no de toda la telaraña de chupasangres mundial.

A pesar de esto, el Jonhy se empecinó en quedar este lunes para trazar un elaborado plan de ataque. Según su absurdo entender, en esta ocasión debíamos ser más cuidadosos que en el cementerio puesto que ahora nos esperaba una manada de no-muertos poderosísimos y súper-despiadados. ¡Cómo si dudase de mi habilidad para cazar vampiros!, ¡yo que había visto las 7 temporadas de Buffy y hasta me sabía los diálogos!

Con la condescencia del maestro jedi que ve a su joven padawan practicando telequinesía con un elefante, accedí a reunirme en su madriguera para dejar que desbarrase unas cuantas horas en la preparación de una estrategia maestra que nos permitiese salir con vida, o al menos no-muertos, de la guarida de los murciélagos.
Como ya había quedado patente en el camposanto, mi intuición espontánea era mucho más útil para capturar chupasangres que cualquier otro esquema predeterminado. Sin embargo, si le tranquilizaba soltarme un sermón imaginando cómo se iba a desarrollar la cacería, no iba a ser yo quien le quitase esa ilusión. Además, en su despensa siempre hay una buena cantidad de donettes y eso hace más que llevadera cualquier perorata de mi MacGyver.

Quizás por este mismo aliciente, me presenté en su puerta un poco antes de lo esperado. Su madre me acompañó hasta el cubil del Jonhy y allí me lo encontré, para mi sorpresa, con el pelo-lamido (sin pincho, sólo recién lavado), un chandal roído nada favorecedor y escuchando música al límite de la alegría adecuada para el alma torturada de un emo.

 



Mi llegada imprevista le pilló por sorpresa y para mi asombro, esto le puso nervioso. Bajó apresuradamente el volumen en los altavoces, se echó un ojo a la ropa y revolvió su flequillo tratando de evitar sin éxito el look de monaguillo.

-Bueno – me espetó pretendiendo desviar mi atención de su peinado a la conversación- ¿qué es lo que te ha contado tu Maestro Oscuro?
-Pues, básicamente lo de siempre – constesté tomando aire para dar la lección de un tirón- Los vampiros son fuertes, ágiles y veloces. Cuanto más jóvenes más desmedida es su sed de sangre y menor el control de los instintos básicos. Cuanto más viejos mayor es la facilidad para manejar las mentes débiles y menos son los escrúpulos que les impiden tomar las vidas humanas.
En su mayoría tienen un alto concepto de si mismos. Son ególatras, vanidosos y además de poseer una elegancia natural, se preocupan en extremo por su aspecto físico.

Impresionante, todo seguido de un vez y sin parar a respirar. Mi guía espiritual hubiese estado muy orgulloso de la perfección con la que me había memorizado sus enseñanzas.

-Y de su gestos formas de interactuar unos con otros, ¿no habéis hablado? -siguió indagando insatisfecho el Jonhy.

Mirada al techo para recordar las palabras exactas del Maestro. Vuelta a tomar aire.

-Si un vampiro está tranquilo, confiado en su superioridad y dominando el territorio mantiene la cabeza erguida y los ojos entrecerrados. Sus pasos son lentos y cadenciosos y el hablar pausado, arrastrando las palabras en un suave ronroneo.
Si por el contrario está enfadado y preparado para el ataque, arqueará la espalda y los hombros. Además sus movimientos serán rápidos y bruscos y siseará en señal de advertencia o amenaza.
Si nos está vigilando sus pupilas se dilatarán al límite.
Si tiene hambre repasará sus labios insistentemente con la lengua.
Y si baja la cabeza estará admitiendo su sumisión hacia nosotros... ¡Argf! -resollé, de nuevo sin aliento.
-¿Nada más? - insistió McGyver no contento con todos los datos que le acaba de recitar cual loro africano.
- Uhmmm... -escarbé en mi memoria- Bueno sí. Que los no muertos tiene cierta predilección por embutirse en cuero negro. ¿Te sirve eso de algo?

El pelo-monaguillo-lamido miró fijamente al techo buscando en él una respuesta y finalmente inturrumpió su contemplación para constestarme.

-Sí. Ahora mismo te voy a explicar cuál va a ser nuestro plan este jueves.

Mi MacGyver no preguntó nada más. Cerramos el ataúd, dejando a Ervigio bajo la mesa del sótano y después de preguntarle a mi abuela si podía pasar con ella lo que restaba de vacaciones de Navidad regresamos cada cual a su casa.

 

Yo necesitaba recoger algunas cosillas de chicas además de notificar a mi señora madre que iba a dormir con la yaya hasta que comenzasen las clases en el instituto, o más exactamente hasta que alcanzase la inmortalidad. ¡Vaya! Una imprecisión sin importancia.

 

Aproveché para darme una ducha y cambiarme la ropa, porque estaba bañada en sudor y maquillaje reseco, combinación nada beneficiosa para la piel. Después, mientras dejaba que el pelo secase un poco al aire antes de enzarzarme con la plancha, me conecté al chat donde suele impartir su sabiduría mi maestro oscuro. Tenía que solventar con urgencia unas dudillas acerca del modus operandi de los vampiros en sus reuniones sociales, no fuera que cometiésemos alguna imprudencia y acabásemos directamente en una de esas tumbas de las que no te levantas al ponerse el sol.

 

Ayer por la noche parecía que la sala ardía con el debate. Estaban tratando el apasionante mundo de los distintos tipos de vampiros existentes cuando aparecí ante la concurrencia bajo mi nick LaAutenticaBella35. Hay otras 34 delante de mi y unas 165 Bella a secas, afortunadamente no solemos coincidir a la misma hora.

 

LaAutenticaBella35::Hola chic@s, de que estáis hablando? :)

TeamCullen::El maestro nos está explicando qué clases de no-muertos podemos encontrar.

AmoAEdwarddddd::Es súper interesante 8O

GranMaestroOscuro::Pues como dice EdwardEsMio7, no todos los vampiros son iguales. A lo largo de mi vida me he llegado a encontrar con 2 tipos diferentes y me han comentado la existencia de un tercero, que por su propia naturaleza es difícil de detectar:

a)Los Natus.- Son aquellos que por mutación genética espontánea o por ser hijos de chupasangres, superada la pubertad, comienzan una transformación paulatina hasta alcanzar la madurez vampírica a los 20, 25 años.

b)Los Conversus.- Nacieron humanos, pero han sido contaminados con el virus V5 y su ADN ha sido modificado. Dicha modificación es inevitable, irreversible y prácticamente inmediata.

c)Los Latentii- Estos son personas cuyo organismo produce defensas naturales hacia el V5 y, tanto sean Natus o Conversus, la enfermedad permanece latente y nunca se llega a desarrollar. Sin embargo la transmisión a descendientes y el contagio a otros humanos sí puede producirse.

