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diariodeunavampiresanovata

Día 6 de Enero

 

Pues ya veis, aún estamos aquí y después de lo que ha tenido lugar estos últimos días puedo concluir que las cosas no siempre salen exactamente como uno las planea, a veces incluso salen más exactamente de lo que las habías planeado. ¿Y eso es bueno? Pues no lo se. Pero como he dicho, aún seguimos aquí, que tal y como pintaba la situación no es poco.

 

 

El día 1 de Enero mi albondiguilla, que había pasado lo que quedaba de noche vigilando mis constantes vitales, o lo que es lo mismo, durmiendo cual oso asmático en el sofá de la habitación de mi padre, me despertó a eso de las 12 a.m. con sus ronquidos de atento vigilante de constantes vitales. Abajo, en la cocina, se escuchaba el trajinar de mi abuela con cazos y perolas típicamente previo a una comida familiar, la cual, como mandaba la tradición de primero de año, estaría formada por los restos de la cena anterior (que dan para alimentar a una familia de leones desnutridos durante un mes y a una como la mía, un par de días) además de algún que otro postre casero que mi madre y la tía Pepi hubiesen preparado para esa competición de repostería que se traían de forma encubierta entre las dos.

 

Fuera, la lluvia volvía a arreciar reinando en el clásico día invernal de pijama, zapatillas y cobija frente al televisor. Sin embargo, en lugar de aprovechar mi convalecencia para remolonear dando vueltas bajo las mantas calentitas asumí mi responsabilidad como jefa de la manada y asomé la naricilla sobre el inmenso edredón nórdico de la cama de mi padre.

 

Lo primero que vi bajo la tenue luz que se filtraba a través de las persianas fue la inmensa bocaza de mi pelo-pincho-lamido, abierta de par en par cara el techo como si fuese un gigantesco agujero negro a punto de engullir la habitación al completo sin pararse a eructar siquiera.

 

-... nnnNNNNNNGGGGGRRRRRRRRRrr... pssssss... nnnNNNNNNGGGGGRRRRRRRRRrr... pssssss... nnnNNNNNNGGGGGRRRRRRRRRrr... pssssss... ngr... ngr...

 

Era evidente que dormía a pierna suelta. La noche anterior había estado llena de emociones para él y seguramente ahora se encontraría reviviendo intensamente todo lo sucedido, de ahí su cara de feliz satisfacción (no todos los días se besa a un pibonazo como yo). Por este motivo y porque tampoco es que el chico me fuese a servir de mucho, decidí concederle algunos minutos más de disfrute, de forma que él se recrease con mi cuerpo de infarto y mi dulce forma de besar y yo pudiese recapitular todos los acontecimientos que habían ocurrido esta Noche Vieja sin tener al Mago Jonhdalf estresándome continuamente con el rollo de trazar un plan de escape principal, un plan B secundario, otro plan de reserva y, ya en faena, por qué no otro para evitar la extinción del elefante africano.

 

Total, que lo abandoné en brazos de Morfeo (no en los del grupo, que sería demasiado cruel, sino en los del dios griego que al menos tiene la delicadeza de no cantar) para, muy lentamente, incorporarme de la cama con un ligero aturdimiento de cabeza. La habitación comenzó entonces a darme vueltas y necesité esperar unos segundos antes de que mi cerebro fuese plenamente consciente de su verticalidad, de manera que traer el portátil desde el escritorio de mi padre hasta la cama no supusiese un riesgo para mi integridad física.

 

En el viaje de ida invertí bien unos 10 minutos y aborté el de vuelta porque mi presencia de ánimo viraba tanto a babor y a estribor que ya no veía por donde andaba yo ni donde estaba el portátil. Después, bien ancladas mis posaderas frente al teclado, le dediqué 5 minutos a contestar correos de algunos Siervos de la Noche fieles seguidores de este blog y tan sólo otros 5 a subir el post del día (que con todo lo que me había pasado bien hubiese podido tirarme meses con él). Total, que al cabo de un poco más de un cuarto de hora y gracias a la velocidad de vértigo de mis dos dedos índice, ya me encontraba liberada para diseccionar nuestro problema y buscarle una solución.

 

Abrí un nuevo doc en el ordenador y tecleé:

 

PROBLEMAS:

1) Titina, nueva alcaldesa (aún por confirmar).

2) Juicio de chupasangres (siempre que la versión de Titina se vuelva oficial).

3) Falta de sangre (la mía, evidentemente).

 

SOLUCIONES:

a) Demostrar que la historia de Titina es un fraude.

b) Luchar y exterminar a todos los vampiros de la región.

c) Huir tan rápido como nos permitan nuestras patitas de ratas cobardes.

 

-La c) es la mejor opción.

 

Mi albondiguilla, quien al fin había abandonado su fase de marmota en coma, asomaba sobre mi hombro derecho cotilleando con descaro lo que bien hubiese podido ser un correo personal.

