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diariodeunavampiresanovata

Echarle un ojo a mi ex-amante vampiro me sirvió para admitir que se le veía bastante alicaído (a causa, muy probablemente, de tener que pasearse por el vecindario como Travolta en los 70) y acojonado (sin duda, culpa de los nudillos de la Sra. Lola). En cualquier caso, lo que se dice pinta de estar loco de amor por mi, o ligeramente encariñado conmigo, tener no tenía.

 

Alguna mirada poco amistosa que me echó de reojo y la inclinación que comenzó a tomar su cuello a medida que yo me acercaba a él (así, como si a la cabeza no le importase huir por su cuenta), me reafirmaron en la convicción de que mi murcielaguillo no me quería.

 

¡Y, llamadme tonta, pero me dolió! Estaba claro que aún estaba colgada por él, ¡mi adorable Edward particular!. A pesar de todo lo que me había hecho, a pesar de la cantidad de veces que me había ignorado, humillado, despreciado e incluso traicionado. A pesar de todo eso, mi corazón todavía se enternecía con su presencia. El pobre latía tristemente sin poder hacerse a la idea de que se habían roto los alocados sueños de amor en los que yo nos veía paseando de la mano por la noche, yendo juntos a la disco o presentándoselo a mis amigas como mi nuevo novio vampiro... Infinitamente mejor que el ligue universitario que se había echado la Vane el Fin de Año pasado. Mucho más interesante y, desde luego, muchísimo más oficial. Eso sí, no podía desinfectar heridas con su aliento a ron añejo, pero al menos distinguía si le estaba metiendo mano a una tía o haciéndole un tacto rectal a una vaca.

 

En fin, que resumiendo, yo todavía sentía algo por Ervigio. YO todavía estaba enamorada de él.

 

El MacGyver besuqueador se me aproximó por la espalda y, con la dulzura almibarada con la que me venía tratando desde el momento "Beso" de la noche, apoyó su mano sobre mi hombro.

 

-No nos sirve para nada -me susurró por lo bajo- Titina nunca lo aceptaría a cambio de nuestra absolución y mantenerlo junto a nosotros contra su voluntad lo único que conseguiría es ponerlo en peligro, además de obligarnos a cargar con el muerto cuando nos esfumemos.

 

Brrrrrrrr... Me fastidiaba tener que admitirlo, pero el albondiguilla tenía razón. Evidentemente no en lo del intercambio ni en lo de cargar con mi murcielaguillo (comentarios, ambos, francamente vampirófobos). En lo que sí estaba acertado era en que retener a Ervigio al lado de unos foragidos, perseguidos por la ley y condenados a muerte era casi asesinarlo con mis propias manos y si de algo puedo presumir es de ser una persona completamente desprendida.

 

-Dejadle ir -me iba a costar un riñón superar este gran amor, pero debía poner punto y final a nuestra historia- Sí, sí. Que se vaya.

 

Por más que yo lo repetía, allí nadie se acercaba a desatar a un Ervigio que me observaba entre atónito y desconfiado. Al parecer la parentela estaba petrificada de lo perpleja que la había dejado mi acto desinteresado (es evidente que la gente, en estos días, no está hecha a grandes gestos altruistas).

 

-Sí, sí, sí. Soltadle.

-¡¿Pero estás segura, hija?!

-Sí, abuela -insití con voz firme y determinada.

-Entonces, ¿no hay boda?.

-No, mamá -corroboré mientras llevaba el dorso de la mano a mi frente que comenzaba a chorrear sudor frío con tanta preguntadera.

-Que si es porque se niega, yo lo obligo.

-No, papi, no es por eso -unas chiribitas me indicaron que se avecinaba otra oportunidad de lucirse para Johndalf "El lenguaraz".

-¿Y qué piensas hacer con tu hijo?, ¿vas a dejar que crezca sin padre?

 

Las rodillas comenzaron a batir una contra la otra y de nuevo la debilidad a causa del desangramiento amenazaba con dejarme a merced de un albondiguilla sobón (habilidoso, sí, pero sobón a fin de cuentas) que ya me tomaba por el codo en previsión de ser el primero en ayudarme con su particular reanimación.

