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diariodeunavampiresanovata

-Vaya, vaya, vaya. ¡Pero mira lo que nos han traído los Reyes!

 

La voz de Titina retumbó con autoridad en cada rincón de la sala de fiestas vacía. Sin embargo yo estaba tan concentrada en el cuello de mi ocasional instalador de focos, que no le hubiese concedido más atención que al molesto zumbido de un mosquito de no ser porque el susodicho objeto de mis deseos se me estresó al escuchar la voz de su jefa. Y como el estrés en un cuerpecillo post adolescente hace estragos, el muchacho pegó tan salto, igualito que si su madre lo hubiese pillado zambomba en mano, que le bastó un microsegundo para cerrarme la mandíbula y despejarme la sesera de un solo golpe certero.

 

¡CLOOONNNGGG!

 

-¡Ay! -se quejó él por lo bajo.

 

En pago a haberme espabilado, el impacto había dejado al pobre porterillo tan aturdido que a duras penas lograba mantener la compostura mientras se frotaba la frente en un intento de mitigar el dolor y recuperar el funcionamiento normal de sus neuronas.

 

-Esta chica ha venido a instalar unos focos.-me presentó aún quejumbroso.

 

La cortés sonrisa del vigilante novato revelaba que no era consciente de lo cerca que había estado de la muerte. ¡Mis nuevos instintos me habían dominado por completo!. Y es cierto que nunca he sido un modelo de autocontrol, pero esta vez había estado a punto de dejar a aquel panoli con más agujeros que Bob Esponja.

 

Sin embargo, para él lo más importante era demostrarle a Titina lo eficiente y buen empleado que era. Arggggg... Aquella expresión bobalicona de fiel Smithers me crispaba. Porque, Siervos de la Noche de mentes abiertas, resulta irritante comprobar como algunos humanos estúpidos (ahora que soy un ser renegado del inframundo puedo tratarlos con desprecio) rechazan la existencia de los chupasangres aún cuando acaben de rematarle los colmillos a uno con un cabezazo digno de Zidane.

 

En fin, que aquel alelado no quería ver lo que había visto, pero yo sí que había extraído una lección muy valiosa de esa experencia: nunca le des la espalda a una vampiresa. Así que en base a este conocimiento recién adquirido, me apresuré a darme la vuelta y mirar a Brigitte directamente a los ojos. Estaba en lo alto de las escaleras por las que Sir Thomas había bajado la primera vez que lo vi. Iba encaramada sobre unos sandalias plateadas de aguja y llevaba un minivestido blanco, con escote cuadrado en halter, tan sumamente ajustado que se le intuía hasta la goma del tanga.

 

-Un Gucci, ¿no? -le comenté para que quedase claro que aunque me hubiese presentado con pinta de Bershka venida a menos una sabe que hay moda más allá de Massimo Dutti- Te he traído el alumbrado que solicitaste, pero éste es de manejo inálambrico -añadí mostrándole el mando al tiempo que lucía mi actual dentadura vampírica- Así que como las condiciones han cambiado, es necesario revisar el trato que teníamos contigo.

 

Un imperceptible mueca de disgusto le torció la comisura del labio. No sé si por lo del Gucci, por los caninos renovados o porque una Alcaldesa considera que eso de tutearla es un atentado a su autoridad.

 

-Ven -me dijo al fin- Ven, querida, antes de que acabes con todo mi "staff"... Y tú -añadió dirigiéndose al sumiso aprendiz de gorila- deja las luces, que no son lo tuyo, y quédate fuera, que es donde debes estar.

 

Al pardillo contratado para vigilar la entrada nocturna al local le faltaron piernas para obedecer a Titina y apostarse de nuevo en el exterior. Mientras yo recorrí los escalones que me separaban de la vampiresa milenaria y cuando estuve a su altura noté en sus ojos una sombra de desconfianza, además de percatarme de que no llevaba sujetador (¡ir apuntado con los pezones!. ¡Qué ordinariez!. ¡Más a su edad!, ¡que no es precisamente poca!).

 

-Vamos a mi despacho, darling, y allí me podrás explicar con más tranquilidad ese nuevo trato que vienes a ofrecerme.

 

La oficina de la rubiteñida se trataba muy probablemente de la antigua oficina de Sir Thomas. Estaba situada en una enorme habitación del piso superior, sin embargo, a pesar de sus dimensiones, producía una incesante sensación de agobio. No había ni una sola ventana, todas las paredes estaban ocupadas por estanterías de caoba atestadas de antigüedades de gran valor y un gigantesco escritorio con sus sillas a juego ocupaba la mitad del espacio restante.

 

No hacía falta ser un lince para percibir que aquel ambiente reviejo desentonaba con los aires juveniles que se daba la nueva Alcaldesa. Además la forma en la que ella se movía entre el clásico mobiliario de caoba denotaba que sentía un poquito de repelús y que no habría de tardar mucho en liquidar aquellos muebles de psicólogo de s.XIX por unos blanco-aséptico, hiper-luminosos de moderno psicoanálista argentino, quién sabe si con acento incluido.

 

-¿Y bien? -inquirió sentándose en un cómodo sillón de piel tras su mesa de escritorio- ¿Cómo has logrado transformarte en vampiro?

-Bueno, esto es todo lo que que siempre he querido.

