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diariodeunavampiresanovata

Cuando al fin me desperté en el cuarto de mi padre,me invadió la extraña sensación de que apenas hacia una hora que me había metido en cama, convenciéndome así de que la transformación no era más que una pesadilla debida a una pésima digestión durante la siesta.

 

De hecho, tenía la boca más seca que la suela de una alpargata y las tripas me andaban tan al galope que no tardé ni medio segundo en desplazar mi culo desde el colchón a la taza del váter para desaguar un Biescas de tamaño sin precedentes en mi historia gastrointestinal.

 

¡Groá!... Grrrrrrrrr. ¡Groá!... Pof, pof, pof... Groaaaaaaaaaaaa...

 

Todo mi aparato digestivo se había puesto de un alegre cantarín que ni la filarmónica de Viena en el concierto de Año Nuevo. ¡Cuanta energía y cuánto alborozo concentrados en un mismo fin!

 

Por mi parte, yo (o lo que quedaba de mi mientras el resto realizaba este dispendio de medios), dado que las prisas no habían permitido que me agenciase una buena lectura, permanecía sentada sobre el inodoro contando baldosas con resignación y aprovechando el resto del tiempo para meditar sobre el curioso sueño que había tenido.

 

Porque no me cabía duda que había sido un sueño (a lo Serrano, sí señor, pero un sueño). Mi retorcido subconsciente explotaba la fase REM para ponerme a prueba en las situaciones más desagradables. Analizándolo con claridad, ésa era la única causa factible, cualquier otra resultaba imposible en la práctica. Porque ¿quién se podía creer que Ervigio hubiese arriesgado su propia “inexistencia” para tratar de salvar la mía de una muerte segura?. Y es más, ¿quién se podía creer que mi abuela hubiese dejado que yo pasase un día entero sin probar bocado?

 

Seguí contando baldosas verdes, pero esta vez ya señalándolas con el dedo para distraer mi atención del material altamente tóxico que estaba evacuando. Fue ahí, mientras accidentalmente mi mano sobrevolaba el blanco nuclear del terrazo, cuando me percaté de que en realidad apenas se diferenciaban en el color.

 

¡Coño! ¡Sí que estoy pálida!”

 

Y eso era quedarme corta. Estaba tan blanca que con un poco (más) de pelo hubiese sido la envidia de Copito de Nieve y con una pasada de papel en la retaguardia, la de Paris Hilton y sus amigas de la MTV. Vamos que estaba blanca, ¡pero blanca, blanca de cojones!.

 

-Apúrate, Lucía que no llegamos a la cabalgata.

 

Desde la calle la voz de una madre apresurando a su hija para ir a ver el desfile de Reyes, me distrajo de mi propia mano.

 

-Mira que si no te portas bien, esta noche no te traerán regalos.

 

¿Entonces es 5 de Enero? ¿He estado durmiendo un día entero... exactamente como dijo Ervigio en mi sueño?... ¿De verdad ha sido un sueño?”

 

En mi cabeza comenzaron a bullir una serie de pensamientos atropellados que no me dejaban analizar la situación en profundidad y el agobio de confirmarlos con una vistazo en el espejo era tal que me abalancé sobre el mismo sin verificar que por fortuna la riada había llegado a su fin. Era necesario comprobar mi reflejo, no estaba segura que eso fuese una prueba definitiva, pero ¡era necesario comprobar que aún tenía reflejo!.

 

Y lo tenía, vaya que si lo tenía, ¡tenía un reflejo de pena! Pero no como ésa que dan los niños tomando jarabe para la tos, más bien como la otra, tipo “siempre se van los mejores”. Las ojeras, en tono violáceo oscuro, contrastaban con la falta de color de las mejillas sobre las que se descolgaban desproporcionadas. Por el contrario, los labios, de un imperceptible blanco azulado, no aparentaban más que una estrecha línea en mi rostro... Y esto, aunque fuese una estupidez, me tranquilizó.

 

Si me hubiese convertido, ya tendría los morros 'gloss'-cereza, como Edward.”

 

 

Al decirlo, una sonrisa abierta descubrió un par de afiladísimos colmillos que mis ojos, atónitos, no lograban procesar.

 

¡Anda la osa, anda la osa! Fíjate tú, que este pringa'o lo ha hecho todo bien... ¡Ay, que soy una vampiresa de verdad!... ¡Ay, madre que lío!, ¡Ayyyyyyyyyyyy que se me han acabado los donuts!”

 

Mi cerebro trabajaba a presión, pero aún así se negaba a asumir lo que me acababa de suceder. O lo que era peor, se negaba a asumir todo lo que me iba a suceder. Como una autómata daba mil vueltas de un lado al otro del baño, limpiándome el culo, subiéndome el pantalón, mesándome los cabellos, mirándome y volviéndome a mirar. Todo sin llegar a digerir lo que Ervigio le había hecho a mi vida. A partir de ahora la Jessica que conocía mi familia había casi-muerto y debía desaparecer del mapa por su bien. Además era necesario hacerlo de forma que nunca más volviese y que todo quedase atado a la perfección para que ni ellos ni mi adorable albondiguilla sufriesen las consecuencias.

 

El agobio ante mi nueva situación y lo inminente de la catástrofe (en teoría esa misma noche Titina vendría a por mi) hacían que una sensación de ahogo, probable reflejo de mi vida mortal, me impulsase a buscar innecesariamente oxígeno fuera de la casa. Como la urgencia de salir a cielo raso era cada vez mayor, concluí que no valía la pena esperar más. Una huida a tiempo implicaba menos explicaciones a menos gente, así como también evitaba despedidas dolorosamente largas.

 

Decidida a poner pies en polvorosa, me cambié con rapidez. Pero no creáis, desinformados Siervos de la Noche, que fue con una extraordinaria rapidez o que, en general, me notaba yo súper poderosa. Para nada. Un fiasco total. Vamos, que de toda esa historia de Bella-vampiresa correteando por los bosques veloz como un rayo y grácil como una gacelilla campestre, ni siquiera se me había pegado su extraordinaria belleza post-mortem. Porque, seamos sinceros, para que negarlo,... en lugar de parecer una preciosidad marmórea de líneas renacentistas, mi pinta de chupasangres era más bien del tipo yonqui de barrio. ¡Que es que hay que joderse!

 

Porque aún encima de bruto, es un inútil. Estoy convencida de que algo hizo mal, seguro que algún detalle hizo mal. Además, ¡que pirarse, tan pancho, sin comprobar el resultado no es muy profesional!... Y ahora soy yo la que tiene que cargar con las consecuencias, convertida en una vampiresa amorfa para toda la eternidad. ¡Genial!... ¡LO MATO!, ¡SI LO PILLO LO MATO DEL TODO!. ¡LO MATO!, ¡LO MATO!, ¡LO MATO!”

 

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