 

-Sabes que no sólo es feo leer información privada sino que además es ilegal -le solté a lo fiscal del distrito de muy mala leche ante tanto atrevimiento.

-Lo sé. Pero estoy seguro que no he leído nada que al final no acabes publicando a los cuatro vientos desde tu blog.

-Eso no lo podías saber a priori -añadí con tono de “protesto señoría”- ¿Y si hubieses visto algo más íntimo?

-No creo que hubiera sido más íntimo que lo que tuve que depilar ayer mismo -el Jonhy sabía como conseguir avergonzarme en una milésima de segundo- Y te puedo garantizar que no lo hice con los ojos cerrados.

 

¡Quién lo diría! Porque tal y como había quedado ese pequeño asuntillo, cualquiera creería que me había depilado un ciego con dos muñones por manos. Pero me abstuve de comentar nada más. No porque me encontrase demasiado floja para decirle un para de cosas bien dichas, sino porque en realidad no estábamos allí para discutir sobre su capacidades como esteticista.

 

-¿Entonces tú crees que lo mejor es que nos vayamos de aquí? -retomé como un buen líder el tema que tenía verdadera importancia- Estaríamos abandonando nuestras vidas sin saber si realmente estamos en peligro. ¿Y si Titina no es nombrada Alcaldesa?, ¿o si nadie se cree su versión?.

 

El Mago Jonhdalf se había apoyado sobre el escritorio sin llegar a sentarse y desde allí clavaba sus ojos azules en el suelo con tal intensidad que parecía que le quisiese quitar el polvo, así como haría Anthony Blake, sólo con la mente.

 

-¿Te jugarías la vida en ello? -me respondió mirándome al fin.

 

Y esa pregunta zanjó cualquier posible discusión.

 

-Supongo que no.

 

A partir de ahí, toda nuestra conversación comenzó a girar en torno a pequeños detalles como cuál sería el lugar dónde íbamos a ocultarnos por un tiempo, cuánto sería ese tiempo, cómo obtendríamos el dinero necesario para desaparecer de circulación y, sobre todo, qué explicación le daríamos a nuestras respectivas familias. Porque NO, eso de que una vampiresa loca pretendía matarnos no era una excusa válida para un No-Siervo de la Noche corriente y moliente.

 

Organizarlo todo con tanta prisa resultó bastante complicado. Más que nada porque MacGyver se encontraba igual de atacado que si acabase de vaciar toda la producción farmacéutica de una fiesta “rave” y cada pequeña aportación mía era, por su parte, descalificada y rebatida con un mar de argumentos. Por añadidura, él solito se planteaba dudas trascendentales sobre los más insignificantes pormenores, ya no sólo del plan de huida, sino de la historieta que le íbamos a contar a nuestros padres. Con lo que al final ésta resultó, por eso de haber sido trazada en la insulsa mente de mi albondiguilla, además de sosa, también humillante.

 

 

A eso de las 2 de la tarde, después de mucho tira y afloja, acepté su estúpida versión de la bola que íbamos a presentar en sociedad y bajé a comer al salón entre resignada y furiosa, no completamente segura de que mi familia se fuese a tragar que MacGyver y yo arrancábamos ese mismo día un viaje para darme a conocer a toda su parentela. Exactamente como si la que suscribe fuese una cabeza de ganado mayor y el albondiguilla un criador de vacas, de feria en feria por toda la comarca.

 

-Tu madre acaba de llamar, Jonhy -anunció mi abuela- Ha dicho que te vayas inmediatamente para casa porque llevan media hora esperándote para comer.

 

Según parecía me iba a tener que encargar yo solita de hacer el comunicado y los ojos de urraca avispada de la tía Pepi me sugerían que no se iba a tratar de un camino de rosas precisamente.

 

 

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2 comentarios

-

Amiga Sara:

Es imposible que precisamente tú tengas una vida aburrida. Mi Maestro Oscuro, que también controla de nombres y sus significados, dice que Sara proviene del hebreo Saraoh que significa, más o menos, fiesta o bullicio. De ahí que a las Saras le guste más un sarao que a un tonto un bote. Y no intentes negarlo, fiel Sierva de la Noche, que todas las que yo conozco son más o menos así (exceptuando la Carbonero que tiene pinta de ser más sosa que la comida de un jubilado).

En fin, que el problema que tienes es tu extremada sensibilidad, ésa que nos acompaña a todos los Siervos de la Noche, conviertiéndonos en almas inquietas, bohemias y con una mente en continua ebullición. Pero no desesperes, amiga Sara, tu angustia existencial es totalmente infundada. Tienes una vida súper interesante, sólo que no está permanente colgando de un hilo, como la mía. Y eso, te lo aseguro, tampoco es muy divertido.
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Sara -

¡¡¡Has vuelto!!! menos mal, con lo bien que me lo paso cotilleando la vida de los demas, (es que la mia es taaaan aburrida).
Hasta otra....
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