 

-Lo he perdido -contesté al fin a mi abuela.

-¿En el bosque?. ¿Los has dejado en el bosque?... ¿Pero si todavía no ha nacido? -la Susi, siempre un dechado de perspicacia.

-Un aborto -comenzó a explicar mi yaya- Tu prima ha sufrido un...

 

BloooOOOOOOOOOMMMmMmMmMmmmm...

 

No alcancé a oir nada más. Uno rebumbio atroz entorno a mi, que había caído al suelo como una suave pluma de ganso, y frases sueltas aquí y allá aturullaron mi mente impidiéndome hacerme con la situación hasta que, lo que deberieron ser un par de minutos después, comencé a tomar nuevamente conciencia de la realidad.

 

-Perdió mucha, mucha sangre... -oí decir al Jonhy, quien, extrañamente y hasta donde yo podía recordar, no me había tocado ni un pelo- Comenzó a sentirse mal y por eso volvimos...

 

Mi pelo-pincho-lamido parecía estar respondiendo a preguntas que yo no entendía con claridad.

 

-Sí, sí... Ervigio... Sí, sí, ella ya lo dijo... liberadlo... No, no le quiere... Nosotros estamos saliendo juntos... Esta noche... Sí... Jessi me besó.

 

Maldita sea, ¿es que a este albondiguilla no le iba a quedar claro jamás? YO NO LO HABÍA BESADO. ¿Era un concepto tan difícil de entender?, ¿la mente de mi MacGyver estaba blindada para aceptar que no me moría por sus huesos?. ¡Por Dios! Si tan sólo me bastasen las fuerzas para mandarlo a... a... a...

 

-a... aaaarrrgggg...

 

A paseo traté de decir, que estando con mis padres no se me ocurriría pronunciar nada más soez. Pero ni aunque lo hubiese mandado directamente a la mierda, allí nadie me hubiese hecho el más mínimo caso. ¡Es lo que tiene el Jonhy! ¡El chaval es un queda-bien! Y en mi familia lo tratan con tal devoción que cualquier día se animan a saltar la verja de su casa y hasta lo sacan en procesión. Así que ahora, que se suponía que estábamos saliendo juntos, podéis imaginaros como todos irradiaban alegría (que a mi abuela sólo le faltaba aplaudir con las orejas) y eso que "su niña" acababa de sufrir un aborto.

 

-¡¡¡AAAAARRRRRRGGGGG!!! -gemí como una búfala parturienta- ¡¡¡AAAAAAAARRRRGGGGG!!!

 

Las congratulaciones y demás expresiones de felicidad se frenaron en seco dando paso a un silencio de incertidumbre.

 

-¡Es Jessi! -vaya por Dios, si es que hasta se habían olvidado de mi- Jessi está volviendo en si.

-Aaaarrgggg... Espero no molestar... Ainsssss...

 

Por lo que se veía, lo estaba haciendo. Me habían levantado del suelo (solo faltaría que me hubiesen dejado allí tirada), me habían zapateado sobre el sofá, me habían puesto las piernas en alto y, antes de ponerse a festejar mi nueva relación, habían liberado a Ervigio.

 

-¡¿Qué?! -grité.

-¿Qué de qué?, cariño.

-¿Y Ervigio?

-Lo hemos dejado ir, amor.

-Pero, ¡¿por qué?!

-Porque tú nos lo pediste.

 

Menuda explicación. Porque yo se lo pedí, ¡porque yo se lo pedí!. Yo había pedido muchas cosas a lo largo de toda mi vida y ésta era la primera a la que mis padres accedían con tanta celeridad. ¡Ojalá hubiesen sido igual de rápidos cuando les había pedido mi primer Iphone!, ¡o cuando les había suplicado una scooter Typhoon (moto por la que aún seguía esperando)! ¡Pero no, nada de eso!. Ahora bien, les comentaba que no sería mala idea que soltasen a Ervigio y, como ya se encontraban prácticamente distribuyendo las mesas para mi bodorrio con el albondiguilla, lo dejaban marchar como si tal cosa.