LaAutenticaBella35::O sea, que si soy Latentii nunca llegaré a convertirme en vampiro?

GranMaestroOscuro::Eso es exactamente.

LaAutenticaBella35::Seguro? Menuda mierda :(.

GranMaestroOscuro::Yo no conozco personalmente a ningún Latentii, porque ellos mismos ignoran su propia condición de infectados, pero en una de las mejores páginas de referencia sobre vampiros que hay en la web podéis encontrar más información acerca del tema: http://www.estudiosvampiricos.net/medica.html

 

Mi ánimo hizo ¡chof! y mis dedos quedaron suspendidos en depresión rozando el teclado.

 

¡Tener a Ervigio secuestrado en el sótano de mi abuela no me garantizaba la inmortalidad a su lado! ¡Tal vez yo no podría transformarme jamás!, ¡pudiera ser que todas estas fatigas no sirviesen para nada!, ¡quizás mi cuerpo rechazase el retrovirus!... ¡Tanto tiempo guardando grasas saturadas e insaturadas que ahora no habría hueco para un virusito de nada!. ¡JO-DER!

 

Sin embargo mi mente se negaba a aceptar la derrota. Estaba segura de que el murcielaguito había sido hecho para mi y, DE HECHO, para toda la eternidad. Así que decidí posponer mi angustia existencial hasta que Ervigio estuviese no-muertito y "coleando" (sobre todo eso). Porque , para ser sinceros, no era la primera vez que el Gran Maestro Oscuro metía la pata en sus predicciones y, en ocasiones, he llegado a dudar (sólo un poquito) que realmente supiese de lo que estaba hablando.

 

Así, recapitulando, que yo recuerde, fallos gordos, se pueden considerar 3:

 

13/09/2007- El terremoto en la fosa Atlántica y su consabido tsunami destructor.

Con todo este asunto me tuvo durante una semana llevando un chaleco salvavidas hinchable en la mochila del cole y durmiendo bajo la cama para evitar los cascotes del derrumbe.

También nos sugirió donar nuestras pertenencias a la Sociedad del Verdadero Conocimiento (SVC), de la que él es líder supremo. Más que nada, para que fuesen custodiadas en sus recintos de máxima seguridad hasta que la catástrofe hubiese pasado.

Yo no le di nada porque mi única fuente de ingresos es la mísera, míniscula y rídicula paga semanal de mis padres.

 

29/02/2008 – La fuga radiactiva de la central nuclear.

A pesar de que en donde vivo los molinos de viento y los saltos de agua constituyen el único origen de energía eléctrica, el Maestro Oscuro se empeñó en afirmar que el Gobierno poseía micro-centrales nucleares escondidas en las regiones inaccesibles de los bosques y que una de ellas sufriría un catastrófico accidente.

A causa de eso tuve que comprar por internet un traje contra la radioactividad y una máscara anti-gas, evidentemente de diseño, con los que cargué durante otra semana en el bolso. Afortunadamente, esta vez le saqué provecho y al año siguiente utilicé la careta para disfrazarme de abejorro en carnavales.

 

Muy amablemente, el Maestro se ofreció de nuevo a custodiar nuestras pertenencias. Sin embargo, la recaudación familiar del aguinaldo navideño no me parecía suficiente como para molestar con ella a los miembros de la SCV, así que me arriesgué a morir cargando mis sucios billetes radioactivos.

 

01/05/2009 – Colisión mortal del asteroide Apo-loquesea contra la Tierra.

Al parecer, un pedrolo del tamaño de Londres iba a estamparse en un lugar indeterminado del planeta. La potencia del impacto sería equivalente a tropecientas mil bombas atómicas con lo que, independientemente del lugar en el que viviésemos, finalmente nos veríamos afectados por sus consecuencias: nube tóxica cubriendo el planeta, descenso de la luz solar, incremento drástico de la temperatura, extinción de especies, desaparición de la raza humana.

Vamos, el Fin del Mundo.

 

Esta vez, ya sin mucha fe, me aprovisioné para resistir a la hecatombe encerrada en el sotano de mi abuela. Allí almacené una cantidad ingente de gusanitos, galletitas saladas, cheetos y unas 15 tabletas de chocolate (quizás habría que repoblar el planeta, pero si al final me salvaba yo sola tendría que subsistir sin sexo).

 

 

¿El dinero? Estuve a punto de dejarlo en el SVC a buen recaudo, pero al final, pensé que me aburriría mucho sola en la bodega, así que opté por comprar un Ipod Nano, CHULÍSIMO, color rosa "electrizante" de "acabado en aluminio anodizado".

Además si sobrevivía o si al final el cataclismo no se producía, también lo podría utilizar, como dicen en su página web, "en caso de que me encontrase en medio de una divertida persecución de carritos en el supermercado, o cenando en un restaurante y apareciese mi actor favorito". ¡GENIAL!

 

En fin, que pasó el día, pasó la romería y pedrolo pasó también de largo. Viva y aburrida como un hongo, me dediqué en la subsiguiente semana a vaciar el pequeño dispensario del búnker que había organizado en la bodega mientras escuchaba "30 seconds to Mars" con mi nuevo y flamante Ipod, releyendo por quinta vez "Crepúsculo".

 

¿Que había engordado unos kilillos? Es cierto. Pero bien me venían ahora cuando semejaba que en la lucha por mantener a flote mi historia de amor con Ervigio iba a tener que sudar y quemar muchas calorías.

 

LaAutenticaBella35::Maestro, y cómo se comportan los vampiros?. Tienen algún saludo secreto? Gestos particulares que los diferencien de los humanos?... Ha estado usted en un botellón hemoglobínico?

 

Se podía decir que la guerra había empezado y yo estaba decidida a apostar por lo nuestro.

 

 

El albondiguilla me miró flipando visiblemente en colores.

-¿Salvarme de qué? -dijo incapaz parpadear- De un vampiro maniatado y sin colmillos -añadió todavía alucinado- ¿Qué pensabas?, ¿qué me iba a matar a lametadas?

Touché.

-Muertes más estúpidas se han visto –le constesté altiva- Y por cierto: "De nada".

