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diariodeunavampiresanovata

Fuera la noche era fría y el tiempo ciertamente desapacible. Habían bajado las temperaturas de nuevo y el cielo estaba completamente encapotado, amenazando con reiniciar las lluvias que, desde la romántica madrugada en que Ervigio cayó flechado por mí, se habían tomado un merecido descanso.

¿Era aquello un buen augurio?. ¿Dejaba  la humedad a los chupasangres medio atontados como a las moscas?. ¿Repetir la lluvia torrencial de la primera caza al vampiro nos traería más suerte con la segunda?. ¿Por qué Israel participaba en Eurovisión? No tenía ni la más remota idea, pero me alegró el corazón pensar que todo iba a salir genial, perfectamente, a pedir de boca... De la nuestra, claro, no de la de mi futura familia murcielaguil.

Cruzamos a paso legionario el jardín de mi abuela. En el cielo no había rastro de Luna y el entorno distaba mucho de recordar aquel vergel que nos había amparado del Charly el sábado pasado. En este momento estábamos sólo ante una inmensa penumbra tenebrosa donde pequeñas sombras traviesas correteaban entre setos y rosales movidas por el viento.

-¿Dónde está el coche? -le pregunté al Jonhy con la única intención de que mi voz rompiese el inquietante silencio que nos rodeaba.
-Ahí -contestó él aparentemente ajeno a mi autosugestión- justo detrás de ese árbol.

En la mitad de la calle, desfiando las inclemencias del tiempo que se avecinaban y podrían perfectamente llevárselo volando por los aires, el pequeño Aixam azul pitufo de la madre del Jonhy nos esperaba tranquilamente aparcado bajo un platanero.

"Bib, bip", sonó la alarma antes de que el cierre centralizado nos permitiese entrar.

-¡Vaaaayaaaa! -me sorprendió tanta protección para un kk-móvil.
-¡Síp! -atajó el albondiguilla intuyendo mi guasa creciente- Mi madre la compró en el teletienda. Ya sabes que no hay producto malo si le regalan otro igual a las 60 primeras llamadas.

Agaché la cabeza con la sonrisa aún en los labios y analicé el minúsculo habitáculo: dos asientos ridículos, una palanquita de cambios y un volante de juguete. Aquello nunca parecería un vehículo serio, ni gastándose los ahorros de toda una vida en "tunearlo".



-¿También salta la alarma si se llevan el Micromachine en el bolsillo?

Las cejas de mi MacGyver se cruzaron sobre su naracilla resabida para soltarme una mirada asesina justo antes de ocupar la posición del piloto.

-¿Entras o esperamos a que vampiro-a-domicilio nos mande un chupasangres a casa?

"¡Entro, entro!. ¡Claro que entro!", pensé mientras comenzaba a botar inquietamente frente a la puerta abierta del coche... ¡SÓLO HABÍA QUE AVERIGUAR CÓMO!

Encorsetada y presionada de pies a cabeza, las costuras de mi ligeramente ceñido atuendo no permitían ni el más leve desplazamiento de masa corporal. ¡Líbrarame Dios de elevar una rodilla para meter la pierna en el kk-móvil!

-¿Pasas? -insistió el Jonhy extrañado con tanta indecisión.
-Ehmmmm... Sí... -le constesté mientras comenzaba a flexionar mis extremidades inferiores iniciando una sentadilla.

Ñiiiiiiiiccccccccc, chilló el vinilo del culo. POSTURA FALLIDA.

Tan lentamente como había llevado a cabo el intento de descenso fui recuperando poco a poco la fiable posición vertical.

"Tal vez si me alejo dos o tres pasos...", medité arrastrando los pies unos centímetros al tiempo que me sujetaba con ambas manos en el extremo de la portezuela del Aixam.

-¿Qué haces? -inquirió el albondiguilla asomando la cabeza sobre el asiento del copiloto- ¿Te vas?.
-No, no -le constesté lo más persuasiva que pude- Estoy repasando mentalmente el plan que llevo trazado para esta noche.
-Aaaaaaah... -musitó él mientras observaba perplejo cómo yo empezaba a inclinar lateralmente mi cabeza hacia la entrada del coche.

Un poco más. Otro poco más. Y otro poco más de inclinación.

Con los dedos bien atenazados sobre la puerta me fui ladeando rígidamente sobre el Micromachine hasta que mi frente rozó el techo del mismo. La puerta comenzó entonces a balancearse sugiriendo que pronto cedería cerrándoseme sobre las falanges.

Era ahora o nunca.

Incrusté mi mandíbula sobre el pecho, apreté los ojos y tomando una bocanada de aire solté la presa que habían hecho mis manos.

-Coño -escuché tras abandonarme a la fuerza de la gravedad- ¡Co-ñoooooooooooo!

Acababa de caer con toda mi napia sobre la cremallera de una cálida y mullida tela de algodón. Probablemente vaquera. Probablemente la tela vaquera de un pantalón vaquero. Sin duda la tela vaquera del vaquero negro que aquella noche vestía el albondiguilla.
Medio muerta de la vergüenza y sin saber muy bien donde poner las manos comencé a revolverme para cambiar de posición... Cualquiera sería menos humillante.

-Quieeeeta, quieeeeta... Si llego a saber que era eso lo que andabas buscando te lo hubiese dado antes... ¡Tontorrona! -y rompiendo a reir mi MacGyver me cacheteó el culo.
-Qué gracia -constesté fingiendo indeferencia- A ver. Espera que recuerde por qué no te dejo estéril de un mordisco.
-¡Vaya agresividad! -respondió él aún divertido con mi postura- Venga que te voy a ayudar, pero tú no te muevas, ¿eh?
-Ja-ja.

El pelo-pincho-me-parto-de-risa abrió su puerta y rodeando el bólido se acercó por mi lado para mover hacia atrás el asiento del copiloto. Después, regresando a su sitio, me tomó por la cabeza (momento en que aprovechó para soltar un "por mi no tienes que embutirte más en vinilo") y situó mi tronco entre ambos asientos.

Echando humo por las fosas nasales, miestras descansaba con el cráneo semi incrustado en la luna trasera, esperé a que el Jonhy fuese en pos de mis pies, que eran los únicos que aún permanecían colgando fuera del kk-móvil.

-¡Ah! Y por favor -añadió posando mis preciosas botas sobre la alfombrilla del suelo- Si vuelves a sentir la necesidad de chupar un huevo...
-¡Ríete ahora! -le interrumpí con un grito- Ríete ahora porque esto no va a quedar así.
-¿Qué vas a hacer? -preguntó cuando se hubo sentado frente al volante- ¿Pegarme con el látigo, dominatrix?

Y carcajeando a mandíbula batiente arrancó el coche para conducirme, más tiesa que una viga, a la mayor fies-vampiro de todo el año.

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