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diariodeunavampiresanovata

¡Ayyyyyyyyyyyyyyy! Mi débil corazoncito ya estaba taquicárdico perdido, no podía soportar más tensión. ¡Otro disgusto y se me ponía en huelga de un infarto!. ¡Ay, ay, ay! Y sin embargo yo adivinaba que no se me pararía a causa de una sobredósis de desgracias y calamidades. El pobre, aunque no lo supiese, estaba al borde de un paro cardiaco forzado. Porque ¿qué podía significar aquello de : “Ahora mismo estoy con vosotros dos”?. Desde luego no sonaba a reunión para repartir los cargos de la municipalidad, “para mi, por ser tan mona, la Gerencia de Urbanismo”. No, aquello sonaba a “ahora de postre me tomo un par de batidos de sangre recién ordeñada”.

 

-Tenemos un trato -el Jonhy atajó mi pensamiento cuando éste ya nos situaba con un pajilla en la aorta y media pierna dentro del ataúd.

-Lo sé.

 

Lo sabía. ¡Bien!. Ya podíamos respirar tranquilos. Pero entonces ¿por qué, en lugar de esfumarse, Brigitte había comenzado una lenta aproximación hacia nosotros mientras se sacudía con indiferencia el polvo de la ropa?

 

-Sin muertes, sin pérdidas sanguíneas, sin el más mínimo rasguño -añadió mi pelo-pincho-lamido.

-Lo sé, lo sé.

-A ninguno de los dos... -me aventuré a matizar no fuese que el albondiguilla únicamente hubiese velado por su gigantesco trasero.

-A ninguno de los dos.

-¡Perfecto! -aquello si que era un pacto cojonudo.

 

Después de toda la tensión sufrida, me había liberado. Al fin, la presión constante de caminar perennemente sobre la línea divisoria entre la vida y la muerte se había disipado, como si de un amenazador nubarrón de verano se tratase. Sir Thomas acababa de ser desintegrado en cenizas, ¡aleluya!, y Titina estaba atada al juramento de no tocarnos ni un pelo, ¡aleluya, aleluya!. ¿Quién podía hacernos daño ahora? ¡Nadieeeee! ¡Yupiiiii! Me sentía dichosa y agradecida, amaba a todos los seres vivos que me rodeaban y quería compartir con ellos ese sentimiento. Era como si acabase de esnifarme un caldero entero de cola y estuviese a punto de empezar con otro, ¡un flower-power total!.

 

-Pues nada -añadí en tono cordial para confraternizar con mi salvadora- Ya no necesitamos más de tus servicios, Titi -Titina resultaba demasiado formal ahora que entre las dos se había establecido una deuda de vida- Mira, te arreglas un poco el lío ése que tienes en la cabeza, te cambias de vestido, te pones unas medias nuevas y lista para pirarte a la fiesta del WoW. Nosotros nunca olvidaremos el tremendo favor que nos has hecho. En mi corazón... -y con grandes esfuerzos logré golpearme en el pecho-... siempre ¡Titi, for president!

 

Pues que me lo expliquen porque no lo entiendo, pero aquella demostración sincera de afecto no le sentó precisamente bien a la rubiteñida. Su gesto se tensó y un rictus de cólera se apoderó momentamente del rostro. Que le parta un rayo a mi divinísimo Edward, si por un momento no pensé que aquella tarada iba a tirar su palabra por la borda y me iba a matar allí mismo.

 

-For president-A -corregí por si acaso se trataba de una feminista radical.

-En efecto, darling, -me respondió tras controlar el breve acceso de furor que había padecido- como BRIGITTE... -y su voz recalcó su propio nombre-... os he hecho un gran favor, pero como nueva Alcaldesa no te voy a perdonar la vida por esa estúpida promesa -¿ah, no?- Te voy a perdonar la vida porque resultas más útil a mis intereses si sigues pululando por aquí vivita y coleando -¿ah, sí?- Tu amigo y tú habéis matado esta noche a Sir Thomas... -¿ah, sííííí?-... y mañana todos los vampiros de la ciudad van a salir a daros caza como justo castigo por el asesinato cometido.

-¿AH, SÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍ?

-Ésa será la primera tarea que lleve a cabo como nueva regidora -me informó al tiempo que comenzaba a retocarse la maraña de pelo en la que su suave melena rubia se había convertido- ¡Habéis perpetrado un crimen atroz!.

 

Y mientras se reía de su propia mentira salió volando entre los árboles para ser rápidamente engullida por la negrura de las nubes invernales. Entonces el albondiguilla recogió su mirada perdida del punto del cielo en el que Titina había desaparecido y se acercó a mi con el rostro angustiado.