Es de bien nacidos ser agradecidos y aunque, ciertamente mi ayuda no había sido providencial, lo importante es la intención. Si no que se lo pregunten a Ervigio, el cual había sufrido la peor parte de la misma: una hemorragia nasal y la dulce inconsciencia en la que lo había sumido el dolor.

Fue éste y la culpabilidad por el nuevo destrozo los que me esponjaron el corazón dejándolo blandito y rosa como una nube de algodón, a pesar de que todavía se resentía tras la insensibilidad con la que mi vampiro había recibido el recital de poesía.

En fin, que recuperado el equilibrio emocional (últimamente inestabilizado por un SPM más agudo de lo normal) y en vista de que se habían despejado las nubes de recor, saqué a Arturo de encima del chupasangres, como símbolo de nuestra reconciliación.

-Mientras estabas fuera Ervigio me ha explicado el modo en que funciona todo ese rollo de la regeneración -retomó MacGyver la conversación.
-Así que: Ervigio. ¡Vaya!, ¡qué confianzas! -se me escapó dolida por el hecho de que MI chusangres perteneciese POR EL MOMENTO más al albondiguilla que a su propia novia.
-Sí. Ervigio. Así se llama. No Emilio -recalcó el pelo-pincho restregándome la equivocación- Y, por cierto, estaba siendo muy amable y razonable hasta que tú llegaste.

Le mostré mi lengua en toda su amplitud esperando que entendiese que podría quedarme sin palabras, pero no podría cerrarme la boca.

-Pues sí -continuó sin molestarse en contestar- Tal como suponíamos necesita sangre fresca para regenerarse con rapidez. Sin embargo, dada la gravedad de las heridas que tiene por el cuerpo, ni contando con nosotros dos, tu abuela y su adorable pequinés podríamos tenerlo listo para este jueves. O sea que habrá que posponer la transformación o...

El Jonhy se detuvo dudando si debía hacerme partícipe de la información recién obtenida.

-O ¿qué? -le apremié con un tono que no daba pie a retrocesos.
-O buscar una fuente de sangre más "poderosa" -concluyó enfatizando sus últimas palabras.
-¿Poderosa cómo?... ¿Más fuerte en plan "que la fuerza te acompañe"? o ¿con más influencias en plan... -una idea loca cruzó mi mente- ¡El presidente del gobierno!. ¿Quieres que mi Ervigio se meriende al presidente!
-Nooooo, idiota -me frenó el albondiguilla alzando los ojos- Más poderosa en plan sangre de otro vampiro.
-Ahhhh...  Mejoooor. Ya tenemos experiencia en cazar vampiros.
-Sí, bueno. Realmente sólo ha sido uno y al parecer novato. -me corrigió Jonhy- Lo que habría que hacer ahora es ir a por un murciélago realmente viejo y con hematíes de solera.
-Uhmmmm... -asentí ensimismada con la idea.
-Según me estaba contando el apaleado de tu novio -un poco de sorna gratuita- los chupasangres de nivel se reúnen todos los jueves en un local regentado por el jefe de la zona. Allí cenan, hablan de negocios e intercambian su sangre en señal de confraternización y no agresión entre clanes.
El club es muy selecto y las ratillas voladoras recientes, como tu amado, tienen vetada la entrada a no ser que un vampiro VIP los introduzca en sociedad o bien ellos se presenten con un humano a modo de ofrenda. O sea, de postre.
Sobra decir, que el resto de los días las puertas son abiertas al público humano normalmente y que aunque los vampiros siempre son bien recibidos, no se les permite darse a conocer y mucho menos derramar sangre en las instalaciones... Aunque a veces se hace la vista gorda para socios muy especiales.
El caso, es que como la cuchipandi de este jueves cuadra con Fin de Año y el local va a estar lleno de mortales esa noche, el clan ha decidido adelantar su pequeña fiestecita privada para el miércoles y convertirla en una espectacular entrada de año. Así que es muy probable que algún mandamás-supremo se deje caer por el guateque de no-muertos y que incluso éstos se sientan magnánimos y abran la mano a la hora de admitir a vampiros neófitos. ¡Vamos!, que aquello va a ser una auténtica juerga de hemoglobina murcielaguil.
Así que resumiendo, tenemos dos opciones:
a) Soltar a la rata voladora en prácticas para que huya bien lejos y se alimente el solito
b) Buscar el suicidio presentándonos en la fiesta para dejar más seco que la hucha de un mileurista al primer súper-vampiro que encontremos.
      Tu dirás...


Uhmmmm... El asunto no pintaba nada mal.

Evidentemente habría que currarse la estrategia, entrar en el local y pedir 3 litros de sangre del mejor ejemplar no era una gran idea. Pero una vez trabajada esa parte, el proyecto de conversión seguiría su curso con normalidad y yo por fin podría estar con Ervigio para toda la eternidad.

Desde luego, sobra decir, que la renuncia al amor verdadero no entraba en mis planes a corto plazo... Ni tampoco en los de un plazo mayor. ¡Ahora había recuperado la fe y lo veía todo con una claridad meridiana!

-Será mejor que te compres algo elegante -le sugerí al albondiguilla- Ya sabes que los vampiros son muy exquisitos y no quiero que le pongan pegas al postre que pienso llevarles.

El Jonhy me miró sin atisbo de miedo, como si ya conociese mi respuesta de antemano y yo simplemente acabara de expresar a viva voz algo que él había asumido hace tiempo.

-¿Elegante como si fuese Fin de Año? -me preguntó únicamente.
-Elegante como si fueses a una fiesta de vampiros.

 

 

¡Vaya!, ¿eso era todo?.

¡Increíble! Una rezumando romanticismo por todos los poros de su piel y el sin-dientes-patético escogía como primeras palabras inteligibles "Ervigio, me llamo Ervigio". ¿Se podía ser menos sensible?, ¿todavía menos considerado?, ¿rozar incluso la falta absoluta de corazón? No creo.

Sentí como la rabia vaginal prendía mecha y  escalaba mi columna vertebral hasta salir en forma de humo por las orejas, igualitico que una olla a presión.

O sea que una tarde entera estrujando mi cerebro matemático y racional (poco apto para la literatura) y lo único que parecía importarle a mi murcielaguito era su estúpido, horroroso y lementable nombre.
Nada de valorar mi esfuerzo, ni tener en cuenta que estaba dispuesta a pasar por alto sus colmillos mellados y ese espantoso olor a pelo quemado que invadía la bodega después de que se churrascase al Sol.  ¿Es que no sentía amor por mi?