 

-¡Si es que aún no lo he superado! -musité- Lo haré. Pero no esta noche... Algún díaaaaa...

 

 

Todos me miraban entre patidifusos y desconcertados, sin saber si ir tras Ervigio para traérmelo de vuelta o si llevarme directamente al manicomio por no estar perdidamente enamorada del Jonhy. Al fin, éste último les dio la pauta a seguir.

 

-Está confusa, la pobre, y no sabe lo que dice -a mi alrededor las cabezas asentían con alivio- Ha perdido una cantidad de sangre considerable y ahora necesita beber mucho y descansar todo lo que pueda.

- Tal vez deberíamos llevarla al hospital -sugirió mi abuela.

-¡No! -atajé antes de que descubriesen mi no-embarazo, la regla y una inexplicable pérdida de sangre- Ya me encuentro mucho mejor. Con dormir un poco será suficiente.

 

Un instante de duda generalizada.

 

-La acompañaré hasta que sus constantes vitales se restablezcan.

 

Ahí estaba el pelo-pincho-lamido utilizando palabros de los que un futuro suegro se pudiera sentir orgulloso, aunque, en realidad, lo más cerca que hubiese estado de estudiar medicina hubiese sido leer el prospecto del Betadine.

 

Y sin embargo... No había nada más que hablar. El zampa-donuts de mi amigo (ahora doctor, mañana ingeniero de la NASA) había dictaminado, con su gran ojo clínico, que descanso y agua eran suficientes para mi, lo mismito que para un caballo del Pony-Express, y la familia al completo se había prestado a trasladarme, rápida y veloz como un rayo, a la antigua habitación de mi padre. Sitio desde donde hoy, primero de año, os escribo estas dramáticas y, quizás, últimas líneas.

 

Porque, ¡ay, siniestrísimos Siervos de la Noche!, ¿qué va a ser de esta pobre mortal?. ¿Qué me deparará el futuro?, ¡¿qué pasará cuando el Sol se ponga?!. ¿Conseguiré reponerme antes de que Titina se pase por aquí?, ¿llegaré a ver el amanecer del día 2 de Enero?...

 

No lo se, pero si no volvéis a tener noticias mías, ¡por favor!, dedicadme alguno de vuestros más tristes y EMOtivos pensamientos.

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2 comentarios

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Pues sí, estimada Sara, no me lo quito de la cabeza, ¡tengo que idear un plan para salir de ésta!.

Y mira que me encuentro débil y achacosa, que casi preferiría que un manada de rinocerontes africanos me sepultasen en la cama a tener que salir de ella y trazar una estrategia para alcanzar nuestra salvación, pero, como habrás podido intuir, si delego en mi albondiguilla esa delicada responsabilidad puedo acabar enredada en otro trato "magistral" similar al último que selló con Titina.

Porque mi pelo-pincho será buena gente y todo lo que tú quieras, pero, si en alguna ocasión te encuentras con él, un par de cosas
debes tener en cuenta:

a) De los dos, la lista siempre serás tú.
b) Besa bien, sin embargo no compensa las confianzas que se coge después.


Así que, mi queridísima Sara, meditaré eso de darle un beso de tu parte (al fin y al cabo, a veces hay que hacer sacrificios por los fans), pero lo que te desaconsejo encarecidamente es que se lo des tú misma en persona... ¡No quisiera que una Sierva de la Noche corriese un riesgo tan grande!.

la Jessi.


P.D. Y, en efecto, no eres el Jonhy. Él no me hubiese pedido un beso a través de blog, simplemente me lo hubiese endosado por "prescripción médica" esta noche, mientras me reponía.
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Sara -

Hola, no no soy Jonhy, soy Sara otra vez, y espero que te recuperes pronto, recuerda que tienes que idear algun plan para salir del pequeño problema en el que estas metida jejeje.
Bueno dale un beso de mi parte a pelo-pincho (valeee no es Edwuard pero a falta de pan....).
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