 

-¿Estás bien?, ¿te sientes débil?, ¿puedes caminar?. Estaba muy preocupado por ti...

-¡¿Qué es todo eso de que nos hemos cargado a Sir Thomas?! -le espeté sin darle tiempo a reaccionar- ¡¿Cómo que a partir de mañana todos los vampiros de la ciudad van a salir a darnos caza?!.

 

El Jonhy suspiró mientras se ponía en cuclillas junto a mi, con los ojos clavados en tierra, evitando una confrontación visual. Se le veía desanimado, triste. La desazón y el cansancio habían hecho mella en él, pero yo estaba demasiado cabreada como para que se me olvidase todo aquel asunto. ¡Mientras aún tuviese fuerzas para soltar un rapapolvo no me pensaba callar ni para respirar!.

 

-¿Qué significa eso de que hemos perpetrado un crimen atroz? -retomé el chaparrón- ¿A qué clase de acuerdo has llegado con esa bruja loca? Que es que no es más loca porque no es fan de Queen ni más bruja porque no vuela con escoba -y viendo que aún pretendía corregirme, añadí- Y porque además no es bruja que es vampirooooo... ¡Pero no me desvíes del tema!... Y quítame esos ojos de perro pachón, ¡que no soy mi abuela! -Jonhdalf cree que para salir ileso de una bronca basta con poner cara de “excelente cobrador en la caza de la perdiz roja española al salto”- ¡Habla!, ¡suélta cuáles son las cláusulas del convenio!. ¡SUÉLTALO YA!, ¡SUÉLTALO!

 

 

Mi pelo-pincho-lamido es un tipo tranquilo, díría que incluso pachorriento. El prototipo de niño sin iniciativa que siempre sigue al líder (o sea yo) y que, de no haber sido gracias a mi y al “atroz crimen perpetrado”, moriría probablemente en el sofá de su casa ahogado por el aburrimiento. Si me apuráis hasta casi apostaría que disfrutando por n-ésima vez de un inesperado “yo soy tu padre” mientras blande contra el televisor una vieja fregona.

 

Vamos que, para resumir, el muchacho es un coñazo, flojo y falto de empuje. Pero debe de ser que todo aquello de superar tantas circunstancias adversas le enardeció el coraje, o quizás eso de sentir que si no salvador era el “posponedor” de mi muerte le infundió confianza o que tanta insistencia para que lo soltase fue mal interpretada (¡¿qué se yo?!) que al final se soltó y vaya que se soltó.

 

Acercó su cara a la mía, me lanzó una mirada más perro-pachonera que nunca y me dedicó un “Te quiero” que si lo hubiera ladrado con una perdiz en la boca no hubiera resultado menos romántico.

 

¡Hombre, por Dios! No es que a mi me interesase precisamente una declaración de amor de mi albondiguilla, si fuese Edward, Eric, Damon o alguien con más sangre en las venas (¡y con eso lo digo todo!), pero ya puestos a lanzarse a la piscina ¡al menos darle un poco de pasión a la escena!. ¡Hijo! que antes que abrir su alma y su corazón al amor de su vida parecía que me estaba trayendo las pantuflas y el periódico. ¡¿Ahora que tocaba?!, ¡¿la galletita de premio?!

 

Pues SÍ. ¡Toma, morena! ¿No quieres una taza de sopa? Traga dos.

 

El muy desgraciado había comenzado a poner boquita de trompetilla y se me aproximaba con todos los morros de fuera. ¡Ainssssss! ¡Que yo no me lo podía creer!, ¡que me iba a besar!. ¡Que sí, que sí!. ¡Ainsssssss!.

 

“¿Pero que se ha chutado éste esta noche?”, era lo único que mi cerebro podía pensar, “¿Por qué se lanza al suicidio en plan “300”?, ¿qué le hace creer que está tan bueno como Leónidas en taparrabos?”

 

Dudas que no llegué a resolver.

 

En un vano intento por huir, saqué fuerzas de la flaqueza y traté inútilmente de incorporarme. Pero, craso error, mi otrora inofensiva albondiguilla, ahora jaleada por no se qué extraña fuerza interior, confundió mi gesto con una aproximación amorosa. Entonces se emocionó en extremo. Me sujetó entre sus brazos muy al estilo “Lo que el viento se llevó” y bañándome con una de sus largas miradas de chucho abandonado... ¡ME BESÓ!... ¡¡¡CON LENGUA!!!, ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ CON MUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUCHA LENGUA!!!!!!!!!!!!!!!.

 

Y justo ahí, me desmayé.

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