Me mantuve inmutable, con la mirada fija en Ervigio, percibiendo como mi alma se convertía en el campo de batalla de una guerra entre las llamaradas de mi ira furibunda y los millones de lágrimas que me presionaban la garganta luchando por salir.

Finalmente, el agua se desbordó suavemente por las mejillas y para que la rata desaprensiva no pudiese darse el gusto de verme a moco tendido, hice con mi oda la vigésimo sexta pelotita de la tarde y tirándola en el ataúd, salí con paso firme de la bodega.

-No te preocupes – escuché decir al Jonhy.- Siempre es así.
-¡Ah!, no lo sabía – musitó Ervigio a modo de disculpa.

Mantuve la poca dignidad que aún me quedaba tras las explicaciones de MacGyver y pegué un soberano portazo. Por fortuna, al otro lado me esperaba Tury sobre sus cuartos traseros y esos grandes ojos saltones de pequinés clavados en el pomo.

-Buen chico, buen chico – le felicité mientras lo abrazaba entre sollozos – No te fías del vampiro, ¿verdad?
-¡Guau! - respondió secando mis lágrimas con su lengua de lija.
-Porque, ¡hip!, es un egoista y un mala no-persona.
-¡Guau! - volvió a asentir.
-¿Y ya te habías dado cuenta, ¡hip!, a primera vista?
-¡Guau,guau! - se apuntó el tanto.
-Cuanta, ¡hip!, razón tenías – concluí mientras le despeinaba la cabeza. - Y a mi que me engañó como a una boba, ¡hip!.

La vergüenza por haber caído tan inocentemente en las redes del amor de ultratumba se canalizó en un estúpido vaivén por el descansillo esperando a que el pelo-pincho hiciese acto de presencia. Después de un par de minutos de ejercicio, en los que mi hipo se tranquilizó, el ligero murmullo de una conversación apagada proveniente del sótano me despertó la curiosidad.

-Hummm... - gemí acercando mi oreja a la puerta - ¿Por qué no sale el albondiguilla?
-Argf, argf, argf – jadeó Arturo mientras barajaba las opciones
-¿Le estará poniendo la tapa al ataúd?
-Argf, argf, argf
-Pero, para eso no hace falta hablar.
-¡Guau! - coincidió el pequinés
-Entonces, ¿estará el chupasangres hipnotizando al Jonhy?

Tury ladeó la cabeza sopesando la posibilidad.

-Porque los vampiros pueden hacerlo para seducir a sus presas – continué tratando de convencerle con mis argumentos – Y en ese caso, el pelo-pincho herido es una víctima fácil.
-¡Guau!
-¡Quizás incluso ahora mismo le está quitando las cadenas!
-¡Guau!
-¡Y el no-muerto sediento y liberado lo morderá como un poseso!
-Slurp – se relamió Arturo, recordando las veces en que había catado la turgente pantorrilla del Jonhy.
-¡No puedo permitirlo! - grité mientras abría la puerta y regresaba al sótano para salvar a MacGyver.

Sin embargo nuestras más terribles suposiciones ya se habían hecho realidad. Tendido sobre el ataúd enmohecido, yacía el cadáver inerte de mi adorable amigo de la infancia: medio cuerpo sobre el no-muerto y el otro medio arrodillado en el exterior. Completamente a merced del Malvado (=insensible+desconsiderado+falto de corazón) Señor de la Noche.

-¡¡¡¡¡NOOOOOOOOOOOOO!!!!! - grité paralizada en el umbral.
-GRRRRRRRRRRR – reclamó Tury su propiedad sobre el albondiguilla.

Entonces percibí como la cólera que antes había sucumbido a mi gran humillación renacía de sus cenizas. ¡GROARGGGGGGG!. Mis ojos adquirían un novedoso color verde-agua. ¡GROARGGGGGGG!. La camiseta blanca se rasgaba por la espalda . ¡GROARGGGGGGG!. El vaquero quedaba reducido a unas ridículas bermudas. ¡GROARGGGGGGG!. Y en lugar de ponerme roja de ira, mi piel se tornaba más verde que un manojo de grelos.

-¡GROARGGGGGGG! - acabé rugiendo como Hulk... O eso me pareció a mi - ¡Suéltalo!, ¡suéltalo, porque te aseguro que no quieres verme enfadada!

 


Me lancé a una carrera desenfrenada para evitar la desgracia y cuando ya me hallaba a escasos tres pasos del féretro, el Jonhy levantó sus ojos sorprendidos hacia mi.

-¿Qué estás haciendo? - me preguntó pasmado.
-¡TE SALVO LA VIDA! - respondí mientras soltaba en caída libre a Tury sobre la entrepierna del vampiro - ¡YA ME LO AGRADECERÁS DESPUÉS!

Y diciendo esto le asesté a Ervigio un soberbio puñetazo en todo su inmortal rostro.

Ayer: 27 de Diciembre. El día después.

Y no consideréis, Siniestros Vasallos de la Tenebrosa Oscuridad, que éstas últimas líneas son producto de la desesperación... Nada más lejos de la realidad, son una auténtica y genuina muestra de determinación.

Debo admitir que a día de hoy (comúnmente denominado “hoy”, 28 de Diciembre) la dentadura de mi amado no ha sufrido grandes cambios y permanece inmutable luciendo esas dos raquíticas protuberancias como colmillos. A priori, es cierto que el asunto no pinta precisamente bien y que teniendo en cuenta que faltan 3 días para Fin de Año lo más cómodo sería sacrificar a Ervigio y buscar otro vampiro de reemplazo (mi maestro oscuro dice que es más fácil encontrar un no-muerto que un piso barato).

Sin embargo me resisto a la idea.

Ayer domingo, por la tarde, después de que yo descansase a pierna suelta mis 10 horas de rigor, le mandé un mensaje al Jonhy para que se dejase caer de nuevo por la casa de mi abuela. Teníamos que trazar el plan de acción urgentemente porque el atardecer estaba cada vez más cerca y, en un par de horas, los rugidos de un chupasangres, sediento y malhumorado se oirían por todo el vecindario.

El albondiguilla se hizo de rogar y cómo todo lo ocurrido el día anterior estaba clavado profundamente en mi impresionable alma decidí ponerle palabras a los sentimientos que me invadían. Sentada en el escritorio de mi padre, con una hoja en blanco sobre la mesa y mi bic rosa en la mano esperé a que me visitasen las musas.

Sin embargo éstas son unas tías muy escurridizas. No las encontré ni en los cuadros de caza colgados por las paredes, ni en el cristal donde volvía a aporrear la lluvia, ni en las canciones de "My Chemical Romance" que sonaban en mi mp3. Y eso que no existe un grupo emo mejor.