 

 

Cierto que hasta los 12 años había estado trabajando en convertirme en la nueva Hermione Granger, pero de "El Diario de los Magos y las Brujas" sólo había sacado en limpio cuatro trucos para saber si le molas a un tío y que la escoba de mi madre no era la "Gelbsturm 2004", ni mucho menos.

 

-¿Y? -insistió Brigitte.

-Pues te habrás percatado que pertenezco a ese grupo de almas intrépidas que cuando se proponen algo lo consiguen.

 

Quizá me estaba dando pisto de más, pero aunque en lo de la hechicería había fallado, en lo de vampiresa no.

 

-Ya, ya... -me atajó restándome importancia- Pero, ¿cómo?. El asunto es cómo lo has logrado. ¿A quién has convencido para que te transforme?.

 

No me gusta cuando la gente me interroga, menos si estoy en posición de inferioridad. Así que si al otro le interesa cierta información de mi, como la información es poder, me la callo aunque desconozca su utilidad.

 

-Eso es lo de menos -evadí la respuesta- Sé que esta noche tienes previsto salir a matarnos al Jonhy y a mi.

-¡Ajá!

-Y yo puedo a ahorrarte esa pérdida de tiempo. ¿Qué te parece si me reconozco como única culpable y dejáis al Jonhy fuera de todo esto para siempre?

 

La rubiteñida sonrió con autosuficiencia mientras se mecía en su cómodo asiento giratorio.

 

-Eso es imposible, darling, ya he declarado que el Mago Jonhdalf fue el autor del asesinato de Sir Thomas y tú, su simple ayudante. Entenderás que mi credibilidad se vería seriamente dañada si cambiase la versión a estas alturas.

-Pero podríamos alegar que en realidad la que siempre ha manejado la brujería soy yo, -una verdad como un templo en vista de que el albondiguilla jamás había querido leer “El Diario de los Magos y las Brujas”- que lo del Dedo de la Muerte fue un truquito mío para cargarle el muerto al Jonhy y que mi intención última era utilizar al Alcalde para transformarme en una vampiresa mega poderosa a la que tú finalmente has capturado y desenmascarado.

-Sigo sin ver en qué me beneficiaría esa nueva versión. Hablemos seriamente, contigo aquí, ya tengo hecha la mitad del trabajo. Ahora sólo me queda ir a por tu amigo, el gordito.

 

Touché. Todo lo que había dicho era cierto, pero aún me quedaba un as en la manga.

 

-¿Y tú sabes donde está mi amigo, el GORDO? -sí íbamos a hablar en serio, había que llamar a cada cosa por su nombre- Porque la última vez que supe de él tomaba las de Villadiego rumbo a un destino desconocido, así que dudo que esta noche tengas la más remota de idea de dónde se encuentra.

-Te equivocas. Mis agentes han hipnotizado a sus padres y poseemos esa información.

-¿Ah, sí? -repliqué con tono irónico- ¿Y tú crees que el Jonhy es tan idiota como para ir publicando por ahí su paradero sabiendo que podéis sonsacar a su familia de este modo?

 

La vampiresa detuvo el balanceo de su sillón súbitamente contrariada.

 

-¿Habéis comprobado que está donde dicen que está? -proseguí segura de haber dado en el clavo- ¿Lo tenéis localizado?, ¿o esta noche la nueva regidora de los vampiros se encamina hacia el mayor de los ridículos delante de sus súbditos?.

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3 comentarios

Rubi -

Cuando prosigues con esto me muero de ganas por saber que paso por favor
no me dejes con duda
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Jessi -

Estimadísima Rubi:

Muchas gracias por tus halagos. La verdad es que a veces también me maravillo de lo inteligente que soy, porque una acaba por dudarlo, de tanto escuchar que el Jonhy es el listo de los dos.

Y que conste que no se lo reprocho a nadie (que siendo tan guapa y encantadora, resulta comprensible que pasen desapercibidas otras cualidades más difíciles de apreciar por mentes poco cultivadas), pero, la verdad, es que al final te acaba doliendo que hasta una pandilla de chupasangres descerebrados crean que el albondiguilla besucón es más espabilado que yo.

Afortunadamente tú, sagaz Sierva de la Noche, eres capaz de reconocer mi intelecto privilegiado (supongo que porque los genios como nosotras se identifican en cuanto se ven), además de apreciar el grandísimo sacrificio que fue presentarme en el WoW para salvarle el pellejo a MacGyver... por amor.

Porque esto tiene que ser amor.

Vale que hasta no hace mucho estaba perdídamente enamorada de Ervigio, y que un poquito antes bebía los vientos por el Charly, y que incluso, lo admito, Sir Thomas estaba para hacerle un favor, pero ahora he descubierto, quizás demasiado tarde, que el Jonhy besa muy bien y que es el hombre de mi vida... o no-vida. Por eso, queridísima Rubi, tenía que intentar salvarlo. Tenía que intentar salvarlo aunque nuestros destinos estuviesen separados para siempre, porque jamás me perdonaría iniciar una nueva existencia junto a un vampiro mega cachondo cualquiera (de esos que abundan por el inframundo), cargando sobre mi conciencia la muerte de mi adorado albondiguilla.


La Jessi.

rubi -

NO LO CREO
Eres mi heroe mira con que diplomacia has dejado con la cara de what!!!!!! a titina jajaja

y mas que todo estas arriesgando todo por el jonhy hay amor??????

ato: tu fiel seguidora
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