Llegados a este punto, debo aclarar que la poesía no es mi fuerte, mi profe de lengua lo confirma  cada trimestre. Sin embargo esa tarde,me rescatase la inspiración o no, estaba decidida a componer una oda de amor-vampírico para recitárselo a Ervigio nada más abrir el ataúd. Al fin y al cabo éstas son las típicas pequeñeces románticas que se hacen cuando estás enamorado.

Después de 20 o 25 bolas de papel apiladas en el cesto de la basura escupí los restos de la tapa del boli sobre la mesa y di por finiquitada con orgullo mi obra maestra, justo a tiempo para recibir al pelo-pincho-lamido que timbraba en la puerta principal.

Nada más abrirle se me cayó el alma a los pies. ¡Pobrecito Jonhy! ¡Qué aspecto más desolador! ¡Partía el corazón sólo verlo! De un vistazo cubrí el parte de guerra:

  • vaquero roto
  • camiseta embarrada
  • sudadera rajada
  • tufillo a sudor + loción post-afeitado (pa’ los cuatro pelos que tiene)
  • ojo derecho con halo rojizo
  • ceja derecha con brecha


-¿Qué te ha pasado? - le pregunté temiéndome la respuesta.
-Tu ex – respondió con cansancio – Me pilló por banda al venir para acá y tuvo conmigo la pequeña conversación puño a cara que nos había prometido.

Bueno, al menos su cuerpo aún contenía ironía. Las cosas no estaban tan mal.
Me eché a un lado para dejarle pasar mientras sonreía maternalmente demostrándole que le acompañaba en el sufrimiento. Sobra decir, que siendo egocéntrico, narcisista y ególatra como es él, yo ya intuía que debía dedicar un par de minutos a escuchar su historia y ensalzar (sin importar cuan patética hubiese sido la pelea) sus habilidades bélicas.
Veamos un ejemplo. Clasificando las alabanzas según su desviación de la realidad, tuvimos:
-¡No se te ve tan mal! - mentira nivel 1
-¡Oh, qué fuerte eres! - mentira nivel 2.
-¡Seguro que el Charly está peor! - la madre de todas las mentiras.

Este proceso de palmadita en la espalda no duró mucho. El Sol comenzaba a ocultarse en el horizonte y yo me mordía las uñas por ver la cara que se le quedaba a mi no-muerto después de recitarle la composición que tan cariñosamente había creado para él.

-Bueno, dejémonos de lamentos – zanjé la ronda de parabienes por el espectacular combate – Vamos a ver a mi vampirito.

Sin oponer resistencia, el Jonhy me siguió escaleras abajo, regresando por segunda vez aquel día a la bodega de mi abuela.

-He estado investigando en Internet – comentó mientras descendía por los peldaños – y yo creo que tu no-muerto tarda en regenerarse porque su cuerpo ha sufrido demasiadas catastróficas desdichas y está muy débil.
-Tal vez – respondí apartando a Arturo que una vez libre había retomado su puesto frente a la puerta del sótano- No, Tury, tú no puedes pasar porque has sido malo con el chupasangres.

El pequinés giró la cabeza y me miró con ojillos suplicantes mientras lo dejaba en el exterior. Se ve que le había cogido afecto a Ervigio... O Emilio, que era el nombre que yo había entendido.

-¡Destapa el atúd! - ordené al albondiguilla.

Mi MacGyver me lanzó una mirada de resignación y tras inspirar profundamente,  se acercó al féretro con lentitud y desánimo, gimiendo con cada diminuto movimiento que realizaba.

- ¡No!, ¡Espera! – lo detuve al tiempo que mi mano temblorosa desplegaba el folio arrugado que contenía el poema – Ejem, ejem – aclaré mi voz - ¡Adelante!

El Jonhy se detuvo sorprendido, pero aún así, obedeció sin rechistar deslizando tan rápidamente como le permitían sus doloridos músculos el madero que cubría la caja.
Así como sentí que unos conocidos ojillos asustados se clavaban en mi, di por buena la señal de salida e inicié el recital con grandes aspavientos:

Emilio que eres blanco como la leche (brazo estirado)
me molas también torrado (mano al pecho)
incluso ahora desdentado (dedo en los labios)
los piños no son un problema (mostrar colmillos)
intentaré pasar del tema (aleteo de mano)
¡Oh, vampiro amado! (hincar rodilla)

Elegante, sencillo y refinado. Una poesía sólo apta para paladares exquisitos, rima consonante con la dificultad añadida de que las iniciales formen el nombre de E-M-I-L-I-O, y la más solemne de las puestas en escena.


Ante tanta maravilla no pude evitar hacer una reverencia esperando recibir los pertinentes aplausos, sin embargo el albondiguilla me miraba de hito en hito, boquiabierto y el no-muerto sólo podía pestañear, maniatado y amordazado como lo teníamos.

Un incómodo silencio se apoderó del sótano.

-¡Déjalo que hable! - indiqué al pelo-pincho, ansiando una felicitación de mi ratilla voladora.

La bolita magullada se inclinó sobre el vampiro y liberó su boca, no muy convencido de lo que le acaba de pedir.

Entonces ambos nos quedamos mirando al chupasangres con preocupación. Yo por miedo a que no le gustase mi oda y MacGyver por temor a que aquél fuese el inicio de una serie de aullidos y berridos que alertarían a medio vecindario. Contuvimos el aliento.

Mandíbula hacia la derecha, mandíbula hacia la izquierda, mandíbula a la derecha, mandíbula a la izquierda. Lentamente el foco de toda nuestra atención comenzó desperezarse y cuando por fin pareció que había recolocado correctamente la osamenta facial separó sus labios para musitar:

-Ervigio. Me llamo Ervigio.

Así era, en efecto. Después de pegar nuestros tres hocicos a su pestilente boca y realizar un exhaustivo examen de la misma comprobamos que, no era que se encontrasen retraídos, sino que, realmente sus caninos superiores se habían roto.

-Sorprendente, sin duda – rompió el silencio el albondiguilla – Los vampiros también se parten los piños.
-Sí – asentí yo tomando prestado el mismo tono interesante de MacGyver - ¿crees que también le saldrán caries?.
-¡No!, no deberían – me explicó manteniendo la vista en un punto perdido de la habitación - Su cuerpo se regenera hasta tomar el mismo aspecto que tenía en el momento de la no-muerte.

Algo detuvo entonces al pelo-pincho, que quedó en silencio para iniciar un paseo por el sótano frunciendo y desfrunciendo el ceño.

-Lo curioso es que... entonces ya habrían... - y sin acabar ninguna frase se acariciaba el mentón con la mano– no tiene sentido... sin embargo...

Lo seguí con la mirada mientras esperaba pacientemente a que Sherlock abandonase el estúpido monólogo con el que, a todas luces, pretendía acaparar la conversación.

-Y bien... - dije cuando mi orgullo cedió a la curiosidad.
-Bien, ¿qué? - me preguntó fingiendo con poco acierto que se había olvidado de mi presencia.
-Bien, ¿qué es lo que estás pensando? - repetí un poco cansada de tanto misterio.
-Pues... Bueno, es sólo una hipótesis – argggg, el Jonhy en modo maduro y enigmático era un auténtico plasta, pero había que aguantarlo – Partiendo del supuesto de que la pérdida de los dientes se hubiese producido tras el castañazo en la cripta y, desde eso han pasado 2 horas, los caninos deberían de haberle crecido hace ya un buen rato. Entonces, ¿por qué no se ha producido la recuperación de los mismos? - pausa coñazo-efectista - Tenemos dos posibles respuestas. a):  quizás no sea cierta la teoría regenerativa. Y b): su cuerpo no se encuentra en el mejor momento para recuperarse.

Los dos nos giramos simultáneamente  para echarle un vistazo a las cuatro tirillas de carne que componían el vampiro maniatado, golpeado, mordisqueado, pasado por agua primero, chamuscado después y ahora desdentado. Ciertamente no parecía estar en la cumbre de su existencia.

-Uhmmm... - musité algo desencantada por el aspecto de mi ratilla voladora – Yo lo querré aunque no le vuelvan a crecer los dientes.
-Quizás... Pero, y corrígeme si me equivoco, la falta de colmillos complica tu conversión un poco...

¡Repelente niño Vicente! ¡Lo odio! Odio cuando se las da de listillo, además tiene razón y aún encima se regodea de ello sin importarle la desgracia ajena. ¡Desaprensivo, insolidario y mal amigo!.
Descolgué mis morros hasta que me rozaron la barbilla y arrugué el entrecejo para demostrarle que me había ofendido. Afortunadamente para el albondiguilla, todo lo vivido aquella noche había dejado mi batería bajo mínimos y, a pesar de la mala baba, el cansancio no me permitía más dispendios de energía.

-De eso ya hablaremos mañana – repliqué secamente tratando aguarle el pitorreo – Ahora hay que esconderlo.

Tras una rápida inspección del habitáculo decidimos ponerlo bajo la mesa de herramientas que antiguamente usaba mi abuelo para realizar sus chapucillas y que, hoy en día, a mi yaya le producía una gran tristeza ver. Por esta razón la mesa había sido cubierta hasta los pies con un hule beige descolorido, ocultando de ese modo los mil y un cachivaches que habían sido utilizados en otro tiempo.

Allí quedó Ervigio "amord-AJAdo"(1) de nuevo.

Como cualquier viuda en un entierro, lo despedí al pie del ataúd, viendo desaparecer su desgarbada figura humeante al tiempo que el Jonhy, lentamente, lo ocultaba a mi vista con la tapa del féretro. Sobre ésta, decidimos apoyar la escalera de mano, la sierra mecánica, el taladro y dos cajas de herramientas con la esperanza de que si mi murciélaguito resultaba "madrugador" y follonero no alertase a todo el vecindario antes de que llegásemos nosotros.

Después de eso, no me costó mucho acelerar al Jonhy para que tomase las de Villadiego y se pirase a planchar la oreja. Parecía extenuado y sus intensos ojos azules habían perdido el brillo sarcástico de unos momentos atrás. ¡Hasta el pelo-pincho estaba decaído!

Cogí a Tury en brazos (porque él sí se veía con fuerzas para montar guardia todo el día gruñéndole a la puerta del sótano) y observé desde el porche de la casa como la rechoncha figura del albondiguilla se alejaba cansinamente mientras la alegre luz de la mañana luchaba por hacerse paso entre los nubarrones que había abandonado la noche.

En el portón principal ya no quedaba rastro del gorila furioso ni de las cuatro latas en las que nos había traído. Me pregunté si finalmente habría dado con la pobre y desamparada bruja pechugona o si ella habría conseguido bajar a la ciudad por sus propios medios.

Al fin, subí a la habitación de soltero de mi padre y allí me dejé caer sobre el mullido colchón sin desmaquillarme o descalzarme siquiera. Estaba reventada y necesitaba descansar, pero mi cerebro se resistía levemente a quedarse dormido con lo que yo me mantenía en un estado de entresueño recordando todo lo ocurrido aquella noche.


La peor parte: Charly. ¡Me había insultado, amenazado y tratado de golpear!. Cree que tengo blandiblú malvado en el cerebro y probablemente dedicará sus ratos libres a planear cómo extirpármelo de la forma más dolorosa posible... Un problema, sin duda.

 



Por otro lado el cementerio me había regalado el amor de mi vida. Finalmente había encontrado a mi alma gemela, al Edward con el que compartir la eternidad, ¡mi propia, particular e intransferible ratilla-voladora!... Desdentada, eso sí, pero totalmente mía.

Le dediqué brevemente un tierno pensamiento al nuevo huésped de mi abuela. Suspiré feliz y por fin concilié el sueño al ritmo de los monótonos ronquidos de Arturo, que descansaba plácidamente sobre la alfombra del dormitorio.

Todo iba a salir bien... ¡Los dientes iban a salir bien!... ¡Los dientes tenían que salir bien!...

¡Joder! ¡Esos malditos colmillos TIENEN que salir de una puñetera vez!

 

-------------------------------
(1) AMORDAJAR .- Poner mordaza después de rellenar la boca con dientes de ajo.

Me acerqué a las escaleras que llevaban a las habitaciones de la casa e inspiré con fuerza porque, otra cosa no, pero iba a necesitar una buena dosis de inspiración.

-¡Abuela, soy yo! - anuncié - ¡Tury está aquí conmigo!
-Grrrr... - puntualizó él luciendo ante Ervigio sus colmillos inferiores.

Se hizo un breve silencio en la oscuridad, probablemente durante el tiempo necesario para procesar que había otra persona en la casa y asociarle una cara a la voz que acaba de hablar.

-¡Ahhhh!, ¡Jessi! - me contestó mi abuela aún en la penumbra del pasillo superior - ¿qué haces aquí tan temprano?

¿Temprano?, ¿no estábamos en plena madrugada?, ¿qué hora se suponía que era?. Le eché una mirada a mi móvil y comprobé que rondábamos las 6:30 de la mañana, con lo que los primeros rayos de sol no tardarían en filtrarse a través del cielo encapotado.

-Ehhhhhh... - había que pensar rápido – Es que si llego a esta hora a casa, papá me mata. Ya sabes que los domingos se levanta temprano para ir de caza y no le gusta ver que todavía no estoy en cama.
-¿Entonces qué quieres? - me respondió acercándose lentamente al borde de la escalera- ¿que le diga que viniste a dormir conmigo?.

Allá, en la cima de los peldaños, con su metro cincuenta de mojama seca y enjuta, mi abuela aperentaba más alta de lo que en realidad era. Vestía la bata de raso roja (el boatiné murió con su marido) comprada para llevar a los viajes del IMSERSO y unas flamantes zapatillas del mismo color coronadas por un pompón de plumas... Toda sofisticación y sensualidad para su edad... supongo.

-Pues, más o menos sí. Y además vengo con Jonhy y... - ¿un vampiro?, ¿un chupansangres?, ¿una ratilla voladora? -... y otro amigo que necesita ir al baño – nota mental: averiguar el nombre del no-muerto - ¿Puede pasar?.

Mi abuela se agachó para examinar al nuevo visitante desde su elevada posición, pero el albondiguilla, que de vez en cuando tiene buenas ideas, se cruzó en la trayectoria de tan curiosa mirada ocultando el ataúd.

-Buenos días, Sra. Lola – la saludó con una de esas sonrisas suyas de niño bueno que siempre despiertan el instinto maternal.
-Buenos días, Jonhatan – respondió ella agachándose todavía más para localizar al individuo que le faltaba por conocer.

Se hizo un incómodo silencio mientras MacGyver mantenía los piños bien visibles cual tiburón anunciando dentífrico. A lo lejos, los insultos incoherentes de un Charly, que se iba dando por vencido, eran percibidos ya como murmullos inconexos.

-Os voy a matar... (blablabla)... papilla... (blablabla)... bruja voladora... (blablabla)...dejadme pasar y... (blablabla)...
-¿Es ése el que quiere mear? - preguntó mi yaya cuyo oido no es tan agudo como en sus tiempos mozos.
-Zorra... (blablabla)... - eso había sido muy claro.
-¡Vaya! Sí que tiene un apretón, sí – concluyó mi abuela apoyándose en el pasamanos para recuperar la verticalidad – Pues que pase. Que pase vuestro amigo, no sea que acabe regándome las ortensias.

Tan pausadamente como había surgido de entre las sombras, mi yaya comenzó a retirarse teatralmente. El pelo-pincho-lamido la seguía atentamente con la mirada y, en cuanto su Sr. Lola se hubo alejado lo suficiente, tiró por el Ervi-móvil hacia el recibidor. Pero éste permaneció inamovible.

-No va – murmuró mirándome desesperado.

Yo me acerqué para corroborarlo y, dejando a Arturo sobre sus cuatro patas, tiramos por la caja simultáneamente.

-No va – repetí frustada sintiendo que en unos pocos segundos el sol saldría y yo perdería irremediablemente al amor de mi vida.
-Es porque tu abuela invitó a un "amigo" tuyo – me explicó suavemente Jonhy tratando de evitar que las lágrimas desbordaran mis inundados ojos – Y el vampiro – continuó señalando a Ervigio que volvía a ser presa de Tury – el vampiro, no es tu amigo.
-Ya. Ya veo...- fue lo único que pude decir antes de que el llanto me quebrase la voz.

Miré hacia el no-muerto, que dominado por el pequeño pequinés, también derramaba grandes lagrimones de sangre (una guarrada, por cierto) y sentí que ambos estábamos conectados por el dolor de la pérdida.

¡Teníamos que hacer algo para salvarlo!

Entonces MacGyver sacudió la cabeza, como si una bombilla gigantesca le acabara de iluminar el cerebro y, pasando a mi lado a la velocidad de la luz, comenzó a subir las escaleras.

-¡Sr. Lola! - le gritó a la silueta que se alejaba por el pasillo envuelta en raso rojo.
-¿Sí? - respondió mi yaya.
-También le traemos fiambre para Arturo. ¿Dónde lo guardamos?
-¡Ohhhh! ¡qué encanto! - todo lo que fuese para Tury era bienvenido, por extraño que resultase regalar fiambre a las 6:30 mañana después de una noche de juerga - Ponedlo en el congelador del sótano, por favor.

¿Se podía considerar eso una invitación?, quiero decir, ¿para alguien que no fuese una tabla de embutidos?... Intenté arrastrar nuevamente el ataúd y... ¡esta vez cedió!.

¡Mi brillante albondiguilla!, ¡sagaz y astuto como le he estado enseñando todos estos años!. Si antes no  me hubiese conmocionado tanto por la posible pérdida de mi encantador murcielaguito, de seguro que la idea se me habría ocurrido a mi.
Sin embargo, las felicitaciones tendrían que esperar y no porque mi orgullo me impidiese agradecerle al Jonhy la vida de mi futuro compañero de eternidad. El problema era que las primeras luces de la mañana ya iluminaban la escena y Ervigio estaba echando ahora tanto humo por los poros de su piel que Arturo parecía sacado de un videoclip de los 80.

 


De un sólo tirón, tras hacer acopio de fuerzas, conseguí meter el Ervi-móvil en el hall y una vez dentro, cerrar la puerta que nos mantenía a salvo de Charly y el temido amanecer. En silencio y escoltados por Tury, cargamos al no-muerto, con más pinta de muerto de lo que semejaba saludable para él.

-Tenemos que averiguar su nombre – resolló MacGyver una vez en el sótano – Lo de esta noche no puede volver a pasar.

Eché un vistazo hacia mi amorosa ratilla voladora, maniatada, amordazada y luchando por mantenerse consciente... Eso era de fácil solución.

-¿Cómo te llamas? - le pregunté al murcielaguito mientras me abalanzaba sobre su  churruscado cuerpo para arrancarle la cinta americana de los labios.
-Effigfio – contestó con un parpadeo asustado.
-Emilio - interpreté yo.
-Ervigio- me corrigió el sabelotodo pelo-pincho, agachándose él también para quitarle los dientes de ajo de la boca – A ver, repite.

Lamentablemente el vampiro no pudo sacarnos de la duda. Con el sol desperezándose en el horizonte el no-muerto acababa de caer en su letargo diario y hasta el siguiente atardecer no conseguiríamos obtener nada interesante de él.

-¡Co-ño! - ya me empezaba a dar mala espina oir al Jonhy exclamar esa palabra - ¡Los dientes!
-¿Qué pasa ahora? – me interesé fastiada - ¿Tampoco te gusta a ti el ajo?.
-No, no. Los dientes de ajo, no. – me explicó con las cejas completamente enarcadas – ¡Los colmillos!. ¡Tu Oscuro Amo de las Tinieblas tiene los dos colmillos rotos!.

Uhmmm... ¡Curioso!, parecía que las cosas estaban tomando el peor cariz que podían tomar. ¡Vayan ustedes a saber por qué!, pero en ese momento me dominaba la completa certeza de que en las conversaciones tipo puño a cara yo llevaba las de perder.
Entonces, movida por la necesidad de mantener mi preciosa naricilla alejada de nudillos iracundos, sometí finalmente la indomable cerradura de la entrada principal.
¡Salvados! Rápidamente giré mi cabeza para asegurarme que así era y al comprobar que la masa de músculos descontrolada aún estaba fuera de la finca me sentí liberada:

-Si tanto quisieses a Vane ya te habrías ido a rescatarla y no estarías aún ahí parado pensando en mi – le chillé completa y verdaderamente preocupada por la salud de mi amiga.
-Síiiiiii – berreó cegado por la bilis - Estoy pensando en ti. En ti y en como extraer de tu enfermiza cabeza ese malvado blandiblú gris que tienes dentro... ¡Seguro que Vane me lo agradece!.

No esperé a oir nada más. Ese breve conversación me había aclarado de un plumazo que la situación en la que me encontraba no era adecuada para un intercambio de impresiones.

-Metamos al muerto a cubierto – ordené mientras me agachaba para recoger la cabeza del Ervi-móvil situada a mis pies.

Sin hablar siquiera (es lo que tiene cargar con un atáud toda la noche) alzamos el Ervi-móvil en 2 tiempos (uno va cogiendo práctica) y con el oído puesto en los intentos de Charly por saltar la verja nos precipitamos a franquear el umbral.

Estaba claro que mi pelo-pincho traidor era presa del pánico. En cualquier otra circunstancia la antipatía mutua entre Jonhy y Arturo, el sustituto de mi fallecido abuelo en el lecho conyugal, le habría hecho pensarse dos veces entrar en la casa con tanto brío. Sin embargo, el mandril con malas pulgas que se vislumbraba al otro extremo del jardín encendió el turbo en las posaderas del albondiguilla y esta nueva tracción trasera me catapultó varios metros en el vestíbulo de la yaya.

¡Bloooooommmm! escuché detrás mientras caía a cuatro patas por segunda vez aquella noche.

-Co-ño... - remató un Jonhy visiblemente sorprendido.

Su tono resultó tan desconcertante que inconscientemente mi cabeza se volteó esperando encontrar al Charly a punto de rehacerme la cara para toda la vida. Sin embargo, en la penumbra del porche sólo se distinguía la silueta rechoncha del pelo-pincho-lamido y nuestro ataúd, que con la tapa caída, exhibía sin reparos la captura de la noche.

-¿Por qué no entras? - le pregunté cuando me cercioré que el macaco seguía más o menos donde lo había visto por última vez.
-No puedo – me explicó mi albondiguilla que, todavía pasmado, seguía con la vista fija en Ervigio - Por más que empujo, la caja se frena... Yo creo que...

Pero no pudo continuar. Una exhalación rubia pasó entre mis pies e ignorando incluso las apetecibles canillas de MacGyver arremetió directamente contra la entrepierna de Ervigio.

Grrrrrrrrrrrrrrrr... Grrrrrrrrrrrrrrrr... Grrrrrrrrrrrrrrrrr...

-¡Tury! - le grité al pequinés que suele dormir con mi abuela – ¡Perro malo!, ¡perro malo!. ¡Deja en paz al vampiro!.




Arturo (a mi yaya le gusta imaginar que comparte cama con Arturo Fernández) me dirigió una mirada fugaz sin soltar su presa y, haciendo caso omiso de mi orden, continuó gruñendo y tirando por los pantalones con alegría.

-Yo no se lo pienso quitar de encima – dijo el Jonhy recuperando un poco la tranquilidad – Pero si el vampiro te interesa como novio será mejor que evites el Bobbicidio.

Efectivamente, el pobre Ervigio daba más penita que la nariz de la Esteban. Allí tirado, retorciéndose de dolor con la mandíbula tensa y los ojos inyectados en sangre, no tenía cómo escapar de la pequeña fiera perruna que lo atacaba con saña.

-Hay que ser amable con los invitados – expliqué dulcemente a Tury mientras lo separaba de su nuevo juguete para ponerlo en mi regazo – Y tú – increpé al pelo-picho-lamido - ¿se puede saber por qué no eres capaz de meter la caja dentro de casa?

El albondiguilla se tomó un segundo para desviar la mirada de Charly, cuyos gritos y ánimo decaían cada vez más, y recuperando su confianza habitual clavó los ojos en mi.

-Tú deberías saberlo – respondió con suficiencia - El chupasangres necesita invitación.
-Invitación - repetí mecánicamente con la frustración del que olvida en el examen una lección bien aprendida.
-Síp. Un vivo que habite en esta casa debe dejarlo pasar.

¡Mierda! ¿Cómo había podido ignorar por completo esta pequeña condición? . Ahora sí que la habíamos liado parda: ¡¡¡¡¡¡¡un féretro es demasiado grande para esconderlo en el piso de mis padres por mucho que un vampiro sea más limpio que un hamster!!!!!!!... ¿Qué hacer?

Estando las cosas así de desquiciadas, tenebrosos Hijos de la Noche, sólo se me ocurrían 3 opciones, a cada cual mejor:


a) dejábamos un ataúd en el jardín de mi abuela y en cuanto saliese el sol: "Vampiro a la brasa".
b) trataba de amainar a Charly y regresábamos todos al cementerio para dejar al chupasangres en su habitat natural.
c) conseguíamos que mi yaya le diese un pase VIP al futuro novio de su nieta.

-¡Arturoooooo! - la voz chillona de mi abuela interrumpió mi meditación - ¿dónde te has metido, cariñoooooooooo?

El Jonhy y yo volvimos la cabeza hacia el piso superior.

-Grrrrrr... ¡GUAU! - resolvió Tury.

Al parecer la respuesta iba a ser C.